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Valladolid, capital de España: 11 de enero de 1601

11 DE ENERO DE 1601: VALLADOLID, CAPITAL DE ESPAÑA

 

Monumento a Felipe II en la plaza de san Pablo. Foto LJC
Monumento a Felipe II en la plaza de san Pablo. Foto LJC

Valladolid, en contra de algunas ideas que aún circulan entre gentes con escaso interés por conocer la verdad sobre hechos pretéritos, no fue capital de España por casualidad y la elección de trasladar la corte a esta ciudad tiene sobrados motivos históricos y culturales.

Para no caer en una mera relación histórica, citaremos sólo algunas pinceladas importantes y significativas:

En el siglo X, liberada del dominio musulmán, pasa a formar parte del Condado de Castilla.

En el siglo XI, Alfonso VI otorga el señorío de la ciudad a su valido, el conde de Saldaña y Carrión, Pedro Ansúrez. Éste edifica un palacio para él y su esposa, doña Eylo Alfonso, que no se conserva. También construyen la Colegiata de Santamaría y la iglesia de la Antigua, lo que otorga a la ciudad el rango de villa. Deja así de ser un asentamiento rural y conoce su primer crecimiento económico importante.

En el siglo XIII, el rey Alfonso VIII la nombra ciudad cortesana, Fernando III es coronado rey en la Plaza Mayor y Alfonso X le otorga el Fuero Real. La ciudad sigue prosperando gracias a ferias y privilegios económicos. Además se convierte en sede eventual de las cortes y residencia real. Se funda la Universidad, tercera más antigua de España.

En el siglo XV, Juan II de Castilla establece su residencia real y permanente en Valladolid. Su hijo, Enrique IV, nació en la ignominiosamente desaparecida por codicia, Casa de las Aldabas, llamada así por poseer derecho de asilo, concedido por Carlos I. Dos siglos después la habitará don Rodrigo Calderón, al que no sirvió la inmunidad del edificio.

Ayuntamiento de Valladolid en la plaza Mayor. Foto: LJC
Ayuntamiento de Valladolid en la plaza Mayor. Foto: LJC

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón se casan en secreto en el Palacio de los Vivero, más tarde Audiencia Real y Chancillería. Se instala la primera imprenta en el Monasterio del Prado. El impulso económico y cultural es enorme con el florecimiento de la universidad y la creación de los colegios mayores de Santa Cruz y San Gregorio.

Siglo XVI: en 1500 se establece definitivamente el tribunal de la Inquisición.

En 1518 las Cortes de Castilla juran como rey a Carlos I. Tras la Guerra de las Comunidades, Valladolid destaca por su importancia económica, judicial y política, convirtiéndose en una de las capitales más señaladas y la preferida del Rey, que se instala en un principio en el Palacio de los Vivero.

Debido a las numerosas estancias de Carlos I en Valladolid, su secretario y hombre de confianza, don Francisco de los Cobos se casa con doña María de Mendoza y elige edificar una residencia propia en el entorno cortesano frente a la Iglesia Convento de San Pablo. Con la idea de acondicionar su casa como futuro aposentamiento real, contrata al arquitecto Luis de Vega. El proyecto va creciendo y al final se hace construir un palacio con aire regio, que parece augurar futuros acontecimientos y moradores…

En 1527 nace el futuro Felipe II. Aquí vivió su primer matrimonio con su prima María Manuela de Portugal y el nacimiento de su primer hijo, Carlos. Durante las numerosas campañas en las que se ausentó de España, sus hermanas ejercían la regencia desde Valladolid.

En 1550 tuvo lugar en el Colegio de San Gregorio la Controversia de Valladolid, sobre los derechos de los indígenas del Nuevo Mundo, que presagia futuras declaraciones sobre los derechos humanos.

Palacio de los Condes de Ribadavia, en la calle Angustias. Foto: Haciendo Clack
Palacio de los Condes de Ribadavia, en la calle Angustias. Foto: Haciendo Clack

En 1559, en mayo y octubre, se celebraron los autos de fe contra herejes más famosos por su severidad. Agustín de Cazalla, antiguo Capellán de Carlos I, adoptó y expandió ideas luteranas, lo que le condujo a la hoguera junto a su familia, un nutrido grupo de monjas y seguidores, entre los que se encontraban fray Domingo de Rojas o el arzobispo Bartolomé de Carranza. Felipe II, temeroso de las consecuencias que la expansión de las ideas protestantes pudiera provocar, decide aniquilarlas sin miramientos con un castigo ejemplar.

El Rey Prudente se disgusta muchísimo por el nido de herejes en la ciudad que le vio nacer y parece ser éste uno de los motivos que ocasionan la elección de la villa de Madrid como sede central de la corte ese mismo año.

 

Un año y unos meses más tarde, Juan de Granada, en la calle de la Costanilla, no pudo sofocar el fuego de su taller de platero una madrugada del día de san Mateo de 1561 y dos días después habían ardido por ello 440 casas de todo el centro de la ciudad. Hacía  poco tiempo que Felipe II se había trasladado a Madrid, dejando a su patria chica en franca depresión, pero no por ello abandonada, como probó tras recibir cartas de Luis de Ossorio, corregidor mayor de la ciudad, ante un incendio de tales dimensiones.

Felipe II encargó la realización del nuevo trazado urbanístico a Francisco de Salamanca ordenando que las calles fuesen rectilíneas y diferenciadas por gremios. De aquí nació una nueva forma de ver y hacer las ciudades: Se creó una gran plaza Mayor de proporción sesquilátera, luego adoptada, sin rubor, por Herrera en su proyecto de la plaza del Arrabal, rebautizada plaza Mayor, de Madrid o por Churriguera en la de Salamanca, más de un siglo después. También se colocaron aristas en las casas, con ladrillo o piedra de Campaspero a modo de cortafuegos.

El Rey concedió a su villa natal el título de ciudad y consiguió del papa Clemente VIII la creación de una diócesis en 1595.

Sobre todo, se procuró proyectar una impresión de ciudad fuerte y de futuro. Valladolid siempre fue tierra de buena acogida, aunque fría por principios y sus habitantes, nacidos o afincados, demostraron una capacidad de adaptación y una vocación de crecimiento que persuadió, cuarenta años más tarde a Felipe III.

El Rey Piadoso, hijo del anterior monarca, a través de su valido, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma, se convenció de que aquel lugar era el idóneo para establecer una nueva capital. Huían de las escasas y sucias aguas de Madrid, o esa fue la excusa principal del primer ministro.

Además Valladolid era el centro de un  nuevo movimiento artístico: el barroco, que tanto gustaba a un esteta como aquel gobernante de tan escasa catadura moral y tanta visión diplomática. Gracias a sus paces y tratados España poseyó más territorios que nunca y sin apenas derramamientos de sangre.

Vista aérea de Valladolid. Foto: Jason Hawkes
Vista aérea de Valladolid. Foto: Jason Hawkes

Con estas premisas nació la idea de una ciudad moderna, bella y adaptable, de habitantes duros y recios, como eran las Españas entonces. Y con la singularidad de un río, la Esgueva, que se dividía en dos al entrar en la ciudad y desembocaba en dos ramales en el caudaloso y limpio Pisuerga. Este río abundante fue testigo de fiestas veraniegas del tercero de los Felipes, en ocasiones con corridas de toros fluviales. También asistió a prodigios tales como inmersiones subacuáticas o maravillas de ingeniería como las creadas por Juan de Nates para subir agua a la huerta, primero del duque y después del Rey. Era entonces la única de España con sello real para cultivar garbanzos, y regar los bellos jardines de su residencia veraniega, el Palacio de la Ribera, hoy inexistente gracias al expolio llevado a cabo por el conde duque de Olivares y su amigo Velázquez y terminado de destruir por el penoso Carlos III, comienzo de la gran ruina de España debido a su abandono del imperio para centrarse únicamente en hacer de Madrid algo más que un poblachón manchego.

Pero lo importante de esto es que Valladolid demostró a España y al mundo la capacidad de renacer de sus cenizas y crear sobre ellas un sitio bello, fuerte y digno de todo un reino que abarcaba territorios en los cuatro continentes entonces conocidos y todo ello concluyó con el decreto de capitalidad de España del 11 de enero de 1601.

 

Pilar Cañibano Gago

Carlos Ibañez Giralda

Revista Atticus

 

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