Pinceladas con Augusto Ferrer-Dalmau

 

Augusto Ferrer-Dalmau es un guerrero, un soldado en constante lucha. Gana batallas a la ignorancia, derrota al voluntario e ignominioso olvido que buena parte de los españoles practica hacia su pasado, la historia de su país, sus gentes, sus numerosos héroes y todos aquellos que sacrificaron su vida sin dudarlo para conseguir que España sea lo que es ahora. Próximamente será nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

 

Augusto Ferrer-Dalmau pelea con sus mejores armas, los pinceles. Crea historia viva, vivida y vívida. Como soldado refleja el honor y el orgullo de ser español y como adalid de antaño, batalla  a lo largo y ancho del mundo.

 WAugusto

¿Con qué personaje/s se identificaba usted cuando era niño? ¿Histórico o de ficción? ¿Alguno favorito?

Cuando era niño devoraba los comics y tebeos de Hazañas Bélicas y aventuras, los leía una y mil veces, El Jabato, El Corsario de Hierro, El Capitán Trueno, Tintín, El Príncipe Valiente, etcétera. Todos ellos eran mis héroes de la infancia. Echo de menos ese tipo de ilustraciones para niños, donde ciertos valores eran latentes: lealtad, heroísmo, justicia… Sí, me identificaba con ellos y lo sigo haciendo, los conservo todos, son un bien preciado y me gusta hojearlos de vez en cuando, me devuelven a mi niñez.

 

Al hilo de las anteriores: lecturas infantiles y juveniles para llegar a la pintura como afición. ¿Considera usted fundamental leer para alcanzar el Arte, la Pintura en su caso?

Por supuesto, en mi caso es fundamental leer para saber. No podría pintar la Historia Militar si no conociera los acontecimientos y sintiera una profunda admiración. He leído muchísimo, en mi casa había miles de libros, mi madre era una fanática de la lectura, y yo hurgaba entre sus libros buscando mis temas.

 

Un pintor de caballos como usted, ¿tenía uno, aunque fuese en la imaginación? ¿Cómo se llamaba?

Hay tantos, Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno. Me imaginaba a un soberbio tordo altivo. Otro era el caballo de mi abuelo, comandante de caballería, se llamaba Bocada, no lo conocí, fue su fiel compañero en toda la campaña del Rif y lloró su pérdida como a un hijo. Adoptamos el nombre y se lo pusimos a un caballo que tuve con mis hermanos.

¿Qué relación tenía usted en el colegio con sus compañeros? ¿Y con sus profesores, en especial con los de Dibujo, Historia y Literatura? ¿Fue usted un denostado por éstos, como les pasó a otros grandes de la Pintura?

Era el típico niño de la clase que pintarrajeaba sus libros, con soldaditos, guerreros, espadas. En la clase estaba el empollón, el gamberro, el gracioso y yo era el pintor. Era un niño más bien solitario, de pocos amigos, pero fieles. No era de multitudes, no jugaba al futbol, lo mío eran las batallas campales en el patio rememorando las películas del fin de semana. Recuerdo algunos profesores de Historia realmente buenos, que contaban anécdotas de la Historia que no salían en el libro y eso me enganchaba muchísimo (deberían dar más en clase ese tipo de enseñanzas, eso crea afición). En cuanto a la clase de Dibujo… recuerdo que me aburría tremendamente. Y de Literatura me gustaba mucho la vida de todos ellos. Se aprende mucho de la vida con la experiencia de otros.

 

Augusto Ferrer-Dalmau pintando El milago de Empel, 2015l

Augusto Ferrer-Dalmau pintando El milago de Empel, 2015l

¿Quiénes eran sus pintores favoritos en esa etapa de su vida? ¿Y ahora?

Sin duda alguna todos los cuadros militares sin importar quien los pintara. No me fijaba en los nombres, más adelante me enganche mucho con los franceses de finales del XIX, Detaille, Messioner, Neuville, su estilo, colorido, dinamismo.

 

Santiago y cierra España

Santiago y cierra España

En el instituto usted ya pintaba, ¿eso le supuso cierta fama o aislamiento?

Si pintaba mucho. Hacía caricaturas muy graciosas de los amigos y nos reíamos muchísimo en clase. Tuve un periplo curioso por diferentes colegios de Barcelona en poco tiempo. Ganaba premios de pintura que luego regalaba. Hacía carteles y esas cosas. Incluso en la mili pintaba y me gané el cariño de los camaradas. Tengo grandes recuerdos.

 

Autodidacta, por lo que hemos leído, ¿cuándo aparece su primera oportunidad: exposición o primer cuadro vendido?

Un buen día deje el mundo del diseño textil y decidí cambiar mi vida. Tenía algo de dinero ahorrado, me encerré durante un tiempo a practicar con el óleo, cuando tuve una docenas de cuadros aceptables fui a enseñárselos a las galerías y gustaron. Mi primera exposición se llamó España a Estribor. Eran cuadros de la costa catalana y se vendieron bien. Allí empezó mi nueva aventura.

Jinete ibérico s. XIII

Jinete ibérico s. XIII

 

¿Siempre tuvo apoyo de su familia y amigos para desarrollar su trabajo? ¿Veían futuro en la Pintura? ¿Lo veía usted mismo?

Sí, creo que sí. Mis padres sabían que cuando se me metía algo en la cabeza no había forma de quitármelo. Llegué a montar una pequeña tienda en la calle San Gervasio de Barcelona, donde pintaba y exponía mis cuadros. Ganaba algo y cubría gastos. Venía la gente a pasar el rato y hablaba con ellos. Lo recuerdo como una experiencia socio/artística muy positiva. Nunca pensé en el futuro, jamás lo he hecho, si lo hubiera pensado, no me habría dedicado a la pintura. Tú eliges un camino y no sabes dónde te lleva. Has de andar sin mirar atrás y viendo donde pisas, sin mirar al horizonte, para no tropezar… El final del camino es el mismo para todos. La única diferencia es el camino que has elegido para llegar.

 

Usted comenzó con marinas calmadas y serenas y su evolución lleva a batallas navales con mares más bravos incluso que la propia contienda que plasma, ¿tiene algo que ver con su propio interior?

Puede, nunca me he parado a pensarlo. Quizás es la dualidad que todos tenemos. Cuando pienso en paisajes pienso en calma y sosiego, una mar relajante. Cuando pienso en guerra imagino todo lo contrario, pasar de la calma a la tormenta. Es algo muy característico de mi forma de ser: no tengo un punto medio.

 

Españoles en el Colorado

Españoles en el Colorado

Hablando de interior, algunos de sus cuadros reflejan personajes absolutamente solitarios, como si fuesen retratos de Hopper, aunque estén rodeados por otros soldados, ¿cuánto tienen de Augusto Ferrer-Dalmau esas soledades? ¿Está el auténtico Augusto en alguno de ellos? ¿Le gusta reflejarse o atomiza, de alguna manera, su personalidad en sus retratos?

Vivo en la absoluta soledad. Como ya dije en una ocasión, es el precio que tengo que pagar por mi trabajo. Cuando pinto revivo lo que sentirían mis personajes en las distintas situaciones. He llegado a hablar con mis caballos y soldados. Mis personajes tienen algo de mí mismo. No concibo la victoria y la derrota sin dolor y sufrimiento.

 

Augusto Ferrer-Dalmau en el Líbano, abril de 2016

Augusto Ferrer-Dalmau en el Líbano, abril de 2016

Continuando con sus batallas y soldados, ¿si tuviese que definir con una palabra su obra ésta sería honor? ¿Y si tuviese que definirse a sí mismo con un solo vocablo como pintor? ¿Y como persona?

Más que honor, la palabra sería orgullo, orgullo de raza. Me gusta la palabra raza, qué bonita es, a pesar de que muchos la consideren una palabra xenófoba; para mí es la esencia de un pueblo, como un buen vino, como algo preciado. Yo no sé cómo definirme. Mi amigo Arturo Pérez Reverte me bautizó como “el pintor de batallas” y mucha gente me identifica con este término.

 

Sabemos que Augusto quiso ser militar, por diferentes entrevistas, ¿cuánto de esa ilusión de ser soldado hay en sus cuadros de batallas? ¿Cuánto de soldado hubo en su visita a Afganistán? Contemplando con detalle su cuadro La Patrulla sentimos el respeto que tiene usted por esa profesión, ¿lo pintó también como soldado o sólo como pintor?

Tengo mucho más de soldado que de pintor. Los pinceles son mis armas para combatir, dar a conocer nuestra gloriosa historia militar, que los jóvenes, y no tan jóvenes, sientan orgullo de raza, que sepan que gracias al esfuerzo de muchos siglos de contienda España es lo que es, una nación puntera en el mundo. No estamos donde estamos por casualidad: los cementerios, fosas comunes y la mar están sembrados de huesos de hombres honrados que dieron su vida por nosotros. He estado en Afganistán dos veces, ahora me voy al Líbano, y tengo previsto ir a Ucarnia. Me apasiona vivir estas sensaciones, oler la guerra me ayuda mucho en mi trabajo. Sí, pinto como soldado, lo fui en su día en zapadores de montaña y nunca he dejado de serlo.

 

Augusto Ferrer-Dalmau tomando apuntes en el Líbano, abril de 2016

Augusto Ferrer-Dalmau tomando apuntes en el Líbano, abril de 2016

Siguiendo con la inspiración de su obra, ¿de dónde parte? ¿Qué lee, qué ve, que lleva de los sueños a la tela en Ferrer-Dalmau?

Toda la información, viene de mis lecturas acumuladas durante años. Las historias y anécdotas que me han contado. Una gran fuente de inspiración es mi amigo Pérez Reverte, que me contagia el entusiasmo cuando me describe una escena para pintar. Está mal decirlo, pero en este aspecto me aprovecho mucho de él. Y la otra parte de inspiración sale de mi interior, de ese guerrero que llevamos todos los españoles en nuestros corazones mucho antes de nacer.

 

La entrevista la publicamos en Revista Atticus 33, nuestro próximo núemro digital, que estará disponible para su descarga sobre el 21 de junio.

Pilar Cañibano Gago

Carlos Ibañez Giralda

Revista Atticus


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