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Crítica de Puro vicio, la nueva película de Paul Thomas Anderson

Crítica de Puro vicio. ¡Vaya colocón!

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Película: Puro vicio. Título original: Inherent vice.
Dirección: Paul Thomas Anderson.
Interpretación: Joaquin Phoenix (Larry ‘Doc’ Sportello), Josh Brolin (lugarteniente Christian F. ‘Bigfoot’ Bjornsen), Owen Wilson (Coy Harlingen), Katherine Waterston (Shasta Fay Hepworth), Reese Witherspoon (Penny Kimball), Benicio del Toro (Sauncho Smilax), Jena Malone (Hope Harlingen), Maya Rudolph (Petunia Leeway), Martin Short (Rudy Blatnoyd), Joanna Newsom (Sortilège), Sasha Pieterse (Japonica Fenway), Eric Roberts (Michael Z. Wolfmann), Hong Chau (Jade), Serena Scott Thomas (Sloane Wolfmann), Jefferson Mays (Dr. Threeply), Michael Kenneth Williams (Tariq Khalil), Yvette Yates (Luz).
País: USA. Año: 2014. Duración: 149 min.
Género: Thriller, drama, comedia.
Guion: Paul Thomas Anderson; basado en la novela “Vicio propio” de Thomas Pynchon.
Producción: Paul Thomas Anderson, Daniel Lupi y JoAnne Sellar.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en España: 13 Marzo 2015.

Sinopsis
La ex mujer del detective privado Doc Sportello se presenta repentinamente con una historia sobre su actual novio, un promotor inmobiliario multimillonario del que acaba de enamorarse, y sobre un complot de su mujer y el novio de ella para secuestrarle y meterle en un manicomio. Son los finales de los psicodélicos años 60, la paranoia domina el día y Doc sabe que “amar” es otra de esas palabras que están de moda decir, como “viaje” o “fabuloso”, y que están siendo usadas excesivamente, excepto que ésta normalmente conduce a problemas. Con un reparto de personajes que incluye surfistas, estafadores, drogadictos y roqueros, un usurero homicida, detectives de la policía de Los Ángeles, un saxofonista clandestino y una misteriosa entidad conocida como Colmillo Dorado, “Puro vicio” es por una parte una novela negra y por otra un divertimento psicodélico.

Comentario
A la salida del cine, tras haber visto Puro vicio, me asaltan dos dudas. La primera de ellas ¿qué es lo que he visto? Y la segunda es ¿por dónde acometo yo mi crítica?

 

En algún momento de la película, te pierdes (o me perdí). Y esto casi viene a responder a las dos preguntas juntándolas en una sola. Ahí radica la cuestión: desconcierto. Un desconcierto que te impide, por un lado, resumir en palabras la línea argumental, y, por otro, verter un comentario coherente sobre Puro vicio. La nueva propuesta de Paul Thomas Anderson (Magnolia, 1999; Pozos de ambición, 2007; The Master, 2012) es un gran desvarío, lisérgico, a veces caóticos, muy estético, con un sinfín de personajes que pululan por la pantalla sin saber muy bien quién es quién y cuál es el papel de cada uno. Pero eso es Puro vicio: un caos creativo. Es un dejarse llevar (todo termina por acomodarse y encajar en este sicodélico puzle de los años 70) y disfrutar de la hilarante película que nos ofrece su director.

INHERENT VICE

La fuente de inspiración de Anderson es la novela de Thomas Pynchon Inherent Vice (cuya traducción al español –y así publicada por Tusquets Editores- es Vicio propio). La cuestión de la adaptación no debía de ser fácil pues quienes han leído la obra destacan la verborrea imparable de su autor. Con ella ha pretendido hacer un retrato desbocado de la California setentera llena de hippies. El resultado es una cinta a caballo entre cine negro, comedia con tinte ácido y drama.

 

Puro vicio es puro colocón. Incluso te sorprendes dando un par de risotadas aisladas en medio de una secuencia, que no era para reír, como le sucede al propio protagonista después de tanta calada. Creo que ese puede haber sido el objetivo de su director (y gran acierto): salir del cine un tanto mareado por el humo, por el color de la puesta en escena, por lo complejo del guion con un excesivo número de actores y con algunas subtramas que te marean (y divierten). Es decir, ha adaptado la novela a su manera de hacer cine. Y si a todo esto le añadimos la buena banda sonora (de la mano de Jonny Greenwod), pues quietos ahí en la butaca disfrutando del paisaje, viendo desfilar a drogatas, estafadores de medio pelo y policías de cuidado. Cuando la estás viendo sucede como con la lectura de un libro que a veces la mente se te va, de tal manera que tienes que volver otra vez hacia atrás para releer lo leído. La pega en el cine es que no puedes rebobinar por lo que esta película exige de un mayor esfuerzo por parte del espectador.

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Cuando ya llevas dos horas delante de la pantalla, se produce una de las mejores escenas del film. Una deslumbrante Katherine Waterston, en el papel de Shasta, tras haber estado desaparecida acude, de nuevo, a Doc Sportello. Y le narra el cómo le hacía sentir su amante. Su única vestimenta es un bonito collar. Y la narración va tomando forma, con un tono muy cálido, en la voz de Shasta, meloso, juguetón (a la vez que su cuerpo), con el tempo ralentizado, atrapando al espectador. Es una de las mejores escenas sensual-erótica de los últimos tiempos en el cine. Asistes con los ojos como platos. Y se te escapa, a tus compañeros de butaca: ríete tú de las burdas secuencias de 50 sombras de Grey.

 

En Puro vicio hay situaciones desternillantes. Una de ellas es que el investigador tiene su despacho en una consulta ginecológica. Y verle ahí colocado, con los pies en los estribos, dándole al canuto y a la olla, es de alucinar. Otra de ellas es cuando la policía detiene a Doc Sportello y él se hace un ovillo. O cuando se cruza con la policía que le zurran de lo lindo. Pero tal vez la que se pueda llevar la palma es la escenografía que hace el director en una reunión donde están todos alrededor de una mesa llena de pizzas. La composición te remite a la Última cena. La pintilla de los hippies alude a unos modernos discípulos. Es muy reseñable la web oficial (os invito a que la visitéis). Se trata de un gif animado con los personajes dispuestos como si fuera eso, la Última cena.

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En cuanto a los actores, es muy destacable la gran actuación de Joaquin Phoenix. Prácticamente está presente en todas y cada una de las escenas. Incansable. Todo aquel que vaya a interpretar a un colgado la tendrá que revisar una y otra vez. Resulta creíble y muy convincente. El actor puertorriqueño es un auténtico camaléon al que se le resiste el preciado galardón: el Oscar a la mejor interpretación. Lo acabamos de ver en Her (Spike Jonze, 2013) con una actuación mucho más comedida pero muy eficaz. También repitió con Anderson en The Master (2012). Y, por supuesto, el gran descubrimiento para algunos: Katherine Waterston. A partir de ahora siempre será Shasta. Van a tener que recaudar mucho con esta película para tener que pagar la nómina de los más de 17 actores que he contado en la ficha técnica (sin contar con algún cameo).

 

Tras las más de dos horas y media, crees haberlo visto todo y en tu cabeza se van colocando las piezas para intentar comprender que lo visto obedece a una razón. Y tratar de buscar la manera de armar un relato convincente de Puro vicio. Se han encendido las luces de la sala, ya todo el mundo ha salido y cuando estás a punto de abandonar tu butaca, lees en la pantalla la dedicatoria: a Ida y a continuación un enigmático:

Bajo los adoquines, la playa!
Grafitti de París en mayo de 1968

¿Cómo encaja esto en lo que he visto? No lo sé. Pero tampoco me importa. He visto una película inabarcable, en la que hay que tener la disposición de verla sin complejos. Brillante en todos los aspectos técnicos. Puro vicio es onírica y surrealista y provocadora. Bajo tanto colorido, al igual que bajo los adoquines de París había la playa, aquí hay… cine. Unos pensarán que es una gran película y otros… que es una tontería de película. Y tú, ¿de cuál eres? Paul Thomas Anderson nunca deja indiferente a nadie. Y en esta ocasión, llevando al cine la obra de Thomas Pynchon, tampoco.

Os dejo un tráiler:

También el encale a la web oficial.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

3 Comments
  1. Mala, mala y de lo malo lo peor.Insufrible película sin sentido.Si quería parecerse a El Gran Lebowsky…bffff…ni se le acerca.¿He dicho que es mala? Muchos huimos de la sala pese a haber pagado 19 eurazos por esa cosa.

  2. Magnífica película que retrata a la perfección una época que definió a la sociedad americana y que supuso el fin de una generación…y el principio de la siguiente. Si buscas ver “El gran Lebowski”, píllate el DVD porque los Coen y P.T.Anderson se parecen como un huevo a una castaña (más allá de que en ambos casos se trata de excelentes realizadores). Leo muchos comentarios de gente que esperaban una historia al estilo Lebowski…bueno, quizá deberían investigar las obras previas del director antes de lanzarse a la piscina.

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