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Exposición Alma-Tadema y la pintura victoriana, nueva exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza

Exposición Alma-Tadema y la pintura victoriana, nueva exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza

La exposición Alma-Tadema y la pintura victoriana en la colección Pérez Simón recala en Madrid. Tras su paso por París y Roma (continuará viaje a Londres) el Museo Thyssen-Bornemisza acoge las obras de Sir Lawence Alma-Tadema, Dante Gabriel Rossetti, Sir Frederic Leighton o John Melhuish Strudwick (entre otros) pertenecientes a la colección del mexicano de origen asturiano Juan Antonio Pérez Simón. La muestra se inauguró el martes 24 de junio con la presencia de Guillermo Solana, Oscar de León Montemayor y Véronique Gerard-Powell, comisaria de la exposición.

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Las rosas de Heliogábalo. 1888. Lawrence Alma-Tadema. Óleo sobre lienzo, 132,7 x 214,4 cm. Colección Pérez Somón, México

Guillermo Solana, Director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, destacó que tuvo su primer contacto con la Fundación Juan Antonio Pérez Simón (JAPS) en 2006 con motivo de la exposición en el Museo Thyssen De Lucas Cranach a Monet. Antologia de las obras maestras de la colección Pérez Simón, y que él ya se la encontró preparada al acceder a su cargo. Desde entonces todo han sido facilidades para preparar exposiciones con préstamos de obras de esta colección (formada por dos/tres mil obras). En aquella exposición se trajo algún cuadro presente en esta exposición como es el caso de Las rosas de Heliogábalo, pero se quedaron fuera muchas otras de la pintura victoriana que tiene que ver con el post-prerrafaelismo.
La figura de Alma-Tadema fue denostada durante mucho tiempo. Representaba lo que los jóvenes pintores rechazan que no era otra cosa que el arte académico. En 1912 murió, cumpliéndose el centenario de su muerte en el cual se ha tratado de revitalizar y poner en su sitio dentro de la historia del arte a este gran pintor. «Sus pinturas son narrativas, minuciosas, casi fotográficas, exquisitas y sofisticadas, reflejo de una sociedad atravesada por muchos conflictos que mantuvo un exquisito gusto y tacto por resolver esos conflictos».
Oscar de León Montemayor, Vicepresidente de la Fundación JAPS, recordó a los asistentes la gran colección que ha atesorado Juan Antonio Pérez Simón desde que le comenzó a ir bien en sus negocios. La Fundación tiene entre sus objetivos dar a conocer esta riqueza: «tener una fiesta para dos no es lo mismo que incluir a los amigos».

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La bola de cristal, 1902. John William Waterhouse. Óleo sobre lienzo 121,6 x 79,7 cm. Colección Pérez Simón, México

Véronique Gerard-Powell, comisaria de la exposición y profesora titular (honoraría) de Historia del Arte de la Universidad de la Sorbonne de París, se mostro entusiasmada con esta exposición y contagió esa pasión a los asistentes a la presentación de esta muestra que tiene como principal protagonista la figura de Alma-Tadema. El grueso de la colección (de la parte de la pintura victoriana) no son las grandes obras (salvo algún lienzo) sino que son cuadros que se realizaban para el mercado, para su venta y que fueron a parar a amantes del arte y que, tras su fallecimiento, sus familiares se deshicieron de ellas por no gustarles. Son obras que abarcan el período de 1860 a 1900. El período anterior (que coincide con la Hermandad Prerrafaelita, entre 1848 – 1860) no está presente en esta muestra ya que se encontraban en posesión de los distintos museos.
La comisaria considera que estas son obras llenas de naturalidad y sensualidad y que lo más importante en la creación artística de estos pintores, en aquellos momentos, era «la búsqueda de la pura belleza formal».
Destacó varias obras. El cuarteto. Tributo del pintor al arte de la música. Una obra de Albert Joseph Moore (1841 – 1893) que es icónica e imprescindible para entender el movimiento «enseña al espectador la belleza de la música, no la belleza de un concierto griego». Muchachas griegas recogiendo guijarros a la orilla del mar (un título impronunciable en español para la comisaria de la exposición) de uno de los pinores con más prestigio de Londres, Frederic Leighton (1830 – 1896). También una obra clave donde el pintor recoge los colores de la puesta del sol en los vestidos de las jóvenes. Pero sin lugar a dudas, el corazón de la exposición es la sala dedicada a Sir Lawrence Alma-Tadema (1836 – 1912). Son quince pinturas en donde podemos ver una evolución cronológica de su obra. Desde esas primeras escenas cotidianas (Saliendo de la iglesia en el siglo XV o La vuelta del mercado) hasta sus lienzos finales con el mejor cuadro posible de gran formato, Las rosas de Heliogábalo. Un cuadro que une cuestión histórica, decoración y crueldad: no deja de ser la representación de unos invitados a un banquete que se están muriendo. Alma-Tadema se mostró como un pintor de la luz (al igual que lo fue Sorolla, incluso hay alguna pequeña reminiscencia en su obra al genio español, por ese tratamiento de la luz), pero también un excelente pintor de los pequeños detalles.
Veronique Gerard-Powell nos invitó a descubrir a un pintor que a buen seguro desconocíamos (nosotros y algún que otro museo que ahora empieza a sacar a la luz cuadros que tenían abandonados en sus almacenes). Se trata de John Melhuish Strudwick (1849 – 1937). Un pintor que destaca por el detallismo en cuadros pero casi desde una óptica simbolista. Otro de los pintores rescatados del olvido es John William Waterhouse (1849 – 1917). Artista que en la segunda parte de su carrera adapta el ideal de belleza a escenas de la Antigüedad. Un claro ejemplo lo podemos ver en la obra La bola de cristal. Una mujer sola, hechicera, idealizada situada en un espacio interior. Una delicia. Y para despedir la exposición nos encontramos con El canto de la primavera, de Waterhouse. Una obra tardía (1913) que narra como la diosa Proserpina va recogiendo flores en un prado. Un cuadro melancólico con un potente naturalismo que pone fin a un período.
Alma-Tadema y la pintura victoriana en la colección Pérez Simón es una exposición que reúne cincuenta obras muy significativas de la pintura inglesa del siglo XIX. Una pintura británica realizada bajo los reinados de la reina Victoria (1837 – 1901) y de su hijo Eduardo (1901 – 1910) que incluye a algunos de los artistas más emblemáticos como puedan ser: Lawrence Alma‐Tadema, Frederic Leighton, Edward Coley Burne‐Jones, Albert J. Moore o John William Waterhouse. Pintores y obras que pese haber obtenido cierto éxito y reconocimiento en su época fueron ignorados por los museos y coleccionistas durante casi un siglo. Las obras de estos artistas aúnan la herencia de los prerrafaelitas (regreso al detallismo minucioso y a unos colores muy luminosos) con una vuelta al interés por la Antigüedad clásica donde el culto a la belleza femenina y la belleza de la armonía visual lo impregnan todo. La muestra está dividida en seis apartados: Eclecticismo de una época; Belleza ideal, belleza clásica; Alma-Tadema, entre reconstrucción histórica y ensueño; El rostro, espejo de la belleza; Del prerrafaelismo al simbolismo; y, por último, Entre tradición y modernidad.

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Belleza clásica, 1908. John William Godward. Óleo sobre lienzo 51 x 40,9 cm. Colección Pérez Simón, México

En definitiva, una exposición dulce, amable, sensual y fresca para el tórrido verano madrileño. Cuidada hasta el mínimo detalle (como la recreación del ambiente con unas flores que podrían haber inspirado a los propios pintores) y con un catálogo que va mucho más allá de la mera presentación de las obras. Contiene estudios de la propia Véronique Gerard-Powell y de Charlotte Ribeyrol. Con el catálogo en mano (o la aplicación App del Museo) se puede dar un paseo para ir descubriendo las obras que nos ha recomendado la comisaria de la exposición y añadir las nuestras. Me quedo con El cuarteto (antes reseñado), con La pregunta, o Su mirada y sus pensamientos se encuentran en la lejanía (¡qué títulos más evocadores!), o una acuarela virtuosa como es Vino griego, todas ellas de Alma-Tadema. Sin olvidarme de las obras de Strudwick o la deliciosa mujer (parece que reside allí posando de forma permanente) protagonista de La ausencia acrecienta el amor de John William Godard. Ahhh, no se la pierdan, es una delicia de arte.

Para más información es imprescindible consultar el siguiente enlace:

Microsite de la exposición del Museo Thyssen-Bornemisza

Y un vídeo.

 

 

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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