Exposición en el Museo del Prado: Las Furias. De Tiziano a Ribera

 

Se conoce por Furias (o Las Furias) a cuatro personajes procedentes de la mitología greco-latina que desafiaron a los dioses y fueron castigados por su osadía. Están considerados como personajes secundarios, no son las star system de la mitología. Ticio fue condenado a ser devorado por los buitres por haber intentado violar a Latona, amante de Zeus y madre de Apolo. Tántalo, hijo de Zeus y rey de Lidia fue castigado, por haber servido a los dioses, como festín, a su hijo Pélope, a vivir sumergido con el agua hasta la barbilla. Sísifo, fundador y rey de Corinto, penaba con su roca a cuestas por haber delatado los amores de Zeus con Egina. E Ixión, rey de los Lapitas, fue condenado a dar vueltas eternamente en una rueda por haber intentado seducir a Hera.
Ellos son los protagonistas de la exposición que se celebra en el Museo del Prado, desde el 21 de enero hasta el 4 de mayo, bajo el título de Las Furias. De Tiziano a Ribera. Una muestra que se compone de veintiocho obras en distintos soportes y firmadas por distintos artistas de los siglos XVI y XVII. Destacan un dibujo de Miguel Ángel y las pinturas de Rubens, Tiziano, Ribera, Rombouts, Glotzius, Assereto, Rosa o Langetti. Está patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado.

Fotografía: Luisjo

Fotografía: Luisjo

El tema de Las Furias tuvo un desarrollo muy limitado, apenas unos ciento cincuenta años. Un periodo que abarca desde mediados del siglo XVI hasta las postrimerías del XVII. A diferencia de otros modelos, el caso de Las Furias no es una «moda» italiana sino que proviene de los Países Bajos, de la mano, fundamentalmente, de María de Hungría.
María de Habsburgo de Hungría (1505 – 1558), también conocida como María de Austria, fue la tercera hija de Felipe el Hermoso, archiduque de Austria y duque de Borgoña, y de Juana de Castilla (conocida como Juana la Loca). Fue reina consorte de Hungría al casarse con Luis II de Hungría. En 1548, María de Hungría, encargó a Tiziano, para su palacio de Binche en las afueras de Bruselas, una serie de lienzos con los cuatro personajes mitológicos: Ticio, Tántalo, Sísifo e Ixión. Una alegoría a los príncipes alemanes que se habían alzado contra su hermano, el emperador Carlos V, y a quienes había derrotado un año antes en la batalla de Mülhberg.

La exposición gira alrededor del Laoconte. El hallazgo, en 1506, del grupo escultórico conocido como del Laoconte en Roma, perteneciente a la escuela de Rodas, se convirtió en todo un acontecimiento. La manera en que se representa el dolor, el sufrimiento y hasta la muerte en cada gesto o en cada rostro de cada uno de los componentes de este grupo escultórico ha servido de inspiración a las futuras generaciones. Pero no solo en los artistas sino también en los teóricos. Son muchos (tanto artistas, como estos últimos) los que consideran, y han considerado a este grupo como el ejemplo máximo en el arte y por extensión con el ejemplo por excelencia en la representación del dolor en el arte.
Tras el conocimiento del Laoconte y de Las Furias los artistas sienten la necesidad de atreverse con nuevos retos. Por un lado, la de representar a sus modelos en distintas actitudes y movimientos, y, por otro, la de plasmar los diferentes estados de ánimo, como es el caso del dolor extremo.
Anteriormente al grupo escultórico, los antecedentes a estas representaciones se pueden situar en las gigantomaquias de época helenística o la Baja Edad Media. Son episodios de la mitología griega que narran sucesos cruentos entre gigantes, titanes y dioses olímpicos. Están caracterizados por la representación de múltiples personajes con escorzos a veces inverosímiles. Dos ejemplos que han llegado hasta nosotros son Caída de los Gigantes de Giulio Romano y Caída de los Gigantes de Perino del Vaga.
Pero estos dos no reflejan a ninguno de los componentes de Las Furias. Según nos recuerda Miguel Falomir, ahora se sabe de una serie de tapices conocidos por Los honores, tejida hacia 1520 en Brusela por Peter van Aelst y que se ponen en relación con los lienzos de Tiziano. En uno de ellos, el dedicado a la Iustitia, en el ángulo superior derecha aparecen las figuras de Ticio, Sísifo e Ixión.
Miguel Ángel tomaba como modelos la estatuaria clásica para recrear los mitos antiguos. Realizó un dibujo de Ticio en 1532.
Estas Furias no fueron concebidas como un conjunto autónomo, sino que fueron realizadas para formar parte de un todo. Formarían parte de un importe conjunto iconográfico que incluiría pinturas, tapices y esculturas desplegados en la llamada Gran Sala del Palacio de Binche en las afueras de Bruselas. De todos es sabido el gusto por los fastos de aquella época. María de Hungría no dudó en organizar una serie de refinadas diversiones que pusieran en evidencia el lujo cortesano y el gran poder que tenía. Se sabe que este palacio disponía de varios pisos con distintos ambientes. En uno de estos pisos se encontraría esta Gran Sala de donde colgarían distintos tapices y los lienzos de Tiziano.

Dejando a un lado la carga política que significaba, Las Furias constituyen un ejercicio de virtuosismo, una magistral utilización del claroscuro. Los artistas fascinados por la visualización del sufrimiento, se esforzaron en captar los movimientos de máxima tensión, con escorzos casi inverosímiles en los cuerpos desnudos y con el reflejo de dolor en su máxima expresión. Sus expresiones son extremas. La mayoría de las figuras ocupan casi toda la superficie del lienzo en pugna con los gritos que salen de sus bocas. Transmiten al espectador el tormento que sufren. Era la estética del horror.
Tras las obras de Tiziano, el tema de Las Furias llega hasta Italia. Y en Nápoles se encuentra el genial José de Ribera que se va a convertir en el pintor que sabrá reflejar como nadie esta estética del horror. Supo apropiarse de esta temática y la desarrolló con gran ingenio.

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Además de los cuadros que posee el Museo del Prado, en la exposición podemos ver un estudio al aguafuerte de narices y bocas que reflejan esa pasión que sentía Ribera y que profundizará en la expresión facial del gigante.

El Ixión de Ribera es un ejemplo de las virtudes en la representación del dolor. Además se trata de la única Furia de Tiziano de la que no quedaba testimonio visual. Demuestra una gran habilidad a la hora del tratamiento del cuerpo humano sometido a extremas condiciones, así como la capacidad de transmitir ese dolor al espectador.
Por el contrario la obra de Salvator Rosa estira esta estética del horror al máximo (utilizando una expresión coloquial se podría decir, que Rosa con su Prometeo, «se ha pasado»). Se recrea en exceso y su Ticio sufre, pero el espectador más que dolor lo que percibe es una sensación cercana al asco al ver tanta víscera. Se dice de Rosa que en su día manifestó que si Apeles supo pintar el trueno, él había pintado el grito.

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La exposición está comisariada por Miguel Falomir, jefe del Departamento de Pintura Italiana y Francesa (hasta1700). Falomir también es el responsable del catálogo, escrito íntegramente por él. Se trata de un exhaustivo estudio con capítulos dedicados a Tiziano, a María de Hungría, al desafío artístico que supone la plasmación de estos escorzos y la originalidad e imitación de los maestros en referencia a Las Furias.
Como viene siendo habitual alrededor de la muestra el Museo del Prado, así como la Fundación Amigos del Prado han organizado una serie de actividades.

Un interesante vídeo de la exposición:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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