Exposición Josef Albers en la Fundación Juan March

Bajo el título Josef Albers: medios mínimos, efecto máximo se encuentra la primera retrospectiva dedicada en España a la figura de Josef Albers (1888 – 1976). La exposición está organizada por la Fundación Juan March y está compuesta por más de un centenar de obras y otras piezas como mobiliario, diversos objetos, fotografías y material documental. La muestra ha sido posible gracias a la colaboración durante los últimos años de la The Josef and Anni Albers Foundation (Bethany, Connecticut). Se puede contemplar en la sede madrileña de la fundación desde el pasado 28 de marzo hasta el 6 de julio de 2014.

Homenaje al cuadado, 1950 Josef Albers Óleo sobre Masonite, 52,4 x 52 cm. © Yale University Art Gallery, New Haven, USA

Homenaje al cuadado, 1950 Josef Albers
Óleo sobre Masonite, 52,4 x 52 cm. © Yale University Art Gallery, New Haven, USA

Josef Albers

Josef Albers nació en Bottrop, Westfalia, Alemania el 19 de marzo de 1888 y falleció en los Estados Unidos el 25 de marzo de 1976. Artista y profesor de arte desarrollo su actividad en Alemania hasta que en 1933 tuvo que emigrar a los Estados Unidos debido, fundamentalmente, al ascenso del nacionalsocialismo (nazis). Continúo con su labor educativa y artística en tierras americanas creando algunos de los programas educativos más influyentes del siglo XX.
Sus primeros inicios artísticos surgen tras tener conocimiento de la obra de Cézanne, Mondrian y Matisse, en los primeros años del siglo XX, y experimentar con la abstracción pictórica emulando a estos tres grandes genios.
Tras su paso por distintas escuelas y academias de arte, entra a formar parte, en 1920, como profesor de la mítica Bahaus, fundada por Waler Gropius. Escuela de diseño que desarrolla su actividad en Weimar, después en Dessau y finalmente en Berlín (1932-1933), hasta que bajo la presión de los nazis tiene que echar el cierre. Tras este cerrojazo emigra a los EE. UU. Comienza a trabajar en la facultad de Black Mountain College, un centro de vanguardia y experimentación, de los más importantes del siglo XX. Desde 1950 a 1958, Albers dirigió el Departamento de Diseño de la Universidad de Yale, en New Haven (Connecticut).
Albers ha sido conocido como pintor abstracto. Pero sus ensayos teóricos sobre el color y la forma han pasado a la Historia del Arte por su gran valor formativo. Esas teorías las plasmó en una serie Homenaje al cuadrado que empezó en 1949 y desarrolló durante varios años (llegando a realizar cerca de dos mil obras). Se trata de una composición partiendo de la figura geométrica del cuadrado y su repetición en diferentes tañamos y colores. Juega con la disposición concéntrica del cuadrado dentro del cuadro y la interacción cromática.
Josef Albers tiene el honor de haber sido el primer artista vivo en exponer en el Metropolitan Museum de Nueva York.
Su gran legado fue el sacar el máximo partido usando unos recursos limitados. Un legado que responde a la máxima conocida y transmitida por uno de sus compañeros en la Bahaus, Miers van der Rohe: «Menos es más».

Exposición

Distribuir las posesiones materiales
es dividirlas
distribuir las posesiones espirituales
es multiplicarlas
Josef Albers

La Fundación nos advierte de que esta exposición, a pesar de su carácter de retrospectiva, no es un simple recorrido cronológico por su obra. El hilo conductor es la consideración de la obra de Josef Albers como un proyecto coherente y con una voluntad de simplicidad en el uso productivo de medios y recursos intencionalmente limitados; así como un respeto al trabajo manual y la enfatización en la experimentación con el color que desembocará en la materialidad de una obra de alto contenido poético y espiritual.
La exposición explora en el trabajo artístico y en la labor pedagógica, teórica y práctica de Josef Albers. Podemos contemplar desde sus primeros dibujos figurativos hasta las principales series en las que trabajó el maestro durante su carrera: Variant/Adobe, Constellations (Constelaciones estructurales) y la célebre Homage to the Square (Homenaje al cuadrado). También se exponen una serie de objetos que proporcionan un valor añadido. Como su famoso sillón 244 que preconiza lo que luego será la filosofía de una gran marca comercial (sueca para más señas) que se dedica a la venta de enseres domésticos desmontados. Se encuentra montado y también  desmontado como si fuera esos juguetes Montaplex que uno ha tenido la oportunidad de tener entre sus manos. Complementan este apartado publicaciones, escritos y fotografía del propio artista.
Llaman la atención sus innumerables dibujos geométricos. Se trata de figuras planas, pero que con el añadido del color se convierten en superficies aterciopeladas. Albers sentía pasión por el color, hasta tal punto que tiene una serie de grabados en blanco, lo que se denominada técnica de gofrado (algo así como el predominio de la línea a modo de relieve, creando una figura sin uso de color alguno).

Fábrica (25/2b), 1925. Josef Albers Vidrio esmerilado y pintura negra. 27,9 x 35,5 cm. © The Josef & Anni Albers Foundation. Fotos cedidas por la Fundación Juan March

Fábrica (25/2b), 1925. Josef Albers
Vidrio esmerilado y pintura negra. 27,9 x 35,5 cm. © The Josef & Anni Albers Foundation. Fotos cedidas por la Fundación Juan March

Albers era algo más que un artista. Así lo debieron entender en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York cuando en 1971 le dedican una exposición retrospectiva. Es la primera que el museo dedica a un artista vivo. Albers cederá a la institución trece pinturas y ocho grabados. El arte consigue, en palabras suyas, «el milagro de distribuir posesiones materiales, pero no reduciéndolas, sino multiplicándolas». Parecía ser consciente de que repartiendo sus obras por todos los museos, un artista se multiplica, expandiendo su legado, su impronta por todo el orbe.
Una vez más, la fundación Juan March, no ahorra en medios, a pesar de que en estos tiempos son limitados, ha sabido crear una bella obra en su catálogo razonado. Son bienes preciados para quienes nos dedicamos a profundizar en la historia del arte. Y son muy apreciamos para quienes amamos los libros y obtener con ellos la posibilidad de llevarte a casa un trozo de la exposición, un trozo de Josef Albers aunque solo sea con la posibilidad de tener acceso (en castellano) de los escritos teóricos que son su cuerpo dogmático y que constituyen el grueso de su teoría, su enseñanza, que viene a reforzar esa doble condición del artista: alumno y maestro. Se nota el especial cariño que tiene la Fundación por las publicaciones. En esta ocasión el catálogo recoge 57 textos de Albers, 26 de ellos inéditos y 53 traducidos por primera vez al castellano, según palabras del presidente de la Fundación Juan March, Manuel Fontán, que vive con pasión la puesta de largo que supone cada inauguración. Aprovecho para recordar el enorme esfuerzo que han hecho en la Fundación para digitalizar todas las publicaciones y ponerlas a disposición del público en general, no solo para su consulta sino para su descarga. Aquí también podemos hablar de «medios mínimos, efecto máximo».

El artista y particularmente el poeta, es siempre anarquista, sin que sepa escuchar otras voces que las que afluyen dentro de sí mismo, tres fuertes voces: la voz de la muerte, con todos sus presagios; la voz del amor y la voz del arte.
Federico García Lorca
Citado por Nicholas Fox Weber en el estudio introductorio del catálogo editado por la fundación Juan March.

Más información en Revista Atticus 25 (mayo 2014) o en la Fundación Juan March.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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