Nebraska

El (re) encuentro crepuscular de padre e hijo

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Ficha

Película: Nebraska.

Dirección: Alexander Payne.

Interpretación: Bruce Dern (Woody Grant), Will Forte (David Grant), June Squibb (Kate Grant), Bob Odenkirk (Ross), Stacy Keach (Ed), Mary Louise Wilson (tía Martha), Rance Howard (tío Ray), Tim Driscoll (Bart).

Guion: Bob Nelson.

País: USA. Año: 2013. Duración: 114 min.

Género: Drama. Producción: Albert Berger y Ron Yerxa.

Música: Mark Orton.

Fotografía: Phedon Papamichael.

Montaje: Kevin Tent. Vestuario: Wendy Chuck.

Distribuidora: Vértigo Films. Estreno en España: 7 Febrero 2014.

Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

Sinopsis

Esta es la historia de la familia Grant de Hawthorne, Nebraska. El obstinado y taciturno Woody Grant (Bruce Dern) está de vuelta de la vida. Posiblemente sea un viejo inútil, pero él cree que tiene una última oportunidad de marcar la diferencia: un aviso de que él es el afortunado ganador de un concurso de millones de dólares.

Para reclamar su fortuna, Woody insiste en que debe llegar rápidamente a la oficina de la empresa de sorteos en Lincoln, Nebraska un viaje (800 y pico kilómetros) que parece poco realista teniendo en cuenta que apenas puede cruzar la calle, al menos no sin detenerse a tomar una copa.

Preocupado por el estado mental de su padre, le acompañara a regañadientes su hijo David (Will Forte) en un viaje que parece económicamente inútil a primera vista. Sin embargo, su extraño viaje se convierte en una especie de moderna odisea familiar. Cuando Woody y David hacen una parada «técnica» en su ciudad natal de Hawthorne donde se les unen la matriarca Grant, Kate (June Squibb, A propósito de Schmidt) y el hijo triunfador, Ross (Bob Odenkirk, Breaking Bad). A ojos de los demás, la historia de la fortuna de Woody le convierte, momentáneamente, en un héroe.

Comentario

«Estamos ahora en disposición de pagar un millón de dólares al Sr. Woodrow T.de Billings, Montana.»

Extracto de la carta de Mega Sweepstakes Marketing enviada a Woody Grant

NEBRASKA 

Son muchos los comentarios que se leen sobre que en el cine faltan ideas (como pasa también en la sociedad nuestra en donde los mediocres parecen sobresalir). Pues bien, el planteamiento de Nebraska surge a partir de una de esas cartas comerciales que muchos de nosotros hemos recibido en nuestros buzones. Como dicen en la propia cinta: «no sabía que esto se siguiera haciendo». No es otra cosa que recibir una carta anunciándote que has ganado un premio (en este caso, un millón de dólares). Con tu nombre y todo. En este caso a nombre de Woody Grant, un octogenario que apenas puede andar sin arrastrar los pies pero que ha decidido actuar con resolución y llegar hasta las oficinas donde le darán el premio: en Lincoln, Nebraska. El pobre anciano no sabe que esto no es más que una estratagema comercial, no sabe que hay una letra pequeña y que esto no será efectivo hasta no comprobar si su nombre, si el número que le han asignado, está entre los agraciados finales (que dicho sea de paso, nunca está, no os dejéis engañar).

A partir de este hecho banal, Alexander Payne (Los descendientes, 2011, Entre copas, 2004) construye un relato fílmico impecable. En el arranque de la película ya nos hace una declaración de sus intenciones. Vemos al viejo Woody caminando por el arcén de una carretera, en las afueras de una ciudad. Pasa un coche patrulla, para y se baja un policía para saber que anda haciendo Woody por ahí. No se detiene, por fin le da el alto y le pregunta ¿adónde va?, y Woody señala hacia delante. ¿De dónde viene? Woody se gira y señala por donde ha venido. No ha hablado, pero es que tampoco le hacía falta. Solo va en busca de su fortuna. A continuación comienzan los títulos de crédito.

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Road movie (o película de carretera) pero que también tiene algo de western. Quizás esto último puede sorprender a algún lector que haya visto la película. Pero lo cierto es que Nebraska participa de este último género si bien es cierto que la diligencia o los caballos se sustituyen por los modernos autos; las amenazas de los indios se pueden sustituir por las de sus propios miembros de su familia; y la consecución de un hogar donde establecerse (El dorado) aquí se sustituye por la esperanza de alcanzar ese millón de dólares que le permitan un desasosiego. Mucho bar y mucha cerveza. Y, por supuesto, el territorio, el medio oeste con esos paisajes vastos, desoladores (y evocadores) y unas casas del medio rural que reflejó de forma excelente el artista americano Hopper. Eso sí, sin ningún tiro, pero con su pelea y con la fiebre por el oro.

Independientemente al género al que pertenezca, Nebraska es la cabezonería por alcanzar una meta, aunque sea la última, aunque sea en esa etapa crepuscular de la vida, donde ya no te importa nada de lo que puedan decir. Nebraska pretende ser el triunfo de la dignidad. Un hombre anciano al que se le comunica que ha ganado un millón de dólares y que pretende cobrar ese premio aunque todo el mundo sabe que es un subterfugio para venderte algo, es para echarte a reír y no tenerle en cuenta. Pero Woody quiere ser el americano de Don Erre que erre por su contumacia y terquedad. Quiere ser el Paco Martínez Soria del medio oeste. Él quiere cobrar su premio y encontrará en su hijo un aliado. En principio, como su esposa, tildará de loco a su padre, pero algo ve en los ojos del abuelo que se decide a apoyarle. Si es lo que le hace ilusión porque no se lo va a dar, máxime estando en ese momento de la vida en que uno no puede pensárselo mucho. Juntos iniciarán un viaje físico (más de 800 Km. de Billings a Lincoln, de Montana a Nebraska) y también un viaje emocional.

 

“No sabía que el hijo de puta quería ser millonario.”

Kate Grant

 

Nebraska es una película inteligente e ingeniosa, con un sólido guion (Bob Nelson) que combina humor y drama y con una puesta en escena acertadísima y que da como resultado un relato lírico. Con una banda sonora que no desentona (Mark Orton). El uso del blanco y negro despoja de lo superfluo para centrarnos en una vida cotidiana, real y muy cercana para muchos, que proporciona intimidad y refleja la vida austera de estas gentes. La fotografía es perfecta, bella, tanto en su planteamiento como los encuadres y, por supuesto, la luz. Nebraska refleja una historia diferente a las habituales que parte de un asunto tan banal y deviene en una original fábula. La elección de los personajes ayuda a lograr un gran conjunto. Los tres principales protagonistas están más que brillantes. A Bruce Dern le han dado, posiblemente, el papel de su carrera. Un tipo entrañable, algo ido, irascible, gruñón, terco como una mula y decidido. Está caracterizado magistralmente: borrachuzo, arrastra una pierna, los pelos de loco, sus gafas, la mirada ida, pierde los dientes a la mínima, barba blanca descuidada y hasta con una tirita en la frente que cubre una herida fruto de su desventura con el alcohol. Lo único que quiere es dejar un legado material a sus dos hijos, sabedor de que el legador sentimental está roto o inexistente. El contrapunto lo pone su esposa, Kate. Un papel interpretado por June Squibb. De aspecto dulce, de abuelita cariñosa, resulta ser «la única cuerda» de la familia. Provinciana, directa, mordaz, con un gran punto de ironía, relata su pasado (la relación con todo el pueblo, con sus cuñadas) y vive el presente con resignación y con una gracia agridulce. David (Will Forte) es el hijo paciente, es el que asume el cuidado y el encauzar a su padre. Es el que hará el verdadero camino no hacia la fortuna sino hacia el reencuentro con su padre. Un tanto primario (rompe con la novia y solo le preocupa si pueden seguir acostándose), sencillo, pero con corazón.

Los secundarios no le van a la zaga. Esos primos granujas de medio pelo, que viven la sopa boba y que levantarán el culo del sofá para hacerse con la fortuna de su tío. El codicioso amigo, y anterior socio de Woody, Ed Pegram, (interpretado por un rostro conocido, Stacy Keach), mostrará ser un desalmado, sin inmutarse. Y hasta la antigua novia de Woody que será la protagonista de la última escena de la película, mirando el paso del apuesto y bonachón hombre por el que suspiro hace ya unas cuantas décadas. Esa mirada tan expresiva, tan franca, tan limpia, resulta ser un maravilloso colofón.  El universo Grant pasará a la historia del cine como una familia parca en palabras, destacando por sus acciones (que en definitiva es lo que define a un personaje). Echaremos de menos a esos personajes tan «adorables».

De la cinta sobresalen, el suculento diálogo que mantienen David con su padre sobre como conoció a mamá, los hijos y si estaban enamorados. Sin desperdicio. O las «animadas» charlas que mantienen los hermanos de Woody con monosílabos cada dos minutos. Y el cómo refleja, el director, la codicia por hacerse con una parte del suculento premio a pesar de la insistencia de que eran una artimaña de publicidad engañosa.

Hay quienes ven en la última cinta de Alexander Payne una sobredosis de realidad, de cruda realidad, para ser más exactos, pues consideran que esas situaciones que se reflejan en la pantalla, ellos ya las ven a diario. Hay quien busca en el cine una realidad diferente al día al día, un cine de evasión y sin embargo hay otros que buscan entender esa vida cotidiana a través de la mirada de otras personas que viven circunstancias parecidas.

“El no tiene Alzheimer, sólo es que se cree lo que le dicen.”

David Grant

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A pesar de ser un drama, Nebraska contiene alguna de las escenas más divertidas e hilarantes de los últimos tiempos: una pelea entre primos que lo único que le preocupa a uno de ellos es que le golpeen en la cara ya que sale por la TV; o como la matriarca del clan le enseña el «refajo» a la lápida de un antiguo noviete…  

En definitiva, Nebraska narra el viaje de un hijo para reencontrarse con su padre tras no haber tenido una relación cordial, fruto de sus escarceos con el alcohol. Ese encuentro (más que reencuentro, pues es difícil que haya podido tener una sana relación fruto de la naturaleza discordante del padre) tendrá que ver con sopesar si su padre puede vivir solo o tiene que echar mano de alguien para que le ayuda. O trasladas los servicios para que atiendan a tu padre o trasladas a tu padre para que reciba los servicios que se merece. El eterno dilema al que –con fortuna-  te tienes que enfrentar en algún momento de la vida. Vayan al cine y déjense seducir por la mirada de la antigua novia de Woody en la escena final. Descubran la magia de Nebraska.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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Fichero archivado: Cine

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