Surrealistas antes del surrealismo. Exposición en la Fundación Juan March

Traspasar una cortina y sumergirnos en un mundo onírico es la nueva propuesta que nos proponen en la Fundación Juan March con su nueva instalación Surrealistas antes del surrealismo. La fantasía y lo fantástico en la estampa, el dibujo y la fotografía. Una selección de cerca de 300 obras entre grabados, fotografías, dibujos, libros y revistas que abarcan desde el Medievo tardío hasta el nacimiento y desarrollo del propio movimiento surrealista del siglo XX.

Hombre con cabeza llena de nubes, c. 1936. Dalí. Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueras

Hombre con cabeza llena de nubes, c. 1936. Dalí. Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueras

Organizada en colaboración con el Germanisches Nationalmuseum de Núremberg y comisariada por Yasmin Doosry, presenta, entre otras, obras de Martin Schongauer, Alberto Durero, Erhard Schön, Matthias Zündt, Wenzel Jamnitzer, Hendrick Goltzius, Jaques Callot, Giovanni Battista Piranesi, Francisco de Goya, Max Klinger, Alfred Kubin, Paul Klee, Hannah Höch, Pablo Picasso, Joan Miró, Salvador Dalí, Herbert Bayer, Hans Bellmer, André Masson, Brassaï y Maurice Tabard.

El planteamiento de esta exposición tiene sus orígenes en la magna y mítica muestra que organizó Alfred H. Barr, director fundador del Museo de Arte Moderno de Nueva York, hace ya 75 años y que llevaba por título Fantastic Art, Dada Surrealism. En ella se confrontaban, por primera vez, obras de artistas contemporáneos con otras obras de artistas anteriores en el tiempo como El Bosco, Giuseppe Archimboldo Pinaresi o Francisco de Goya con el objeto de elaborar un árbol genealógico histórico del surrealismo. Es decir, que lo que buscaban era la génesis del surrealismo (y por extensión a los otros movimientos emergentes). El período abarcaba desde 1450 hasta 1936 con cerca de 700 obras.

La exposición Surrealistas antes del surrealismo sigue las líneas que se trazaron en aquella muestra, revisando los conceptos y aportando la nueva visión que se tiene desde aquel 1936. No es nuevo eso de enfrentar una obra moderna con una «que no lo es tanto».

¿Qué podemos encontrarnos al traspasar esa onírica cortina que nos encontramos a la entrada de la sede madrileña de la Fundación Juan March?

El miedo al Medievo visto desde la distancia y tras el paso del tiempo no era otra cosa que una visión surrealista. La recreación de una serie de imágenes que adoctrinaban al pueblo, surgió de la fantasía desbordada de innumerables autores. Los surrealistas, con su apertura a lo insólito y a lo singular, fueron los que centraron su mirada en esta larga tradición de un arte inconformista y subjetivo. El marco temporal de esta exposición abarca desde mediados del siglo XV hasta, aproximadamente, el año 1945.

Los organizadores de la muestra parten de una pregunta ¿qué conexión existe entre Man Ray y Alberto Durero? En 1920 Man Ray fotógrafo americano y uno de los líderes del movimiento surrealista, creó su obra L’Enigme d’Isadore Ducasse considerada como una de las obras fundacionales del surrealismo. La foto muestra a una enigmática figura envuelta en una especie de manta y atada por una cuerda. Esta composición provoca en el espectador una pregunta: ¿a qué obedece esas ataduras y qué se encuentra oculto bajo la manta? Eso rompió los esquemas de la sociedad del momento que no estaba acostumbrada a tanta libertad en las manifestaciones artísticas. Miles de suposiciones y teorías giraron alrededor del supuesto objeto que se esconde tras la manta. Lo curioso del caso es que al día de hoy no se ha desvelado dicho secreto. Si nos fijamos en el grabado de Durero Melancolía I (un grabado que ha sido reproducido hasta la saciedad desde 1514) encontramos una serie de elementos y objetos que analizados dan para un libro (Peter-Klaus Schuster hizo un exhaustivo análisis recogidos en dos volúmenes). Pocas obras han sido estudiadas como Melancolía I y sin embargo los estudios que le han dedicado no resuelven los enigmas planteados. Es decir, que al enfrentar la obra de uno y de otro tras cuatro siglos lo que la Fundación Juan March nos propone es un diálogo entre ambas. No se trata de la comparación formal sino más bien sobre los contenidos, sobre el concepto en sí.

La exposición se divide en once apartados:

1.- El ojo interior

El ojo ha sido elevado en muchas culturas a la categoría de metáfora gráfica. También como mirador abierto al mundo exterior y como «ventana del alma». El sueño, la embriaguez y la alucinación también forman parte de las experiencias del ojo interior.

El ojo, ya sea abierto, cerrado, despierto o soñando, se convirtió en una clave omnipresente del surrealismo.

En este apartado podemos ver obras de Dalí (El hombre con la cabeza llena de nubes, 1936), unas litografías de Odilon Redon o un fotomontaje enigmático de Herbet Bayer (Urbanita solitaria, 1932) que tiene como protagonistas a unas manos con unos ojos.

2.- Espacios mágicos

De Baldung a De Chirico, las perspectivas aceleradas, los escorzos extremos y la proyección de sombras intensas han sido instrumentos formales que permitían dotar al espacio de expresión y significado, elevándolo a la categoría de imagen refleja de estados psíquicos.

Nadja (1902 – 1941) fue un personaje clave en el surrealismo. Una misteriosa mujer que se reunía prácticamente todos los días con Breton. Este último publicó una novela que lleva por título Nadja. En ella hay una escena que puede justificar este apartado. Mientras estaba cenando sufrió una especie de alucinación (la pobre acabó en un siquiátrico) creyendo ver que había un pasaje subterráneo. Este desasosiego pasa a ser el tema central en muchos de los cuadros de De Chirico. En esta sala podemos ver un fotomontaje de 1936 que responde al título de Homenaje a De Chirico del que surge, a modo de alucinación, un cuerpo de mujer desnudo, sin cabeza. Ese ambiente opresivo también lo podemos encontrar en los grabados de todo un clásico: Piranesi.

3- Perspectivas cambiantes

Muestra las asombrosas conexiones existentes entre los estudios de perspectiva manieristas, las anamorfosis, las ilusiones ópticas, los libros para el estudio de la óptica del siglo XVI y las obras de los surrealistas.

La atracción por la geometría y por las formas cambiantes constituyen el eje central de este apartado. Decía Salvador Dalí, en 1930, cuando desarrolló su «pensamiento paranoico-crítico» que, en términos generales, «se trata de la sistematización más rigurosa de los fenómenos y materiales más delirantes, con la intención de hacer tangiblemente creadoras mis ideas más obsesionantemente peligrosas» (página 18, catálogo exposición). Casi nada. De ahí el uso frecuente de imágenes dobles o imágenes que contiene otras imágenes en la obra de Dalí.

En la sede de la Fundación podemos contemplar unas fotografías de Man Ray o calcografías de Matthias Zündt (jugando con las letras) o el diálogo que se establece entra la fotografía de Pierre Boucher que lleva por título La chute des Corps (La caída de los cuerpos) y las obras calcográficas de Hendrik Goltzius (según Cornelius van Harlem) Los cuatro caídos.

4.- Figuras compuestas

Agua, h. 1580. Heinrich Göding el Viejo. Foto Monika Runge

Agua, h. 1580. Heinrich Göding el Viejo. Foto Monika Runge

Figuras grotescas o monstruosas, que se encuentran entre los engendros de la fantasía artística subversiva. Estos seres mixtos, mitad humanos, mitad animales, formarán parte del repertorio fijo de las caricaturas por lo menos a partir de la iconoclastia de la época de la Reforma.

Muchas de las obras de esta apartado tienen inspiración en un gran artista, Giuseppe Arcimboldo (1527 – 1593). Combina determinados elementos para «construir» una cabeza humana. Son famosos sus retratos compuestos por animales, flores, frutas u otros objetos cotidianos. Curiosamente no está ninguna de sus famosas obras en la exposición, pero sí que podemos contemplar su influencia sobre todo en una serie, Los cuatro elementos, atribuida a Heinrich Göding el viejo (1531 – 1606).

5.- El ser humano construido

Los manichini (maniquíes) de De Chirico, las muñecas articuladas de Man Ray, las Puppen (muñecas) de Bellmer y las figuras esqueléticas de Masson carentes de rostro y que funcionan como maquetas humanas anónimas.

Podemos contemplar una de las obras fundamentales del movimiento Dadá. Se trata de una fotografía de un montaje de Raoul Hausmann (1886 – 1971) de una cabeza de madera para picar pelucas y acompañada de diversos objetos triviales. Este movimiento también se fijó como objetivo la destrucción de las reglas y valores positivos.

Nos llama la atención la fotografía de Man Ray titulada Salvador Dalí cabeza abajo en Portlligat, 1933.

6.- El (des) orden de las cosas

El «encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección», entendido como prototipo de la belleza, remite ya al principio «poético» del collage. Sus precedentes históricos, en forma de bodegones, trampantojos y quodlibet, originariamente dechados de imitación virtuosista de la naturaleza, son objeto de una interpretación de nuevo cuño.

Destacan una serie de fotografías entre las que sobresale la mencionada anteriormente de Man Ray L’Enigme d’Isidore Ducasse, 1920.

7.- El Capriccio

Es la ocurrencia artística rebosante de fantasía que ignora las reglas académicas estrictas. Desde las postrimerías del siglo XVI hasta el siglo XVIII de Callot a Goya– surge un gran número de series de grabados que parecen consolidar el capriccio como forma artística independiente, un género sin reglas fijas desde el punto de vista temático o formal.

Podemos contemplar obras de Paul Klee, Joan Miró, Alberto Durero, Jacques Callot, Óscar Domínguez o Federico García Lorca que versan sobre la contraposición de determinados objetos heterogéneos especialmente apropiados para estimular la imaginación, una preocupación constante en los planteamientos surrealistas.

8.- Metamorfosis de la naturaleza

Aborda la transformación como principio central del pensamiento y la creación surrealista busca establecer comparaciones con paralelos históricos. «Nada es lo que parece». En esta frase se puede condensar la duda fundamental que asalta a los surrealistas ante la evidencia del mundo de los objetos visibles.

9.- Fantasmagorías

Está dedicada a la tradición, que se remonta hasta la Antigüedad, de la representación de seres o fenómenos enigmáticos o sobrenaturales, como demonios o monstruos quiméricos. Desde finales de la Edad Media hasta bien entrado el siglo XVIII surgen pliegos que narran la aparición de extrañas criaturas, que en la época anterior a la Ilustración se interpretaban como el anuncio de acontecimientos horribles.

Este es uno de los apartados donde la esencia del surrealismo explota en todo su «esplendor». Un mundo lleno de fantasía, de grotescos animales y de extraños seres mitad humanos, mitad diabólicos. Si contemplamos las obras expuestas veremos esa serie de monstruos. 

10.- Las sombras de las sombras

Al igual que en la sección «El (des)orden de las cosas», aquí se muestra como un collage sin comentario, orientado a activar la fantasía del espectador y, sin especificación previa alguna y con el solo recurso de su imaginación, estimularle a entablar un diálogo propio con las obras de arte.

Esqueletos y alguna que otra momia son protagonistas en este apartado. Quienes hayan visitado Palermo podrán recordar su estancia al contemplar una fotografía de 1865 de la Catacumba de los Capuchinos. Algo más recientes son los dibujos de Benjamín Palencia, Cuatro figuras, 1932.

11.- Sueños diurnos – pensamientos nocturnos

Sección dedicada a las visiones oníricas de los artistas. El sueño ha sido un ámbito de la realidad no sólo para los surrealistas y para las generaciones posteriores a Sigmund Freud. La lista de artistas cuyas visiones oníricas se muestran, a modo de ejemplos, en el último tramo de esta exposición va desde Durero a Ernst y Höch pasando por Goya, Grandville, Klinger y Redon.

«Cuentan que todos los días, antes de acostarse, Saint-Pol-Roux colgaba un cartel en la puerta de su casa de campo de Camaret en el que se podía leer: EL POETA ESTÁ TRABAJANDO. (Página 253, Catálogo).

Hay quienes creían que el estado de vigilia lo que realmente hacía era una lamentable interrupción del sueño. Los surrealistas pusieron en valor el tiempo que se dedicaba al sueño. El sueño es un interesante y complejo mundo. El sueño, las pesadillas, las revelaciones o sus interpretaciones han sido y continúan siendo debatidos ampliamente. Podemos contemplar obras de Francisco de Goya, Alberto Durero, Salvador Dalí, Eugène Delacroix o Pablo Picasso que cierran este apartado.

Portada catálogo primera exposición surrealismo

Portada catálogo primera exposición surrealismo

El colofón a Surrealistas antes del surrealismo lo pone un interesantísimo apartado que alberga numerosos documentos (catálogos, manifiestos, carteles fotografía, distintos objetos o libros) que pertenecen en su totalidad a la colección José María Lafuente. Abarca desde 1925 hasta 1965 y en él podemos ver, entre otros, la portada de André Breton QU’EST-CE QUE LE SURRÉALISME?, 1934 o el catálogo de la mítica exposición de The Museun of Modern Art, Fantastic Art, Dad, Surrealism, 1936.

 

Como viene ser habitual en la Fundación Juan March complementa la exposición un elaborado catálogo con estudios de Yasmin Doosry, Juan José Lahuerta, Rainer Schoch, Christiane Lauterbach y Christine Kupper.

Se puede visitar hasta el 12 de enero de 2014. Más información:

http://www.march.es/arte/madrid/exposiciones/surrealistas-antes-del-surrealismo/?l=1

Luisjo Cuadrado


Marcador

Fichero archivado: Exposiciones

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