Palmarés de la 58 edición de la SEMINCI

 

Premiados en la 58 SEMINCI en la Gala de clausura.

Premiados en la 58 SEMINCI en la Gala de clausura.

Han pasado ya unos días, ya se recogió toda la parafernalia del montaje como sala de prensa en la Sala de los Espejos del Teatro Calderón. Ya se apagó el sonido seco de los pataleos de parte de los medios asistentes como muestra de disconformidad con el fallo emitido en la lectura del palmarés de la 58 Semana Internacional de Cine de Valladolid (sobre todo por la película La reconstrucción que se alzó con el galardón del premio de la Critica –Jurado Internacional de la Prensa Cinematográfica, FIPRESCI-). La cabeza se van despoblando de imágenes; el cerebro se queda con algunas que constituyen un buen recuerdo.

Cuando me preguntan que qué tal la SEMINCI mi respuesta, de manera global, es que magnifica. Vayamos por partes para ahondar en este calificativo y pormenorizar lo que ha supuesto para mi afrontar la SEMINCI con un juicio crítico, con la dificultad que supone el emitir una valoración, breve, concisa, en apenas unos minutos y tras haber visto en el mismo día hasta cuatro películas –junto con otros tres, o cuatro cortos-; y en hacer labores de autentico crítico cinematográfico al asistir al algunas de las ruedas de prensa posteriores a los pases. Vaya por delante que he contado con la colaboración del fotógrafo Chuchi Guerra. Su cámara ha actuado, en muchas de las ocasiones, como llave para acceder a los directores o actores. Una foto junto a ellos, da para luego charlar un rato sobre su película. Magnífico trabajo de Chuchi Guerra que plasmaremos en un especial.

Con el director Diederick Ebbinge, después de haberle dado un abrazo

Con el director Diederick Ebbinge, después de haberle dado un abrazo

Es difícil mantener cierta objetividad cuando te encuentras rodeado de profesionales que llevan muchos años desarrollando su labor como críticos de cine. Muchas películas tienen la virtud de emocionar. A mí me emocionan. Por lo menos al día de hoy así sucede. Me sucedió con algún pasaje de Short Tern 12 de Destin Daniel Cretton, con Matterhorn de Diederick Ebbinge (al salir de la proyección me dieron ganas de abrazarle; me contuve pero la foto constituirá un buen recuerdo de este gran director, que espero dé buenos frutos), por poner dos buenos ejemplos. El día que esto no me sucede, dejará de interesarme el cine. Quiero decir con esto, que noto que muchos críticos ya no tienen esta emoción. Es como si estuvieran saturados de imágenes y hayan perdido la capacidad de emocionarse. Van buscando tal o cual novedad en la forma de narrar o algún alarde técnico. Pero cuando preguntas ¿qué tal la película? No ves entusiasmo en sus ojos. Creo que es muy difícil encontrar algo nuevo bajo el sol. Y eso solo sucede de ciento en viento. Todo esto es lógico. Cuanto más conoces una cosa, más la amas (o la repudias, que todo puede ser). Cuantas más películas ves, más experto te vuelves y es más fácil que pilles el truco al mago y descubras con más facilidad algún error en el guión.

Dejando estas cuestiones al margen vayamos con el palmarés. En la pasada edición destacaron dos obras brillantes, y así permanecen en mi memoria. Por un lado Les Cheveaux de Dieu película dirigida por Nabil Ayouch y que consiguió la Espiga de Oro al Mejor Largometraje. Por cierto siendo una película marroquí y siendo Marruecos el país invitado, bien se podía a ver proyectado esta interesante cinta. Y por otro lado, De rouille et d’os de Jacques Audiard. Audiard –quién acudió a recoger la Espiga de Honor- ganó el Premio al Mejor Director. En esta ocasión confieso que dos de las que han ganado algún premio no las pude ver. Se trata de Tokyo kazoku de Yôji Yamada y Papusza de Joanna Kos-Krauze y Krzystof Krauze. Cuando las vea opinaré. De la 58 edición hay tres cintas que recomiendo. Matterhorn de Diederick Ebbinge de la cual dije en su momento: «Una propuesta muy original con un sólido guion que se presta a diferentes lecturas pues no trata solo un tema. La llegada de Theo, una persona que se comporta de un modo extraño, pone en alerta a todo un pueblo. Fred, un hombre metódico, rutinario, acoge a Theo. Esto cambiará su vida y la manera con la que se relacionará con sus vecinos que no ven de buen agrado la relación que mantiene con el «intruso». Someramente este es el argumento, pero esta magnífica cinta da para mucho más. La religión, los nuevos modelos de familia o la reivindicación del orgullo gay solo son algunos de los temas que trata. Pero fundamentalmente es una película sobre la liberación, sobre esa búsqueda que todos emprendemos en el momento en que crecemos y salimos del cascarón. Es el primer largometraje de Diederick Ebbinge que venía desarrollando la faceta de actor y que ahora ha dado el salto a la dirección. La banda sonora son composiciones de Johan Sebastian Bach. En palabras de su director se trata de una película que no juzga el papel de la religión sino que va en contra de cualquier fundamentalismo. Ha dejado muy buen sabor de boca». Al final recibió un premio, que para muchos será de consolación, pero que a buen seguro le habrá sabido a gloria a Ebbinge, el Premio Pilar Miró al Mejor Nuevo Director.

Con Ángel Comas, gran comentarista y gran amigo con el que cada día aprendo algo

Con Ángel Comas, gran comentarista y gran amigo con el que cada día aprendo algo

Run and Jump de Steph Green. Mis palabras tras su proyección: «Si hubiera que sintetizar al máximo, podíamos decir que estamos ante tres personajes. Por un lado un cerebral sicólogo estadounidense, Ted Fielding, que acude a la familia Casey porque el marido ha sufrido un ictus. Ted solo responde a sus propios sentimientos acudiendo al manual y lo veo todo a través de la cámara. Por otro lado, un descerebrado Conor ya no puede controlar sus sentimientos. Solo parece responder ante los primarios y ante los animales porque esto no le crea ningún conflicto. Y por otro lado Vanetia, la esposa y la madre. Una mujer llena de optimismo a pesar de lo que se le ha venido encima. Es la que conjuga el cerebro con el corazón. Y es la que padece y disfruta con sus sentimientos. Tratará de sacar a la familia adelante. Por esa razón Ted está presente en la familia, conviviendo con ella, porque está haciendo un estudio para publicarlo posteriormente. Es incómoda su presencia, sopesándolo todo lo que rodea a Conor, pero les proporcionará interesantes réditos. Run and Jump es una gran película que trata sobre el poder de la aceptación. Soporta el peso la actriz que interpreta a Vanetia, que contagia optimismo ante tanta adversidad, porque la película cuenta alguna cosa más que no conviene desvelar. Así que, les recomiendo que no se pierdan esta ópera prima de Step Green. Puede obtener algún premio». Sí, al final obtuvo la Espiga de Plata.

Short Tern 12 de Destin Daniel Cretton. «Desde el mismo momento en que nacemos, nos gusta que nos cuenten historias. De ahí que los chistes, pequeña historias de humor, nos encante. También nos gusta que nos quieran, que nos contemplen, que nos muestren el cariño que siente hacían nosotros la familia, los amigos, la pareja. De eso es de lo que trata Short Term 12 la primera película del director hawaiano Destin Daniel Cretton. Son historia que se esconden detrás de cada una de las vidas atormentadas de estos jóvenes que se tienen que refugiar en una especie de centro o casa de acogida en la que solo pueden estar hasta que cumplan los 18 años. Grace (Brie Larson), una joven de veintipocos años, es una de las personas que tratan de ayudar a estos jóvenes. Y no lo hace desde los estudios sino desde la propia experiencia, desde el dolor más profundo de su ser que a pesar de su juventud ya tiene mucha historia que contar. Grace recordará su pasado al contactar con una de las jóvenes que acude al centro. Un pasado que estaba aletargado y que ahora sale a la superficie al verse reflejado ese esa nueva inquilina. Gracias a ese humor, en forma de chistes, es como son capaces de poder sobrellevar tanto dolor, tanto desarraigo, tanto desamor. Esa es la propia terapia que se aplica la joven protagonista junto a su novio Mason (John Gallager Jr.), también terapeuta. Pero es a ella a la que vemos en casi todos los planos y la que sostiene todo el peso de la película. Short Term 12 se sustenta en un sólido guion; nos va proporcionando la información poco a poco y que da como resultado una película que te mantiene atento durante todo el metraje por su perfecto tempo. No le sobra nada, ni tampoco echo en falta más. Lo tiene todo. Así que no es de extrañar que esta historia de historias (terribles) salga del certamen con algo más que el aplauso del público. Short Term 12 tiene la virtud de llegar al alma de espectador, de empatizar con él y a la vez de insuflarle un poco de esperanza, en esta maltrecha sociedad, gracias a esas pequeñas dosis de humor tan necesarias en nuestros días». Es lo que comenté de ella. Ha recibido uno de los premios mejor considerado: el del Público, que al final es que llena las salas de nuestros maltrechos cines.

También me gustaron otras propuestas que han quedado sin premio y que merecían al más. Omar o Metro Manila. Omar es la historia de un palestino que tiene que saltar un muro (y no es una cuestión metafórica) para poder ver a su amor y que se desarrolla en los territorios ocupados. Y Metro Manila que cuenta una historia terrible, bien pergeñada, sobre las miserias, sobre la ambición humana, y el sobrevivir en el día a día en condiciones infrahumanas. Ambas merecieron algún reconocimiento. Dos cintas recomendables son Wajma y Malak. Ambas tratan el mismo tema aunque se centran en diferentes aspectos. De Wajma (An afghan love story) opiné lo siguiente: «Empiezo fuerte la SEMINCI. Wajma es una joven afgana que conoce a un joven con el que establece una relación. Son los típicos novios que pasean… ¡No! En Afganistán unos novios no pueden pasear su amor. Se convierten en el blanco de la mirada de la gente. Pero como a cualquier novio les pica “la cosa”. Y el chico se convierte en don erre que erre y no parará hasta conseguir satisfacer uno de sus deseos más primarios. Pero los actos tienen sus consecuencias y esas consecuencias salpicarán a toda la familia. El deshonor hará que el padre se vuelva loco y la emprenda a golpes con todo el que se cruce con él. Los castigos físicos llevan al borde de la desesperación a Wajma. Su padre sopesa las posibles soluciones. Sea cual sea el arreglo eso no solucionará el tremendo retroceso en el que está sumergido la sociedad afgana. Anclada en el pasado las mujeres siguen teniendo las de perder. El qué dirán esta tanto o mas presente en este film que el propio paisaje afgano. Rodada en Kabul en pleno invierno, con sus calles embarradas de nieve, con sus montañas blancas que constituyen el paisaje que insufla aire a la joven Wajma (y ya de paso a nosotros mismos). Nos despedimos de Kabul desde el aire descubriendo la majestuosidad de un país que restringe las libertades más elementales del ser humano. Gran realismo casi rozando el documental. Ese es uno de sus mejores logros: el verismo. Nota elevada para esta película franco afgana con la que abro la SEMINCI». Recibió el Primer Premio de Largometraje en la sección Punto de encuentro. Y de Malak: «Del director marroquí Abdeslam Kelai. Malak es una joven marroquí de diecisiete años que se queda embarazada de lo que ella creía que era su novio, un tío de treinta años. Al enterarse de su embarazo primero se desentiende diciendo que no es suyo, para segundo echarla del coche llamándola guarra. Esta es una historia basada en hechos reales y que hemos visto en la SEMINCI en un par de películas y en un corto. A pesar de ello, es una situación (en palabras del propio director) de la que no se habla. Es un tabú. No es de extrañar que el aborto sea un tema tremendo en la sociedad marroquí. Estas mujeres son repudiadas por sus propias familias (en Malak, el hermano es cruel, es el que echa a Malak de su casa, ya que su padre no es tan extremista); tienen que «esconderse» por espacio de seis o siete meses para parir en la clandestinidad aquellas que opten por esta opción; y, por último, algunas de ellas se tiene que reconstruir el himen para recuperar «el honor». Pero Kelai va un poquito más allá y nos muestra un submundo que está allí presente en el instante en que sales al extrarradio, y en el momento en que deambulas convirtiéndose en un sin techo, en un ser invisible para la sociedad. Una sociedad donde la tradición y religión están muy presentes en Marruecos y me imagino que no será fácil afrontar este tema. Muy cuidada la fotografía. Una gran película que pone en alza ese buen apartado que se llama Punto de encuentro».

Uno de los premios abucheados fue el del Mejor Director de Fotografía. Recayó en Night Moves. El sentir general era que cómo se podía llevar ese premio una película que no se veía nada. Me remito al comentario que hice que para mí, en estos momentos, tienen un gran valor. «El ochenta por cierto de las imágenes de esta película están rodadas en penumbra, sin apenas luz natural. Unas veces la luz proviene de una linterna, otras de una vela, alguna de los reflejos de la luna en el agua y otras de los faros de los coches. Asistimos casi sin ver nada como van desarrollando las acciones de este pequeño grupo de conciencias con las causas ambientales. Pero todo estalla cuando las consecuencias de sus actos (la voladura de una presa) van más allá de la destrucción material. Sus conciencias se remueven y el miedo les hace dar un paso más. Sobre todo al joven que interpreta Jesse. Un comprometido ecologista que trabaja en una cooperativa agrícola ecológica que mira por el medio ambiente pero que sin embargo demostrara ese lado oscuro del ser humano. El título lo dice todo. Su traducción al español sería algo así como nocturnidad. Una película donde la fotografía tiene un peso importantísimo, no porque te quedes embelesado con los paisajes, sino por la maestría que demuestra al rodar con apenas luz (hay alguna secuencia en la que apenas es una mancha en la pantalla) creando una atmósfera propia para el desarrollo de la historia». Acerté de pleno. Pero a los críticos (de manera general) no les gustó.

Exponiendo mi punto de vista al equipo de La reconstrucción, a la derecha Juan Taratuto

Exponiendo mi punto de vista al equipo de La reconstrucción, a la derecha Juan Taratuto

Me gustaría cerrar el apartado de los largometrajes con la película La reconstrucción de Juan Taratuto. En la lectura del palmarés del sábado 26 recibió muchos pataleos. El presidente del jurado, Furio Fossati, justificó la elección con algo así como rodada en duras condiciones (en Ushuaia) y que narra las vicisitudes de una persona… y no me acuerdo qué más dijo, pero que sonó a eso, a justificación de una decisión no compartida con buena parte de la crítica. La reconstrucción no es una mala película. Tiene un par de detalles muy buenos y cuenta con una interpretación soberbia de Diego Peretti. Pero su final es precipitado -circunstancia similar sucede en la película La por (El miedo) del director Jordi Cadena- lastrando el resultado.

Quiero hacer una reseña especial para el apartado de los cortometrajes. Los críticos no siempre dedican un espacio a estas cuidadas y pulcras creaciones. Constituyen la mejor carta de presentación posible para los nuevos realizadores. Son un experimento vital. Empezar a ver, por poner un ejemplo, el Nadador de Dani de la Orden, sabes que estás ante un buen producto desde las primeras imágenes. Cuenta una tierna historia de adolescentes. Podrá ganar o no ganar premios, pero es un producto bien realizado y resuelto con solvencia. Salió adelante con la financiación a través de la red. Y su director tiene futuro. Pero… como tantos y tantos otros noveles realizadores. No estamos en un momento boyante económico y sin embargo lo estamos en cuanto a ideas, en cuanto a proyectos y realizaciones. Lo visto en este festival es de un alto nivel. Ha habido cotos de animación (simples dibujos que cobran vida), con figuras (pequeños muñecos) y también ha habido cortos de ficción con personajes reales. Así es como descubrimos una terrible historia en Corto Cold Warrior (Guerrera fría): «Un corto muy correcto en su forma y planteamiento que nos plantea una terrible cuestión pocas veces puesta sobre la mesa: los abusos sexuales a jóvenes gimnastas rumanas en la década de los años 70 y 80 con el fin de dejarlas embarazas para luego abortar y así obtener una ración suplementaria de hormonas saltándose todo posible control anti dopaje. Lo mejor: los lloros del entrenador mientras violaba a la joven protagonistas. Era su deber como entrenador, ya que era la única manera de obtener la excelencia en su rendimiento y alzarse con el puesto de honor. Terrible. Y destacable también una escena muy estética, bella, de la joven dando una pirueta por el aire a cámara lenta». Al final obtuvo una mención especial en la sección de Cortometrajes de Punto de Encuentro.

Rodolfo Sancho en la Gala de clausura

Rodolfo Sancho en la Gala de clausura

En la Sección Oficial de Cortometrajes se lleva la Espiga de Oro Boles de Spela Cadez: «Es un corto de animación. Trata de la inspiración de un escritor. Conoce a una chica, vecina suya, que le pide que le escriba una carta a un novio que partió y… también que escriba la supuesta contestación de éste. Todo está en su cabeza. Muy ingenioso. Muchos aplausos.» La Espiga de Plata fue para Subconscious Password deChris Landreth  y un merecido The Missing Scarf de Eoin Duffy recibió el Premio Mejor Cortometraje Europeo. Se quedaron sin  premio Nadador (mencionado anteriormente) y una interesante propuesta marroquí Al Hadaf (El objetivo): «Dicen que un buen microrrelato es aquel que una vez leído te incita a volver a leer lo que está escrito porque, de una manera u otra, te ha sorprendido. Vuelves a leerlo para encajar sus piezas. Es lo que me ha pasado con Al Hadaf. La acción nos va dando una serie de pistas para que pienses en una cosa y luego, al final, resulta otra muy distinta. Solo voy a decir que un joven marroquí, Tarik, está maquinando una determinada acción que culminará logrando su objetivo que no es el mismo que el espectador ha pensado (en la mayoría de los casos).» Personalmente ambos cortos me gustaron mucho.

Habrá que esperar al día 22 de noviembre para ver en nuestras salas Tokyo kazoku. No dejen de ver Matterhorn, ni tampoco Short Tern 12, ni mucho menos Run and Jump, y fórmense su opinión viendo La reconstrucción y así sabrán de qué hablamos cuando hablamos de cine y sus premios, pero sobre todo: ¡no dejen de ir al cine! Nos vemos en las salas.

Puedes consultar el palmarés completo en la página de la SEMINCI

http://www.seminci.es/palmares.php

 

Todas las fotos son de Chuchi Guerra

Chuchi Guerra

Luisjo Cuadrado

 

 

 

 


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