Adiós al cine Roxy, destacado espacio de cultura vallisoletano

Junto a la reciente e impopular subida del IVA, con el consiguiente aumento del precio de las entradas y la predecible cuasi desaparición del cine (a pesar de algún intento de innovación como el 3D), una de las salas de cine más emblemáticas de Valladolid cierra sus puertas. El cine Roxy dice definitivamente adiós después de setenta y seis años de vida.

WCine Roxy Septiembre 2012 

El Roxy abrió sus puertas el 4 de marzo del convulso año de 1936. En primer lugar, debemos hacer referencia a su nombre, procedente de una sala de cine que, a su vez, acaba de abrirse en Nueva York, anunciándose como, en aquel momento, el cine más grande del mundo. Este nombre, queda registrado hasta mediados de la década de 1940, cuando aparecen más cines homónimos en otras ciudades españolas como Madrid o Talavera. A continuación, una curiosidad, muestra de la implacable censura franquista: Durante los tres años de la Guerra Civil, el cine Roxy pasa a denominarse Cinema Radio, debido a la prohibición de utilizar anglicismos o galicismos, que ya aparece en la Ley de Prensa de 1938 (en general, todo aquello que sonara «a extranjero», es mal recibido por el Movimiento Nacional, que toma la ciudad de Valladolid desde los primeros momentos del conflicto). Su apelativo original vuelve tras una difícil labor de los propietarios, quienes, finalmente, convencen a las autoridades militares de la ciudad.

Con respecto a la arquitectura, el cine de la calle María de Molina (situado a escasos metros del Teatro Lope de Vega), supone una ruptura con los edificios colindantes. El edificio, planificado por el arquitecto ovetense Ramón Pérez Lozana y decorado por Aquilino Luengo Mayor, tiene cierta mezcla déco – modernista, lo cual no es de extrañar, teniendo en cuenta que Pérez Lozana es el autor de algunos edificios como el bloque Santiago 26 o el Teatro Carrión, protagonistas de la renovación urbanística de Valladolid durante el primer tercio del siglo XX. La sala, espaciosa, tiene cabida para 1150 localidades, distribuidas en patio de butacas  anfiteatro. El periódico local, El Norte de Castilla, habla del cine Roxy como «el cinematógrafo más elegante de Valladolid» y, el día de su inauguración destaca que su arquitectura «está basada en los últimos adelantos de la luminotecnia (…), buscando los efectos de la luz y aprovechando las ventajas que la disposición del espacio ofrecía».

La primera película que se expone en la sala es Don Quintín el amargao (subtitulada La hija del engaño), opera prima del director catalán Luis Marquina, supervisada por Luis Buñuel y protagonizada por los actores Fernando Soler y Alicia Caro. Se trata de un melodrama, con decorados muy teatrales y todos los ingredientes del cine español más folklórico de la época: Mayoría de personajes masculinos, caracterizados con el prototipo de castizos, escenas de interior (casa, oficina, casino), en las que transcurren toda una serie de pasiones, envidias y celos.

Fachada del cine Roxy en el año 1936

Fachada del cine Roxy en el año 1936

La taquilla de aquella primera proyección es destinada a los vallisoletanos damnificados por las inundaciones del 28 de enero y 21 de febrero del mismo año, las cuales provocaron crecidas de hasta ocho metros sobre el nivel ordinario del Pisuerga y el Esgueva. Sin embargo, el estreno del Roxy es un fracaso. Muy pocos espectadores acuden al cine esa noche, lo que hace pensar a los hermanos Emilio y José de La Fuente, propietarios de la sala, en un negocio equivocado, quizás provocado por su lejanía respecto al centro y su proximidad al río, lo que hacía que fuera una sala fría, aunque sus butacas son bastante confortables. Sin embargo, a los pocos días la sala se llena y el éxito va en aumento.

Es una época de limitaciones técnicas, el cine seguía siendo, como en sus orígenes (en 1896), un espectáculo de variedades, continuando su espíritu de barraca de feria y, aún en los cines Roxy, se mantiene la figura del actor cómico, acompañado del pianista en los intermedios.

Pasados los años de la posguerra, con el paso de la propiedad a la segunda generación de la familia de La Fuente, el cine continúa siendo un espacio de sociabilidad al que acudir con amigos, pareja, familiares; el cine forma parte de un ritual de fin de semana para las clases medias, junto al paseo y el café dominical.

El cine Roxy es el cine de todos los vallisoletanos, de la capital y la provincia. En palabras de su propietario, “siempre fue un cine popular”; significativo es el cambio social actual, la media de edad de los espectadores ha bajado (las cifras indican que existe una mayoría de niños y adolescentes), quizás debido a los cambios urbanísticos (escasez de aparcamiento en el centro).

Francisco de La Fuente siente nostalgia de los años en que el cine Roxy es uno de los principales reclamos durante las ferias de San Mateo «cuando tenía todo el aforo vendido –1200 butacas por sesión- el primer día, para toda la semana».

La época del tardofranquismo y la Transición en los cines Roxy, es asimismo, representativa de los acontecimientos de la ciudad (al igual que el Cine Coca, por ejemplo, en el estreno de La naranja mecánica de Stanley Kubrick en 1975 o El crimen de Cuenca de Pilar Miró – 1981).

 

Calle María de Molina en 1965

Calle María de Molina en 1965

Muchos son los casos de tensiones, escándalos y censuras aún en época democrática, pese a que Valladolid es ciudad cinematográfica por excelencia (buena muestra de ello es su prestigioso festival Seminci), los llamados «años de plomo» (incluso tras el golpe de estado de 23 febrero de 1981) están plagados de hechos protagonizados por grupos de extrema derecha que pretender perpetuar el sistema dictatorial. El actual propietario recuerda los altercados y la enorme presencia policial durante las proyecciones de «ciertas películas problemáticas» como El caso Almería (Pedro Costa, 1982), con cocktails molotov y amenaza de bomba incluida o en el estreno de La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988), cuando se posiciona en la puerta principal del cine un grupo de mujeres rezando el rosario, en un acto de condena al film.

En 1990 y 1992, se acometen varias reformas en los cines Roxy y Lafuente.

El cine Roxy es, junto al Teatro Calderón, uno de los espacios fundamentales de nuestra querida Semana de Cine (desde su 42 edición) y de otros proyectos como Seminci TV en 2009 o el festival de cortometrajes La Fila en 2011, al que acude el director E. Margaretto, premio Goya por Memorias de un cine de provincias.

En el primero de ellos, Seminci TV, con gran afluencia de actores (Roberto Enríquez, Blanca Portillo, Carmelo Gómez, Silvia Munt, Mercedes Sampietro…etc), se pueden ver los episodios piloto de series de Televisión Española (especialmente) en la temporada 2009 – 2010; a pesar de su excelente acogida por parte del público no llegó a cuajar por falta de presupuesto.

Por otra parte, F. de La Fuente habla de su «firme apuesta por el producto español y castellano y leonés»: En 2011, es destacado el éxito de Aficionados (Arturo Dueñas), película novedosa y, a su vez, hecha a base de historias reales o la proyección del documental de Roberto Lozano, Los ojos de la guerra.

Grandes títulos como Instinto básico, Parque Jurásico, Indiana Jones o la última cruzada y la española La buena estrella son las películas más taquilleras en la historia de esta sala.

Cartel de la película El último cuplé de Juan de Orduña

Cartel de la película El último cuplé de Juan de Orduña

Francisco de La Fuente comenta, con una sonrisa, las anécdotas más curiosas que se viven en el patio de butacas, algunas son recuerdos de sus abuelos y otras, vividas en primera persona: Desde la primera proyección de El último cuplé (Juan de Orduña, 1957), cuando la entrada del Roxy se colapsó de gente, ansiosa por ver a la gran actriz del momento Sara Montiel, que viene a Valladolid para presentar la película hasta el estreno de El quinto elemento (Luc Besson, 1997), cuando el local sufre una inundación y el público permanece, hasta el final del film, con los pies encima de sus asientos. En resumen, historias de un «cinema paradiso», lugar de encuentro, espacio social y cultural.

Pero, ahora, corren malos tiempos también para el séptimo arte: Los míticos cine – clubes en colegios y cines de barrio (en la década de 1960, hay 75 pantallas en la ciudad del Pisuerga), como el Capitol (calle Panaderos), Castilla (barrio Girón), Embajadores (Delicias), Babón (Rondilla), Avenida (Paseo de Zorrilla) echaron el cierre hace más de dos décadas; desde 2009, han dejado de existir el que tuviera la pantalla de mayores dimensiones, el cine Vistarama (Rondilla), el Cinema Coca (donde se situara el antiguo Teatro de la Comedia, desde principios del siglo XIX), los cines Ábaco y Parquesol. Sobreviven en la ciudad, a duras penas, los cines Broadway, Casablanca y Manhattan.

La apertura de una innumerable serie de salas de cine en el centro comercial Río Shopping nos lleva a preguntarnos, si, esta crisis económica nos conduce (una vez más, históricamente), a un cambio (siguiendo el sentido etimológico de la palabra) cultural y social. El cine es reflejo de los comportamientos humanos y sería negativo que su actual acción como medio de masas terminará reduciéndose no a un deseable reflejo de la opinión pública, sino a una evasión más de esta triste realidad.

Hay que ser optimistas. Muchas crisis ha sufrido el cine, al igual que otros medios de comunicación (el caso de la radio, con el nacimiento de la televisión), la crisis del cine sonoro en la década de 1930, la desaparición del programa doble y la aparición del VHS a comienzos de 1980… Sin embargo, la esperanza se mantiene en la imaginación de los empresarios ante la necesidad de una buena estrategia publicitaria: las productoras y, fundamentalmente, las distribuidoras como último – pero no menos importante – eslabón de la cadena cinematográfica; pero sobre todo, en la fidelidad de los cinéfilos (“sea culto y vaya al cine”, parafraseando un antiguo eslogan publicitario) para que el cine no deje de ser una industria y, ante todo, un arte. ¡Luces, cámara, acción!

(Artículo publicado en Revista atticus 23 – Septiembre 2013)

Cristy G. Lozano

Revista Atticus

 

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