El último concierto

La vida acompasada

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Ficha

Película: El último concierto.

Título original: A late quartet.

Dirección: Yaron Zilberman.

País: USA. Año: 2012. Duración: 105 min.

Género: Drama. Interpretación: Christopher Walken (Peter Mitchell), Philip Seymour Hoffman (Robert Gelbart), Catherine Keener (Juliette Gelbart), Imogen Poots (Alexandra Gelbart), Mark Ivanir (Daniel Lerner), Liraz Charhi (Pilar), Wallace Shawn (Gideon Rosen).

Producción: Tamar Sela, Yaron Zilberman, Vaenssa Coifman, David Faigenblum, Emanuel Michael y Mandy Tagger.

Música: Angelo Badalamenti. Fotografía: Frederick Elmes.

Montaje: Yuval Shar. Diseño de producción: John Kasarda. Vestuario: Joseph G. Aulisi. Distribuidora: Emon. Estreno en USA: 2 Noviembre 2012.

Estreno en España: 23 Agosto 2013. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

 

Sinopsis

Tras veinticinco años cosechando éxitos y gozar de fama mundial, el futuro de un cuarteto de cuerda de Nueva York está a punto de recibir un duro golpe que pondrá en entredicho su futuro. El violonchelista de la formación está padeciendo los primeros síntomas de una enfermedad que en poco tiempo pondrá fin a su carrera como intérprete. La incertidumbre sobre su futuro se apoderará del cuarteto, dando rienda suelta a emociones reprimidas, egoísmos y reproches que pondrán en entredicho años de amistad y colaboración profesional. La vida siempre da una segunda oportunidad, por lo que encontrarán una solución que les permitirá ofrecer “El último concierto” (para conmemorar sus 25 años como formación), poniendo a salvo tanto su amistad como su inmenso y reconocido legado musical.

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Comentario

Me encantaría poder leer las partituras musicales. Me asombra la gente que saber leer música (y no te digo nada la que sabe interpretarla). Soy incapaz de leer un texto musical, la misma capacidad que muestro ante un texto en ruso. Es decir, que soy un analfabeto. Nuestro cuarteto de cuerda, protagonista de El último concierto, representan todo lo contrario: leen e interpretan la música en su más alto grado de ejecución convirtiéndose en unos virtuosos. Pero alguno de ellos demuestra que también es un analfabeto en este caso en la cuestión emocional.

Vayamos por partes y veamos que nos podemos encontrar al ir a ver (y a escuchar, más que nunca) la ópera prima (salvo un documental) del director Yaron Zilberman.

Peter Mitchel (Christopher Walken) empieza a sufrir los primeros síntomas de Parkinson. Es un afamado violonchelista afincado en Nueva York. Es el alma mater del cuarteto de cuerda The Fugue. Están a punto de cumplir los veinticinco  años de actuación con más de tres mil conciertos interpretados con gran éxito y reconocimiento mundial. Pero el diagnóstico de esta enfermedad, que le afecta a las manos, su mejor herramienta, va a cuestionar la supervivencia del grupo al comunicar al resto de sus compañeros su decisión de abandonar la formación.

Daniel Lerner (Mark Ivanir) es el primer violinista. Tiene un ego por las nubes fruto del virtuosismo que demuestra en sus interpretaciones académicas. Es un hombre reprimido.

Robert Gelbart (Philip Seymour Hoffman) es el segundo violinista del cuarteto. Quiere aprovechar la ocasión de la enfermedad de Peter para replantearse su posición dentro de la formación. Está cansado de ese segundo plano aunque es consciente de la importancia de su papel y no solo en plano musical: se siente relegado en su matrimonio con Juliette Gelbart (Catherine Keener) que es la violista del cuarteto. Ella es la que tiene que lidiar con sus compañeros para constituirse en la argamasa de la formación. Su hija Alexandra (Imogen Poots) es una joven promesa con mucho talento y un futuro más que prometedor.

La enfermedad de Peter provoca toda una serie de reacciones entre los componentes de The Fugue. Los celos, los egos, los sentimientos durante tanto tiempo contenidos están a punto de estallar poniendo en peligro no solo la continuación del cuarteto musical sino que socavará las relaciones entres sus miembros.

En el cuarteto hay un quinto elemento o componente. En este caso se trata de la obra nº 14, Op 131 en Do sostenido menor de Beethoven. Una obra complicada de ejecutar pues tiene dos particularidades. Por un lado su autor indicó que debía interpretarse sin pausa (attaca) entre los movimientos. Ahí radica la otra singularidad, que esta obra tiene siete movimientos en vez de los habituales cuatro. Parece ser (otra vez mi deficiencia musical) que es muy difícil que un instrumento no se desafine tras cuarenta minutos de interpretación. Por lo tanto este opus le sirve al director como una perfecta metáfora para establecer una comparación de las relaciones nuestras de cada día, y las dificultades de mantener las mismas realizando un continuo ajuste para evitar desentonar y sobrevivir a las largas convivencias.

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Pudiera parecer que sí, pero El último concierto no es una película musical. Es una película que tiene que ver más con la pasión, ese ingrediente tan esencial en nuestras vidas y que aquí, dentro del cuarteto, dentro de la música en general tiene una vital importancia. La película se sostiene por la pasión que ponen los actores en su actuación. El personaje de Christopher Walken sufre porque no puede seguir adelante con su pasión. El matrimonio adolece de pasión. Pasión le falta al personaje de Philip Seymour Hoffman porque se encuentra relegado a un segundo plano (familiar y profesionalmente). Exceso de pasión es lo que de muestra su hija, Alexandra (Imogen Poots) quien nos proporciona uno de los momentos más dramáticos de toda la película. Se trata de una charla que tiene con su madre. Nos sorprende no tanto por lo inesperado sino por la falta de justificación de su respuesta. Y la pasión se le cruzará a Daniel (interpretado por Mark Ivanir), un tipo que va de duro, académico, que no se atreve a tocar de memoria, pero en el momento en que se relaja un poco se le desmorona su particular mundo. Por último, atención al rol de Juliette Gelbart (papel interpretado por Catherine Keener) dentro y fuera del cuarteto. Una frivolidad, según confesión del propio director, para El último concierto se inspiró en varios cuartetos. Uno de ellos con igual formación –tres hombre y una mujer- en donde la mujer se rumoreaba que tenía (o tiene) una relación amorosa con los tres. Ahí lo dejo.

Película de planteamiento sencillo (casi estamos ante una obra teatral) sin estridentes fuegos artificiales, intimista en algunos momentos. Esta rodada en Nueva York circunstancia que la sitúa en la línea de la trilogía Antes de… (sobre todo en lo que se dice –ver Antes del anochecer-) o en las más clásicas de Woody Allen. Esa pasión que demuestran los actores en su actuación es uno de los aspectos más destacables. El director pretende contagiarnos su pasión melómana y lo consigue. Destaca por encima de todos la sobriedad de Christopher Walken. Te desarma en más de una ocasión con una mirada; una mirada que desvela el dolor de un personaje, pero también la esperanza y la pasión. Y por supuesto, otro de los puntos fuertes es la banda sonora de Angelo Badalamenti en la que se integra gran parte de ese magnífico opus 131 de Beethoven. Mira por dónde ahora soy un poco menos analfabeto. Sigo sin poder leer una partitura pero al final me he enterado de algunos aspectos musicales que antes desconocía. Vayan al cine y no dejen de sorprenderse.

Os dejo una guía de audición que he encontrado en esta singular página. Muy recomendable.

http://guiassyncmaster.blogspot.com.es/2013/05/guia-de-audicion-beethoven-cuarteto-n.html

Y un tráiler:

 

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 


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Fichero archivado: Cine

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