Valladolid. Exposición El viaje de los libros prohibidos. Miguel Delibes. El hereje

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La sala de exposiciones de la iglesia de las Francesas pasa por ser una de las más espectaculares y bonitas dentro de nuestro territorio nacional. Se trata de una iglesia que ha sido desacralizada y que ha pasado a convertirse en un espacio museístico o expositivo dependiente de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid. Si a este inigualable continente le añadimos una cuidada programación expositiva estamos ante una de las mejores salas de exposiciones.

En esta ocasión y como preámbulo a, por una parte, las ferias patronales de la ciudad y, por otro, a la cita anual con la SEMINCI se ha elegido a la figura de una de los grandes escritores del siglo XX: Miguel Delibes.

 

La exposición lleva por título El viaje de los libros prohibidos. Miguel Delibes. El hereje, y nos adentrará, de manera clara y didáctica, en la obra literaria del autor vallisoletano. El hereje vio la luz en septiembre de 1998 y el autor en su dedicatoria expresó su amor a la ciudad que lo vio nacer: A Valladolid, mi ciudad. Se trata de una muestra singular, un recorrido por la novela a partir de testimonios materiales de los hechos narrados y del contexto sociocultural en el que surgen: libros, grabados, documentos, platería, escultura, pintura, mobiliario, cerámica, etc. Reúne un centenar de piezas procedentes de una treintena de diversas instituciones. Archivos, bibliotecas y museos –tanto nacionales, como provinciales o locales-; iglesias de las provincias de Valladolid, Palencia y Zamora y de diversas fundaciones y colecciones particulares, han facilitado las piezas que conforman el discurso expositivo.

 

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La inauguración contó con la presencia del alcalde de la ciudad Francisco Javier de la Riva y Elisa Delibes Castro, hija del escritor y presidenta de la Fundación Miguel Delibes. La muestra está comisionariada por Alfonso León y Antonio Sánchez del Barrio.

De la Riva destacó la «especial simbiosis de Miguel Delibes con Valladolid», haciendo hincapié en ese «ideario delibeano de la resistencia frente a la injusticia manifestada en la intolerancia religiosa del siglo XVI. Elisa Delibes subrayó: «El hereje es un alegato sobre la libertad de conciencia y que su padre dedicó la novela a Valladolid «porque fue la ciudad quien le dio el instrumento de la palabra». Posteriormente agradeció a todos los patronos que han hecho posible la exposición gracias a la cual podemos ver una serie de libros y documentos que el propio Miguel Delibes consultó, así como los materiales autógrafos generados, incluido el manuscrito de la obra.

La exposición sobre uno de nuestros escritores más universales está estructurada en cinco secciones:

 

I.- El viaje de los libros prohibidos. Con este título se evoca el viaje a la Europa de Lutero que hace el protagonista de la novela para adquirir libros e impresos sueltos y traerlos clandestinamente a la España del Emperador. Obras originales de Erasmo, Lutero y Calvino, junto con libros expurgadas por la Inquisición, se muestran en este primer capítulo que preside un extraordinario relieve de Juan de Juni en el que se representa una «Quema de libros».

«—En el año 30, diez grandes cubas con libros llegaron al puerto de Valencia en tres galeazas venecianas. Fueron interceptadas y el descubrimiento puso en guardia al Santo Oficio. Lo más acre de Lutero, todo lo escrito en Wartburg, en docenas de ejemplares, estaba allí. La Inquisición montó un verdadero auto de fe. […] Al Santo Oficio siempre le atrajeron los grandes alijos para montar con ellos un espectáculo popular. […]

—Las quemas de libros han sido en España pasatiempos habituales —dijo al fin—.»

Quema de libros. Juan de Juni. Museo de León. Foto José Miguel Travieso

Quema de libros. Juan de Juni. Museo de León. Foto José Miguel Travieso

 

 

 

 

II.- El Valladolid de El hereje. Este capítulo está dedicado al Valladolid de la primera mitad del siglo XVI, escenario en el que se desarrolla la vida de Cipriano Salcedo. En él se ilustran pasajes de la novela relacionados con la descripción física de la entonces villa, el vino y los viñedos como uno de sus principales recursos, el estado de la medicina y las condiciones de los partos, las primeras ocupaciones formativas y «espirituales» del protagonista… culminando con sus éxitos profesionales originados por la venta de novedosas manufacturas textiles y el comercio internacional de paños.

“Asentada entre los ríos Pisuerga y Esgueva, la Valladolid del segundo tercio del siglo XVI era una villa de veintiocho mil habitantes, ciudad de servicios a la que la Real Chancillería y la nobleza, siempre atenta a los coqueteos de la Corte, le prestaban un evidente relieve social. […] El recinto propiamente urbano estaba circuido por huertas y frutales (almendros, manzanos, acerolos) y éstos, a su vez, por un círculo más amplio de viñas, que se extendían en ringleras por los cerros y el llano, hasta el extremo de que las calles de cepas, revestidas de hojas y pámpanos en el estío, cerraban el horizonte visible desde el Cerro de San Cristóbal a la Cuesta de La Maruquesa.”

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San Pedro. Alejo de Vahía. Hacía 1500. Iglesia de Villavicencio de los Caballeros (Valladolid). Foto: LJC

 

 

 

III.- El conventículo de los iluminados. La trama fundamental de este apartado es la ligada a la aparición del foco erasmista de Valladolid. En él se suceden interesantes episodios que tienen como escenario el «conventículo de los iluminados», es decir la residencia de doña Leonor de Vivero. El inventario de esta casa antes de su demolición por el Santo Oficio, la célebre Biblia del Oso (primera traducción íntegra del texto sagrado a la lengua española) o un Cristo crucificado de Alonso Berruguete, son algunas de las obras más importantes recogidas en este capítulo.

«En este tiempo, mediada la década, Valladolid se convirtió en un gran taller de construcción sobre el que pasaban los años sin que su febril actividad conociera reposo.

Simultáneamente a la erección de nuevos edificios, nació entre las clases pudientes la necesidad de acondicionarlos, de amueblarlos conforme a las más exigentes normas estéticas europeas.»

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«[…] las paredes estaban decoradas por guadamecís dorados y, presidiéndolo todo, sobre el lecho, un crucifijo encargado ex profeso a don Alonso de Berruguete.»

 

 

IV.- El Auto de Fe. Constituye el episodio culminante de la novela, magistralmente descrito por Delibes. Las obras y documentos originales que se muestran en este contexto están directamente relacionados con las instituciones y los personajes que protagonizan la cruenta ceremonia, entre los que cabe destacar las representaciones gráficas que describen «en relato continuo» los hechos ocurridos en la Plaza Mayor y la Puerta del Campo de aquel Valladolid de la ortodoxia.

«[…] de improviso, entró un hombre con el blasón de la Orden de Santo Domingo en el pecho, sobre el sayo, y dos arcabuceros detrás, apuntándole con sus armas. Cipriano se incorporó, retrocedió sorprendido:

—En nombre de la Inquisición, daos preso — dijo el alguacil.

No ofreció resistencia.”

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“Cipriano entró en la sala de visitas deslumbrado, los pies ligeros, sin grillos. Después de casi cuatro meses viviendo en la húmeda penumbra de la celda, la luz del sol le dañaba los ojos, le ofuscaba. […] Poco a poco entreabrió los párpados y, entonces, divisó ante sí a su tío Ignacio. […] Luego le dio una buena nueva: le habían ascendido a presidente de la Chancillería, cosa esperada pues era el más antiguo de los diecisiete oidores. La Chancillería y el Santo Oficio tenían buena relación y había sido autorizado para visitarle. […] Cipriano continuaba mirándole embobado, los ojos cobardes. Le conmovían las cortinas, los visillos, el pañito de encaje en que reposaba el candelabro, el feo cuadro de la Asunción de María sobre el sofá. Era como si hubiera abierto los ojos en un mundo distinto, menos hostil e inhumano.»

 

“Las campanas habían venido a sustituir a los martillos, voces cambiantes pero igualmente ominosas y terribles. Al cesar su tañido, empezó a oírse el rumor del gentío, los cascos de las caballerías en el empedrado, el rechinar de las ruedas de los carruajes. Todo parecía estar a punto. El gran día, aún sin luz, ya había comenzado.”

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V.- El hereje de Miguel Delibes. El epílogo de la exposición es un espacio dedicado al autor y su obra. En él se descubren las fuentes históricas utilizadas en el proceso de creación del libro, numerosas notas y observaciones escritas para su elaboración, el manuscrito original de la novela y una selección de citas que reflejan los valores que Miguel Delibes quiso trasmitir en esta gran obra literaria.

«A estas alturas, El hereje de Delibes es una obra de arte que ha sido estudiada  desde muchas y diferentes miradas. La proyectada desde la historia ha sido una de ellas, necesaria por cierto y por más que su autor repitiera que la suya no quería ser una “novela histórica” al uso. Y no le faltaba razón. Sin embargo, resultaría incomprensible si no se tiene en cuenta el contexto histórico en que se desarrolla la aventura trágica de Cipriano Salcedo, que vive y sufre un tiempo de entusiasmos erasmistas truncados, de libertad intelectual y espiritual, y el otro, el de la Inquisición con quemas de “luteranos” (que seguramente no lo eran), con miedos a los libros y a la lectura, y con Erasmo y los erasmistas convertidos en herejes. Sería larga la espera de aquella libertad truncada, de la recuperación de aquel humanismo. Y esto de humanismo no se refiere tanto al histórico cuanto al de Miguel Delibes y al que alienta en su novela última, en la intención, en el fondo, en sus formas humanistas.»

Teófanes Egido

La muestra permanecerá abierta hasta el 27 de octubre en el siguiente horario:

HORARIO:                          De martes a sábados, de 12,00 a 14,00 horas y

de 18,30 a 21,30 horas.

Domingos, de 12,00 a 14,00 horas.

Lunes y festivos, cerrado

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

 

 

 

 

 

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Fichero archivado: Exposiciones

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