Los sueños perdidos. Comentario de la película Antes del anochecer.

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Ficha

Película: Antes del anochecer.

Título original: Before midnight.

Dirección: Richard Linklater.

Interpretación: Ethan Hawke (Jesse), Julie Delpy (Celine). Guion: Richard Linklater, Julie Delpy y Ethan Hawke; basado en los personajes creados por Richard Linklater y Kim Krizan.

País: USA. Año: 2013. Duración: 108 min.

Género: Drama.

Producción: Richard Linklater, Sara Woodhatch y Christos V. Konstantakopoulos.

Música: Graham Reynolds.

Fotografía: Christos Voudouris. Montaje: Sandra Adair.

Vestuario: Vasileia Rozana.

Distribuidora: A Contracorriente Films.

Estreno en USA: 24 Mayo 213. Estreno en España: 28 Junio 2013.

 

Sinopsis

Céline y Jesse se encuentran de vacaciones en el sur de Grecia, en la península del Peloponeso. Disfrutan de unas vacaciones en casa de un reconocido escritor. Constituyen el retrato de una pareja contemporánea que ronda los cuarenta. Él, americano, ella, francesa, les acompañan sus dos hijas gemelas. Acaban de despedir al hijo de Jesse de su anterior matrimonio que ha pasado sus vacaciones estivales con ellos. El contacto con la naturaleza, y el haber dejado a un lado los encorsamientos de la vida cotidiana fomentará una larga conversación sobre el pasado el presente y el futuro de Jesse y Céline

Comentario

Jesse: Tengo una idea loca, pero si no te pregunto me arrepentiré por el resto de mi vida.

Celine: ¿Cuál?

Jesse: Quiero seguir conversando. No sé cuál es tu situación, pero siento que tenemos una conexión. ¿Sí?

Celine: Sí, yo también.

Jesse: Genial. Ésta es la idea. Bájate conmigo y visitemos la ciudad. Si resulto ser algún psicópata te subes al siguiente tren. Piénsalo de ésta manera: Imagínate dentro de 10 o 20 años, ¿sí? y estás casada. Pero tu matrimonio no tiene la energía que solía tener. Culpas a tu esposo y piensas en los hombres que conociste en tu vida y lo que podría haber pasado si te hubieras quedado con uno de ellos. Bueno, yo soy uno de esos hombres. Considéralo como un viaje por el tiempo del futuro hacia ahora para saber lo que te perderás. Sería un favor enorme para ti y para tu esposo descubrir que no te perdiste nada. Sólo soy un fracasado igual a él. Así que elegiste bien y estás muy feliz.

Celine: Está bien, iré por mi equipaje.

Antes del amanecer

Richard Linklater, 1995

 

Procuro elaborar la sinopsis dejando a un lado la que ofrecen los distintos gabinetes de prensa. He omitido, intencionadamente, que el director Richard Linklater y los dos protagonistas, Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke), son los mismos integrantes que rodaron Antes del amanecer (1995) y Antes del atardecer (2004). Omisión que se debe a una simple razón: se puede ver perfectamente esta cinta sin saber nada de las anteriores. Bien es cierto, en honor a la rigurosidad, que el haber visto las anteriores proporciona al todo (la trilogía) una poderosa armonía, una línea argumental, a lo largo de casi dos décadas, sin precedentes.

Cualquier pareja tiene sus antecedentes. Así nuestra pareja protagonista lució su juventud en Antes del amanecer. Fue allá por 1995 cuando ambos se conocieron en un viaje en tren. Jesse le propone a Céline que se bajen del tren y que juntos recorran Viena. Si no son la pareja ideal pues se vuelven a subir a sus destinos y ya está; se acabó, cada uno por su lado. Nueve años más tarde vuelven a coincidir por sorpresa en París. El reencuentro, las sensaciones, emociones y vivencias, de Jesse y Céline fue el argumento de Antes del atardecer. Nueve años más tarde volvemos a pasar un día con estos mismos protagonistas ya cuarentones. Ya no están tan frescos y lozanos. Sus rostros lucen las arrugas de la vida y sus cuerpos denotan el ineludible paso del tiempo. Pero sus mentes siguen tan despiertas y lúcidas como años atrás. Y ahí radica el encanto de la trilogía «Antes de…» (Reitero que cada una de ellas tiene su unidad propia y pueden ser contempladas sin haber visto alguna de las anteriores).

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Jesse acude al aeropuerto de una ciudad griega a despedir a su hijo adolescente que parte rumbo a América donde vive con su madre, exesposa de Jesse. Afuera, dentro del coche, le esperan Céline y sus dos hijas gemelas, fruto de la unión de ambos («la única vez que no utilizamos condón, zas… embarazada de gemelas»). Todos juntos se disponen a pasar una jornada de relax en casa de un escritor  y un puñado de amigos. Como colofón a la jornada estival mediterránea, Céline y Jesse pasaran la noche en un hotel, con spa y masaje incluido, fruto del regalo de sus amigos.

Céline trabaja en una especie ONG y le acaban de proponer un nuevo trabajo. Jesse sigue escribiendo libros y tienen un reconocido prestigio (por lo menos para poder vivir de ello). Las chipas saltaran cuando Jesse insinúa que le gustaría estar más cerca de su hijo en Norteamérica.

Y esto es todo el argumento. Pero vayamos por partes para tratar de desentrañar lo que nos ofrece la nueva entrega de Linklater que, junto con las anteriores, se han convertido casi en una trilogía de culto: romántica, pero no cursi; un cine de autor realizado con escaso presupuesto y con los tres integrantes que se repiten.

Lo primero es una pequeña pega. El cine, palabra proveniente de «cinematografía» fue un neologismo creado a finales del siglo XIX compuesto a partir de dos palabras griegas. Por un lado κινή (kiné), que significa «movimiento»; y por otro de γραφóς (grafós). Con ello se intentaba definir el concepto de «imagen en movimiento». Es decir, que el cine fundamentalmente es imagen en movimiento, es la primacía de la imagen sobre la palabra. Un precepto que para nada se cumple en «Antes de…» donde lo que sobresale es el verbo (¡¡y qué verbo!!). Desde el comienzo hasta casi el final es un hablar sin parar, constantes diálogos que te obligan a estar muy atento. En algún momento se echa en falta que sean los gestos, las miradas los que protagonicen las escenas, para así poder tomar resuello y descanso. Curiosamente al principio Jesse reprocha a su hijo que se tan parco en palabras, que sea tan poco comunicativo (como lo son la mayoría de nuestros adolescentes más atentos a la tecnología que a la retórica). Pero una vez que se monta Jesse en el coche y aparece Céline en escena ya es un delicioso frenesí de diálogos.

Si tuviéramos que resumir en una sola palabra las anteriores cintas, tendríamos un denominador común. En la primera sería el encuentro, en la siguiente el reencuentro y ahora estaríamos en… el desencuentro (ojo que esto no constituye un spoiler). El amor joven, impulsivo, romántico, lleno de sueños, dio paso a un amor más experimentado, de compromiso, frente al amor maduro, lejos ya de los cuentos de hadas y príncipes, lleno de sueños perdidos que desarrolla Antes del anochecer. La cinta constituye un alegato de la pareja como relación que desmitifica los anteriores amores y tiende a humanizar nuestra relación. El director, junto a los protagonistas, saben muy bien llevar a la pantalla esos conflictos que atenazan a la mayoría de las parejas. Tiene su punto culminante en la escena de la habitación del hotel. Céline y Jesse viene paseando, charlando por el camino. Atraviesan la ciudad y se están prometiendo una noche de lujuria. Hace mucho que no están solos, que no corretean las niñas por la casa. Nada les va a impedir disfrutar del amor. Sin embargo una simple llamada al móvil constituirá la chispa que avivará el fuego y no precisamente el de la pasión. Ese momento está registrado de forma admirable. Nos gusta ver que los problemas nuestros cotidianos se ven reflejados en la pantalla de la mano de unos actores. Se hacen patentes, se comparten con el público en general y eso nos lleva a pensar: «mira no somos tan raros como pensábamos». Les ha pasado lo mismo que a nosotros en que aquella vez en la que estábamos a punto de echar el polvo del siglo y pasamos a la casi ruptura parejil. Nada de nada, rien de rien. Nada. Y las puyas sustituyen a los besos. Comenzamos a desvariar de la falta de espacios, de lo que hay que hacer, de lo rutinario que se ha vuelto todo, de que si tú haces, que si tú no haces, de reproches, de que te preocupas de todo y a ti te da todo igual. Nos reprochamos el amor que ya no tenemos, que ya no es el nuestro, ya es otra cosa que queda muy lejos de aquel enamoramiento y que está más cercano a una sensación propia del bienestar.

Quién más o quién menos nos veremos reflejados en Jesse y Céline o en ambos. Jesse mantiene un rostro aniñado con un cuerpo ni joven, ni mucho menos viejo. Sin embargo, Céline está jamona. Luce semidesnuda pero su cuerpo ha perdido la esbeltez. Y ella es consciente y le entran las dudas de que si sigue siendo apetecible para los hombres. Esas dudas se las transmite a Jesse y se cuestiona su relación. Seguro que los chicos nos identificaremos con él y pensaremos lo hipocondríaca que resulta ser Céline. Pero ellas (las chicas) pensaran, seguro, que él es una mosquita muerta y que las mata callando, con ese aire de cultureta, de intelectual…

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Destacaría dos momentos para el recuerdo. La comida en casa del escritor heleno. Integrada por ocho personas que abarcan casi todas las etapas de la vida: una pareja joven, dos maduritas y una formada por dos amigos que se encuentran en la recta final de sus vidas. Hablan de lo divino y de lo humano, de la vida, de la muerte, del amor. Todos desde su punto de vista que ilustran con jugosas anécdotas, pero en donde los ancianos aportan su particular visión con rotundidad. Con el peso de la Grecia clásica con el Drama y la Comedia junto a los platos de la mesa. Y el otro gran momento se produce dentro de la escena del hotel. Tiene su propio planteamiento nudo y desenlace, donde sobresale el siguiente diálogo (más o menos, no es literal):

Céline: Mis amigos piensan que hago el amor con una fiera por como lo describes en tus novelas. Y sabes lo que te digo, que estoy harta. Tú siempre lo haces de la misma forma.

Jesse: Es que cuando uno le coge el punto…

Céline: Una y otra vez. Besito, besito, tetita, tetita y, coñito (brrrrrr, hace como que se echa a dormir).

Jesse: Es que a uno le gustan los placeres sencillos.

Toda esta escena del hotel constituye un resumen de la película. Un vaivén de sensaciones a las que ya he aludido anteriormente. Tal vez obedezcan a una doble pregunta ¿es posible que la vida en pareja contamine al amor? ¿Es posible que el amor pueda sobrevivir a la vida en pareja? No hay una fórmula mágica para que la relación de pareja sea perfecta. Es común en nuestra vida que nos olvidemos que las cosas se consiguen a base de esfuerzo. Hoy acudimos al cajero y sacamos dinero, pero detrás de esa máquina hay trabajo, gracias a su remuneración tenemos el capital. Ese trabajo es el que a veces nos olvidamos que es necesario en nuestras relaciones. Es muy fácil enamorarte, pero es muy difícil mantener el amor. Diariamente necesita de ese riego, de ese cariño que proviene de la atención y muchas veces, simplemente, no estamos por la labor.

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Técnicamente la factura de la película es impecable. Está construida sobre la base de cuatro escenas: en el coche, en la casa del escritor, camino del hotel y en el hotel. Y salvo la escena de la comida campestre, en la pantalla solo están ellos dos de forma casi omnipresente. Todo ello se sustenta en la escritura del guion, con diálogos frescos, con alguna frase lapidaria y sobre todo, por encima de los demás aspectos, en la naturalidad. Sin aderezos, tal cual, si no es muy difícil poder explicar esos largos travellings de planos medios, sin apenas cortes de cámara, que potencian los diálogos (al más puro estilo de Woody Allen), con Jesse y Céline de protagonistas que funcionan a la perfección. Pasamos de drama a comedia sin forzar la situación. Magníficos.

Vayan al cine. Eché en falta verla con mis amigos habituales porque eso posibilita mucho el diálogo y la confrontación posterior tras ver la película de la que extraes más conclusiones. Vayan a ver este magnífico retrato de la vida en pareja, dulce y amargo, natural, divertido y dramático y… dolorosamente real. Una historia de amor simple, llena de belleza, como cualquier amanecer, atardecer o cualquier anochecer, algo efímero… como la vida misma.

Un tráiler

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus



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