360 Juego de destinos

 

«El matrimonio es inhumano. Paso del matrimonio como de la religión. Todo eso en nombre de la bondad».

360 Juego de destinos

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Ficha

Película: 360 Juego de destinos.

Dirección: Fernando Meirelles.

País: Reino Unido. Año: 2012. Duración: 110 min.

Género: Drama, romance.

Interpretación: Anthony Hopkins (John), Jude Law (Michael Daly), Ben Foster (Tyler), Rachel Weisz (Rose), Moritz Bleibtreu (vendedor), Dinara Drukarova (Valentina).

Guion: Peter Morgan; basado en la novela «La ronda», de Arthur Schnitzler.

Producción: Andrew Eaton y David Linde.

Fotografía: Adriano Goldman. Montaje: Daniel Rezende.

Diseño de producción: John Paul Kelly. Distribuidora: Vértigo Films.

Estreno en Reino Unido: 10 Agosto 2012. Estreno en España: 31 Mayo 2013.

Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

 

Sinopsis

Partiendo de Viena la película nos lleva a través de diferentes historias por Paris, Londres, Denver y Phoenix que al final confluyen, con ese giro de 360 grados, en una sola. Un hombre de negocios inglés que contrata a una prostituta para entretener su tiempo libre. Por otro lado su mujer tiene un amante brasileño, éste a su vez tiene una novia que se entera de sus correrías y decide marcharse de Londres a Río. En su periplo de regreso se encontrará con dos hombres muy dispares: uno viejo y exalcohólico (que viaja en busca de su desaparecida hija) y el otro joven y que cumple una condena por agresión sexual (se encuentra en una fase de terapia para ver si puede hacer una vida normal), con los que entretiene la larga espera que supone el cierre del aeropuerto por unas condiciones climáticas muy adversas. Por otro lado una curiosa pareja formada por un «chófer-para-todo» y su mujer que quiere la separación porque le hace tilín su jefe, un dentista que tiene una empanada mental con su religión. Estas son unas breves pinceladas de las historias que nos podemos encontrar en 360 Juego de destinos. 

Comentario

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Vaya por delante que ando un poco desentrenado. El motivo muy sencillo: hace bastante tiempo que no veo una película mínimamente decente la cual me inspire un comentario elogioso. En nuestra ciudad se nota mucho la desaparición de Alta Films. Ahora continúa la presencia de cine comercial en detrimento de un cine de calidad. Bien es cierto que algunas salas siguen ofreciendo alguna de estas películas que eran su signo de distinción pero dejan algo que desear las condiciones en las que se proyectan. Entre unos y otros acaban con la industria del cine. Dicho lo cual me centro en el producto.

Este tipo de películas corales que entrelazan una serie de historias, sin un protagonista claro, nos remiten a la ya mítica Vidas Cruzadas (Robert Altman, 1993) en donde desfilaban cerca de una veintena de actores. Personajes que aparentemente nada tienen que ver entre sí, van entretejiendo sus vidas para formar una/dos historias con un trasfondo común. Al final, en la resolución del film, todo tiene que cuadrar, como un todo, cerrando el círculo narrativo.

El director Meirelles (también lo es de Ciudad de Dios, 2002, El jardinero fiel, 2005) traza una serie de historias que se desarrollan en distintos puntos geográficos con el amor como lenguaje común. A modo de sinopsis, veamos las distintas historias.

Mirka (Lucia Siposova) acude a una sesión fotográfica. Quiere ganar dinero. Un proxeneta austriaco, Rocco (Johannes Krisch) le ha embaucado con el fin de colgar sus fotos en la red y obtener rápidamente nuevos clientes. A la sesión acude con su hermana pequeña Anna (Gabriella Marcinkova) que observa todo desde el fondo de la sala. A Anna siempre le acompaña un libro.

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Su primer cliente va a ser Michael Daly (Jude Law), británico, es el ejecutivo estándard que se encuentra desplazado a otra ciudad, Viena, para asistir a una reunión de trabajo, las típicas ferias sectoriales. Concierta una cita en el bar del hotel con Mirka. Pero la operación se frustra al toparse Michael con un vendedor alemán que quiere discutir con él de negocios. Al final éste reconocerá a la prostituta y le servirá para hacerle chantaje para lograr un ventajoso pedido.

En Londres, Rose (Rachel Weisz), esposa de Michael Daly, tiene una aventura con un joven fotógrafo brasileño. Se trata de Rui (Juliano Cazarré) y se encuentran en ese típico momento de la relación furtiva en que ella lo quiere dejar. La novia de Rui, Laura (Maria Flor) ha descubierto la infidelidad y ha decidió marcharse a Brasil. En pleno viaje transoceánico conocerá a dos hombres de distinto calibre. Por un lado un senil John (Anthony Hopkins) que está buscando a su hija desaparecida hace años y, por otro, un joven americano, Tyler (Ben Foster), delincuente sexual convicto, que se encuentra en proceso de adaptación. Los tres tienen que esperar en Denver a que escampe para poder proseguir sus viajes a sus diferentes destinos.

En París vive un argelino (Jamel Debbouze), viudo, al frente de una clínica dental, se encuentra dividido entre la atracción que profesa a su empleada y su devota fe musulmana. Para tratar de aclararse comparte tiempo entre una sicóloga y un imán. Valentina (Dinara Drukarova) es consciente de la atracción que ejerce en su jefe, y a pesar de que no ha ocurrido nada entre ellos, le basta para retomar las riendas de su maltrecho matrimonio y decidir poner punto final. Su marido Sergei (Vladimir Vdovichenkov) es el hombre de confianza de su jefe (Mark Ivanir), un hombre sin escrúpulos, con negocios turbulentos para los cuales necesita de las armas que Sergei porta en el coche. Mientras espera en el coche a su jefe en un hotel de Viena conocerá a una joven que vive con la cabeza metida entre los libros.

Estas son, a grandes rasgos, las distintas tramas (seis o siete según como se mire) que desarrolla 360 Juego de destinos. El catalizador de todas las historias es el personaje que interpreta Jude Law. Michael Daly se verá en la necesidad de tomar una decisión en su cita con la prostituta. A partir de ese momento se desencadena una serie de acontecimientos que tendrán su transcendencia en las distintas situaciones que conforman la película del director brasileño Fernando Meirelles.

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Estas tramas reflejan unas vidas normales, algunas de ellas incluso anodinas, nada fuera de lo común. Michael y Rose son un matrimonio con una hija. Se han despistado en su relación y la apatía reina la vida conyugal. Sufren de los agobios de sus vidas laborales y son conscientes de que su hija requiere más presencia paternal. John es un hombre maduro que lamenta de lo que hizo y también de lo que no hizo. Infiel y exalcohólico. Cuando su hija descubrió su infidelidad, desapareció de casa. Y no sabe nada de ella. Lo terrible de la situación es que de vez en cuando lo llaman para identificar a su hija en cualquier cadáver anónimo que aparece en la cuneta. Laura, mujer independiente que sufre la traición de su novio Rui, ve en John el hombre que le inspira la confianza que acaba de perder. Y en el joven Tyler comprobará que es capaz de volver a seducir a cualquier hombre. En el polo opuesto se encuentra su novio Rui. No ha dudado en tener una relación con su jefa Rose. Es joven y ambicioso. Y Rose se ha sentida atraída. El problema de Rui es que se siente responsable de Laura a la que ha arrastrado hasta Londres y no sabe qué hacer con ella. Valentina se siente atrapada en un matrimonio infeliz. No desea permanecer al lado de su marido huraño, matón sin quererlo y que se encuentra atrapado en la relación con su jefe déspota. La religión también está presente en 360 y tiene mucho peso en la decisión que tomará el argelino, jefe de Valentina, en su relación con ella. Y Mirka, la prostituta, la mujer que lo único que quiere es poder vivir sus sueños y que el único medio para alcanzarlo es ofrecerse al proxeneta para que la ponga en el mercado. A su lado, ejerciendo de confidente, de amiga, y de hermana está Anna. Son dos eslovacas que vagan por el mundo.

La acción transcurre de una ciudad a otra en transiciones suaves. Y así nos sitúa en Viena, París, Londres, Colorado, Phoenix, Denver. Bien es cierto que podía suceder en cualquier lugar (salvo excepciones) porque apenas se mueven de la habitación del hotel o las salas de los aeropuertos. 

El amor es el nexo de común de 360 Juego de destinos. De esas decisiones que se toman invocando su nombre y que también es el hábitat natural de la apatía, de los desengaños, de los sueños y anhelos, del remordimiento y de la culpa, de las pasiones, y de «las bajas pasiones» y de los refugios a los que se acude para curar los males ya sean en forma de terapias o de religiones. Pero también se tocan otros temas sociales, aunque sea de pasada, como es la pérdida de un ser querido, el alcohol, la prostitución y su mercadeo.

La interpretación viene de la mano de unos grandes pesos pesados como son Jude Law, Rachel Weisz y Anthony Hopkins que combinan con desconocidos actores y jóvenes valores, prometedores, como las dos jóvenes que interpretan los papeles de Laura y de Anna (Maria Flor y Gabriella Marcinkova). El resultado es lo que mejor sostiene la cinta.

360 es una adaptación de una obra teatral que en su día tuvo mucha polémica. Se trata de La ronde, del escritor austriaco Arthur Schnitzler y que fue publicada en 1900. Mostraba un alto contenido sexual (el tema central era como una enfermedad de transmisión sexual cruzaba las distintas clases sociales) y la decadencia de la sociedad austro-húngara. También Max Ophüls realizó en 1950 una adaptación cinematográfica con el mismo título que la novela.

Una película que ha llegado a nuestras carteleras (y sobre todo a Valladolid) de puntillas, tarde y mal. Han sido casi dos años los que han pasado desde su presentación en los festivales de Toronto y Londres. Pero que incomprensiblemente también le ha sucedido algo parecido en el mercado norteamericano. No es una mala película. No es redonda como su título nos quiere hacer creer (por más que se empeñen en empezar la película con el mismo gesto y las mismas palabras eso no significa que logre la ansiada cuadratura). Adolece de esos defectos inherentes a este tipo de películas corales que son los de presentarnos las historias con sus personajes apenas esbozados. Pero es un film que nos plantea una interesante propuesta aunque abusa de unas situaciones tópicas con desenlaces previsibles y que contiene algunas escenas memorables como pueda ser la del agresor sexual, Tyler, que sufre el tormento ante su presa, ante la disyuntiva de caer o no en la tentación de volver a empezar sus males. Con un personaje bien trazado, que se roza con las personas buscando un contacto o su mirada lujuriosa. O que cuenta con algunos personajes peculiares como es el chófer del matón que para sus ratos muertos, de espera, se lleva literatura y se conoce a todos los clásicos de la narrativa universal, o que estudia inglés mientras realizada largos viajes por media Europa en busca de su jefe. O también el buen papel del atormentando argelino que se debate entre su credo y la atracción hacia una mujer casada y que trata de salir de dudas con ayuda de un imán y una sicóloga (¡qué fuerte el conflicto interno que tiene este tipo!). Y abundando un poquito más, destaco el monólogo de John en una de esas reuniones de alcohólicos en la que narra que las tres palabras más duras que le ha dicho han sido: hasta la próxima (cuando el cadáver al que ha ido a identificar no es el de su hija).

Son muy destacables los temas musicales de la cinta. Son ritmos que se adaptan bien a las escenas y vienen de la mano de, entre otros, Lhasa de Sela, Nine Inch Nails y Alain Bashung.

En definitiva, 360 Juego de destinos es una interesante propuesta, con un exquisito acabado formal, con una fotografía muy luminosa, pero que lamentablemente se queda a medio camino entre el cine de autor y el cine de sobremesa. Le falta un poquito de más tripas y corazón, más empatía con el espectador y le sobra tanto giro pretencioso. Aun así, personalmente recomiendo verla.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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Fichero archivado: Cine

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