Archivo para julio, 2013

Especial Revista Atticus exposiciones Madrid julio 2013

Mientras realizamos una segunda parte, os dejamos este especial que hemos hecho con motivo de las exposiciones que se celebran durante este verano en Madrid.

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Se me acaban los adjetivos. Lujoso es el calificativo que me viene a la mente a la hora de intentar definir esta nueva entrega encuadrada dentro de la línea blanca de Revista Atticus. Este tipo de trabajo es el que a mí me gustaría tener a la hora de planificar y de visitar cualquiera de las exposiciones aquí recogidas. Así lo ofrecemos. En algunos casos es una mera difusión de la información que las entidades ponen a nuestra disposición y en otras es una valoración realizada por la propia experiencia tras haber visitado la muestra que se reseña. Nos gustaría dar publicidad a todo aquel acto cultural que se celebra no ya solo en nuestra ciudad en la que radicamos, Valladolid. También lo haríamos encantados no solo en nuestro territorio nacional sino cualquier evento que se celebre más allá de nuestras fronteras. Lo cierto es que no abarcamos casi con lo que tenemos más a mano. Así que no vamos a pecar de ambiciosos y nos centramos en la proximidad sobre todo en tiempos de crisis.

Madrid es el punto neurálgico del arte. Es nuestra capital y también asume ese papel en cuanto al arte se refiere. No solo en cuanto a museos o fundaciones. También lo es en cuanto a música o espectáculos teatrales. Todo, o casi, pasa por Madrid, pero no son las únicas opciones. En segundo plano quedan ciudades como Bilbao, Barcelona o Valladolid de la que solo puedo hablar maravillas, con conocimiento de causa. Nuestros museos, nuestras salas de exposiciones municipales o nuestras programaciones teatrales o musicales así lo atestiguan. Tratamos de difundir todo lo que sucede en nuestra ciudad. Incluso en este ejemplar ya incluimos un avance de la programación del LAVA 2013/2014. Pero este especial se centra en Madrid. Tal es la calidad y cantidad de exposiciones que se aglutinan en Madrid que hemos tenido que dividir en dos partes el trabajo. Lo ofrecemos así para no retrasarlo y que no pierda frescura y vigencia.

Así es que, querido lector, te hacemos partícipe de esta primera entrega especial sobre las exposiciones veraniegas de Madrid. Y en apenas un mes pondremos a vuestra disposición esa segunda parte. Espero que disfrutéis al menos lo que he disfrutado al hacer este número. Y lo he hecho de manera doble. Una, al visitar las exposiciones y la segunda al recrearme «en la suerte» rememorando la visita para confeccionar el número que tienes ante ti. ¡Feliz verano!

 

Por ultimo, nos gustaría haceros partícipes de un pequeño experimento. Hemos publicado hace apenas un par de semana el número TRES en digital en nuestro Facebook. Y hemos «promocionado» nuestra publicación. Promocionar es un eufeminsmo de pagar. Hemos pagado 15 dólares para impulsar nuestra revista (para que tuviera un alcance de entre 5.000 y 8.000 visitas). El resultado… es bastante desalentador. Teníamos unos 650 seguidores. La publicación la han visto hasta el día de hoy 5.920 personas (se supone). Obtuvimos unos 40 nuevos ME GUSTA. 37 personas dieron al me gusta de la entrada. 6 hicieron comentarios. 17 compartieron. Es decir, que de esas 5.920 personas apenas dijeron nada, ni mucho menos compartieron un ejemplar gratuito de 200 páginas. Muchas veces pensamos que como el artista callejero, nos conformamos con un pequeño aplauso. Por eso, si te gusta nuestra publicación, dale al ME GUSTA, leches, no cuesta nada y nos gusta oír esos aplausos. ¡¡Cómo es posible que revista Hola (que no da nada) tenga 147.711 me gusta y el MARCA (el periódico deportivo) tenga casi un millón!! Ahhhhhh.

 

Gracias a todos nuestros fieles seguidores. A todos nuestros lectores y amigos. A todos los nuevos ME GUSTA, que van a ser muchos en estos días. Y sobre todo, aunque aquí seguiremos, FELIZ VERANO. Aprovecha estos días para viajar, leer, enamorarte y disfrutar de la vida. Hay muchas cosas a la vuelta de la esquina que merecen la pena.

 

 

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Revista Atticus Exposiciones Madrid julio 2013

 

 

 

Marcador

360 Juego de destinos

 

«El matrimonio es inhumano. Paso del matrimonio como de la religión. Todo eso en nombre de la bondad».

360 Juego de destinos

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Ficha

Película: 360 Juego de destinos.

Dirección: Fernando Meirelles.

País: Reino Unido. Año: 2012. Duración: 110 min.

Género: Drama, romance.

Interpretación: Anthony Hopkins (John), Jude Law (Michael Daly), Ben Foster (Tyler), Rachel Weisz (Rose), Moritz Bleibtreu (vendedor), Dinara Drukarova (Valentina).

Guion: Peter Morgan; basado en la novela «La ronda», de Arthur Schnitzler.

Producción: Andrew Eaton y David Linde.

Fotografía: Adriano Goldman. Montaje: Daniel Rezende.

Diseño de producción: John Paul Kelly. Distribuidora: Vértigo Films.

Estreno en Reino Unido: 10 Agosto 2012. Estreno en España: 31 Mayo 2013.

Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

 

Sinopsis

Partiendo de Viena la película nos lleva a través de diferentes historias por Paris, Londres, Denver y Phoenix que al final confluyen, con ese giro de 360 grados, en una sola. Un hombre de negocios inglés que contrata a una prostituta para entretener su tiempo libre. Por otro lado su mujer tiene un amante brasileño, éste a su vez tiene una novia que se entera de sus correrías y decide marcharse de Londres a Río. En su periplo de regreso se encontrará con dos hombres muy dispares: uno viejo y exalcohólico (que viaja en busca de su desaparecida hija) y el otro joven y que cumple una condena por agresión sexual (se encuentra en una fase de terapia para ver si puede hacer una vida normal), con los que entretiene la larga espera que supone el cierre del aeropuerto por unas condiciones climáticas muy adversas. Por otro lado una curiosa pareja formada por un «chófer-para-todo» y su mujer que quiere la separación porque le hace tilín su jefe, un dentista que tiene una empanada mental con su religión. Estas son unas breves pinceladas de las historias que nos podemos encontrar en 360 Juego de destinos. 

Comentario

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Vaya por delante que ando un poco desentrenado. El motivo muy sencillo: hace bastante tiempo que no veo una película mínimamente decente la cual me inspire un comentario elogioso. En nuestra ciudad se nota mucho la desaparición de Alta Films. Ahora continúa la presencia de cine comercial en detrimento de un cine de calidad. Bien es cierto que algunas salas siguen ofreciendo alguna de estas películas que eran su signo de distinción pero dejan algo que desear las condiciones en las que se proyectan. Entre unos y otros acaban con la industria del cine. Dicho lo cual me centro en el producto.

Este tipo de películas corales que entrelazan una serie de historias, sin un protagonista claro, nos remiten a la ya mítica Vidas Cruzadas (Robert Altman, 1993) en donde desfilaban cerca de una veintena de actores. Personajes que aparentemente nada tienen que ver entre sí, van entretejiendo sus vidas para formar una/dos historias con un trasfondo común. Al final, en la resolución del film, todo tiene que cuadrar, como un todo, cerrando el círculo narrativo.

El director Meirelles (también lo es de Ciudad de Dios, 2002, El jardinero fiel, 2005) traza una serie de historias que se desarrollan en distintos puntos geográficos con el amor como lenguaje común. A modo de sinopsis, veamos las distintas historias.

Mirka (Lucia Siposova) acude a una sesión fotográfica. Quiere ganar dinero. Un proxeneta austriaco, Rocco (Johannes Krisch) le ha embaucado con el fin de colgar sus fotos en la red y obtener rápidamente nuevos clientes. A la sesión acude con su hermana pequeña Anna (Gabriella Marcinkova) que observa todo desde el fondo de la sala. A Anna siempre le acompaña un libro.

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Su primer cliente va a ser Michael Daly (Jude Law), británico, es el ejecutivo estándard que se encuentra desplazado a otra ciudad, Viena, para asistir a una reunión de trabajo, las típicas ferias sectoriales. Concierta una cita en el bar del hotel con Mirka. Pero la operación se frustra al toparse Michael con un vendedor alemán que quiere discutir con él de negocios. Al final éste reconocerá a la prostituta y le servirá para hacerle chantaje para lograr un ventajoso pedido.

En Londres, Rose (Rachel Weisz), esposa de Michael Daly, tiene una aventura con un joven fotógrafo brasileño. Se trata de Rui (Juliano Cazarré) y se encuentran en ese típico momento de la relación furtiva en que ella lo quiere dejar. La novia de Rui, Laura (Maria Flor) ha descubierto la infidelidad y ha decidió marcharse a Brasil. En pleno viaje transoceánico conocerá a dos hombres de distinto calibre. Por un lado un senil John (Anthony Hopkins) que está buscando a su hija desaparecida hace años y, por otro, un joven americano, Tyler (Ben Foster), delincuente sexual convicto, que se encuentra en proceso de adaptación. Los tres tienen que esperar en Denver a que escampe para poder proseguir sus viajes a sus diferentes destinos.

En París vive un argelino (Jamel Debbouze), viudo, al frente de una clínica dental, se encuentra dividido entre la atracción que profesa a su empleada y su devota fe musulmana. Para tratar de aclararse comparte tiempo entre una sicóloga y un imán. Valentina (Dinara Drukarova) es consciente de la atracción que ejerce en su jefe, y a pesar de que no ha ocurrido nada entre ellos, le basta para retomar las riendas de su maltrecho matrimonio y decidir poner punto final. Su marido Sergei (Vladimir Vdovichenkov) es el hombre de confianza de su jefe (Mark Ivanir), un hombre sin escrúpulos, con negocios turbulentos para los cuales necesita de las armas que Sergei porta en el coche. Mientras espera en el coche a su jefe en un hotel de Viena conocerá a una joven que vive con la cabeza metida entre los libros.

Estas son, a grandes rasgos, las distintas tramas (seis o siete según como se mire) que desarrolla 360 Juego de destinos. El catalizador de todas las historias es el personaje que interpreta Jude Law. Michael Daly se verá en la necesidad de tomar una decisión en su cita con la prostituta. A partir de ese momento se desencadena una serie de acontecimientos que tendrán su transcendencia en las distintas situaciones que conforman la película del director brasileño Fernando Meirelles.

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Estas tramas reflejan unas vidas normales, algunas de ellas incluso anodinas, nada fuera de lo común. Michael y Rose son un matrimonio con una hija. Se han despistado en su relación y la apatía reina la vida conyugal. Sufren de los agobios de sus vidas laborales y son conscientes de que su hija requiere más presencia paternal. John es un hombre maduro que lamenta de lo que hizo y también de lo que no hizo. Infiel y exalcohólico. Cuando su hija descubrió su infidelidad, desapareció de casa. Y no sabe nada de ella. Lo terrible de la situación es que de vez en cuando lo llaman para identificar a su hija en cualquier cadáver anónimo que aparece en la cuneta. Laura, mujer independiente que sufre la traición de su novio Rui, ve en John el hombre que le inspira la confianza que acaba de perder. Y en el joven Tyler comprobará que es capaz de volver a seducir a cualquier hombre. En el polo opuesto se encuentra su novio Rui. No ha dudado en tener una relación con su jefa Rose. Es joven y ambicioso. Y Rose se ha sentida atraída. El problema de Rui es que se siente responsable de Laura a la que ha arrastrado hasta Londres y no sabe qué hacer con ella. Valentina se siente atrapada en un matrimonio infeliz. No desea permanecer al lado de su marido huraño, matón sin quererlo y que se encuentra atrapado en la relación con su jefe déspota. La religión también está presente en 360 y tiene mucho peso en la decisión que tomará el argelino, jefe de Valentina, en su relación con ella. Y Mirka, la prostituta, la mujer que lo único que quiere es poder vivir sus sueños y que el único medio para alcanzarlo es ofrecerse al proxeneta para que la ponga en el mercado. A su lado, ejerciendo de confidente, de amiga, y de hermana está Anna. Son dos eslovacas que vagan por el mundo.

La acción transcurre de una ciudad a otra en transiciones suaves. Y así nos sitúa en Viena, París, Londres, Colorado, Phoenix, Denver. Bien es cierto que podía suceder en cualquier lugar (salvo excepciones) porque apenas se mueven de la habitación del hotel o las salas de los aeropuertos. 

El amor es el nexo de común de 360 Juego de destinos. De esas decisiones que se toman invocando su nombre y que también es el hábitat natural de la apatía, de los desengaños, de los sueños y anhelos, del remordimiento y de la culpa, de las pasiones, y de «las bajas pasiones» y de los refugios a los que se acude para curar los males ya sean en forma de terapias o de religiones. Pero también se tocan otros temas sociales, aunque sea de pasada, como es la pérdida de un ser querido, el alcohol, la prostitución y su mercadeo.

La interpretación viene de la mano de unos grandes pesos pesados como son Jude Law, Rachel Weisz y Anthony Hopkins que combinan con desconocidos actores y jóvenes valores, prometedores, como las dos jóvenes que interpretan los papeles de Laura y de Anna (Maria Flor y Gabriella Marcinkova). El resultado es lo que mejor sostiene la cinta.

360 es una adaptación de una obra teatral que en su día tuvo mucha polémica. Se trata de La ronde, del escritor austriaco Arthur Schnitzler y que fue publicada en 1900. Mostraba un alto contenido sexual (el tema central era como una enfermedad de transmisión sexual cruzaba las distintas clases sociales) y la decadencia de la sociedad austro-húngara. También Max Ophüls realizó en 1950 una adaptación cinematográfica con el mismo título que la novela.

Una película que ha llegado a nuestras carteleras (y sobre todo a Valladolid) de puntillas, tarde y mal. Han sido casi dos años los que han pasado desde su presentación en los festivales de Toronto y Londres. Pero que incomprensiblemente también le ha sucedido algo parecido en el mercado norteamericano. No es una mala película. No es redonda como su título nos quiere hacer creer (por más que se empeñen en empezar la película con el mismo gesto y las mismas palabras eso no significa que logre la ansiada cuadratura). Adolece de esos defectos inherentes a este tipo de películas corales que son los de presentarnos las historias con sus personajes apenas esbozados. Pero es un film que nos plantea una interesante propuesta aunque abusa de unas situaciones tópicas con desenlaces previsibles y que contiene algunas escenas memorables como pueda ser la del agresor sexual, Tyler, que sufre el tormento ante su presa, ante la disyuntiva de caer o no en la tentación de volver a empezar sus males. Con un personaje bien trazado, que se roza con las personas buscando un contacto o su mirada lujuriosa. O que cuenta con algunos personajes peculiares como es el chófer del matón que para sus ratos muertos, de espera, se lleva literatura y se conoce a todos los clásicos de la narrativa universal, o que estudia inglés mientras realizada largos viajes por media Europa en busca de su jefe. O también el buen papel del atormentando argelino que se debate entre su credo y la atracción hacia una mujer casada y que trata de salir de dudas con ayuda de un imán y una sicóloga (¡qué fuerte el conflicto interno que tiene este tipo!). Y abundando un poquito más, destaco el monólogo de John en una de esas reuniones de alcohólicos en la que narra que las tres palabras más duras que le ha dicho han sido: hasta la próxima (cuando el cadáver al que ha ido a identificar no es el de su hija).

Son muy destacables los temas musicales de la cinta. Son ritmos que se adaptan bien a las escenas y vienen de la mano de, entre otros, Lhasa de Sela, Nine Inch Nails y Alain Bashung.

En definitiva, 360 Juego de destinos es una interesante propuesta, con un exquisito acabado formal, con una fotografía muy luminosa, pero que lamentablemente se queda a medio camino entre el cine de autor y el cine de sobremesa. Le falta un poquito de más tripas y corazón, más empatía con el espectador y le sobra tanto giro pretencioso. Aun así, personalmente recomiendo verla.

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

«Valladolid nos ofrece a mi y a mi cámara un espectáculo diario al que sólo puedo corresponder con el
consuelo efímero de una foto».

Jesús González

 

Jesús González, funcionario de la Administración Pública, fotógrafo vocacional, redactor de la revista Activa (editada por la Secretaría de Estado de la Seguridad Social), fotógrafo oficial en la ONG «Imagen en acción» y colaborador habitual de Revista Atticus, ha presentado en el día de hoy una exposición de fotografías que lleva por título «Valladolid te espera en la calle».

De izquierda a derecha: Francisco J. León de la Riva, Jesús González y Fernando Rubio.

De izquierda a derecha: Francisco J. León de la Riva, Jesús González y Fernando Rubio.

El acto estuvo presidido por el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, Fernando Rubio, coordinador de Presidencia y el propio autor, Jesús González. La muestra tiene lugar hasta el 15 de septiembre en la Sala de Exposiciones que se encuentra en el aparcamiento bajo la Cúpula del Milenio.

León de la Riva ha reconocido que se trata de «lugares conocido» pero que obligan al visitante a detenerse para tratar de identificar el rincón retratado. Por otro lado, Jesús González, ha manifestado que Valladolid es una ciudad muy fotogénica: «Querer retratar el alma de Valladolid es pretencioso e inútil, lo único que hago es tomar imágenes en la ciudad en la que vivo, en la que mejor conozco, con la intención de transmitir un punto de vista que sorprenda, tanto para los que vienen de fuera como para los propios vallisoletanos».

Son catorce excepcionales fotografías de Valladolid a gran tamaño. Podían haber sido dos o tres veces más esa cantidad. Me consta del ingente trabajo de Jesús y de la calidad de sus trabajos. Algunas de ellas son composiciones panorámicas que ofrecen un aspecto inusual de nuestra ciudad. En la muestra aparecen rincones tan típicos como la Plaza Mayor, la Plaza de Portugalete, la calle Platerías (bajo la lluvia), la Plaza España, el Museo de Escultura o el Río Pisuerga, pero también hay lugar para escenas costumbristas como la de una comida al aire libre, de lo que parece ser un grupo de amigos, aprovechando un partido de la selección nacional, que llama poderosamente la atención por el punto de vista elegido por el autor.

La buena hora, Plaza de España. Valladolid

La buena hora, Plaza de España. Valladolid

Vida, Plaza Mayor. Valladolid

Vida, Plaza Mayor. Valladolid

La Antigua Catedral. Plaza Portugalete y alrededores. Valladolid

La Antigua Catedral. Plaza Portugalete y alrededores. Valladolid

El jugador n 12. Valladolid

El jugador n 12. Valladolid

 

«Valladolid te espera en la calle» este sugerente título lo dice todo. Acércate a Valladolid. Y si no puedes siempre te quedará el consuelo de echar un vistazo al blog fotográfico de este leonés afincado en Valladolid y que es conocido por el seudónimo de Haciendo Clack. Puedes consultarlo en:

http://www.flickr.com/photos/haciendoclack/

Desde Revista Atticus le damos la enhorabuena. Estamos muy orgullosos y contentísimos de poder contar con la colaboración de Jesús González, gran fotógrafo y gran amigo Atticus.

Nota de la Redacción. Todos los derechos de reproducción de la foto son de su autor.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

La madrina del Batallón

¿Otra novela más sobre la Guerra Civil Española? ¿Otra más? Ese parece ser el único hándicap que debería de superar La madrina del Batallón, la primera novela de la escritora Belén García Calvo, pues calidad tiene de sobra. La obra narra, en primer plano, las vivencias de una joven que acaba de cumplir los quince años, Serena Rivera, a la que le ha tocado en «suerte» vivir una parte de nuestra historia reciente: la Guerra Civil. Los hechos se sitúan en Madrid, arrancando un 1 de mayo de 1936, fiesta del trabajo en un ambiente prebélico, para finalizar con el fin de la contienda al llegar las tropas de Franco a la capital.

Cubierta 3D en bajaLa prosa sencilla, clara, cuidada hasta el mínimo detalle, invita al lector renuente a dejar los prejuicios que pudiera tener sobre este conflicto que ha marcado a toda una generación de forma directa y a la siguiente, con las secuelas.

Lo que supone un conflicto bélico aquí se encuentra condensado en apenas 260 páginas. Hambre, miseria, recelos, brutalidad, odio, horror conviven con la inocencia del despertar a la vida, con el transcurrir del día a día, del tener que hacer lo que se debe por no levantar suspicacias, del vivir pendiente de la puerta, de los ruidos de la calle, de las alarmas para salir corriendo al refugio. Una vida llena de silencios para poder mantener la integración y evitar el señalamiento. Una constante confrontación entre la inocencia de la vida de la joven protagonista (el primer amor) y la cruda realidad que no repara en arrumacos.

Uno de los mayores logros de Belén García es que ha sido capaz de crear unos personajes bien definidos que resultan rotundos. Echaré de menos a la tía Dolores, un personaje que le tocó vivir un momento en un sitio equivocado mientras tenía que esperar «a los suyos» y rodeada de «enemigos de la Patria».

Un ejemplo de la descripción de uno de esos personajes:

«Virtudes tendría unos treinta y cinco años y su aspecto era recatado y discreto hasta la insignificancia. Vestía con sobriedad y se peinaba de igual modo. Solía alardear de buena cristiana, si bien lo exagerado de sus prácticas religiosas rayaba en beatería. Leticia por el contrario, se definía como agnóstica y lejos de disimular su llamativo aspecto lo solía reforzar con ropa sugerente, a veces incluso extravagante.»

Página 54. La madrina del Batallón.

En el panorama literario (o incluso cultural, de una manera generalizada) actual es muy difícil hacerse con un hueco. Por esa razón sorprende encontrarnos con alguien que decide publicar una nueva novela que tiene como telón de fondo la Guerra Civil. Pero con este material no me extraña nada que la escritora, Belén García Calvo, afincada en Madrid, haya conseguido encontrar quien le publique su novela y ésta haya  alcanzado notables elogios. La novela se presentó el pasado 23 de mayo y fueron muchos los que en la reciente edición de la Feria del Libro de Madrid tuvieron la oportunidad de conocer a la autora y de paso llevarse una dedicatoria, a la par que cambiar unas impresiones.

Para terminar me gustaría reseñar otros dos pequeños párrafos:

«Mi madre me dejaba quedarme en la cama hasta pasadas las once de la mañana. Decía que así se engañaba más tiempo al hambre.»

Página 130. La madrina del Batallón.

 

«Cómo la odié en aquellos momentos. La odié por consolarse así, por mantener las formas. Y también odié a mi padre por extender recetas de azúcar para algunos pacientes y para nosotros no, mientras mis hermanos pequeños con las comisuras de los labios llenas de pupas, rascaban con sus uñas la cal de las paredes para llevársela a la boca. Y también lo odié por regalar a otros la comida que algunos pacientes con huerta le daban.»

Página 169. La madrina del Batallón.

En definitiva, La madrina del Batallón no es una obra más sobre nuestra Guerra Civil. Belén García Calvo ambienta su primera novela en el Madrid que vive su asedio y en el que la Guerra Civil constituye el marco «sentimental». La escritora homenajea a nuestros abuelos, a nuestros padres, muchos de ellos constituían el grueso de la gente corriente, anónima, que vivió una situación extraordinaria, terrible, y que tuvieron que desenvolverse sorteando por igual a las bombas que caían indiscriminadamente y al hambre que era el ingrediente habitual en aquellos pucheros. ¡Tres hurras por La madrina del Batallón! Y… larga vida.

La madrina del batallón

Belén García Calvo

Editorial Sepha

Precio: 14,95 euros

ISBN: 978-84-15819-27-1

www.editorialsepha.com

 

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

La belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny

Museo del Prado, del 21 de mayo al 10 de noviembre de 2013

«Mira dos veces para ver lo exacto. No mires más que una vez para ver lo bello».
Henry F. Amiel. Diario íntimo (1822-1881)

Desde el 21 de mayo se puede contemplar en el Museo de Prado la exposición La belleza encerrada. De Fra Angelico a Fortuny. 281 obras reunidas con un denominador común: su pequeño formato. En tiempos de crisis hay que agudizar el ingenio y la dirección de esta institución se ha sacado de la manga esta magnífica muestra que tiene otra particularidad: todas las obras pertenecen a los fondos del Museo del Prado. Constituye una muestra inédita y en ella podemos observar, de forma cronológica, las obras de los grandes artistas del siglo XIV y principios del XV (como Fra Angelico) hasta llegar al siglo XIX (Fortuny).
El resultado es «una pequeña guía de bolsillo» que ejerce de muestrario de la colección del Museo del Prado. El montaje de la exposición se ha ideado para invitar a participar al espectador a que descubra esas pequeñas bellezas, que se aproxime a ellas y que se encuentra encerradas (porque no se llegan a mostrar) o constreñidas (entre sus grandes hermanos mayores que pasan, muchas veces, desapercibidas) habitualmente. Obras en diferentes soportes, de belleza extraordinaria, rara y particular, alguna de las cuales han sido restauradas y limpiadas para esta ocasión. Abarca todos los temas (desde mitológicos, retratos, paisajes, exaltación de poder, etc.) así como diferentes soportes y técnicas (cristal, mármol, tabla, lienzo cobre, etc.)
El Museo del Prado nos propone que nos agachemos, que miremos a través de los ventanucos que han abierto en sus muros, que nos sentemos y que nos apoyemos para poder contemplar con todo detenimiento las magníficas obras expuestas en las 17 salas que han habilitado en la planta baja en el lugar acostumbrado para las exposiciones temporales. Son una serie de recursos expositivos diferentes a los habituales. También han editado una pequeña guía de la exposición con una breve introducción a cada sala y que recoge la ficha de cada una de las obras a las que asignan un número. Este mismo número es el que, lógicamente, sitúan al lado de cada obra expuesta. Si el curioso viajero no quiere llevarse a su casa esta miniguía, el Prado ha habilitado una urna para depositarla allí para sureutilización.

Nuestro recorrido

El tránsito de la Virgen. Hacia 1462. Andrea Mantegna. Técnica mixta, tabla, 54,5 x 42 cm.

El tránsito de la Virgen. Hacia 1462. Andrea Mantegna. Técnica mixta, tabla, 54,5 x 42 cm.

Revista Atticus invita a que cada uno descubra su obra. Nosotros, desde aquí, y después de nuestra visita proponemos una serie de ellas que nos han gustado por alguna razón subjetiva o por mera cuestión artística.

Palas Atenea, una copia de época romana del siglo II d. C., en mármol, reducida del original de Fidias (de 12 metros de altura) nos recibe. Aquella presidía Atenas desde el interior del Partenón como diosa guerrera y patrona de la ciudad. En esta ocasión, la copia la hicieron sin sus atributos guerreros, siendo vista como diosa de la Sabiduría y de las Artes. Es bajo esta advocación como preside el resto de las salas. A través de varios ventanucos abiertos en los muros de la sala podemos observar alguna de las obras que nos esperan en nuestra visita.

En la sala 2 podemos disfrutar de la contemplación de una de las grandes obras maestras del Museo del Prado La anunciación de Fra Angelico. No se trata de una obra de pequeño formato pero el museo quiere que nos centremos en unos pequeños cuadros que suelen pasar desapercibidos y que pertenecen a lo que se denomina la predela (o banco) del retablo que acoge la magnífica tabla del siglo XV. Lo sitúan a la altura de nuestros ojos para que podamos contemplarlos.

El tránsito de la Virgen es un ejemplo de esos cuadros de pequeño formato pero de exquisita ejecución. Es obra de una de los grandes artistas del Quattrocento, Andrea Mantegna. La escena recoge el último momento de la vida de la Virgen María. En el centro de la composición la figura de San Pedro oficia con un misal rodeado de los otros apóstoles. La composición está perfectamente resuelta con un hábil juego de líneas horizontales (ventana y lecho de la Virgen) con verticales (apóstoles y pilastras) subrayado por el suelo ajedrezado. El paisaje que podemos contemplar por la ventana es una de las primeras vistas topográficas en la pintura italiana con un lago y un puente en los alrededores de Mantua.

Sala 3. Solamente esta sala ya merece una visita y desplazarnos allá donde estuviera aunque solo fuera alguna de las piezas que aquí se exhiben.

Autorretrato de Alberto Durero. Clásica y conocida pintura. Representado como un gentilhombre en tonos claros luciendo sus mejores galas. Lleva un jubón abierto en blanco y negro y tocado con una gorra con borla de listas en los mismos tonos. La camisa tiene una cenefa bordad en oro y cordón de seda con cabos azules y blancos que sujeta una capa parda colocada sobre el hombro izquierdo. El pelo le cae sobre los hombros en largos tirabuzones. El pintor lleva sus manos cubiertas con unos guantes que denotan un alto status. A su izquierda, una ventana nos permite ver, ligeramente, un paisaje. Durero propone un interesante juego de líneas verticales y horizontales.

Mesa de los pecados capitales. Con gran acierto esta pieza se incluye en la exposición. Tan solo se ha tenido que desplazar un centenar de metros. Pero la han rodeado de un pequeño murete que actúa a modo de barandilla permitiéndonos apoyar nuestras manos para descansar nuestro cuerpo y acercar la vista a esos pequeños detalles que en anteriores visitas pudieron pasar desapercibidos. Gran acierto y gran tabla de un magnífico El Bosco. Cinco círculos sobre un cuadrado negro. En los ángulos de las esquinas, de menores dimensiones que el central, recogen escenas de las postrimerías de la vida: Muerte, Juicio, Infierno y Gloria. Dos filacterias con inscripciones en latín, extraídas del Deuteronomio advierten de las consecuencias del pecado. La primera (32: 28-29) dice: «Porque son un pueblo que no tiene ninguna comprensión ni visión, si fueran inteligentes entenderían esto y se prepararían para su fin». La segunda debajo (32:20) dice: «Apartaré de ellos mi rostro y observaré su fin». El círculo central semeja un ojo en cuya pupila aparece Cristo Varón de Dolores, saliendo de su tumba, y la frase «Cuidado, Cuidado, el Señor está mirando» y los Siete Pecados Capitales en su anillo exterior reproducidos como escenas de género con las costumbres y los vicios de la época. Por si acaso tenemos duda unas inscripciones, en latín, aclaran las escenas: Ira, Soberbia, Lujuria, Pereza, Gula, Avaricia y Envidia.

Detalle Virgen con el Niño, hacia 1565. Luis de Morales. Óleo sobre tabla, 38 x 28 cm.

Detalle Virgen con el Niño, hacia 1565. Luis de Morales. Óleo sobre tabla, 38 x 28 cm.

Sala 5. Una copia romana de Afrodita preside esta sala, pero lo que más destacaría es un pequeño cuadro: Virgen con el Niño de Luis Morales. No es de extrañar que a este artista se le conociera como «el Divino» (aunque en honor de la verdad fuera más por sus temas bíblicos que por la maestría en la ejecución). La Virgen sostiene con su mano derecha la cabeza de su Hijo, mientras que el pequeño introduce su manita en el seno de su Madre. Una estampa mariana llena de delicadeza que constituye una de las creaciones más emblemáticas de este pintor de estilo manierista. Destacan la dulce mirada de la Virgen, así como las delicadas facciones del rostro; y el tratamiento en la gasa de la que tira el pequeño, de sutil trazo.

Sala 8. Una serie de bodegones y floreros se despliega en esta sala que evidencian el concepto de vanitas que subyace en el arte del siglo XVII: el paso del tiempo, la vanidad de la belleza y de las cosas y la presencia de la muerte.

Un filósofo. De aspecto melancólico y un tanto apesadumbrado llama poderosamente la atención por la calidad en el tratamiento pictórico del jubón negro que lleva el anciano y que refleja, de forma magistral, la luz. Completa la escena los libros apilados en la mesa. En uno de ellos parece que el filósofo vierte sus últimas disquisiciones. Se cree que se trata de un rabino (por la barba y el gorro). Esta obra nos puede recordar a Rembrandt.

Agnus Dei. Un corderito es el único motivo que se encuentra sobre una mesa destacando sobre el fondo oscuro. Tumbado y con las patas ligadas con un cordel en una actitud inequívocamente sacrificial. Gran habilidad a la hora de reproducir las diferentes texturas con una luz muy natural y calculada. Alude al sacrifico de Cristo que muere por salvar a la humanidad, por lo que trasciende de la imagen realista adquiriendo un gran valor simbólico. Es por lo que participa del bodegón (naturaleza muerta) y de la pintura religiosa.

Sala 9. Podemos ver cuadros del siglo XVII con temas de la naturaleza y acontecimientos mitológicos o religiosos.

El alma cristiana acepta su cruz. Una de las cosas más sorprendentes de este cuadro es su modernidad. Hay que mirar la ficha para ver que se trata de un anónimo francés realizado en el siglo XVII. Cristo carga con la Cruz y detrás de él camina (o lo intenta) soportando otra cruz una joven con el torso desnudo. Eso ya produce sorpresa. Pero lo que más llama la atención es el ambiente surrealista. El espacio está lleno de cruces de forma angustiosa: en el suelo, al fondo, por todos los lados. Hay un interesante juego de luz y penumbra que hace resaltar unas más que otras. Es un estudio de la perspectiva, de la luz y del color y sin embargo está llena de austeridad (basta ver la túnica de Cristo). Enigmática belleza.

Sala 10. Desde la Antigüedad hay un gusto por representar la vida que pasa ante el artista. Los cuadros de gabinete adquieren gran importancia. A través de ellos el espectador que acudía a las casas de los grandes coleccionistas podía descubrir otros mundos, otra forma de vida.

El viejo y la criada. Este es uno de esos cuadros que resultan «deliciosos» al contemplarlos detenidamente. Podemos evocar una historieta, y casi seguro que no nos equivocamos mucho, al ver como el viejo le susurra al oído algún lujurioso deseo a la joven. Todo el detallismo que rezuma la obra se concentra en ese caldero de cobre, situado a nuestra izquierda, cuyo interior brilla con luz propia. La luz penetra por la izquierda destacando a la pareja sobre un fondo en penumbra.

Sala 15. Nos detenemos en esta sala para contemplar un par de bodegones, obras de Tiépolo y Vicente López Portaña.

Bodegón de frutas y florero de cristal. Un bodegón que mezcla frutas en un recipiente de mimbre, otras sobre la mesa y en un segundo plano un delicado florero de cristal con un rama de frutos rojos y una flores de jazmín. A la derecha, completa la escena, un plato con ciruelas. Todo ello dispuesto de forma escalonada. El cuadro posee ciertos rasgos diferenciadores y que le dan un atractivo especial. Uno de ellos es el fondo en un tono azul no habitual. La textura aporcelanada también es novedosa.

Los tres viajeros aéreos favoritos, hacia 1785. John-Francis Rigaud. Óleo sobre lámina de cobre 36 x 31 cm.

Los tres viajeros aéreos favoritos, hacia 1785. John-Francis Rigaud. Óleo sobre lámina de cobre 36 x 31 cm.

Los tres viajeros aéreos favoritos. Una curiosa obra que más parece una postal de la época. La moda de ir en globo estaba en pleno auge. Parece ser que narra un episodio histórico: el segundo vuelo de Lunardi en globo en Inglaterra ante el mismísimo príncipe de Gales. Rigaud pintó este cuadro como modelo para posteriormente hacer un grabado y así sacar un dinero a tanta expectación por estas nuevas aventuras.

Sala 16.Destaca en el centro de la sala la imponente maqueta de Villanueva que presentó al rey en 1787 del Gabinete de Ciencias Naturales que constituyó el embrión del Museo del Prado. Nos proponen otro pequeño juego. En este caso se trata de mirar por una pequeña mira que nos situaría en el Prado de antaño viendo una de las primeras obras que albergó. Además se exhiben, bajo la luz de la claraboya, símbolo del Siglo de las Luces, bocetos, cuadros de gabinete y pequeños retratos. Podemos contemplar una buena colección de «goyas».

La pradera de San Isidro. Espectacular cuadro que a pesar de sus reducidas dimensiones, y de ser un boceto preparatorio para un conjunto de cartones, no pierde su grandeza. Recrea la zona de esparcimiento en las afueras de Madrid, entre la ermita de San Isidro y el río Manzanares, con vistas de la ciudad al fondo. La muchedumbre aparece representada durante la festividad del patrono de Madrid, el día de la romería. La muerte de Carlos III arruinó el proyecto. Iba a ser un cuadro de más de siete metros. Una obra maravillosa que a pesar de sus reducidas dimensiones provoca una sensación de gran espacio. Predomina una gama de colores blancos, rosados, siendo en la zona intermedia tonos oscuros, lo que centra nuestra mirada en la profundidad, dejando a los personajes del primer plano enmarcados.  Ese fondo, la ciudad, es retratada de forma minuciosa y realista. Podemos identificar cada una de los detalles arquitectónicos. El conjunto muestra una de las características de Goya y que es esa pincelada impresionista que le confiere al autor una personalidad propia, considerándolo como un gran artista «moderno».

Sala 17. Llegamos a la última sala. Tras un viaje placentero, nos encontramos con un buen puñado de pequeñas joyas que constituyen el mejor colofón posible para esta exposición. Si bien alguna de ellas es bastante conocida no por eso le resta ni un ápice de interés. Se trata de pinturas del siglo XIX de pequeño formato. Seguidores de Goya (como Alenza o Lucas) o el preciosismo de Jiménez Aranda o Pradilla. Estamos en el siglo de la burguesía por excelencia. Así no es de extrañar encontrarnos con estancias acogedoras y de damas voluptuosas llenas de refinamiento y elegancia (Madrazo). También nos encontramos con alguna obra de Fortuny de gran relevancia.

La reina doña Juana «la Loca», recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina. Tras este rimbombante título se encuentra una obra excelsa. Cuadro de gabinete pintado en plena madurez por Pradilla. Recoge un episodio bien conocido en la Historia de España. El pintor sintió debilidad por los avatares de la reina doña Juana de Castilla (conocida como Juana «la Loca»). La reina aparece en el interior de una estancia de su lugar de encierro en Tordesillas. Sentada junto a un ventanal, con la mirada perdida, extasiada en su pensamiento, en su anhelo de permanecer junto al cuerpo de su difunto esposo. A su lado, en su regazo, está una desatendida Infanta Catalina. Al fondo, a la derecha, situadas delante de una chimenea permanecen, a modo de guardianes, una dama de corte, ricamente vestida, y una criada con indumentaria más modesta. Detrás de la reina, al fondo de la estancia, a la izquierda, se puede observar una puerta abierta que nos permite contemplar el féretro que contiene los restos mortales de Felipe el Hermoso. El cuadro rezuma una intensidad romántica y una gran carga melodramática. Hay una gran acumulación de elementos accesorios, decorativos, pintados con gran minuciosidad y lujo de detalles. Basta con detenerlos en la ventana y todos los cachivaches que se encuentran en el alfeizar. Están cuidados hasta el más mínimo detalle respetando la historia que, por su formación, debía de conocer el artista sobre los Reyes Católicos. Así lo podemos ver en el rico mobiliario que lo conjuga con otros detalles arquitectónicos como es el arco conopial de la chimenea. Magnífica pintura.

Detalle La reina doña Juana «la Loca», recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina, 1096. Óleo sobre lienzo 85 x 146 cm. Francisco Pradilla y Ortiz

Detalle La reina doña Juana «la Loca», recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina, 1096. Óleo sobre lienzo 85 x 146 cm. Francisco Pradilla y Ortiz

Y con esta obra damos por finalizado nuestro recorrido por la exposición La belleza encerrada. Al iniciar el recorrido no tenía mucha idea de que es lo que me iba a encontrar en las salas dedicadas a las exposiciones temporales en el Museo del Prado. Así que la sorpresa ha sido mayúscula al disfrutar de una colección de obras de arte, de pequeño tamaño, variada y extensa. La belleza encerrada de estas joyas lo es porque no suelen estar a la vista y si lo están suelen pasar desapercibidas al ser ocultadas por el brillo de sus hermanas mayores con las que algunas de ellas conviven. Hemos reseñado cerca de 45 de las 281 que componen la exposición. ¡Descubran sus propias obras! La crisis ha posibilitado que la dirección del museo mire para sus almacenes y tire de «su fondo de armario» y seguro que con muchos menos recursos económicos haya podido lavar la cara a muchas de estas obras y presentarlas en un montaje atrevido, novedoso y atractivo. Una exposición muy cuidada con detalles e iniciativas como el disponer de una urna a la salida de nuestra visita para si quieres depositar allí nuestra pequeña miniguía que tal vez no tenga más vida en nuestras casas.

A la exposición le acompañan una serie de eventos habituales para los que recomiendo la visita a la web. Se ha editado un catálogo de reducido tamaño que servirá a modo de pequeña guía casi de bolsillo, pero con todo lujo de detalles en las imágenes y acompañado por una serie de textos de los principales conservadores del Museo del Prado. A buen seguro nos servirá para rememorar la muestra. Junto a él se vende por separado un excelente CD que contiene una serie de temas de música clásica. La justificación de la elección de estos temas no está muy clara. Es un buen producto de merchandising con obras conocidas de Vivaldi, Bach o Mozart. Pero esos temas me han acompañado de manera gloriosa en la realización de este trabajo. Ya lo saben, durante ese verano tienen una cita en el Museo del Prado.

Un vídeo de la muestra:

Nota de la redacción. Este texto e imágenes es un extracto del artículo que incluimos íntegro en nuestro especial exposiciones Madrid Julio 2013 que en breve pondremos a vuestra disposición en esta web.

Luisjo Cuadrado

 

 

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