Exposición Pissarro en el Museo Thyssen Bornemisza

La paleta del artista con paisaje, c.1876. Óleo sobre tabla, 24,1 x 34,6 cm. Sterling and Francine Clark Art Institute, Williamstown, Massachusetts.

La paleta del artista con paisaje, c.1876. Óleo
sobre tabla, 24,1 x 34,6 cm. Sterling and
Francine Clark Art Institute, Williamstown,
Massachusetts.

Pissarro expone en el Thyssen. Ese hubiera sido un magnífico titular hace 140 años, pero solo hipotético por imposible de realizar. Por un lado porque a pesar de contar con algo más de cuarenta años, Camille Pissarro (Santo Tomás, Antillas, 1830 -París, 1903), allá por 1874, apenas era un pintor reconocido. El 15 de abril de 1874 celebró la primera exposición con los impresionistas en la que expuso, ese año, cinco obras. No solo fue un participante asiduo (el único que se presentó en las ocho que se celebraron desde 1874 a 1886) sino que fundó, con otros artistas, la asociación Société Anonyme Coopérative des Artistes, Peintres, Sculpteurs, Graveurs, etc. Pissarro tenía cierto caché, cierto prestigio. Venía avalado por la aceptación de varias obras para el Salón de París por un exigente jurado. En 1859 aceptaron una de sus obras. Años después volvieron a aceptar otra de ellas, en 1866, que recibió muy buena crítica de Emile Zola. Posteriormente el rechazo sistemático de las obras para este Salón hizo que los pintores se asociaran para crear su propio Salón de los Rechazados y de ahí a las exposiciones impresionistas. Otra de las razones de la imposibilidad de nuestro hipotético titular es que el Barón Thyssen, Hans Heinrich, en 1874 no había nacido (eso no quiere decir que la ingente colección de obras de arte –muchas de las cuales se pueden contemplar en la sede del museo madrileño- no estuviera ya en manos de sus antepasados). ¿Quién le iba a decir a Camille Pissarro que seis de sus cuadros (dos del museo y cuatro de la Colección Carmen Thyssen Bornemisza) acabarían en las paredes de uno de los mayores coleccionistas de arte cuya familia labró su fortuna con el acero y la industria armamentística? Esas mismas armas que asomaron por Paris en 1870 (por el conflicto francoprusiano) y que obligaron a Pissarro a exiliarse, momentáneamente, en Londres. 

Lo cierto es que tras esos casi 140 años del inicial certamen de los impresionistas en París, el Museo Thyssen-Bornemisza celebra la primera exposición monográfica retrospectiva sobre Pissarro que se realiza en nuestro país. El Thyssen apuesta por una de las principales figuras del movimiento impresionista, y lo hace así a secas, Pissarro, por el hombre, por el maestro, por el amigo y casi por el padre de algunos de los integrantes de este movimiento finisecular del siglo XIX. El impresionismo se está convirtiendo en una cita anual en esta conocida sala del museo, en su sede madrileña. En ella podemos disfrutar de la contemplación de los ochenta cuadros que componen esta muestra. Al inicio del recorrido se encuentra la paleta del pintor en donde el artista pintó una escena campestre. La exposición se articula en orden cronológico estableciendo la división en los distintos lugares donde transcurrió la vida de Pissarro: Louveciennes, Pontoise, Éragny, París Londres, Ruán, Dieppe y Le Havre. Está comisariada por Guillermo Solana.

El artista

Paisaje de Varengeville, c. 1899 (Landscape at Varengeville) Óleo sobre lienzo. 64,8 x 54 cm Colección Pérez Simón, México

Paisaje de Varengeville, c. 1899
(Landscape at Varengeville)
Óleo sobre lienzo. 64,8 x 54 cm
Colección Pérez Simón, México

Pissarro estaba considerado como el decano. El título que le venía impuesto por ser el mayor de todos los amigos impresionistas, pero también por ejercer como «maestro de pintores». Dos de estos discípulos, pioneros de la modernidad, fueron Cézanne y Gauguin quienes también se convirtieron en grandes amigos que se retroalimentaban en sus enseñanzas (al igual que lo fue otra de las grandes figuras del movimiento: Monet). En su afán de aprendizaje constante Pissarro abrazará a otros dos jóvenes a partir de 1886. Se trata de Seurat y Signac que le van a introducir en el puntillismo (o divisionismo). Durante cerca de cuatro años estuvo experimentando con esta técnica para posteriormente volver al impresionismo. Un problema ocular le retirará de la vida campestre, de su pintura al aire libre y es ahora cuando inicia esas grandes series de vistas de las ciudades (y los puertos) que son tan conocidas y amadas por el gran público.

 

El campo

«Si hubiera que elegir un solo tema visual que resumiera toda la obra de Pissarro, ese tema sería el camino: una calle saliendo de un pueblo, una carretera a través de los campos, un sendero que se pierde en el bosque. A veces el camino coincide con las líneas de fuga; otras veces sigue la curva que bordea un huerto o rodea una colina, motivos que multiplican las posibilidades pictóricas».

Guillermo Solana. Pissarro y el camino.

Uno de los preceptos impresionistas es su pintura «plen air» (al aire libre) y desde sus comienzos la crítica consideró a Pissarro como un excelente paisajista rural. De él dijo uno de esos críticos Théodore Duret: « Sigo pensando que la naturaleza agraria, rústica, con animales, es lo que corresponde mejor a su talento. Usted no tiene el sentimiento decorativo de Sisley, ni el ojo fantástico de Monet; pero tiene lo que ellos no tienen, un sentimiento íntimo y profundo de la naturaleza, y un poder de pincel que hace que un buen cuadro de usted sea algo absolutamente sólido. Si tuviera un consejo que darle, le diría: no piense en Monet ni en Sisley, no se preocupe de lo que ellos hacen, marche por su lado, siga su camino de la naturaleza rústica. Llegará usted, en una vena nueva, tan lejos y tan alto como cualquier otro maestro». A Pissarro le gusta reflejar los campos arados, los huertos y a los campesinos en plena faena o camino a ella. Sus primeros paisajes mostraban una visión poética de la naturaleza y se caracterizan por el uso de la espátula y la aplicación de colores sombríos. Busca los huertos y las colonias cercanas a su vivienda. Son conocidas sus estampas bucólicas como Campo de coles, Pontoise, 1873 o La forrajera, 1884. Y también lo son aquellas estampas en las que aparecen calles de pueblos o modestos caminos que invitan a adentrarnos en ellos como El camino a Marly, 1870. Son motivos que multiplican sus posibilidades pictóricas. Con el paso del tiempo sus composiciones experimentan un cambio fruto su paso por Inglaterra. Pierden ese tono sombrío a favor de los colores más luminosos.

La ciudad

«Las ciudades tienen una fisonomía particular, pasajera, anónima, ajetreada, misteriosa, que debe tentar al pintor… El aire que respiramos se encierra en estos marcos, para darnos la emoción de nuestras calles embarradas, de nuestras lluvias, de nuestras avenidas que van a perderse en una perspectiva de bruma. En esta atmósfera verídica, la confusión de coches y peatones se arremolina, se cruza, se entremezcla, con un prodigioso sentido del movimiento rítmico de las multitudes. Este combate social visible en las idas y venidas inquietas de las calles es captado y resumido por Pissarro en repetidas ocasiones, y una de las bellezas de esta serie de telas es la representación de la agitación fatal de los vivos en medio de estos decorados de un día».

Rue Saint‐Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, 1897 (Rue Saint‐Honoré in the Afternoon, Effect of Rain) Óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm Museo Thyssen‐Bornemisza, Madrid

Rue Saint‐Honoré por la tarde. Efecto
de lluvia, 1897
(Rue Saint‐Honoré in the Afternoon,
Effect of Rain)
Óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm
Museo Thyssen‐Bornemisza, Madrid

Gustave Geffroy. Exposición de Pissarro en 1898 en la Galería Dunrad-Ruel

En el último tramo de su carrera abandona el campo y se recluye en la ciudad. Esto no obedece a un planteamiento teórico sino más bien a una dolencia física en su vista (al igual que sucediera a un buen número de artistas impresionistas). Su producción se vuelve más colorista, luminosa y viva. Sus obras han girado en cuanto a sus temas. Impera las vistas a la ciudad, una ciudad que empieza a ser moderna. París es su gran objetivo. Es el momento de las grandes series en torno al Boulevard Montmartre, la Avenida de la Ópera o la estación Saint Lazare (por poner tan solo tres ejemplos). Incluso se tiene que refugiar en su habitación del Hôtel de Rome para evitar el polvo de las calles parisinas. Desde esa atalaya pinta magistrales vistas de Rue Saint-Lazare, la Place du Havre, y de la estación Saint-Lazare. Posteriormente reservaría habitación en el Grand Hôtel de Russie, en la Rue Drouot desde donde observa la hilera de los bulevares. Esta visión desde arriba, en vez de la acostumbrada a pie de calle, hace que estas estampas tengan un «algo» especial que algunos autores no han dudado en calificar de «vértigo urbano».  Esta circunstancia (la de poder utilizar un caballete en la terraza de su habitación) posibilita esa vuelta al origen de la representación de un mismo espacio a distintas horas, lo que lo pone en relación con las series de Monet.

Un vídeo con algunas notas sobre la exposición:

Más información:

http://www.museothyssen.org/microsites/exposiciones/2013/pissarro/index.html

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

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Fichero archivado: Exposiciones

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