Archivo para junio, 2013

Revista Atticus Tres en formato digital

Revista Atticus Tres en formato digital

Ponemos a vuestra disposición el número Tres de Revista Atticus. Ha sido nuestre tercer ejemplar en su edición impresa. Con más de 200 páginas ha sido todo un lujazo por tan solo 10 euros. A pesar de eso, tal y como está la vida, entendemos que para algunos esa cantidad pueda ser una fortuna. Una de las premisas de Revista Atticus es tratar de poner la cultura al alcance de todos. Pues tan solo unos meses después de su lanzamiento lo ponemos hoy a vuestra disposición. Compartirlo, decírselo al vecino, al amigo, a ese pariente con el que apenas te hablas (esto es una buena oportunidad). En defintiva difunde la cultura. Visita nuestras redes sociales y dale al ME GUSTA. No puede ser que el periódico AS tenga 332.000, El País 247.000 y nosotros apenas lleguemos a los 700. No puede ser. Nos deprimimos con esas cifras. ME GUSTA ¡¡¡¡¡¡

Esperamos que os guste este pedazo de ejemplar. Ya estamos trabajando en el Cuatro, en el RA23 y en un especial sobre las exposiciones veraniegas.

WTRES 2012 Portada Atticus Tres Papel con margen

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Numero TRES

Revista Atticus

Marcador

Exposición Pissarro en el Museo Thyssen Bornemisza

La paleta del artista con paisaje, c.1876. Óleo sobre tabla, 24,1 x 34,6 cm. Sterling and Francine Clark Art Institute, Williamstown, Massachusetts.

La paleta del artista con paisaje, c.1876. Óleo
sobre tabla, 24,1 x 34,6 cm. Sterling and
Francine Clark Art Institute, Williamstown,
Massachusetts.

Pissarro expone en el Thyssen. Ese hubiera sido un magnífico titular hace 140 años, pero solo hipotético por imposible de realizar. Por un lado porque a pesar de contar con algo más de cuarenta años, Camille Pissarro (Santo Tomás, Antillas, 1830 -París, 1903), allá por 1874, apenas era un pintor reconocido. El 15 de abril de 1874 celebró la primera exposición con los impresionistas en la que expuso, ese año, cinco obras. No solo fue un participante asiduo (el único que se presentó en las ocho que se celebraron desde 1874 a 1886) sino que fundó, con otros artistas, la asociación Société Anonyme Coopérative des Artistes, Peintres, Sculpteurs, Graveurs, etc. Pissarro tenía cierto caché, cierto prestigio. Venía avalado por la aceptación de varias obras para el Salón de París por un exigente jurado. En 1859 aceptaron una de sus obras. Años después volvieron a aceptar otra de ellas, en 1866, que recibió muy buena crítica de Emile Zola. Posteriormente el rechazo sistemático de las obras para este Salón hizo que los pintores se asociaran para crear su propio Salón de los Rechazados y de ahí a las exposiciones impresionistas. Otra de las razones de la imposibilidad de nuestro hipotético titular es que el Barón Thyssen, Hans Heinrich, en 1874 no había nacido (eso no quiere decir que la ingente colección de obras de arte –muchas de las cuales se pueden contemplar en la sede del museo madrileño- no estuviera ya en manos de sus antepasados). ¿Quién le iba a decir a Camille Pissarro que seis de sus cuadros (dos del museo y cuatro de la Colección Carmen Thyssen Bornemisza) acabarían en las paredes de uno de los mayores coleccionistas de arte cuya familia labró su fortuna con el acero y la industria armamentística? Esas mismas armas que asomaron por Paris en 1870 (por el conflicto francoprusiano) y que obligaron a Pissarro a exiliarse, momentáneamente, en Londres. 

Lo cierto es que tras esos casi 140 años del inicial certamen de los impresionistas en París, el Museo Thyssen-Bornemisza celebra la primera exposición monográfica retrospectiva sobre Pissarro que se realiza en nuestro país. El Thyssen apuesta por una de las principales figuras del movimiento impresionista, y lo hace así a secas, Pissarro, por el hombre, por el maestro, por el amigo y casi por el padre de algunos de los integrantes de este movimiento finisecular del siglo XIX. El impresionismo se está convirtiendo en una cita anual en esta conocida sala del museo, en su sede madrileña. En ella podemos disfrutar de la contemplación de los ochenta cuadros que componen esta muestra. Al inicio del recorrido se encuentra la paleta del pintor en donde el artista pintó una escena campestre. La exposición se articula en orden cronológico estableciendo la división en los distintos lugares donde transcurrió la vida de Pissarro: Louveciennes, Pontoise, Éragny, París Londres, Ruán, Dieppe y Le Havre. Está comisariada por Guillermo Solana.

El artista

Paisaje de Varengeville, c. 1899 (Landscape at Varengeville) Óleo sobre lienzo. 64,8 x 54 cm Colección Pérez Simón, México

Paisaje de Varengeville, c. 1899
(Landscape at Varengeville)
Óleo sobre lienzo. 64,8 x 54 cm
Colección Pérez Simón, México

Pissarro estaba considerado como el decano. El título que le venía impuesto por ser el mayor de todos los amigos impresionistas, pero también por ejercer como «maestro de pintores». Dos de estos discípulos, pioneros de la modernidad, fueron Cézanne y Gauguin quienes también se convirtieron en grandes amigos que se retroalimentaban en sus enseñanzas (al igual que lo fue otra de las grandes figuras del movimiento: Monet). En su afán de aprendizaje constante Pissarro abrazará a otros dos jóvenes a partir de 1886. Se trata de Seurat y Signac que le van a introducir en el puntillismo (o divisionismo). Durante cerca de cuatro años estuvo experimentando con esta técnica para posteriormente volver al impresionismo. Un problema ocular le retirará de la vida campestre, de su pintura al aire libre y es ahora cuando inicia esas grandes series de vistas de las ciudades (y los puertos) que son tan conocidas y amadas por el gran público.

 

El campo

«Si hubiera que elegir un solo tema visual que resumiera toda la obra de Pissarro, ese tema sería el camino: una calle saliendo de un pueblo, una carretera a través de los campos, un sendero que se pierde en el bosque. A veces el camino coincide con las líneas de fuga; otras veces sigue la curva que bordea un huerto o rodea una colina, motivos que multiplican las posibilidades pictóricas».

Guillermo Solana. Pissarro y el camino.

Uno de los preceptos impresionistas es su pintura «plen air» (al aire libre) y desde sus comienzos la crítica consideró a Pissarro como un excelente paisajista rural. De él dijo uno de esos críticos Théodore Duret: « Sigo pensando que la naturaleza agraria, rústica, con animales, es lo que corresponde mejor a su talento. Usted no tiene el sentimiento decorativo de Sisley, ni el ojo fantástico de Monet; pero tiene lo que ellos no tienen, un sentimiento íntimo y profundo de la naturaleza, y un poder de pincel que hace que un buen cuadro de usted sea algo absolutamente sólido. Si tuviera un consejo que darle, le diría: no piense en Monet ni en Sisley, no se preocupe de lo que ellos hacen, marche por su lado, siga su camino de la naturaleza rústica. Llegará usted, en una vena nueva, tan lejos y tan alto como cualquier otro maestro». A Pissarro le gusta reflejar los campos arados, los huertos y a los campesinos en plena faena o camino a ella. Sus primeros paisajes mostraban una visión poética de la naturaleza y se caracterizan por el uso de la espátula y la aplicación de colores sombríos. Busca los huertos y las colonias cercanas a su vivienda. Son conocidas sus estampas bucólicas como Campo de coles, Pontoise, 1873 o La forrajera, 1884. Y también lo son aquellas estampas en las que aparecen calles de pueblos o modestos caminos que invitan a adentrarnos en ellos como El camino a Marly, 1870. Son motivos que multiplican sus posibilidades pictóricas. Con el paso del tiempo sus composiciones experimentan un cambio fruto su paso por Inglaterra. Pierden ese tono sombrío a favor de los colores más luminosos.

La ciudad

«Las ciudades tienen una fisonomía particular, pasajera, anónima, ajetreada, misteriosa, que debe tentar al pintor… El aire que respiramos se encierra en estos marcos, para darnos la emoción de nuestras calles embarradas, de nuestras lluvias, de nuestras avenidas que van a perderse en una perspectiva de bruma. En esta atmósfera verídica, la confusión de coches y peatones se arremolina, se cruza, se entremezcla, con un prodigioso sentido del movimiento rítmico de las multitudes. Este combate social visible en las idas y venidas inquietas de las calles es captado y resumido por Pissarro en repetidas ocasiones, y una de las bellezas de esta serie de telas es la representación de la agitación fatal de los vivos en medio de estos decorados de un día».

Rue Saint‐Honoré por la tarde. Efecto de lluvia, 1897 (Rue Saint‐Honoré in the Afternoon, Effect of Rain) Óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm Museo Thyssen‐Bornemisza, Madrid

Rue Saint‐Honoré por la tarde. Efecto
de lluvia, 1897
(Rue Saint‐Honoré in the Afternoon,
Effect of Rain)
Óleo sobre lienzo. 81 x 65 cm
Museo Thyssen‐Bornemisza, Madrid

Gustave Geffroy. Exposición de Pissarro en 1898 en la Galería Dunrad-Ruel

En el último tramo de su carrera abandona el campo y se recluye en la ciudad. Esto no obedece a un planteamiento teórico sino más bien a una dolencia física en su vista (al igual que sucediera a un buen número de artistas impresionistas). Su producción se vuelve más colorista, luminosa y viva. Sus obras han girado en cuanto a sus temas. Impera las vistas a la ciudad, una ciudad que empieza a ser moderna. París es su gran objetivo. Es el momento de las grandes series en torno al Boulevard Montmartre, la Avenida de la Ópera o la estación Saint Lazare (por poner tan solo tres ejemplos). Incluso se tiene que refugiar en su habitación del Hôtel de Rome para evitar el polvo de las calles parisinas. Desde esa atalaya pinta magistrales vistas de Rue Saint-Lazare, la Place du Havre, y de la estación Saint-Lazare. Posteriormente reservaría habitación en el Grand Hôtel de Russie, en la Rue Drouot desde donde observa la hilera de los bulevares. Esta visión desde arriba, en vez de la acostumbrada a pie de calle, hace que estas estampas tengan un «algo» especial que algunos autores no han dudado en calificar de «vértigo urbano».  Esta circunstancia (la de poder utilizar un caballete en la terraza de su habitación) posibilita esa vuelta al origen de la representación de un mismo espacio a distintas horas, lo que lo pone en relación con las series de Monet.

Un vídeo con algunas notas sobre la exposición:

Más información:

http://www.museothyssen.org/microsites/exposiciones/2013/pissarro/index.html

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Exposición Fundación Mapfre: Giacometti. Terrenos de juego.

 

Iz. Pablo Jiménez Burillo, centro, Alberto Manzano y dr Annabelle Görgen-Lammers

Iz. Pablo Jiménez Burillo, centro, Alberto Manzano y dr Annabelle Görgen-Lammers

La Fundación Mapfre, en su sede madrileña del Paseo del Prado, presenta la exposición «Giacometti. Terrenos de juego» entorno a la figura del escultor suizo Alberto Giacometti (1901 – 1966).

Una muestra que abarca la faceta inicial del artista suizo con sus primeros trabajos surrealistas (la menos conocida), para finalizar con las grandes obras icónicas del siglo XX: Hombre que camina y Mujer grande que fueron concebidas para la Plaza del Chase Manhattan Bank de Nueva York.

Imagen de El hombre que camina en el billete de 100 francos suizos.

Imagen de El hombre que camina en el billete de 100 francos suizos.

Giacometti. Terrenos de juego fue presentada el pasado 11 de junio por Alberto Manzano, presidente de la Fundación Mapfre, Pablo Jiménez Burillo, director general del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, y por Annabelle Görgen-Lammers, comisaria de la exposición. La muestra está coproducida por La Fundación Mapfre y Hamburguer Kunsthalle de Hamburgo y se encuentra repartida por las dos plantas de la sede madrileña. Consta de 190 piezas (esculturas, pinturas del propio artista, dibujos, grabados y fotografías) que han sido cedidas por más de una treintena de instituciones tanto públicas como privadas, entre las que podemos destacar la Kunsthaus Zürich, la National Gallery de Washington, el MoMA de Nueva York, la Tate de Londres o el Centre Georges Pompidou.

Manzano destacó que esta exposición es novedosa en cuanto a que se revisa la trayectoria del artista desde la perspectiva de las relaciones espaciales y emocionales proponiendo un planteamiento del arte como un espacio de juego. Pablo Jiménez ahondó en la importancia de esa novedad y que es la que ha posibilitado la concurrencia en la muestra de una serie de piezas que no se suelen ver. La muestra está estructurada en dos espacios. La planta baja desarrolla las ideas de Giacometti desde que concibe la obra, entendiendo la escultura como espacio que se pone en relación con distintos objetos y personas. En la planta alta se muestra la producción más conocida. Un apartado especial lo tiene el estudio/taller que Giacometti lo veía como un personaje más, y a él mismo como un objeto dentro de las obras de su estudio. La muestra ha sido muy complicada de organizar. Ha supuesto un enorme esfuerzo por los numerosos y variados prestamistas. Görgen-Lammers destaca la importancia de esta exposición al ser una oportunidad única para ver piezas que no se han visto antes y bajo la nueva perspectiva del terreno de juego de Giacometti. Se exhibió anteriormente en Hamburgo y fue vista por más de cien mil personas. Giacometti ha sido el creador de una de las esculturas más icónicas del siglo XX. Esas figuras larguiruchas que culminan con El hombre que camina (que es el objeto central del billete de 100 francos suizos) no serían lo mismo si no fuera por el contexto. En contraposición a ella se presenta también en Madrid Mujer de pie, una estilizada figura de cerca de tres metros y apenas unos centímetros de espesor. Ambas constituyen el punto final de Giacometti. Terrenos de juego, un proyecto que fue ideado para la Plaza del Chase Manhattan Bank de Nueva York y que al final no se ejecutó.

 

Recorrido

Giacometti. Terrenos de juego está dividida en dos plantas (como suele ser habitual en esta magnífica sede madrileña). En la planta baja se encuentra los inicios del joven Giacometti con trabajos de fuerte inspiración de África y Oceanía con un lenguaje cercano al cubismo. Son pequeñas piezas, tableros, dibujos que son la base de su producción futura. Sobre esos conceptos desarrollará el cuerpo de su obra. Somete a sus esculturas un proceso de simplificación. Destacan: Figura coja andando, 1931-1932; Se acabó el juego, 1931-1932 donde el artista empieza a introducir en sus trabajos la figura humana a pequeña escala concibiendo, por lo tanto, como si ese tablero fuese una plaza pública.

Vista de Stampa de Giacometti.

Vista de Stampa de Giacometti.

En la planta superior nos encontramos con la producción Giacometti más reconocida. Muchos caminantes, muchos bocetos, muchas figuras estilizadas, alargadas, larguiruchas (en palabras del propio autor) que le llevarán (y a nosotros también) hasta su proyecto de la Plaza del Chase Manhattan Bank en Nueva York. Podemos observar como Giacometti fue un gran pintor. Alguna de sus obras tiene un cierto aire impresionista. Destacan: Vista de Stampa de 1921 o Naturaleza muerta, 1954 y Interior, 1949.

Giacometti disponía de un pequeño taller de no más de 18 metros cuadrados situado en un complejo de barracas cerca de Montparnasse: «no era más que un agujero. Pero cuanto más tiempo permanecía en él, más grande se volvía». Era su espacio tanto físico como mental. Ese fue su verdadero terreno de juego: un espacio de interacción del arte y la vida.

Las huellas de la II Guerra Mundial se notarán en su producción a partir de 1945. Quería que las estatuas menguaran de tamaño sin parar. El propio artista manifiesta: «podía mantener la altura, pero iban adelgazando, adelgazando… se volvían flacas y larguiruchas».

Antes de llegar a ese gran proyecto final podemos disfrutar de la producción de ese taller con atractivos cuadros, con muchas fotos y bocetos, admirando el proceso de creación del artista suizo y algunos bustos escultóricos. Las fotografías constituyen uno de los puntos fuertes de la exposición. Tienen un gran valor documental y si a esto le añadimos que vienen de la mano de primeros espadas como son: Man Ray, Robert Doisneau, Dora Maar o Henri Cartier-Bresson; constituyen un valor artístico añadido. Giacometti no pintó retratos en el sentido clásico. Sus modelos se sitúan frente a él y se convierten en el motivo para el estudio de su percepción. «Cuánto más tiempo miraba un rostro familiar, más ajeno me resultaba». En medio de esta sala podemos contemplar Busto de hombre, 1961 y ver como se cumple uno de sus principales axiomas: la mirada del modelo es el elemento que dota de vitalidad a la cabeza. 

Muy cerca de este busto está Mujer grande II, 1960. Es un ejemplo de las representaciones que hace de sus mujeres erguidas, hieráticas y ensimismadas que hacen equilibrio para poder sostenerse en pie. Es un estudio de la verticalidad del cuerpo. Giacometti utiliza como modelos a su hermano Diego y a su mujer Annette.

Y por fin llegamos a la última sala,  a su último gran proyecto. Se trataba de diseñar la explanada que se encontraba delante de la sucursal del Chase Manhattan Bank de Nueva York. Era su gran oportunidad de llevar a cabo lo que llevaba soñando en los últimos treinta años: crear una gran plaza en un espacio público. Juega y desarrolla el concepto con tres figuras: El hombre que camina, Cabeza grande, y la Mujer grande de pie. Lo hace a escala reducida sobre una maqueta suministrada por su cliente. En 1960 realiza los primeros vaciados de algunas figuras en bronce, pero al final desiste de su proyecto argumentando que las figuras no forman una composición agrupada. A pesar de ello, continúa en su empeño por establecer una relación entre la plaza, como espacio público y sus figuras. Constantemente las varía de posición sin encontrar un resultado satisfactorio. El hombre que camina quiere representar la esencia de la vida que continúa. En contraposición Mujer grande de pie es la imagen de culto. Para Giacometti el verdadero desafío era poder establecer una relación de esculturas entre sí dentro de ese espacio público concebido como un tablero de juego. Un concepto al que llegó en 1930 y que intentó desarrollar hasta su muerte en 1966.

En primer término El hombre que camina

En primer término El hombre que camina

Catálogo

Como viene siendo habitual en la Fundación Mapfre la muestra sirve para editar un catálogo científico que recoge diversos estudios y los ensayos de la propia comisara Annabelle Görgen-Lammers. La publicación se completa con la reproducción de todas las obras de la exposición.

También han desarrollado un website de la exposición:

http://www.exposicionesmapfrearte.com/giacometti/es/

Un vídeo de la exposición:

Hasta el 4 de agosto en la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre de Madrid.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

El humor de Morgan en Revista Atticus

El humor de Morgan en Revista Atticus

En Revista Atticus un día más estamos de enhorabuena. En esta ocasión tenemos el gusto de anunciaros que J. Morgan se une a la gran comunidad de amigos Atticus que está repartida por todo el mundo. Cómo ya sucediera con Andrés Faro y con Alfredo Martirena (por poner solo algún ejemplo en cuanto al humor gráfico), J. Morgan nos da su visto bueno para reproducir sus viñetas. Desde este mismo momento así lo hacemos. Queremos agradecerle de forma pública su apoyo a nuestro proyecto y su alto grado de compromiso con Atticus. Esperamos que os guste (aunque sabemos que sois muchos los que seguís a este gran dibujante/humorista). Os dejamos dos viñetas.

W02-11-12 Atticus 12062013

W16-01-13 Atticus 12062013

 

 

J. Morgam

www.humordemorgan.com

Revista Atticus

La viñeta de Alfredo Martirena

La viñeta de Alfredo Martirena

W 10062013 shopping

 

Alfredo Martirena

Revista Atticus

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