Archivo para mayo, 2013

Revista Atticus 22 junio 2013

Revista Atticus 22 junio 2013

Ya tenemos disponible nuestro √ļltimo ejemplar digital. Se trata del n√ļmero 22 (¬°c√≥mo pasa el tiempo!) que corresponde a junio 2013.

Os dejamos el enlace para su descarga en su formato original. Son m√°s de 18 megas. Como veis no ponemos ninguna restricci√≥n a difundir nuestro trabajo, a difundir el arte. Nos encantar√≠a que lo distribuyerais tal cual sin alteraci√≥n, citando nuestra fuentey compartirlo en las redes sociales (solo tienes que copiar y pegar en tu p√°gina el enlace). Si os gusta nos veremos recompensados con que entr√©is en nuestro Facebook y puls√©is al ¬ęme gusta¬Ľ. A nadie se le escapa que esto sirve para a la hora de ir a pedir recursos, para sacar el n√ļmero impreso, a nuestros anunciantes les gusta ver ah√≠ n√ļmeros de cuatro y cinco cifras (seis debe de ser la leche).

Quiero agradecer p√ļblicamente a todos los que participan en este proyecto. Sin ellos no somos nada. Y sin vosotros queridos lectores no tiene sentido Revista Atticus.

En breve, en apenas diez d√≠as colgaremos el n√ļmero TRES en su formato digital. Como editor estoy algo compungido. Ya no tenemos ejemplares para su venta de este n√ļmero. Ni tampoco del UNO. Solo nos quedan apenas cuarenta ejemplares del DOS. Pero claro, por otro lado, me doy cuenta de la gran suerte que tenemos de haber vendido todo lo editado. No puedo por menos de acordarme hoy de la desaparici√≥n de una revista emblem√°tica no solo para m√≠, sino para los amantes de los viajes. Se trata de Alta√Įr. Es una l√°stima. La crisis no se puede llevar por delante todo.

Esperamos que os guste. Os dejo el sumario y debajo de la portada os dejo el enlace. Recordar aquello de imprimir solo lo necesario respetando el medio ambiente.

Sumario

La Portada

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Revista Atticus 22

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Marcador

Viento es la dicha de amor, en el Teatro de la Zarzuela. Madrid

 

 

 

Y cuando te miro m√°s, a√ļn m√°s mirarte deseo.

Calderón de la Barca

Viento es la dicha cartel 

 

Viento es la dicha de amor es la obra de Jos√© de Nebra que estos d√≠as se interpreta, con la dramaturgia de Andr√©s Lima, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. La semana pasada tuve el placer de asistir a su representaci√≥n. La escenificaci√≥n es abrumadora y bella. Asistir al vibrante destello de las sopranos Yolanda Auyanet y Clara Mouriz, y de la mezzosoprano Beatriz D√≠az resulta hermoso. Y si tenemos en cuenta que, adem√°s, la m√ļsica est√° interpretada magn√≠ficamente por la Orquesta Barroca de Sevilla, guiada por el reconocido director Alan Curtis, la sensaci√≥n de deleite del espectador es a√ļn mayor. Una conjunci√≥n de talentos perfectamente acompasados que aturden de belleza y arte a todos los sentidos y en todas las gamas de sensaci√≥n.

El Deseo, √©se exquisito secreto. El tema principal. Envuelto de poes√≠a, de la mejor poes√≠a espa√Īola. El pulso, el latir, transcurre viajando a trav√©s de tres historias entrelazadas: la ninfa Lir√≠ope huyendo del incendio de su templo de amor, que provoca C√©firo, dios del viento; el conde Antenor enamorado de Fedra, y √©sta enamorada a su vez de C√©firo; la ninfa Delfa y el criado del conde, Marsias, enamorados. Historias vivas, enredadas, donde amor, dolor y pasi√≥n se cruzan para mirarse a los ojos. Y se esquivan y se persiguen, y se entrelazan, y se admiran, y se devuelven, y se desvisten. Entre tanta virtud, van surgiendo en cada palabra las mism√≠simas llamas del incendio del templo con el que comienza la obra. Sus colores de destello, naranjas, rojos, con quemaz√≥n, van cediendo ante los claroscuros, ante los tenues suspiros del clave y de los violines.

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Pero la obra esconde su secreto en su misma interpretaci√≥n. Conforme va surgiendo el calor en el escenario al paso que van cayendo los colores, la ropa deja su paso a la sencillez con la que los cuerpos lucen sus danzas de amor y deseo. Es un canto mismo a la Belleza, √©sa que con may√ļsculas, surge de los brazos, de las voces, de los acordes, de las miradas, de las siluetas que hipnotizan y en las que se fija la atenci√≥n. Y entonces sentimos una huida a un universo enamorado, del cual ni siquiera pueden rescatarnos algunos de los asistentes que no resisten a esta lujuria de arte abandonando con prontitud la sala del teatro. Se van como habiendo sucumbido. Ahondamos entonces los que permanecemos en una mundana perturbaci√≥n. Nos abstraemos. Dicen algunos cr√≠ticos de esta obra que es descabellado su desnudo. Pero es hermoso para otros, es la medida justa de un camino hacia el Deseo, que va dejando sed con cada paso. Huida y seducci√≥n a un mismo ritmo. Escapar o quedarse para siempre. Y cuando la m√ļsica de Nebra consigue atraparte, entonces te retuerces en el asiento pensando que es lo m√°s bonito que has visto nunca.

Reconocer al latente √Āngel Gonz√°lez vivo entre los versos que recita uno de los actores. Ese precioso di√°logo cubierto de deseo y lleno de amor:

Le comenté:

- Me entusiasman tus ojos.

Y ella dijo:

-¬ŅTe gustan solos o con rimel?

-Grandes,  respondí sin dudar.

Y también sin dudar

me los dejó en un plato y se fue a tientas.

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Los versos de los grandes poetas espa√Īoles se suceden entre el corpus celestial de las voces de las cantantes. Sin duda dioses parecemos los espectadores que permanecemos frente a tan palpitante recital. Dioses pecando. No es sino m√°s que una confirmaci√≥n la sensaci√≥n que se desprende de ese culmen recitado con los labios que nacen en los versos de La vida es sue√Īo: dar vida a un desdichado / es dar a un dichoso muerte. Qu√© placer ser desdichados si podemos vivir algo as√≠. Viendo que el ver me da muerte / estoy muriendo por ver.

Marta Platz

Revista Atticus

KapuŇõciŇĄski, y lo deslumbrante de un ocaso

 

‚ÄúAfuera iba cayendo el crep√ļsculo, pero nadie encendi√≥ la luz‚ÄĚ

Mario Muchnik

 

El ocaso de un imperio es el nombre de la exposici√≥n de fotograf√≠as del escritor polaco Ryszard KapuŇõciŇĄski. Un ocaso deslumbrado. Un imperio que lleg√≥ tan alto, que despu√©s cay√≥ solo. Pero cay√≥ ante nuestros ojos, tengamos la edad que tengamos: lo vimos caer. Para los que no hemos vivido ninguna guerra mundial, ni mayo del 68, ni la llegada del hombre a la luna, ni la Transici√≥n, ni la mayor parte de los hitos del siglo XX, la ca√≠da del Muro y, en ese simb√≥lico paralelismo, la ca√≠da de los cimientos de la Uni√≥n Sovi√©tica, constituyen las pocas pruebas con las que pretendemos aferrarnos a la idea de que nuestros ojos fueron tambi√©n testigos de un siglo heroico. Lleno de h√©roes y villanos.¬†

5039Y entre esos h√©roes se encuentran aquellos hombres que retrataron sus instantes. Y que consiguieron con su valent√≠a estar presentes, y hacernos presentes a nosotros, pasivos aut√≥matas que transcurrimos por orillas de ese mismo r√≠o. Ryszard KapuŇõciŇĄski. Uno de ellos. Uno de esos h√©roes del siglo XX.

Afuera iba cayendo el crep√ļsculo, pero nadie encendi√≥ la luz. Eso escribi√≥ Mario Muchnik retratando a Canetti. Pero bien podr√≠a haberlo escrito aqu√≠ tambi√©n KapuŇõciŇĄski: en medio de la Plaza Roja de Mosc√ļ en 1989. Es deslumbrante haber hallado un ocaso escurri√©ndose de los √ļltimos haces de una luz moribunda, que luchaba por reflejar los escombros de un grandioso destello.¬†¬†

Todav√≠a este pasado verano escuch√© yo misma, en plena Plaza Roja, c√≥mo un paisano moscovita elogiaba la libertad del comunismo: √©sa que, seg√ļn √©l, permite ir a ver una momia de Lenin gratuitamente. Supuse enseguida que esa misma libertad no permit√≠a ir a visitar tantas otras momias de tantas otras personas en cualquier cementerio, no de Rusia, sino del mundo. Eso me hizo sentir que, viviendo entre escombros, se tiene una falsa sensaci√≥n de grandeza. Por eso un simple pavimento bien asfaltado puede parecer una prueba de pulcritud y riqueza. Siempre que no mires m√°s lejos, m√°s all√° de tus muros del Kremlin. Para no ver m√°s all√° del pavimento y de los propios escombros, se construyeron muros. Muros en los cuales se esconden para√≠sos.

Paraísos poblados por gente que, aun pese a la pobreza, lucha animosa por la libertad. Y no una libertad contemporánea, sino una libertad plena, que emerge de una opresión brutal y silenciada, que nace de la ausencia de pan y de vino, y que tiene tanta fuerza que arrebata al espectador su propia identidad. En blanco y negro. Conseguir congelar esa tremenda fuerza a través de dos décadas de tiempo es obra de uno de los mejores escritores que han existido. Y si ese escritor, además de una pluma, tiene una cámara de fotos, su capacidad para hacer vacilar un imperio es inimaginable.

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KapuŇõciŇĄski fue testigo de un invierno boreal que dur√≥ a√Īos: ¬ęRecorr√≠ m√°s de 60.000 kil√≥metros atravesando la URSS, desde Brest (Bielorrusia) a Magad√°n (Rusia). Visit√© todas las rep√ļblicas de la URSS. Viv√≠ inviernos muy crudos y veranos calurosos, condiciones en las que la mera supervivencia representaba un problema¬Ľ. Pero lo que m√°s ennoblece la exposici√≥n es que todo esto lo vive retratando precisamente a aquellos h√©roes que, como √©l, no ten√≠an nombre. Sus humildes testigos. Gente que no tuvo nunca una estatua, pese a que quiz√° se la merec√≠an m√°s que cualquier otro. Una madre reclamando el cad√°ver de su hijo. Un padre luchando por el pan de su familia. Los ojos de un ni√Īo de Azerbaiy√°n, ajeno a la comprensi√≥n de los hechos. Las personas an√≥nimas, los rostros pobres, testigos directos, verdaderos luchadores de la libertad. Y KapuŇõciŇĄski entre ellos, con su c√°mara. Dudar de la verdad, de eso se trata.

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La exposición de fotografías se muestra en la Casa del Lector, en el centro cultural del Matadero de Madrid. Hasta el 2 de junio. Muy recomendable. La fotografía a veces evita un olvido innecesario. Y hace dudar de una falsa verdad, la que nos han contado, si podemos vivirla.    

Marta Platz

Revista Atticus

Revista Atticus 21

Revista Atticus 21

Lo tenemos puesto a disposición en la red por medio del Facebook de Revista Atticus y ahora nos hemos dado cuenta de que no está en la web. Lleva desde marzo circulando por la red. Y en apenas diez días sacamos el nuevo RA22.

En marzo 2013 se ha publicado el n√ļmero 21 de la Revista Atticus, en la que junto a las habituales secciones de editorial, fotodenuncia, humor gr√°fico, exposiciones y fotograf√≠a destacan los siguientes art√≠culos:

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* Nefertiti. Gonzalo Durán, Juan Diego Caballero y José Miguel Travieso.

* Turning Torso, un rascacielos de Santiago Calatrava. Carlos Zeballos.

* Románico catalán en el Valle de Boí. Xavier Tosca.

* Exposici√≥n “Luces de Bohemia”. Luis Jos√© Cuadrado.

* Goya y el infante don Luis: el exilio y el reino. Niki.

* Carlos Castaneda. Otra visión del mundo. Fernando Revilla.

* Exposición Verde Pasión, Ausin Sáinz. Luis José Cuadrado.

 

 

Descarga en pdf:

 

 

¬† ¬† Si os d√°is cuenta para acceder a nuestra web y poder descargaros los n√ļmeros editados no pedimos ni un simple registro. No ponemos trabas en los textos de la web. Solo pretendemos dar a conocer aquello que hacemos, que amamos, y que disfrutamos con nuestra pasi√≥n. Si lo consider√°is oportuno, no dej√©is de difundirlo. Si sois habituales en las redes sociales dale al ME GUSTA del Facebook de Revista Atticus con m√°s fuerza que nunca. Nos depirme ver que el Facebook de la revista Hola tiene 174.413 fans y nosotros tengamos 600 amigos Atticus. Y no, no estamos dispuestos a dedicarnos al cotilleo.
Revista Atticus

Exposición de fotografías de Vivian Maier en Valladolid

Autorretrato

Autorretrato

Envuelta en misterio, la historia de Vivian Maier es de las que cuesta creer.

Conocemos al menos 100.000 negativos -muchos todavía sin revelar- que nos muestran cómo y qué miraba, pero poco más.

Ni√Īera durante 40 a√Īos, estadounidense de origen franco-austroh√ļngaro, sin amigos ni familia, Vivian Maier muri√≥ pobre y sola en 2009, en el m√°s absoluto anonimato, hasta que por azar sus negativos fueron encontrados dentro de un armario, en una casa de subastas, cuando John Maloof lo compr√≥ sin sospechar el tesoro que escond√≠a.

Por primera vez en Europa, se presenta en la Sala Municipal de Exposiciones de san Benito de Valladolid hasta el 8 de julio de 2013 una muestra de las fotograf√≠as de Vivian Maier, la ni√Īera que en la actualidad cautiva al mundo entero con las fotograf√≠as que capt√≥ espont√°neamente, y que ahora un√°nimemente son consideradas como una de las maravillas y peculiaridades m√°s interesantes de la fotograf√≠a de la ¬ęAm√©rica urbana¬Ľ de la segunda mitad del siglo XX. El legado de esta enigm√°tica figura se ha convertido en una genuina sorpresa para los especialistas, que asisten at√≥nitos a un enorme corpus fotogr√°fico dotado de una modernidad, personalidad y calidad ins√≥lito para los a√Īos y las circunstancias en los que fue concebido.

Maier no revelaba sus carretes, no se lo pod√≠a permitir. S√≥lo tomaba fotos sin descanso en sus ratos de ocio, y sin que aparentemente le importara el resultado final. Se especula con su timidez, y parece personificar el estereotipo de una miembro del servicio dom√©stico; es decir, una persona que est√° presente en momentos muy √≠ntimos y privados de la vida de otras personas manteniendo la discreci√≥n y sabiendo pasar desapercibida pero, a√ļn as√≠, observando todo lo que pasa a su alrededor.

Quiz√° sea este uno de los motivos que han dotado a sus fotograf√≠as de una mirada sosegada y pasiva, sin pretensiones personales. Vivian parec√≠a estar en todos los momentos adecuados. En sus fotograf√≠as vemos a ni√Īos, mendigos, marines, hombres de negocios, mujeres de la alta sociedad, tenderos de barrio. Personas de toda condici√≥n y edad de las ciudades de Nueva York y Chicago.

También fotografío edificios históricos que fueron derribados para dejar paso al progreso y el crecimiento de la ciudad. Estos retratos de su época nos dejan percibir claramente el espíritu de la autora, contempladora de su sociedad desde el distanciamiento con todo lo que la rodea.

De todos estos documentos art√≠sticos de Estados Unidos y su ¬ęmitolog√≠a urbana¬Ľ, llaman la atenci√≥n poderosamente los autorretratos de la autora. Maier nunca se puso delante del objetivo, como el resto de sus modelos, sino que se fotografiaba a ella misma en el reflejo de espejos, en el brillo de escaparates de negocios, en incluso en la sombra que proyectaba en el c√©sped del parque.

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Esta curiosa forma de aparecer en sus fotografías nos da pistas de su personalidad. Vivian Maier nunca estaba de manera directa en el escenario, su presencia estaba velada, la discreción y el recogimiento formaban parte esencial de su vida. El estudio siempre era autodidacta, su evolución y perfeccionamiento de la técnica sólo le interesaban a ella misma, en un largo proceso por autodescubrirse y conocerse que le ocupó toda la vida. A través de los espejos aparece la fotógrafa, en una galería de reflejos que difumina su identidad y que, al mismo tiempo, nos da diversas perspectivas de esta incógnita de la fotografía.

La¬†Sala Municipal¬†de Exposiciones San Benito¬†es un espacio dedicado desde hace 20 a√Īos a la fotograf√≠a nacional e internacional. A lo largo de estos a√Īos ha presentado cerca de 200 exposiciones de grandes maestros de la fotograf√≠a. Situada en el centro de la ciudad, cuenta con¬†210 metros cuadrados. Adem√°s de las exposiciones peri√≥dicas, siempre en relaci√≥n con la fotograf√≠a, se ofrece un programa de visitas guiadas a sus exposiciones especialmente dise√Īadas para grupos escolares, asociaciones y colectivos.

 

Sala Municipal de Exposiciones San Benito. Valladolid,

C/ San Benito, s/n 
Horario: De martes a domingo y festivos, de 12.00 a 1400 y de 18.30 a 21.30 h. Lunes, cerrado.

Teléfono: 983 426 193

 

Entrada gratuita

Matías Pardo Mateos

Revista Atticus

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