La Caza / The Hunt

La pérdida de la inocencia

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Película: La caza (The hunt).

Título original: Jagten.

Interpretación: Mads Mikkelsen (Lucas), Thomas Bo Larsen (Theo), Annika Wedderkopp (Klara), Lasse Fogelstrøm (Marcus), Susse Wold (Grethe), Alexandra Rapaport (Nadja).

Dirección: Thomas Vinterberg.

Guion: Tobias Lindholm y Thomas Vinterberg.

País: Dinamarca.

Año: 2012. Duración: 111 min. Género: Drama.

Producción: Morten Kaufmann y Sisse Graum Jørgensen.

Música: Nikolaj Egelund. Fotografía: Charlotte Bruus Christensen.

Montaje: Janus Billeskov Jansen y Anne Østerud.

Diseño de producción: Torben Stig Nielsen. Vestuario: Mannon Rasmussen.

Distribuidora: Golem. Estreno en Dinamarca: 10 Enero 2013. Estreno en España: 19 Abril 2013.

Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Sinopsis

Lucas afronta su nueva situación. Entrado en los cuarenta se encuentra divorciado, con un hijo adolescente y desarrollando su trabajo en un colegio de educación infantil. Cuando todo parece encaminarse hacia una situación estable, una mentira fortuita pone patas arriba esa pretendida estabilidad. Primero la sorpresa, después la sospecha y por último la condena social dentro de una pequeña comunidad harán que Lucas tenga que afrontar una situación indeseable para defender su integridad.

Comentario

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Tras estas cuatro pinceladas de la sinopsis se encuentra una de las mejores películas estrenadas durante este año. Vamos a poner nombres a los protagonistas de este interesante film danés que ha obtenido varios premios y que fue presentado en la pasada edición del festival de Cannes.

Lucas (Mads Mikkelsen) sobre la cuarentena, hombre apuesto, afectuoso, cordial, amable y humilde. Se ha divorciado de su mujer y está tratando de obtener la custodia de su hijo adolescente. Ha encontrado trabajo en un pequeño pueblo como profesor de educación infantil. A su alrededor tiene un buen montón de amigos de la infancia. Una comunidad aferrada a una tradición ancestral: cuando el hijo cumple los 16 años y obtiene el permiso de armas, todo el pueblo se va a cazar un venado, dándole el bautismo de fuego. Lucas se encuentra feliz jugando con los niños hasta que uno de ellos provoca la debacle. Klara (Annika Wedderkopp), la hija menor de su mejor amigo, de apenas cuatro/cinco  años tiene idealizado a Lucas. Ante un pequeño desencanto suelta una inocente, fortuita y lamentable mentirijilla que se convertirá en un nefando bulo que alterará la vida en el pueblo. La directora del centro, Grete (Susse Eold) ante tal acusación maneja la situación, en principio, con cautela para derivar en un despropósito final. Socialmente Lucas es condenado y dará al traste con su vida poniendo en peligro la propia custodia de su hijo, su vida laboral y su vida sentimental.

Película danesa que nos viene de la mano de su director Thomas Vinterberg (dejó un gran sabor de boca con una de sus primeras películas Celebración, 1998). Este director junto a Lars von Trier crearon el movimiento fílmico Dogma 95 en 1995, justo en el año que se celebraba el centenario del nacimiento del cine de la mano de los hermanos Lumière. Se postulaban por hacer un cine basado en los valores tradiciones excluyendo los efectos especiales o la tecnología. Una de las premisas era la búsqueda de un cine puro concentrándose en la historia y en la interpretación de los actores, rechazando los manejos de posproducción y otros alardes técnicos. La primera película que se rodó siguiendo estas normas fue Celebración que obtuvo un premio en Cannes. Eran tiempos en los que se rodaba con la cámara en mano. Pero este movimiento vanguardista tuvo una vida efímera. En el 2005 se desvaneció. Como nota curiosa en esos postulados había uno que decía: «el director no debe de aparecer en los títulos de crédito». Tres grandes películas llevan su sello: la mencionada Celebración, Los idiotas, 1998 y Dogville, 2003 de Lars von Trier. Sea como fuere el movimiento Dogma sentó las bases para un cine con una propuesta ética, estética y narrativa de calidad. Hoy el cine danés pasa por ser un cine comprometido y libre.

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Thomas Vinterberg nos sitúa ante un debate moral con un tema delicado y que tiene plena vigencia. Si bien en la película nos habla de abusos a menores, la situación que vive su protagonista se puede extrapolar a otras circunstancias. No deja de ser un juicio moral y ético y la sociedad condena al sospechoso ante los primeros indicios de culpabilidad, que no pasan de ser solo eso, indicios. Entonces es cuando se emprende la verdadera caza. Y aquellos que son tus vecinos te dan la espalda, y aquellos que son tus amigos te rechazan, te cierran las puertas de lo que antes era su hogar, pero también tu salón de estar, tu lugar donde has compartido un café, una cena, una velada. Lo que Lucas recibe es la sentencia de la turba y solo recibe el apoyo de la carne de su misma carne, de su hijo Markus (al que se unirá después su padrino).

No cabe incertidumbre de la inocencia o culpabilidad del protagonista. Pero siempre nos va a quedar una duda. ¿Y si es culpable? Por otro lado tenemos la postura de una madre. Una madre protagonista que se culpabilizará de porqué ha podido pasar lo que ha pasado. Pero también nos podemos encontrar con otra postura que es la de la  madre espectadora que a buen seguro piensa si eso me pasa a mí, lo mato, directamente.

Es difícil pensar en otro actor para interpretar el papel de Lucas. Mads Mikkelsen está soberbio, creíble, convincente y emotivo. Hay quien le empieza a llamar el Robert de Niro escandinavo. La escena final del interior de la iglesia en plena celebración de la Misa del Gallo es para enmarcar. Anteriormente durante buena parte de la cinta habíamos empatizado tanto con él que sentimos la injusticia y el desaliento y estámos deseando que por favor no se levante, ahora dentro de la iglesia, que no eche su vida a perder (más de lo que ya está).

A Mikkelsen lo hemos visto como banquero en Casino Royale (Martin Campbell, 2006) y recientemente en Un asunto real (Nikolaj Arcel, 2012), y lo podemos ver en una serie que acaba de comenzar Hannibal en la que da vida al personaje mítico de Hannibal Lecter. A su lado una pequeña que nos deja perplejos, Annika Wedderkopp. En esos primeros lances de la película, cuando mantiene la mirada a la cámara, al interlocutor que la está interrogando y hace mohines como si fueran tics, son realmente prodigiosos. Klara te cautivan y sientes una atracción poderosa hacía esa pequeñaja que te inspira una gran ternura. Ella no es culpable de nada.

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Técnicamente la película se muestra brillante y podemos ver alguno de aquellos principios de Dogma 95 como es la utilización de la luz natural (la escena de la cena con velas en la casa del campo o cuando descubre fotos con la luz de un mechero) y el uso de la cámara en mano que proporciona un movimiento de la escena que ayuda a crear cierta tensión. La historia está bien construida gracias a un guion impecable y original con unos personajes bien perfilados y escenas costumbristas. Uno de los grandes logros de Vinterberg es que en el comienzo nos va presentado una serie de imágenes inocentes, aparentemente banales, pero que cuando empieza el conflicto las tenemos ahí grabadas en nuestra mente (los juegos con los niños, el acompañamiento al baño, son algunas de ellas). Resultan excelentes esos toques propios de un maestro como son el tic o las manías de la niña Klara y ese otro de humor con el perro que ladra al pronunciar determinado nombre.

Hasta aquí todo lo bueno. La resolución final no es la más acertada. Para no desvelar nada solo diré que es como si el director se hubiera olvidado de lo anterior y que tan acertadamente nos ha contado para pasar a narrar lo que podíamos dar por entendido perfectamente sin ser tan explicito. Es una pena. Como aquel torero que entra a matar y falla con la espada, Thomas Vinterberg no remata la faena.

Tensa, brutal, impactante y acertada son algunos de los adjetivos con los que podemos calificar a La caza. Una gran película, valiente y áspera, que relata un drama crudo. Asistimos a La caza sintiendo miedo y asco por una acusación sobre unos actos depravados y que, en mayor o menor medida, ofrece un retrato actual de nuestra sociedad.

Una condena sentencia y viene a poner un fin a un hecho, pero una absolución no despeja la sospecha. Y siempre se extenderá una sombra sobre el acusado, sea o no inocente, sea o no culpable. Esa duda destruirá todo el enriquecimiento social que has ido construyendo a lo largo de tu vida. ¡Vayan al cine y descubran si todos somos inocentes o tenemos algo de culpabilidad!

Os dejo un tráiler:

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus


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Fichero archivado: Cine

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