Día 23 de abril. Día Internacional del Libro.

Una de las agradables sorpresas de estar al frente de este proyecto  Revista Atticus es recibir en mi ordenador colaboraciones. Las hay habituales y quienes las mandan se han convertido en colaboradores habituales (casi me dan ganas de hacer un guiño cinematográfico y decir: Sospechosos habituales, tal como va la cultura quienes acudimos al cine, compramos un libro o vamos a un espectáculo nos vamos a convertir en eso, en sospechos).  Las hay muy, pero que muy buenas. Y no es cuestión de ponerme a destacar tal o cual colaboración. Pero si que me gustaría hoy, que se celebra el día del libro, destacar a cuatro colaboradores.  La primera colaboración viene de la mano de Marta Platz. Es de las últimas incorporaciones y este envío me ha gustado por su amplio abanico de sensaciones que aborda y lo hemos elegido para hacer esta entrada y celebrar ese día. Otra colaboración es de Salvador Robles Miras que recientemente ha sido galardonado por uno de sus trabajos. Y van… unos cuántos, bastantes. Ya ha publiacado varios libros y mañana reproduciremos ese último trabajo. Otra más es de Berta Cuadrado Mayoral que también ha recibido un par de buenos premios. Pero en esta ocasión, pasado mañana, reproduciremos una interesante entrevista que la hiceron en Radio Ávila. Y la última es la colaboración de Manolo Madrid quien presentará el próximo sábado 4 de mayo su libro Cartas a mi prima Andrea en la Feria del Libro de Valladolid.

Os dejo el interesante trabajo de Marta.

Luisjo

EL PRIVILEGIO DE VIAJAR ACOMPAÑADA

 

Qué paseo de noche con

tu ausencia a mi lado

Pedro Salinas

 

 

rothko-1Me acompañan las nubes, los hechizos, un cuadro de Rothko, el color y su olor a lavanda. Me acompaña Mendelsshon, me acompaña Shakespeare, y su Sueño para una noche de verano. Me acompañan Paul Celan. Con silencioso cuerpo / yaces en la arena a mi lado; / Sobre ti, las estrellas. Y Pablo Neruda, fuera como fuese y a quién le importa cómo haya muerto. Que lo dejen descansar en paz. Me acompaña Sylvia Plath y su canto a tres voces que van a ser madres. Me acompaña su suicidio y su personalidad. Me acompaña sin duda Milan Kundera. Y los Balcanes en pleno. Me acompaña Rusia, en recuerdo y en páginas y páginas.

 

Me acompaña el amor de un cuadro, el amor de un verso, el amor de un acorde, me acompaña el amor de un hijo rendido a su padre, de un padre llorando por su hijo. Me acompaña el jugador de Dostoyevski. Me acompaña Petrushka, el criado del Goliadkin y de su Doble. Me acompaña William Blake, Hojas de Hierba, los marineros de Alberti, Roma entera, dame tú a cambio tanto como dejé para tenerte, me acompaña sin duda el navegante y El Club de los Poetas Muertos. Me acompañan los pingüinos, viajando sin tregua. Y la música de Emilie Simon. Me acompaña Clint Mansell y Moon. ¡Cuántas bandas sonoras! Amélie, Titanic, me acompañan barcos y piratas. Hasta Francis Drake me acompaña. Y a su lado, viajando con El Principito a todas horas. Me acompañan tantas bandas sonoras. Tantas sonadas bandas, a cuadros y con distintos colores. Me acompaña El Giotto y los murales que el terremoto destruyó en Assisi. Y sobre todo Casper David Friedrich. Y las mujeres mirando por la ventana. Y la muchacha con el pendiente de perla. Rubens. Me acompañan con cursivas y sin ellas. El beso, de Klimt. Siempre a mi lado. Me acompaña Soria, las tierras castellanas y Antonio Machado sentado sobre ellas. Me acompaña siempre que veo el color dorado y una espiga de trigo. Me acompaña Dalí, y no sólo en Barcelona. El Mediterráneo y los cartagineses. Es como ir navegando todo el rato.

 

Me acompañan personajes, muchos, infinitos. No teniendo suficiente con que otros los crearan, y dieran conmigo, fui a crearlos yo también. Me acompañan un sinfín de páginas, sus secretos, sus mentiras, sus juicios, sus insultos. Me acompaña la paz, la tregua, la dulzura, el contexto, la belleza. Aute. La belleza. Me acompaña hasta Bukowski, sí. Bukowski, y no era ruso, no. Me acompaña hasta ese programa de radio que llevaba su nombre. Era un genio, Buko. Y volviéndonos tenebrosos, me acompañan hasta las momias del Louvre. En son de paz, y con todas las treguas hechas, pero me acompañan. La inestimable Gioconda. Las pinturas rupestres de Atapuerca, y el homo sapiens de cualquier novela. 

 

Me acompaña la agencia Magnum, al completo. ¡Vaya privilegio! Henri Cartier-Bresson. Henri Levy. Henri Matisse. Henri Rousseau. Flaubert, Las flores del mal y las flores del bien. El sol por las mañanas y la luna por las noches, todo esto me acompaña.

Me acompaña la melancolía de un verso, la de Durero y la de Giorgio Agamben. Kielsowski. La figura del Doble y el club de la lucha de Palahniuk y el de David Fincher. El sueño de Courbert. Los relojes blandos. Me acompaña Robert Capa. Me acompaña Hopper, y esa barra del bar tan cercana. ¡Cómo no! Rayuela. «Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes». Me acompaña hasta el mecanoscrit del segon origen. Me acompañan los poemas de amor y las canciones desesperadas.

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Me acompaña Stefan Zweig y eso que él describía como inocencia: «Yo sólo tenía trece años, y no sabía que la curiosidad especial con la que te miraba y espiaba se llamaba amor». Baricco y la seda. Me acompaña la seda. Seda. Me acompaña medio mundo, o el mundo entero. En tantas fotos, en tantas páginas, en tantos cuadros. Me acompaña el olvido, la desazón, la ternura y el capitán. Oh capitán mi capitán. Me acompaña Modigliani. Me acompaña hasta El Guernica de Picasso, incluso a pesar de no haberlo visto nunca. Me acompaña el hiperrealismo abstracto, el Stabat Mater de Pergolesi y el realismo sin el híper de Pérez Galdós. Me acompaña La venganza de don Mendo, Rodin y sus esculturas, el Rockefeller Center y quizá también la torre Chrysler. Eso sí que es arte y pedirle a la gravedad un descanso. Me acompaña Ernesto Sábato. Gioconda Belli y Pere Gimferrer. Me acompaña Una adopción en la India, y todos sus adioses. Juan Ramón Jiménez. Unamuno. Bataille y su oscuridad. Me acompaña, por supuesto, Gabriel Albiac. Rilke y Ajmátova. Lilia Brik y Ossip Brik. Maiakovski. Madre Volga de Leguineche, como si toda la estepa cupiera en un bolsillo. René Char y Juan sin Miedo. Los hermanos Grimm también me acompañan desde hace mucho tiempo. Memorias de África. En el corazón de todas las tinieblas. Y el resplandeciente haz de luz que se cuela. Me acompaña, cómo no, Alfonsina Storni y el mar. Me acompaña un poco Borges, y a ratos Benedetti. Me acompaña Silvio Rodríguez, y un caleidoscopio. Quién fuera encantador de serpientes. Me acompaña Amancio Prada. El cántico espiritual y San Juan de la Cruz. Jorge Manrique. Cervantes. Me acompaña Mozart con Salzburgo, y las cuatro estaciones de Vivaldi. Siempre una a una, claro. Me acompaña una guía de un autoestopista mágico. Me acompaña La historia interminable, y por supuesto, las risas de Tom Sharpe. ¡Wilt! Qué tío. Me acompaña siempre la guía creativa del autor que nunca he terminado de leer. Y Robinson Crusoe y ¡aquellos veranos! Miguel Strogoff, La isla del tesoro…Me acompaña el «no sé por qué me dio por comprar este libro». Me acompaña un Sartre jamás leído, pero comprado en las orillas del Sena. Y uno de su mujer que compré aquí al lado y que, sin embargo, sí he leído. No hace falta haberse ido tan lejos, pienso. Ángel González viene conmigo. Eres. / Me basta.

 

Me acompañan los sentidos. Todo esto soy. Me acompaña la música. Me acompaña la literatura. Sobre todo la literatura. Me acompaña escribir. Me acompaña el arte: tú. La vida. Me estás acompañando todo el rato. Quédate, por favor, a mi lado. Hasta que pueda devolverte algo de todo lo que tú me has regalado con tu amor. Y no me dejes nunca.


                                               Marta Platz

 

 


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