Las Meninas de Ana Márquez

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Las Meninas de Velázquez fueron pintadas en 1656 por genio sevillano. Concebida como un retrato de «uso privado», por su ejecución y maestría pronto alcanzó una enorme difusión. Su reconocimiento y prestigio rápidamente traspasaron las fronteras y se convirtieó en un icono. Son muchos los artistas que admiraron la obra de Velázquez y es muy frecuente encontrar en sus obras motivos que atestiguan la influencia del artista sevillano. Desde Goya hasta Picasso pasando por Manet, Sargent, Courbet, Degas, Renoir, Whistler o Toulouse-Lautrec son algunos de los muchos pintores que se vieron influenciados por ese retrato colectivo de la familia real.

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Cada época ha tenido su visión de Las Meninas, su propia interpretación. A partir de la segunda mitad del siglo XX son innumerables las muestras que «deben» algo a Velázquez, y no solo en pintura. El icono de Las Meninas como si de un objeto del Pop Art se tratara ha sido repetido hasta la saciedad en múltiples soportes y técnicas. Tanto desde la copia hasta la adaptación libre del cuadro original. Son muchos los artistas que se centraron en la infanta, ese personaje central de la obra de Las Meninas y que luego dará paso a su individualización en diferentes retratos. Algunos de estos maestros se ejercitan constantemente en la repetición de estos motivos en la búsqueda de un estilo propio. Así nos encontramos con el pintor y escultor Manolo Valdés (1942) que ha realizado una serie monumental de meninas en bronce que se ha paseado por todo el mundo.

Y algo así nos podemos encontrar con la artista malagueña de nacimiento y vallisoletana de adopción, Ana Márquez. Un artista que, de unos años para acá, ha centrado su producción en una reinterpretación de Las Meninas de Velázquez.

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Para aquellos que no conozcan su obra podemos decir que se caracteriza por la presencia de dos elementos que se repiten constantemente. Por un lado la esquematización de la figura de la infanta: la típica melena, la cara sin rasgos, solo un óvalo, los brazos orondos y el traje acampanado. Y el otro elemento fundamental en su obra es el cromatismo. Siendo aparentemente iguales todas sus meninas, cada una de ellas son singulares, hasta tal punto que cada una tiene su nombre. Ana Márquez introduce distintos colores y motivos para adornar el traje, dar retoques en el pelo y añadir algún elemento identificativo a modo de adorno o complemento como pueda ser una peineta o un pañuelo al cuello. Sus obras huyen de la abstracción para desarrollar un arte figurativo de líneas puras y esenciales, con un lenguaje pictórico personal y reconocible. El resultado es una obra original, amable, llena de sensualidad y ternura, construida a base de unos colores suaves que conjuga modernidad con tradición. 

La artista malagueña cuelga en la sala de exposiciones del Palacio Pimentel de la Diputación de Valladolid veinte obras que son, en palabras de la artista, «autorretratos inspirados en su infancia y en su vida que unen una historia de dudas, ilusiones, sufrimientos y sueños». La muestra se complementa con la introducción de otros motivos como son las «manolas» o sus sevillanas. También en la sala de Pimentel podemos ver una pequeña colección de complementos y accesorios de joyería que tiene la base en sus propias creaciones pictóricas de inspiración velazqueña.

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No es la primera vez que Ana Márquez realiza una exposición en Valladolid. En 1994 comenzó su andadura por las salas y galerías de exposición de la capital vallisoletana, recibiendo, en 1999, el I Premio Medalla de Oro de la Unión Artística Vallisoletana y desde entonces no ha parado. Destaca su presencia en el Museo de Ceuta en 2010 («Ambas y yo), en las exposiciones colectivas de Nueva York y de Villa Massoury (Villefranche sur mer, Francia), en la Feria de Arte de París (2009), Feria internacional de arte contemporáneo de  Marbella (2009), Feria de arte de Forte dei Marmi (Italia, 2010) o la Feria de arte de Bérgamo (Italia, 2010-2011) y su reciente paso por la Galería Movart de Madrid (2013)

Hasta el 26 de abril se puede contemplar esta exposición en el Palacio Pimentel de Valladolid.

 


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