UN PASEO MUSICAL POR CENTROEUROPA

 

El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir,

sino en saber para qué se vive.

 

Fiodor Dostoyevski

 

Concierto Ritz caspar-friedrich

El pasado miércoles tuve el privilegio de asistir a un concierto de música clásica que se celebró en el Hotel Ritz de Madrid. El concierto formaba parte de un ciclo de jóvenes intérpretes que se ha organizado allí durante las tardes de los miércoles del mes de marzo.

En este caso, fueron los músicos integrantes de Ensemble Verso los encargados de amenizar la tarde con sus acordes. Nos ofrecieron a los asistentes un exquisito paseo por los entresijos de una Europa elegante y sublime. Quizá tan sublime como la idea que el mismo Dostoyevski imaginaba que se necesitaba para alzar una nación.

En la primera parte del concierto se alternaron obras de Wolfang Amadeus Mozart y del compositor checo Antonín Dvořák, mientras que la segunda parte se dedicó a Johannes Brahms. Mientras tanto, los asistentes podíamos disfrutar de un agradable entorno amenizado no sólo por los acordes sino también por un sabroso chocolate con churros o por uno de los mejores tés del mundo. Una exquisita mezcla que entusiasmaba a los sentidos, acompañado todo por un bello y acogedor entorno, repleto de incólumes jarrones chinos y relojes vetustos, que culminaba el soberbio cofre de Luis XIV o la escultura de la diosa Diana.

El quinteto encargado de guiarnos por este recorrido histórico, Ensemble Verso, está formado por Duncan Gifford (piano), Assumpta Pons (violín), Robin Banerjee (violín), Adolfo Hontañón (viola) y Miriam Olmedilla (violonchello). Pese a su juventud, son reputados músicos que hicieron una espléndida interpretación, convirtiendo en una delicia el paseo.

Ensemble Verso

Ensemble Verso

Quién sabe si el propio Mozart había imaginado tan emblemático entorno cuando compuso su Divertimento nº 3 en Fa mayor. O quizá fue Dvořák quien, durante unas vacaciones en un pueblo de Iowa (Estados Unidos), añoraba sus tierras checas y se atrevió a reflejarlas en el Cuarteto de Cuerda nº 12 en Fa mayor. Lo que está claro es que tras la primera parte los fastuosos relojes del salón se habían deshecho ya en la impenetrable quietud de la tarde. Fue entonces cuando, tras el descanso, se erigieron las teclas de un piano, silente hasta entonces. Brahms compuso en 1864 su Quinteto para piano, dos violines, viola y violoncello en Fa menor opus 34, y se lo dedicó a la princesa Anna de Hesse. Los movimientos se sucedían entre el lirismo y la serenidad. Atravesando el Romanticismo en un par de horas.

Una tarde que nos ofreció la posibilidad de surcar las aguas del Danubio, de visitar los grandes palacios y las verdes praderas, de otear los Alpes y los Balcanes con los mismos ojos, de dejarnos llevar por una Historia común, adormecida y acurrucada en el regazo de las cuerdas de cualquier frondoso árbol de la Selva Negra. Como si los propios acordes retumbaran en las maderas de la barca con la que atravesábamos el propio Rhin.

cuadro romanticismo

¿Será por ello por lo que la belleza es un enigma?  Cuánta belleza se encuentra en un viaje por Centroeuropa de la mano de estos grandes compositores. Una sensación tan agradable, tan majestuosa. La sensación de la que tan bien hablaba el mismo Dostoyevski en Memorias del Subsuelo: “si he de elegir entre estas dos cosas, «que se hunda el mundo» o «que yo deje de tomar mi té», prefiero que se hunda el mundo, con tal de que yo siempre pueda tomar mi té”. Sobre todo si es un té tan bien amenizado y en tan buena compañía.

MARTA PLATZ

Revista Atticus


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