La isla del tesoro. Arte británico de Holbein a Hockney, en la Fundación Juan March

Una vez más la Fundación Juan March nos ofrece una gran exposición. En esta ocasión el título, el nombre, nos puede sorprender: La isla del tesoro. Pero aunque en ella nos vamos a encontrar con muchas referencias literarias no se trata de una exposición sobre cuentos. El subtítulo, el apellido, de la exposición nos revela su contenido: Arte británico de Holbein a Hockney.

HOLBEIN, Hans (el joven) . Sir Thomas Wyatt el joven c.1540-42

Quienes acudan a ver la exposición se encontrarán en una autentica isla (la Fundación Juan March se encuentra situada fuera de la gran milla cultural que supone el entorno del Museo del Prado con el Thyssen, el Reina Sofía, Caixa Forum y la Fundación Mapfre) y disfrutarán de auténticos tesoros en sus 180 piezas (pinturas, esculturas, obras sobre papel, libros revistas, fotografías y algún que otro collage) que conforman la muestra. Es una ocasión única pues muchas de estas piezas provienen de museos y colecciones privadas de distinta procedencia (EE.UU., Portugal, Suiza, Alemania y, sobre todo, británica).

Sus salas albergan un compendio del arte británico entre los siglos XVI y XX. Abarca desde el retrato de perfil de Sir Thomas Wyatt el joven, un pequeño retrato de perfil en óleo sobre madera de apenas treinta y dos cm., de Hans Holbein (1497/8 – 1543) hasta el gran mural de ocho metros Gran Bretaña vista desde el Norte, 1981, técnica mixta,  de Tony Cragg. Entre estas ambas podemos contemplar obras de Henry Moore, Richard Hamilton, Francis Bacon y David Hockney.

En su presentación el comisario Richard Humphreys se ve con la arrogancia de un pirata inglés para explicar en pocas palabras la historia del arte de su país. Una nación que se aupó sobre la destrucción de su pasado católico; arribada con la reina Victoria al imperialismo arrogante; deprimida en la decadencia de la Segunda Guerra Mundial y catapultada en un renacimiento postindustrial a partir de los Beatles y el pop de la cultura de las masas y la sociedad del espectáculo.

La referencia literaria del título de la novela del escritor británico Robert Louis Stevenson no deja de ser una especie de guiño. La isla tiene un tesoro y ese tesoro está medio oculto, se sabe que existe y a través de un plano, una referencia se comienza su búsqueda. Tal vez los organizadores, los comisarios, pretenden que cada uno de nosotros encuentra su tesoro. La idea que subyace en esta exposición es que cuánto más sepamos del arte británico (dónde está, qué lugar ocupa…) mayor conocimiento y, por lo tanto mayor valor tendrá.

En mi particular búsqueda del tesoro británico descubrí alguna pieza magnífica y otras que han adquirido un nuevo valor (como es el caso de las obras que se pueden encuadrar en el pop art británico). Todo este caudal de tesoros, que traza un recorrido visual por más de cinco siglos de historia del arte británico, está organizado en siete secciones en donde seleccionamos cerca de una veintena de obras:

MARTIN, John . Josué ordenando al Sol deternerse sobre Gabaón 1848

Destrucción y Reforma (1520-1620). Ejemplos de la escultura religiosa dañada por los iconoclastas puritanos durante la Reforma que ponen de manifiesto la profunda ruptura con el pasado medieval que tuvo lugar en Inglaterra a partir de la década de 1530.

Destaco el maravilloso retrato de perfil Sir Thomas Wyatt el joven (h. 1540 – 42) con un acabado pulido, casi como de esmalte (uno de los primeros retrato ingleses realizado all’antica) que Hans Holbein ejecutó o el retrato, de cuerpo entero, autentica filigrana, de Catherine Carey, condesa de Nottingham (1597) uno de los mejores retratos de la época isabelina. El traje es una verdadera filigrana con bordados de hilos de oro y plata, decorado con innumerables insectos, flores y hojas así como imágenes emblemáticas de obeliscos y serpientes. Es obra de Robert Peake.

Junto a ellos podemos contemplar los grandes miniaturistas Nicholas Hilliard e Isaac Oliver, así como manuscritos medievales, El Libro de los mártires de John Foxe, la Biblia de 1611 del Rey Jacobo I de Inglaterra, estampas populares y libros de emblemas.

La revolución y el Barroco (1620-1720). Apartado que nos presenta a la cultura cortesana de la monarquía de los Estuardo a través de una secuencia de retratos pintados por Anthony van Dyck, Peter Lely, William Dobson y Godfrey Kneller. A destacar este último con un retrato del soldado «melenudo» (dotado de armadura y larga peluca) Arnold Joost van Keppel, primer conde de Albemarle (h. 1700).

Sociedad y sátira (1720-1800). Aquí se yuxtaponen los retratos de sociedad de artistas de los grandes maestros británicos del siglo XVIII (tal vez los más conocidos) como Joshua Reynolds, Thomas Gainsborough y Thomas Lawrence con la sátira social de James Gillray y Thomas Rowlandson.

Destaca sobre el resto un buen paisaje de Antonio Canaletto, Los jardines Vauxhall: el Grand Walk (h. 1751). Canaletto fue un pintor veneciano pero durante casi una década trabajó en Londres, de ahí su presencia aquí con este paisaje.

McNEILL WHISTLER, James Abbott. Nocturno- azul y plata-Luz de Cremorne 1872

Paisajes de la mente (1760-1850) se adentra en varios sentidos del paisaje: las pinturas de Wilson, Thomas Gainsborough, George Stubbs, John Constable y J. M. W. Turner evidencian el surgimiento de la pintura paisajística y su desarrollo hasta su cumbre a finales del siglo XVIII.

En esta apartado sobresale por su tamaño, colorido y extraña atmósfera el cuadro Josué ordenando al Sol detenerse sobre Gabaón (1848) de John Martin. Basada en un pasaje del Antiguo Testamento. Pincelada suelta, original y tal vez como respuesta a los controvertidos paisaje tardíos de W. Turner. Con cierto aire de teatralidad. Sobresale también una escultura de Thomas Bank, La caída del Titán, 1786. Una obra que es un alarde de equilibrio y originalidad del héroe que cae entre las rocas.
Realismo y reacción (1850-1900). Una sección que nos presenta obras de John Frederick Lewis y David Roberts, y también las de los prerrafaelitas como John Everett Millais y William Holman Hunt, que ponen de relieve la variedad y la fuerza del arte británico en los años 1840-1860.

En este apartado me llama poderosamente dos obras. Por un lado la delicadeza de una obra prerrafaelita como es Detalle de Proserpine (1878) de Dante Gabriel Rossetti; y por otro lado una obra que anuncia el impresionismo como es Nocturno: azul y plata-Luz de Cremorne (1872) de J. A. M. Whistler. Es una vista de Londres desde el puente de Battersea sobre el Támesis. El artista creaba un efecto diluyendo sus pinturas que denominaba salsa.

Modernidad y tradición (1900-1940). El final del siglo XIX fue testigo de la llegada del arte impresionista y posimpresionista a Gran Bretaña. La generación de artistas modernistas figurativos que saltaron a la palestra a principios del siglo XX está representada en esta sección por Walter Richard Sickert, Henry Lamb, Gwen John y Spencer Gore, y el arte más radical, que a menudo roza lo abstracto, de Wyndham Lewis, Duncan Grant y David Bomberg.

LAMB, Henry. Lyttont 1914

Nos vamos acercando al final pero como antesala podemos contemplar dos obras. Una de ellas es de un conocido John Singer Sargent y el cuadro de gran formato, de fuerte inspiración impresionista, Ena y Betty, hijas del señor Asher y la señora Wertheimer (1901). Son dos hermanas que aparecen de pie. La mano derecha de una de ellas, debajo del pecho de la otra y esos vestidos sugerentes proporcionan a la obra un atrevido y sensual toque. Y la otra es de Henry Lamb, un pintor para mí desconocido, con su retrato melancólico, Lytton Struchey (1914). Un retrato lánguido, con una barba larga, pelirroja y sus piernas larguísimas con zapatillas, sin olvidarnos de los típicos complementos del paraguas y el bombín. Una delicia.

Sin desmerecer, para nada, están las obras expuestas de Stanley Spencer (Un grupo familiar, 1937) y la de Meredith Frampton (Sir Ernest Gowers en el RCDCR de Londres, 1943).

Un mundo feliz (1945-1980), título irónicamente huxleyano, describe la gran expansión del arte británico tras la Segunda Guerra Mundial. Las obras de Lucian Freud, R. B. Kitaj y Frank Auerbach representan a los famosos artistas de la llamada Escuela de Londres. Las obras escultóricas de Barbara Hepworth, Reg Butler, Eduardo Paolozzi y Anthony Caro revelan una nueva revitalización de la escultura británica, reconocida internacionalmente.

Por circunstancias personales, este el mejor apartado. Me encuentro realizando un estudio sobre el pop art y ver aquí una serie de obras me entusiasmó. Dos grandes maestros, vivos, de este estilo del siglo XX tienen aquí dos obras. Una de ellas es David Hockney, Retrato Nick Wilder (1966). El retrato es de uno de sus mejores amigos propietario de una galería de arte. Lo retrató en la piscina del bloque de su vivienda en Hollywood. Realizado en acrílico, una de las técnicas preferidas por el artista por su secado rápido, con aspecto de cómic o de anuncio. Y el otro gran artista es Peter Blake que realizó uno de los iconos más conocidos del pop art como es la cubierta del álbum de The Beatles, Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967).

Pero también están presentes las magníficas y conocidísimas obras de Lucien Freud (Joven desnuda durmiendo, 1967) o de Francis Bacon (Dos estudios para un autorretrato, 1972).

SINGER SARGENT, John. Ena y Betty, .. 1901

 

Tuve que volver sobre mis pasos y anotar esta obra porque no dejaba de llamar mi atención. Tal vez por su aspecto un tanto infantil, por su tamaño o no sé porqué razón; me refiero a la obra de Laurence Stephen Lowry, Paisaje industrial, 1950. Una obra con aspecto naif (término que no le gustaba nada al artista) de un paisaje de la ciudad de Manchester de la mitad del siglo XX.

Catálogo

Como viene siendo habitual en la Fundación Juan March, La isla del tesoro. Arte británico de Holbein a Hockney está acompañada de un magnífico catálogo profusamente ilustrado, en dos ediciones, español e inglesa, con una completa introducción al arte, la historia y la cultura de Gran Bretaña de los últimos cinco siglos. Richard Humphreys, comisario de la exposición, y los profesores Tim Blanning y Kevin Jackson aportan su particular visión. Se completa la obra con una selección de textos de artistas, ensayistas, historiadores y literatos algunos de ellos inéditos en español.

Otras actividades

Paralelamente a la exposición, la Fundación Juan March ha organizado una serie de Conciertos y Conferencias que llevan por título Cinco Siglo de Música Británica. Y una serie de Conferencias: Imperio y Arte. Una introducción a la Pintura Británica y a la Historia de su Imperio. Actividades todas ellas de gran calidad que se ha venido desarrollando durante el mes de octubre (momento en que se hace esta pequeña reseña) y que constituyen un excelente acompañamiento para acercarnos a un arte un tanto desconocido de nuestros amigos y vecinos del norte.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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Fichero archivado: Exposiciones

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