¿Quién mató a Stefan Zweig?

1942 fue el año decisivo en que las potencias del Eje estuvieron más cerca de ganar la guerra. En febrero, unas semanas después del ataque a Pearl Harbor que extendió el conflicto al Pacífico, cayó Singapur, y el poderío aliado de ultramar pareció desmoronarse como un castillo de naipes, aplazando el final de una pesadilla que en Europa ya duraba dos años. Desde un conocimiento a posteriori del desenlace es fácil infravalorar la gravedad del golpe que esto supuso, pero probablemente “Europa”, como cultura, no estuvo nunca tan cerca del abismo como entonces, salvo quizá en sus épocas más oscuras y primitivas.

No es de extrañar que muchos intelectuales comprometidos desde siempre con el humanismo tiraran la toalla al ver que todo por lo que habían creído y luchado carecía de sentido, al regalarles el destino semejante recompensa. Fue el caso del escritor Stefan Zweig (1881-1942), que hasta la irrupción de Hitler en escena era el autor con mayor éxito del momento. Curiosamente, la persecución nazi primero, y la guerra después, lo sumieron en un olvido de medio siglo, hasta que a finales del siglo XX su obra fue rescatada y reeditada, comenzando a recuperar -de forma paulatina e imparable- el éxito que la guerra truncó.

La vida y obra de Stefan Zweig han sido últimamente muy reseñadas, casi siempre desde el interés que despierta su romántica historia de ascenso y caída. En sus memorias póstumas, El mundo de ayer, biografía la Europa que conoció a través de su experiencia, y enlaza su vida de tal modo en los acontecimientos que le tocó vivir, que a no ser desde la escéptica y mordaz mirada de un tipo como Karl Kraus, uno no puede dejar de sustraerle del drama de Europa. Stefan Zweig murió a principios de 1942 una semana después de la caída de Singapur, los días en que la guerra llegó a amenazar también con destruir el remoto refugio que había escogido para huir de la guerra.
Pocas personas como él habían vivido tan cerca el paso del antiguo orden mundial -el de la Europa imperial- a la ruina a que quedó reducida tras la guerra, con la añadidura de ser hijo de la misma región en que la locura nazi tomó forma, y de haber vivido en el ojo del huracán que barrió el mundo que tanta curiosidad y entusiasmo despertaba en él. Además de su excelencia literaria, el vertiginoso desengaño de su humanismo desde la cima cultural europea al fraticidio del continente y de su propia generación, alimenta la poética de su biografía, seduciendo a toda clase de lectores que encuentran su vigencia en una Europa reconciliada y unida (a pesar de los baches), que fue el sueño de su vida.

Salzburgo

En la obra de Zweig hay relatos, novelas y biografías en las que concede un mimo especial a la psicología de los personajes, por influencia de su maestro Sigmund Freud. Y hay ensayos, que desde un entusiasmo y curiosidad casi infantiles, contagian su interés y amor por los padres de la cultura europea: Montagne, Dickens, Dostoievski, Stendhal… No sería del todo exagerado decir por todo esto que Stefan Zweig fue, además de un gran escritor, el primer cronista de Europa.

Este texto es un resumen del artículo que publicaremos en el próximo Revista Atticus 19 que pondremos a vuestra disposición el 11 de octubre.

ALDÁN

Revista Atticus


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