Una excursión por Oña (Monacatus) y sus alrededores: San Nicolás en El Almiñé, San Pedro de Tejada y Puentedey.

Un domingo de agosto sin visitar la playa puede resultar tedioso. Tirados en el sofá, contemplando los Juegos Olímpicos de Londres, puede implicar una actividad placentera, aunque con tanta relajación podemos acabar, como en las viñetas de Forges, con las piernas en la lámpara y nuestro cogote en el suelo en una postura que ya quisieran emular muchas gimnastas.

Una alternativa más atractiva constituye la propuesta de unos buenos amigos de efectuar una excursión «dominguera». En este caso el destino elegido es Oña (Burgos). Un bello pueblo que como referencia tiene el Monasterio de San Salvador de Oña que el año pasado celebró sus mil años desde la fundación. Este año, el monasterio acoge la exposición de las Edades del Hombre que lleva por título: Monacatus.

El curioso viajero tal vez conozca ya este bello conjunto monacal. Pero bien merece la pena acercarse a ver la exposición por la cantidad y calidad de las obras que en ella podemos contemplar. Como suele suceder en estas intervenciones el espacio interior se remodela para adaptar la muestra a un espacio con un cierto discurso expositivo. Hasta tal punto es así, que es difícil reconocer lo que uno vio, hace poco más de dos años.

Voy a tratar de hacer una pequeñísima síntesis de lo que es Monacatus. En Revista Atticus nos hicimos eco de esta magna exposición en el anexo que acompañaba a nuestro número 18 en un artículo de Isaac Huerga, por lo que no me extenderé mucho.

 

Monacatus

El tercer conde de Castilla y nieto de Fernán González, fundó, en el año 1011, el monasterio benedictino de San Salvador, en Oña (Burgos). La celebración de su milenario hizo que la Fundación Las Edades del Hombre pusiera el ojo en esta localidad burgalesa, perteneciente a la comarca de Las Merindades, para ser la sede de su decimoséptima edición de sus exposiciones. El tema es la vida monástica en la Iglesia Católica.

Nos proponen una visita a través de 6 capítulos en donde podemos contemplar 138 obras artísticas repartidas en la iglesia, la sacristía, la sala capitular o el claustro (donde se recogen una serie de fotografías –disciplina que no había tenido presencia alguna en las anteriores muestras-). Es una buena oportunidad para poder ver juntas interesantes obras de Zurbarán, El Greco, Goya, Gregorio Fernández, Berruguete o Eduardo Barrón.

 

Mural de Santa Mª Egipciaca. San Salvador de Oña.

Una muestra desarrollada en un ámbito excepcional donde se ha recreado una buena atmósfera. Un conjunto de piezas de gran belleza formal y, muchas de ellas, con una gran carga iconográfica. Destacable los esfuerzos por ir incorporando las nuevas tecnologías como son el juego de luces y el holograma descrito. En detrimento, es una pena que la información de las cartelas no se lea bien. Tienen un dibujo como marca de agua que sobresale más que la propia información. A esto hay que añadir la dificultad que supone el leerlas en un ambiente con una iluminación muy tenue (esto claro no se produce con una audioguía). La cuestión de las fotos deberían de solucionarlo. Muy bien la pequeña guía de mano; excesivo el precio del catálogo, pero muy bien ilustrado y como siempre documentado que lo hacen, una vez más, una obra de referencia. Y notable el servicio de visita guiada, así como la posibilidad de concertar la visita. Si no la haces tienes también la posibilidad de entrar a la exposición de forma directa o, en caso de afluencia, esperando el turno correspondiente. Eso sí, siempre pagando el precio de la entrada que desde la pasada Passio se ha convertido en obligatorio.

 

Alrededores

Desde Oña se puede hacer interesantes rutas para completar la jornada. Poza de la sal (el pueblo de Félix de la Fuente), Frías (atractivo núcleo medieval, muy recomendable la visita), Medina de Pomar, Traspaderne o Villarcayo son localidades que no quedan muy lejos de Oña. Otra opción, por supuesto, es la propia capital, Burgos, pero requiere invertir más tiempo en su visita, por lo que es más que aconsejable dejarla para otro día.

Mi recomendación es visitar dos interesantes iglesias románicas muy próximas entre sí y que distan apenas 25 km de Oña y que constituyen unos bellos ejemplos del románico no solo de la Merindad de Valdivieso sino en todo Burgos, sin duda. Se tratan de las iglesias de San Nicolás en El Almiñé y de San Pedro de Tejada en Puentearenas.

 

San Nicolás en El Almiñé. Foto: Paula Guillot

Iglesia de San Nicolás en El Almiñé

Desde Oña continuamos por la N-232 y tras 23 km (aproximadamente) tomamos un pequeño desvío que hay a la izquierda (en medio de una curva, ojo) que nos lleva hasta El Almiñé. Estamos en el Valle de Valdivieso, al pie de la calzada medieval del Pescado (constituía una de las vías de comunicación más antigua de España) El nombre de esta villa medieval es de origen árabe y se relaciona con el cultivo del viñedo.

La iglesia de San Nicolás consta de una sola nave. Presenta una torre campanario de época románica muy semejante a la que luego veremos en la iglesia de San Pedro de Tejada. El aspecto original del conjunto ha sufrido alguna que otra intervención. Ha perdido el ábside y se han añadidos diferentes capillas.

En el interior destaca la cúpula sobre trompas, en el tramo anterior al ábside, bastante original. Sobe ella se levanta la torre campanario siendo una de las más bellas de la zona. Es de planta cuadrada con esquina en chaflán. Tiene dos cuerpos: el inferior macizo y en el superior se abren cuatro ventanas en cada uno de sus lados -dos ajimeces (ventanas divididas por columnas)-.

De su origen conserva tres tramos primitivos con bóvedas y cúpula y varias ventanas de medio punto adornadas con ajedrezados o dientes de sierra. La puerta principal tiene un arco de medio punto que se apoya en columnas cilíndricas con capiteles sencillos, primitivos. Se adorna con varias arquivoltas provistas de modillones, ajedrezado, y bolas.

A lo largo de los muros exteriores nos encontramos con unos canecillos que reproducen una serie de virtudes y vicios, que veremos también en la iglesia de San Pedro de Tejada.

Pero lo más interesante lo encontramos dentro de esta recoleta iglesia. Los muros interiores, sobre todo en el interior de la cúpula, trompas, arcos fajones y bóveda, conservan buena parte de sus pinturas originales. Encontramos motivos florales y geométricos  con algunos escudos. Es muy reseñable la línea de ajedrezado que conserva su pintura alternando el color negro (no es muy habitual ver este tipo de pintura, veremos también en San Pedro de Tejada como se repite esta circunstancia). Como mobiliario cabe destacar la pila bautismal tardogótica y un retablo renacentista en proceso de restauración. En los próximos meses se terminará de colocar la parte superior del retablo. Los dos pisos inferiores ya están restaurados y presentas unos bellos paneles con relieves policromados que han recuperado todo su esplendor, alternados con unas pequeñas tallas pero de muy buena factura.

 

San Pedro de Tejada en Puentearenas

El viajero continuará camino retomando la misma carretera que abandonó para entrar en esta pequeña población. A poco más de un kilómetro nos encontramos con Puentearenas. Pasamos el puente y giramos a la izquierda para, enseguida, girar a la derecha para tomar un pequeño camino que nos llevará hasta San Pedro de Tejada, pequeña ermita situada en el fértil valle de Valdivieso en el norte de la provincia de Burgos.

Una de las primeras sorpresas que nos llevamos (que puede resultar muy desagradable) es que la iglesia se encuentra en una propiedad privada. Es decir, por efecto de la desamortización de Mendizábal esta iglesia fue comprada por la familia Huidobro (hacia 1840), propietaria de esta joya al día de hoy. En resumidas cuentas: todo aquel que quiera visitar el interior de esta iglesia deberá de tener muy en cuenta el horario (para este verano del 16 de julio al 15 de septiembre de 12 a 14 horas y de 17 a 19 horas; para el resto hay un teléfono de contacto).

San Pedro de Tejada, portada. Foto Luisjo

Estamos ante uno de los más bellos ejemplos (y mejor conservado) del románico burgalés.

Pertenecía a un conjunto monacal, cuyos restos (parte de los muros) se conservan a la izquierda de la ermita. Este monasterio fundado en el 850 pasó a depender del cercano Monasterio de San Salvador en Oña, en 1011. La iglesia se construyó en la mitad del siglo XII.

De una sola nave, tiene un ábside semicircular. El transepto no sobresale en planta. Sobre la cúpula se levanta una torre campanario de gran belleza que consta de dos pisos en piedra toba. El inferior con dos arcos ciegos en cada lado y el superior con dos arcos en cada cara con ventanas geminadas. En cada esquina una columna se alza hasta el tejado. También entre cada arco se levanta otra columna. El tejado es rematado bajo el alero con una serie de modillones (o canecillos) decorados, en esta parte son muy sencillos, con figuras geométricas y motivos florales con alguna figuración humana.

Fachada

La fachada aloja la portada de entrada construida en piedra, con tono rojizo, de gran calidad. El hastial donde se aleja la portada es una bellísima composición. Consta de un arco de medio punto con un buen número de arquivoltas decoradas que descansan en capitel y columna a cada lado de la puerta de acceso al templo. Remata la portada un alero que es soportado por una especie de friso sogueado y una serie de modillones o canecillos decorados con motivos figurados que representa el Tetramorfos y cuatro Evangelistas. En medio de ellos se sitúa la figura de Cristo Pantocrátor de pie y con los brazos extendidos. Tal vez una de las partes más interesantes lo constituyan la serie de relieves que se encuentran debajo de este alero, en las enjutas. En la izquierda nos encontramos con la mitad del apostolado (de dos en dos) y en la derecha la otra mitad. Algunos de ellos son claramente identificables por sus atributos. Por debajo de ellos, en la derecha, un gran relieve que representa a un león clavando las garras a un hombre que tiene a sus pies. En la izquierda, nos encontramos con una joya: la Última cena.  No es muy frecuente ver este tipo de representación, es más no recuerdo ningún ejemplo con solo tres integrantes. Es un relieve con tres personajes en una composición piramidal. Cristo en el centro, a nuestra derecha Juan, uno de los preferidos del Maestro, descansa sobre su regazo. A la izquierda el personaje a quien Cristo da de comer parece que se trata de Judas Iscariote. Es alimentado por Cristo mientras que, mirando de reojo, trata de sustraer un pescado del plato. Representa la avaricia y la maldad del discípulo.

En el exterior se marca un husillo o torre cilíndrica que alberga la escalera de caracol, al igual que sucede en su vecina de San Nicolás.

En la fachada, por encima del tejadillo hay una interesante ventana trilobulada de clara influencia mozárabe.

Interior

El interior se compone de una nave con tres tramos, cubierta por bóveda de cañón en las dos primeras y por una bóveda de media naranja sobre la trompa que, al igual que en San Nicolás de El Almiñé, sostiene la torre. El ábside tiene cubierta de cascarón y al muro se abren cinco ventanas, tres de ellas ciegas. Es digno de mención los arcos perpiaños del interior del tempo que descansan sobre seis capiteles labrados con diferentes escenas que aún hoy conservan restos de policromía. También nos encontramos con una línea de ajedrezado que conserva la alternancia de color negro.

A los pies del templo se sitúa una especie de sotechado en madera que albergaría un coro. Tiene una serie de vigas y paneles ricamente decorados con escudos nobiliarios y diferentes figuras así como motivos geométricos, todo ello con unas claras reminiscencias mudéjares. Fechado alrededor del siglo XV.

En su día albergó un retablo que se alojaba en el ábside, para ello no dudaron en cercenar el ajedrezado y parte de los capiteles. Eran otros tiempos.

Una pega, a pesar de pagar el precio de la entrada no es posible efectuar fotos en el interior del templo.

A finales de septiembre, en el próximo número digital que será el RA19, abordaremos con mayor extensión esta ermita que tiene un programa iconográfico excelente en cuanto a la escultura se refiere. Como muestra está la fotografía que ilustra esta entrada: un bello y raro ejemplo de Última cena con tres personajes.

Relieve Última cena en San Pedro de Tejada. Foto: Quique Segura

Puentedey

Para completar la excursión se puede uno acercar a la localidad de Puentedey que se encuentra a tan solo 26 km de aquí. Es recomendable hacer un alto en el camino. Justo en la mitad del recorrido nos encontramos en Villarcayo. Allí podemos parar en el restaurante El Cid (a la carta con excelente materia prima, primero y segundo, postre y vino, 30 euros, muy recomendable).

Puentedey es un pequeño pueblo perteneciente a Las Merindades (Burgos) que se alza sobre un peñasco el cual horada el río Nela, creando un paraje natural a modo de puente. Destaca la iglesia parroquial de San Pelayo del siglo XI y la Casona Palacio de los Porras buen ejemplo de arquitectura medieval.

Como curiosidad en sus cercanías se encuentra lo que fuera conocida como la línea de ferrocarril Santander-Mediterráneo. Esta línea fue un proyecto ferroviario que nació a principios del siglo XX. Pretendía enlazar las ciudades de Valencia y Santander como una vía rápida de salida marítima para las mercancías procedentes de las localidades interiores. Prácticamente estaba realizada y muchos tramos en funcionamiento. Durante muchos años ha tenido el honor de tener en su trazado el túnel ferroviario más largo de España conocido como Túnel de la Engaña (6.976 metros).

 Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

Fotos: Paula Guillot

http://www.flickr.com/photos/paulayjesus/6648420675/

Quique Segura:

http://www.fotografiayromanico.es/

 

 

 

 

 

Puentedey. Foto: Luisjo


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