Siempre feliz

Secretos y mentiras nórdicos. Ópera prima de Anne Sewitsky.

Ficha

Película: Siempre feliz.

Título internacional: Happy, happy.Título original: Sykt lykkelig.

Dirección: Anne Sewitsky.

País: Noruega. Año: 2010.

Duración:92 min.

Género: Comedia dramática.

Interpretación: Agnes Kittelsen (Kaja), Joachim Rafaelsen (Eirik), Maibritt Saerens (Elisabeth), Henrik Rafaelsen (Sigve).

Guion: Ragnhild Tronvoll.

Producción: Synnøve Hørsdal.

Música: Stein Berge Svendsen.

Fotografía: Anna Myking. Montaje: Christoffer Heie.

Diseño de producción: Camilla Lindbraten.

Distribuidora: Golem.

Estreno en Noruega: 5 Noviembre 2010. Estreno en España: 6 Julio 2012.

Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

 

Sinopsis

Kaja y Eirik se nos presenta como una familia cualquiera. Tienen un hijo fruto de su unión y viven en una vivienda unifamiliar, en un paraje rural rodeados de naturaleza. Normal si estamos hablando de un país como Noruega. Esta vida común admite otro adjetivo calificativo: anodina. De repente surge la novedad y con ella la ilusión: llegan unos nuevos vecinos. Son altos guapos, y tienen un hijo adoptado (etíope), algo más pequeño que el suyo. Las relaciones con sus vecinos afectaran la relación de Kaja y Eirik.

Comentario

Siempre feliz es el primer largometraje de la directora noruega Anne Sewitsky (1978). La protagonista de la película Kaja, es una mujer optimista que quiere ser feliz y contagiar de su felicidad a los que la rodean. En palabras de su directora: «La felicidad se ha convertido en su motor, y la alegría, en una estrategia de supervivencia». A su lado, Eirik aparente felicidad. Pero solo es fachada. Fruto de su unión (y no utilizo adrede la palabra amor) han tenido un niño, Theodor,  que se encuentra a las puertas de la adolescencia. Asisten con esperanza e ilusión la llegada de unos nuevos vecinos lo que pondrá patas arriba sus anodinas vidas. Los recién llegados Elisabeth y Sigve, altos, rubios, guapísimos, son el paradigma de la pareja perfecta. Traen de una mano a su hijo adoptado, Noa, y de la otra a su pasado. Todo parece perfecto para que la felicidad sea la protagonista. Ellas las mujeres se pueden convertir en amigas, confidentes además de vecinas. Ellos se puede convertir en colegas de deportes; y los pequeños encontrarán en el vecino a su compañero de juegos. Pero estamos ante una película nórdica y ya se sabe que este tipo de cine se suele caracterizar por que las historias no se quedan en simples sino que desarrollan las desventuras de las gentes que las protagonizan. Simples historias que se transforman en traumas existenciales, donde los sentimientos afloran y se verbalizan ante un buen vaso de vino.

Kaja es una mujer que aguanta el tipo. No es de extrañar que ante la primera oportunidad que tiene busque la felicidad en terrenos comprometidos. Su marido pasa de ella, ni la toca, prefiere irse a «cazar» con sus amigos y su mejor aliado lo tiene en su enfant terrible, en su propio hijo que le secunda en las rabietas que causan a Kaja.

Elisabeth y Sigve, aparentemente, son el prototipo de pareja escandinava: altos y guapos, sin gramos de más de grasa. Ideales, aparentemente. Su llegada a este nuevo hogar ha sido producto de un acuerdo que poco a poco se irá desvelando.

Nada es lo que parece en el gélido paraje nevado nórdico. La relación de pareja parece congelarse en el frío invernal. Pero los nuevos vecinos aportan calor, un calor humano que hará que se deshiele esa relación. Cada una de las parejas siente envidia por la otra. Al observar a sus convecinos (Kaja lo deja muy claro al mostrar a su vecina cómo se puede comunicar desde una ventana a la otra, sin salir de sus casas) cada una de las parejas ve las carencias en su relación. Cada una es diferente y en esa diferencia radica lo atractivo. A poco que escarbes van saliendo las miserias humanas, perdón, va saliendo la condición humana. Buscamos la felicidad aun a costa de sacrificar lo que tenemos que puede ser mucho o poco, pero es nuestra realidad. Tratamos de huir de ella inventándonos  nuevos mundos, nuevas ilusiones, nuevos amores que nos ayuden a transitar por la vida, la anodina y rutinaria vida que, queramos o no, es la que nos hemos construido. Las dos parejas protagonistas gozan de ese pequeño estatus que les proporciona el matrimonio y bajo cuyo paraguas parece que está asegurado el amor, el bienestar, y en definitiva la felicidad. Pero como todo el mundo sabe no es verdad que eso sea garantía del happy, happy que propone la cinta de Anne Sewitsky.

Me resulta difícil avanzar en este comentario sin desvelar las razones que tiene cada uno de los cuatro miembros de estas dos parejas para hacer lo que hacen. Pero el avispado lector y espectador se puede imaginar lo que sucede. Eso sí, con una pequeña dosis de sorpresa que pone la guinda a este rico pastel. Tal vez sea algo manido el recurso de los juegos de sobremesa para conocer a los protagonistas, pero ¿qué se puede hacer cuando a tu alrededor todo es nieve y el termómetro está del revés?

La trama secundaria que forma la relación de los dos pequeños es muy meritoria. Theodor es un reflejo de la impotencia y desazón que tiene su padre, Eirik. Y lo expresa con bastante crueldad en Noa, un niño negro etíope (el color de la piel es muy importante en esta relación). La amistad entre ambos y el grado de subordinación entre ellos es terrible.

Es de admirar ese tratamiento verosímil de los diálogos. Es una comedia en parte, pero también  Siempre feliz  tiene su buen punto de drama. Ante la pregunta: «¿Te hago una mamada?» te revuelves en tu asiento. Pero es valiente, sincera y directa como lo es la intención de quién se ofrece a tal menester (imagínense la cara del receptor de la oferta). No tiene una gran carga de moral, al final el desenlace es el que es y tal vez en la pareja de Kaja se note algo más la moralina. Al salir del cine es inevitable pensar en tu propia vida, en tu situación personal y cuestionarse si a ti te falla algo, si te falta algo y si eres plenamente dichoso en tu relación. Claro que no descubro nada, esto es uno de los alicientes que tiene el cine (o un buen libro, todos sea dicho). A pesar de eso, Siempre feliz no tiene la intención de deprimir a nadie como en otras cintas nórdicas donde las relaciones humanas estaban más presididas por la tragedia humana. Sus guiños cómicos aportar una agradable frescura.

Interesante los pequeños números musicales, con un cuarteto de góspel, inspirados en los años 40/50 que anteceden a las fases del relato fílmico (sustituyendo el clásico fundido a negro). Los temas, en sus letras, llevan cierta carga irónica que se complementa muy bien con el tono de la cinta.

Siempre feliz viene avalada por el Premio del Jurado a la mejor película (categoría World Cinema) en el Festival de Sundance de 2011 y eso es mucho aval. Tal vez si no fuera por eso habría pasado desapercibida al no poder entrar en los circuitos comerciales para su distribución. Es de agradecer que la productora Golem apueste en firme por este tipo de cine como así lo demuestre su catálogo de películas (no es la primera que desde aquí comentamos y siempre ha sido un acierto). Y esto se ha visto refrendado por el Premio Giraldillo de Oro a la mejor película en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla.

En definitiva, Siempre feliz es una película con desparpajo, que pone sobre el tapete las relaciones de parejas y la subordinación que tenemos hacia nuestros propios sentimientos. Una propuesta reflexiva que conjuga mucho drama rebajado de forma sutil con un humor irónico.

Os dejo el tráiler:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

 

 

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Fichero archivado: Cine

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