Archivo para junio, 2012

Verano griego: La nueva programación estival del Museo de Escultura de Valladolid

 

El Museo de Escultura de Valladolid acaba de presentar, como viene siendo tradiconal en los últimos años, su programación estival.

El acto celebrado en la Casa del Sol estuvo presidido por el Subdelegado del Gobierno en Valladolid Antonio Martínez Bermejo y la directora del Museo nacional de Escultura María Bolaños.

Bajo el título Verano griego se presentan una serie de actividades centradas durante el mes de julio (música), agosto (cine) y septiembre (curso o ciclo de conferencias).

Antonio Martínez Bermejo destacó la preocupación del propio Ministerio de Cultura en fomentar las actividades en los meses de verano. Recalcó el gran interés del publico por las actividades que viene realizando el Museo Nacional de Escultura y la gran aceptación que ha tenido el nuevo espacio Casa del Sol, un anexo por el que han pasado más de 23.000 personas del su inauguración el pasado mes de febrero. Estas es una de las razones por las que han decidido que la Casa del Sol esté abierta todo el verano y su entrada sea de manera gratuita (una cosa que es de agradecer, siempre y ahora mucho más).

María Bolaños resaltó que esta cita se está convirtiendo en algo habitual. Se hace de manera monográfica como lo fueron las dedicadas al barroco y a los portugueses. Las actividades básicas son las siguientes:

En el mes de julio. Bajo el lema de Músicas mediterráneas se celebrarán dos conciertos. El jueves 19 Ecos del Mediterráneo con Luis Delgado y los músicos de Urueña un repertorio de música andalusí, sefardí con himnos y danzas griegos. Y el jueves 26 Nadine Balbeisi (soprano) y Fernando Marín (viola) el arte renacentista de acompañar el canto con una viola de gamba, de la mano de  compositores inéditos del Mediterráneo español.

Patio del Colegio, 22 h.

Entrada: 10 € (Amigos del Museo: 8 €), en la Librería del Museo

 

En el mes de agosto bajo el lema Mitos antiguos & danza moderna habrá una serie de filmaciones de danza. El miércoles 8 La siesta de un fauno Coreografía: Vaslav Nijinski & Ballets rusos. Música: Claude Debussy (1912) y La consagración de la primavera Coreografía: Pina Bausch, Tanzteather de Wuppertal. Música: Igor Stravinsky (1913). El jueves 9 Orfeo y Eurídice Coreografía: Pina Bausch Ballet de la Opera Nacional de París. Música: Ch. W. Gluck (1762)

Jardín del Museo, 22 h

Entrada: 2 € en la Librería del Museo

En septiembre se celebrará un curso sobre la cultura griega: Grecia antigua: cuerpo y mito. El programa es el siguiente:

 

lunes 17

El cuerpo del héroe en el teatro ático

Ana Iriarte

Catedrática de Civilización Griega. Univ. del País Vasco

 

miércoles 19

Los artesanos en la sociedad ateniense y su proyección en el mito de Hefesto

Miriam Valdés

Profesora titular de Hª Antigua. Univ. Complutense

 

jueves 20

El sujeto antiguo

Fernando Colina

Psiquiatra y ensayista

martes 25          

El hombre, medida de todas las cosas

Alicia Satué

Profesora de Lenguas clásicas

 

miércoles 26

Del «colossos» a la estatua. Sobre algunos principios de la estética griega

María Bolaños

Directora del Museo Nacional de Escultura

 

jueves 27

El mito del hombre de bronce

Manuel García Teijeiro

Catedrático de Filología Griega. Univ. de Valladolid

Salón de Actos, Palacio de Villena, 20 h

Inscripción: 12 € (AAM y estudiantes  10 €). en la Librería del Museo

Del 27 agosto al 14 septiembre

 

Como complemento a este programa se celebrará una exposición coincidiendo con los actos de la celebración de los 300 años de la Biblioteca Nacional. Esta institución enviará de viaje sus libros más célebres para que visiten alguna de las obras de arte de los principales museos nacionales, y así enfrentar sus miradas e invitarlas al diálogo. De esta manera podremos contemplar en la Capilla del Colegio de San Gregorio del 13 de julio al 23 de septiembre la Exposición otras miradas. El libro visitante será Coplas a la muerte del padre, Jorge Manrique Impresor Jacobo Cromberger, Sevilla, circa 1508-1510. Biblioteca Nacional de España. Y la obra La Muerte, Gil de Ronza. Capilla de D. Vázquez de Cepeda, Convento de San Francisco, Zamora. Circa 1522. Museo Nacional de Escultura.

Para más información vista la Web del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

http://museoescultura.mcu.es/

 Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

Marcador

La exposición «El último Rafael» llega al Museo del Prado, Madrid

Bindo Altovitti Rafael Óleo sobre tabla, 59,7 x 43,8 cm h. 1516 - 1518 Washington, National Gallery of Art, Samuel H. Kress Collection 1943.4.33

El Museo del Prado presenta la exposición «El último Rafael». Constituye una de las más importantes dedicadas al artista y su taller y la primera muestra que se centra en los años finales. Una etapa productiva que le convirtió en el pintor más influyente del arte occidental. La exposición está organizada junto con el Musée du Louvre (acogerá la exposición entre octubre y enero de 2013) y está patrocinada por la Fundación AXA. Rafaello Sanzio (Urbino, 6 de abril de 1483 – Roma, 7 de abril de 1520) conocido como Rafael de Urbino o, simplemente, Rafael fue pintor y arquitecto del Alto Renacimiento. La exposición traza un recorrido cronológico con setenta y cuatro obras en total (muchas de las cuales no se habían expuesto anteriormente en España). Las obras se centran en la producción de sus últimos años, desde el inicio del pontificado de León X (1513) hasta su muerte (1520) y en las de sus principales discípulos, Giulio Romano y Gianfrancesco Penni (finales de 1524).

Uno de los principales retos al afrontar el montaje y programación de esta exposición ha sido la de establecer la frontera entre las obras ejecutadas por Rafael y las realizadas con la ayuda y participación de sus discípulos: Giulio Romano (h.1499 – 1546) y Gianfrancesco Penni (h. 1496 – 1528).

El objeto de la muestra son las pinturas de caballete, pero no hay que olvidar que Rafael fue pintor de frescos (estancias vaticanas –mientras su rival Miguel ángel pintaba la Capilla Sixtina-), diseñador de cartones para tapices y arquitecto (se hizo cargo de la construcción de San Pedro a la muerte de Bramante).

Por primera vez en España, se reúnen obras maestras como la Santa Cecilia (1515-1516), la Visión de Ezequiel (1516-1517), el retrato de Bindo Altoviti (h. 1516-1518), Fiammetta Soderini (h. 1518-1520), Virgen Wellington (1516-1518) o el archiconocido Retrato de Baltasar de Castiglione (ca. 1519), o el enigmático Autorretrato con Giulio Romano (1519-1520).

Los dos museos que organizan la exposición son propietarios de la mayoría de las obras que se presentan: cuarenta y cuatro pinturas, veintiocho dibujos, una pieza arqueológica y un tapiz; procedentes de cuarenta instituciones distintas. El público podrá, mediante la comparación, identificar la participación del maestro y alumnos (Romano y Penni) en las obras, así como dilucidar la contribución intelectual y estética de éstos a la obra de Rafael.

«El último Rafael» en detalle

Comisariada por Paul Joannides (Cambridge University) y Tom Henry (experto independiente), «El último Rafael» se presenta primero en Madrid, bajo la coordinación científica de Miguel Falomir -Jefe de Departamento de Pintura Italiana – desde el Museo del Prado, y entre el 8 de octubre y 14 de enero de 2013, con algunas variaciones respecto a la primera sede, en el Musée du Louvre de París donde será Vincent Delieuvin –conservador de pintura italiana del siglo XVI en el Louvre-, quien ejerza la coordinación científica.

Son seis las secciones en las que se divide la exposición.

I – Cuadros de altar
Los cuadros de altar que Rafael pintó en Roma bajo el pontificado de León X se exportaron tanto a Nápoles, Palermo, Bolonia o Francia. Aunque la mayoría ostentan la firma raphael urbinas («Rafael de Urbino»), ello no significa que en muchas de estas obras la participación del taller no fuera sustancial, y de hecho, en algún caso la ejecución íntegra corrió a cargo de un ayudante.

Solo la Virgen del pez es considerada como una «sacra conversazione» tradicional. La «sacra conversazione» se puede considerar con un género pictórico dentro de la pintura religiosa. Se representa a la Virgen con el Niño, acompañada alguno de los santos manteniendo una actitud relajada, no hierática (como era habitual antes del Renacimiento). También, en algunas ocasiones, se suele acompañar del comitente (el que paga la obra) o el donante.
Las demás obras, presentes en este capítulo, a excepción de Santa Cecilia, son composiciones narrativas en las que Rafael quiso reformular el cuadro de altar tradicional.
Un claro ejemplo lo constituye la Visión de Ezequiel. Al contemplar la obra podemos ver como el arte de Miguel Ángel (con su Capilla Sixtina) está presente, sobre todo en la figura de Cristo. Cristo es llevado en volandas por dos angelitos y a su alrededor, una criatura con cara de hombre (identificado como el evangelista Mateo) un león alado (Marcos), un buey alado (Lucas) y un águila (Juan) que sirven de trono al Creador. Luce un aspecto visionario con esa áurea fulgurante de iluminación dorada y resplandor divino. Esta obra parece anticipar la Transfiguración. La obra muestra los elementos constantes de la producción del artista italiano, como son los brillantes colores y la expresión dulce de alguna de las figuras con su poderoso dibujo.

II – Vírgenes y Sagradas Familias de gran formato
Fueron numerosas las variaciones que hizo Rafael, en Roma, sobre el tema de la Sagrada Familia, más que las que dedicó a la Virgen con el Niño. En muchas de ellas añadió a san José, a santa Ana y san Juanito. Son muchos los problemas para establecer una datación fehaciente, así como el grado de participación de sus ayudantes, como es el caso de La Perla, que se encuentra entre sus grandes obras maestras. Se trata de una obra que regalaron a Felipe V (1649). Es una Sagrada Familia que pasó a ser conocida como «La Perla» pues así era considerada por el monarca, como la joya de su colección. En primer término, en medio del paisaje, se sitúa la Virgen y santa Isabel, acompañados por Jesús y san Juanito. Al fondo, en penumbra, se puede distinguir una figura varonil. Se trata de san José, un personaje que no puede faltar en estas composiciones. Una composición piramidal y muy del gusto renaciente y reiterativo en la obra de Rafael.

La Virgen de los candelabros Rafael y taller Óleo sobre tabla, 65,7 x 64 x 1,9 cm (sin engatillado). Diam. 65,8 cm h. 1513 - 1514 Baltimore, The Walters Art Museum. Acquired by Henry Walters

III – Vírgenes y Sagradas Familias de pequeño formato
Estos cuadros, de pequeño formato, son donde primero se puede identificar y dónde mejor se aprecian las contribuciones individuales tanto de Giulio Romano como de Gianfracesco Penni.
Se inicia la sección con los trabajos de Giulio y continúa (en las paredes del fondo y laterales) con la producción de Penni. El conjunto nos revela el carácter individual y las limitaciones de estos artistas y realza la contribución de Rafael.

IV – Giulio Romano
Giulio fue un pintor versátil y ambicioso. Las obras que podemos contemplar en esta sección son representativas de su evolución sin la tutela de Rafael. Destacan La Déesis (Cristo en gloria con santos) de Parma y el gran cartón de la Lapidación de San Esteban que hizo como preparación de un cuadro destinado en Génova.

V – Retratos
El retrato en el Renacimiento tomó nuevos aires con la irrupción de Rafael. Sus retratos se pueden dividir en dos grupos. Por un lado los retratos oficiales y por otro los de los amigos. Al primer grupo pertenecen; papas, cardenales y otros altos personajes. Son encargos ejecutados, a veces, en muy poco tiempo. Y en el segundo grupo se encuadran loa retratos que Rafael hizo a sus amigos, posiblemente como un regalo. Son de una calidad más alta que los anteriores y no se detecta una participación de su taller. La invención de Rafael reside más en la ejecución pictórica que en la forma. Su Autorretrato con Giulio Romano se considera como un legado pictórico, como un testamento artístico. Es una pintura en la que el maestro Rafael aparece apoyando su mano izquierda en el hombro del joven discípulo.

VI – La Transfiguración
La Transfiguración fue un encargo hecho a Rafael por el cardenal Giulio de Médicis, hacia 1516, para la catedral de Narbona. Sebastiano del Piombo, queriendo revitalizar con Rafael consiguió que el cardenal le encargase un segundo cuadro. La primera, pro la muerte de Rafael quedó retenida en Roma y hoy se encuentra en los Museos Vaticanos y la de Sebastiano se mandó a Narbona y hoy se encuentra en la National Gallery de Londres. El taller de Rafael recibió el encargo de hacer una réplica del original rafaelesco, que llegó a España en el siglo XVII. La copia es la que podemos contemplar en la exposición junto con trece dibujos preparatorios hechos por Rafael (y Giulio Romano). Gracias e ello se puede reconstruir la secuencia de la ejecución de la obra. Rafael se dio cuenta de que podía acrecentar el dramatismo de la obra combinando la Transfiguración con la presentación de un muchacho poseído a los apóstoles. La parte superior narra la transfiguración de Cristo en el monte Tabor. Jesucristo aparece transfigurado, flotando entre nubes suavemente iluminadas, perdiendo materialidad para transformarse en Espíritu Santo entre los profetas Moisés y Elías. En la parte inferior, Rafael representa a los apóstoles intento liberar a un niño poseído de los demonio (o epiléptico). Hasta que la llegada de Cristo obra el milagro y al final es curado. Es un cuadro que preconiza el manierismo, con esas posturas estilizadas u retorcidas, sobre todo en la parte inferior. Pero también anuncia el barroco como se evidencia de la tensión dramática de esas mismas figuras y, sobre todo, por el fuerte claroscuro. Con lo cual estamos ante una nueva tipología de cuadro que va a marcar todo el curso del siglo XVI. Ahí radica algo de la grandeza del gran artista Rafael de Urbino, o simplemente Rafael.

Baldassare Castiglione Rafael Óleo sobre lienzo, 82 x 67 cm 1519 París, Musée du Louvre. Département des peintures. Collection de Louis XIV © 2007 Musée du Louvre / Angèle Dequier 3. San

Catálogo
Como viene siendo habitual en estas magnas exposiciones que se celebran el Museo del Prado, la institución ha editado español e inglés, un catálogo. Consta, además de los textos institucionales, de un texto científico a cargo de Tom Henry, historiador del arte, y Paul Joannides, profesor de Historia del Arte de la Cambridge University, ambos comisarios de la exposición, el segundo, a cargo de Ana González Mozo, investigadora del Gabinete de Documentación Técnica del Museo Nacional del Prado, sobre la técnica pictórica de Rafael en Roma y, un tercero, que consiste en un estudio técnico de los cuadros del Musée du Louvre escrito por Bruno Mottin, Élisabeht Ravaud, Gilles Bastian y Myriam Eveno del Centre de Recherche et de Restauration des Musée de France.
Además en la publicación se pueden consultar 50 fichas técnicas en las que se estudian, agrupadas en conjuntos coherentes todas las obras de la exposición.
Esta publicación en encuadernación rústica español e inglés tiene un PVP de 35 €.

Régimen de acceso a la exposición
La tarifa única de entrada al Museo es de 12 euros (reducida o gratuita, conforme a las condiciones habituales ya establecidas) y permite la visita a la colección permanente, la exposición «El último Rafael» y a las exposiciones temporales coincidentes con su calendario de apertura.
El horario de visita a la exposición será de lunes a sábado, de 10 a 20h, y domingos o festivos, de 10 a 19h.

Más información:

http://www.museodelprado.es/exposiciones/info/en-el-museo/el-ultimo-rafael

El vídeo:

Luis José Cuadrado

Revista Atticus

Ernest Ludwing Kirchner (1880 – 1938). Exposición retrospectiva en la Fundación Mapfre, Madrid

Desde el 26 de mayo al 2 de septiembre de 2012 se puede ver una completa retrospectiva dedicada al artista alemán Ernest Ludwing Kirchner (1880 – 1938) en la Fundación Mapfre de Madrid (Salas de Exposiciones en el Paseo de Recoletos, 23).

Retrato del pintor Heckel, ca. 1907 Colección particular

Kirchner fue una de los máximos representantes del expresionismo alemán. Fue el cofundador del famoso grupo Die Brücke (El puente) en 1905, y constituye uno de los grandes artífices de la modernidad.

Producida íntegramente por FUNDACIÓN MAPFRE, la muestra ha contado con la colaboración especial del Kirchner Museum Davos además de otros 26 museos y colecciones privadas de gran prestigio internacional, el MNAM Centre Georges Pompidou de París, la National Gallery de Washington DC, el Legado Ernst Ludwig Kirchner, la Galerie Henze & Ketterer de Wichtrach-Berna, la Nationalgalerie de Berlín, el Folkwang Museum de Essen, las Staatliche Staatsgemäldesammulungen de Dresde, la Hamburger Kunsthalle, el Städel Museum de Fráncfort y el Wilhelm-Hack-Museum de Ludwigshafen, entre otros.

La muestra está compuesta por 153 obras. Comprende óleos, obras sobre papel y esculturas y tiene como complemento una selección de 35 copias modernas de fotografías que el propio Kirchner realizó para documentar su proceso creativo. Es una ocasión única que solo se podrá contemplar en Madrid, ya que no contará con más etapas.

La exposición está comisariada por Karin Schlick, directora del Museo Kirchner de Davos. El recorrido ofrece al público un visión completa de la su vida y obra; desde sus inicios como estudiante de arquitectura hasta su “nuevo estilo” surgido en Davos (ciudad a la que se traslado para ser ingresado en un sanatorio tras sufrir una crisis nerviosa tras el estallido de la Primera Guerra Mundial).

 

Recorrido por la muestra

Los colores son la alegría de la vida

Ernst Ludwig Kirchner

La muestra se organiza en cinco secciones siguiendo el orden cronológico de la vida del artista y repartidas en las dos plantas de la sede madrileña de la Fundación.

1. Dresde. Años tempranos y la creación de Brücke, 1905-1911

Kirchner, desde joven, siente afición por el dibujo y manifiesta su deseo de ser pintor, aunque, siguiendo los consejos paternos, se matricula en la Escuela Técnica de Arquitectura de Dresde. En esta ciudad conocerá a Erich Heckel, Karl Schmidt-Ruttluff y Fritz Bleyl y con ellos fundará, en 1905, Die Brücke (El puente), nombre tomado de una obra de Nietzsche. Al comienzo surge como una comunidad de jóvenes artistas que pintan y exhiben su nuevo arte con la determinación propia de su juventud y cierta rebeldía. La pintura del grupo Die Brücke buscaba innovar, pero también protestar por los academicismos y ciertos «ablandamientos» que se experimentaban con la Belle Époque. Este grupo constituirá una de las primeras vanguardias del siglo XX y será uno de los movimientos artísticos determinantes.

Kirchner será el único integrante del grupo que recibe cierta formación. En sus comienzos se inspirará en Van Gogh y en Matisse y su estilo se basará en pinceladas largas, sueltas y fluidas de coloridos vibrantes.

Siguiendo algunos de los preceptos impresionistas el grupo va a experimentar con la pintura a plein air, al aire, con un método basado en la intuición y en la experimentación que denominaron al así como pintura al cuarto de hora (dibujos rápidos de desnudos en los que los modelos posaban durante ese corto espacio de tiempo).

El grupo fue creciendo, poco a poco, con la presencia de Max Pechstein, Otto Mueller, el suizo Cuno Amiet, el holandés Kees van Dongen, el finlandés Akseli Gallen-Kallela y, aunque sólo temporalmente, Emil Nolde. Las visitas al Museo Etnográfico de Dresde con su arte primitivo marcó el estilo del grupo. Los integrantes del grupo, y en especial el propio Kirchner, intentaron mantener fiel a tres principios que ellos consideraron básicos en el desarrollo de su pintura: libertad vital, espontaneidad y autenticidad. Siempre inspirados en el primitivismo y la vivencia y el sentimiento interior.

 2. Expresionismo en Berlín, 1911-1915

En 1911, el artista se traslada a Berlín. Allí va a pintar sus obras más representativas y comenzó a tener éxito. Tomará contacto con el grupo de artistas agrupados en Der Blau Reiter (El jinete azul) y que fue fundado por Wassily Kandinsky y Franz Marc en Munich, en 1911. Los miembros del Die Brücke fueron invitados a participar en exposición del grupo muniqués.

Gracias al incipiente reconocimiento de su obra es seleccionado por el Armory Show, una exposición de arte europeo contemporáneo que se celebró en Nueva York en 1913. Esta exposición se convirtió en un punto de inflexión para el arte de los Estados Unidos en dirección ha llamado “arte moderno”. Provocó un cambio radical en los artistas estadounidenses que los volvió más independientes y con un lenguaje artístico propio. Más de 300 artistas (desde Goya a Marcel Duchamp) que abarcaban movimientos como el impresionismo, simbolismo, postimpresionismo, fauvismo y el cubismo aglutinando a más de 1250 artistas (de los cuales cerca de un tercio provenían del viejo continente).

Los años berlineses darán paso a un leguaje rotundamente expresionista. Hay que recordar que este movimiento alemán surgió como reacción al impresionismo (defensores de un naturalismo y carácter positivista) defendiendo un arte más personal, desde la visión interior, la “expresión” del artista. Es ahora cuando las formas se hacen más angulosas, los colores son mucho más estridentes y las composiciones con perspectivas más radicales. La calle, el ambiente de la ciudad va a ser la fuente de inspiración de su arte.

En su búsqueda por su identidad tomará contacto con el grabado y también con la escultura convirtiéndose esta última en un perfecto complemento a sus manifestaciones artísticas.

En estos momentos sus obras ya comienzan a tener una personalidad propia, con frecuencia impregnada por una marcada deformación y ansiedad que revela una inquietud personal y síquica que derivará en una fuerte crisis nerviosa. Sus cuadros se pueblan con formas toscas. Kirchner, dibuja como otros escriben. Practica y va dibujando todo lo que ve de forma rápida.

Es en estos años cuando comienza a escribir con el seudónimo de Louis de Marsalle.

Autorretrato con niña: doble retrato, 1914-15 Staatliche Museen zu Berlin, Nationalgalerie © Foto: Jörg P. Anders

3. Tiempo de crisis, 1915-1917

Coincidiendo con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, Kirchner sufre una crisis personal. Al exceso de trabajo, a una vida desorganizada se le une el excesivo consumo de drogas. Trató de eludir su ingreso en el ejército y descuidó su vida. Sufre un colapso y es ingresado en distintos sanatorios de Alemania y Suiza. A pesar de ello tiene un gran éxito social y artístico y sigue participando en distintas exposiciones. De este momento son algunas de sus obras más sorprendentes. En ellas se percibe el miedo y la angustia del conflicto bélico. Los diversos retratos de médicos, enfermeros y pacientes en el sanatorio de Kreuzlingen constituyen uno de los conjuntos más ricos de su producción de estos años.

4. Primeros años en Davos, 1917-1925

Kirchner llega, por primera vez, a Davos en 1917. Al año siguiente fija su residencia definitiva allí. Se siente conmovido por la vida rural de los Alpes y este motivo constituye el tema central en su producción de esta fase. Serán los años donde apreciará la verdadera dimensión del color. El cromatismo intenso y de trazo nervioso dará paso a composiciones más planas, sosegadas, con colores más claros y tamizados. Ejercita un estilo denominado «tapiz». Se basa en la técnica del bordado y tejido rurales y consiste en la superposición de manchas de colores.

5.      Abstracciones: Davos, 1925-1938

Kirchner muestra en este último apartado de la exposición su inquietud y su constante aprendizaje. 1925 Constituye un punto de inflexión en la vida del artista, adoptando a partir de ese momento un lenguaje abstracto, estático y ornamental, pero dominado por la fuerza del color que el siempre lo asoció a la alegría. Se nota una clara influencia de Picasso, Léger, le Corbusier y la Bahaus.

Son momentos muy duros para el artista que ve como el nazismo asciende. Su obro alcanzó un gran éxito. Prueba de ello es que los nazis decomisaron 639 obras suyas retirándolas por considerarla como «arte degenerado». Kirchner es expulsado de la Academia de las Artes prusiana. Alemania, en 1938, se anexiona Austria y sospecha de una posible invasión alemana en Suiza. Ante este panorama, destruye parte de su obra y se suicida ese mismo año, el 15 de junio.

 

Ernest Ludwing Kirchner y sus compañeros de Die Brücke se inspiraron para su arte en la inocencia de la representación que hacen tanto los niños como de los pueblos primitivos. Eliminaron las gradaciones tonales, los estudios atmosféricos y el claroscuro académico para dar paso en sus obras a una escala de colores vivos, alegres para crear composiciones de luces y sombras a la manera de Van Gogh y de los miembros del fauvismo francés (Matisse, Derain).

En su estilo hay un predominio del color sobre línea. Estaba convencido de que su fuerza creativa dependía de sus emociones. Un gran artista que despegó en sus obras una colorida paleta de colores contrastando con los grises y ocres que impregnaban su biografía atormentada, sobre todo en la última etapa de su vida con el ascenso del nazismo. Fue pintor, escultor, dibujante, arquitecto, fotógrafo, historiador de arte… En plena madurez artística decidió que no le gustaba el cariz que sacudía a la vieja Europa y decidió no presenciar ese conflicto.

«El objeto en la pintura de mi nuevo estilo ya no se puede captar de manera simplemente ocular, sino más bien como sentimiento»

Ernest Ludwing Kirchner

Desnudo en naranja y amarillo, 1929-30 Kirchner Museum Davos. Donación del Legado Ernst Ludwig Kirchner, 1990 © Kirchner Museum Davos

 

 

 

En definitiva, estamos ante una gran oportunidad de ver una magna exposición de un artista clave para comprender los movimientos vanguardistas del siglo XX. La muestra se cierra con un pequeño apartado dedicado al Kirchner fotógrafo. Son 35 copias que le servía al propio artista para documentar su proceso creativo.

Más información:

Imprescindible visitar la web para realizar una visita virtual. Muy buena:

http://www.exposicionesmapfrearte.com/kirchner/

Datos útiles

Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos, 23. Teléfono: 91 581 61 00. Horario: lunes, de 14.00 a 20.00 hrs. De martes a sábado, de 10.00 a 20.00 hrs. Domingos y festivos, de 11.00 a 19.00 hrs. Del 26 de mayo al 2 de septiembre. Visitas guiadas: martes, de 12:00 hrs a 19:00 hrs. www.fundacionmapfre.com

 

Un vídeo de la muestra, por si todo esto no te ha atraído:

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

 

Presentación Hopper en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.

 

Un gran sentimiento de alegría es el que manifestaba Guillermo Solana (Director del Museo Thyssen Bornemisza) al presentar la exposición de Hopper en la sede del museo madrileño. ¡Por fin Hopper! En el acto acompañaban al director Laurent Salomé (Conservador Jefe de la Rmn – Grand Palais), Didier Ottinger (Director adjunto del MNAM / Centre Pompidou), Tomás Llorens (Director Honorario del Museo Thyssen-Bornemisza) y Ed Lachman (cineasta estadounidense).

 

Desde que se hizo cargo de la dirección del museo, Solana soñaba con traer a Hopper a España. Mucho antes lo había hecho (y de qué manera) la Fundación Juan March (13 de octubre de 1989 al 4 de enero 1990) en su sede de Madrid. Posteriormente se celebró una gran retrospectiva conjunta que viajó a Boston, Washington y Chicago (entre 2007 y 2008) que retrasó sus planes puesto que había que esperar a que el tsunami pasara y la tranquilidad volviera a los museos que habían prestados obras del gran artista americano.

Al final el deseo de Guillermo Solana se cumpliría al saber que el Grand Palais de París quería celebrar una gran retrospectiva. Ambos comisarios se pusieron en contacto y llegaron a un acuerdo. El Thyssen expondría en verano y el Grand Palais lo haría en otoño.

Edward Hopper (Nyack, 1882 – Nueva York, 1967) es uno de los artistas más importantes e influyentes del siglo XX. Fue un gran retratista de la América profunda de la primera mitad del siglo XX. Son muy conocidas sus imágenes de carreteras, ferrocarriles, moteles y diferentes motivos que definen de forma progresiva la modernización de la cultura americana.

La exposición reúne una selección de 73 obras y analiza la evolución del pintor estadounidense en dos grandes capítulos. El primero de ellos arranca con su paso por el estudio New York School of Art de Robert Henri (uno de los ocho artistas fundadores de la Escuela Ashcan, una corriente artística  cuya preocupación era capturar las escenas de la vida diaria de los barrios más pobres de Nueva York de forma realista). Con obras de 1900 a 1924 recorre el periodo de formación del artista donde ya empieza a reflejar su estilo. Pinturas, dibujos, grabados y acuarelas  se exponen junto a obras de otros artistas como el propio Henri, Félix Valloton o Edgar Degas emulando un diálogo que en su día mantuvieron con Hopper. La segunda parte de la exposición se centra en la producción de su etapa de madurez, repasando su trayectoria artística de manera temática, destacando los asuntos y los motivos más recurrentes en su obra, siguiendo un hilo cronológico.

La muestra incluye préstamos procedentes de grandes museos e instituciones como el MoMA y el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museum of Fine Arts de Boston,la Addison Galleryof American Art de Andover ola Pennsylvania Academyof Fine Arts de Filadelfia, además de algunos coleccionistas privados, y con mención especial al Whitney Museum of American Art de Nueva York, que ha cedido 14 obras del legado de Josephine N. Hopper, esposa del pintor.

La exposición incluye una curiosa e interesante novedad. El cineasta estadounidense Ed Lachman ha recreado Sol de mañana (1952) Lachman reproduce en tres dimensiones la escena de uno de los cuadros más famoso del artista americano, desvelando ciertos recursos cinematográficos en las obras del pintor. Con esta puesta en escena finaliza el recorrido por la obra de Hopper.

1 – Los inicios

Garret Henry Hopper, padre de Edward, posee una tienda de tejidos y prendas de vestir. Su madre, Elizabeth Griffins Smith, hereda varias propiedades lo que proporciona a la familia una situación económica acomodada.

Tras graduarse en la escuela en 1901, Edward estudia Bellas Artes con la intención de ganarse la vida como ilustrador. Al año siguiente toma contacto con Robert Henri, profesor que influirá poderosamente en la carrera del pintor.

En el estudio de Robert Henri (quien había reinterpretado el impresionismo ─movimiento que acabada de surgir en París en 1874─ y denominarlo «nuevo academicismo»), Hopper tratará de aprender a reflejar un realismo moderno que lo separara del academicismo imperante hasta ese momento. En sus primeras obras predomina la tonalidad oscura y hay una presencia del desnudo femenino. Estos inicios estarán marcados por su viaje a París en 1906 y la posterior influencia del contacto con el arte parisino y las incipientes vanguardias. Su estancia se prolongará por espacio de un año. El contacto con el impresionismo forjará su particular forma de tratar la luz y la sensualidad, ambos aspectos tan llamativos en su trayectoria. Los cuadros de este momento reflejan su alrededor cotidiano, como la rue Lille donde vive en París. En la muestra de Madrid, podemos ver alguna de estas obras iniciales junto con otras de artistas europeos que influyeron en él como Albert Marquet, Félix Valloton (Mujer cosiendo en un interior, 1905) o Edgar Degas. Según el propio Hopper, su paso por París no le dejó un buen poso. Oyó hablar de Gertrude Stein, pero sin embargo no de Picasso. Su estancia en la capital parisina no tuvo un gran impacto en él, o por lo menos no de forma inmediata. Sin embargo, un viaje a Ámsterdam y la contemplación de La Ronda de noche de Rembrandt, 1640-42, si que le debió de dejar huella, incluso para repetir viaje a París en 1909.

A su regreso a los Estados Unidos se tiene que ganar la vida realizando trabajos como ilustrador. Esto le va a permitir concretar su estilo y mejorar su técnica practicando en motivos que tienen que ver con el ocio, el espectáculo o la burocracia. Bien es cierto que el tratamiento que hace en estas obras es totalmente diferente. Mientras que en las ilustraciones explota el lado consumista con trabajos llenos de vitalidad y alegría, en sus lienzos incide en la apatía, el drama y la soledad de sus personajes.

En 1910 Henri, Sloan y Arthur B. Davies incluyen a Hopper en una exposición de Artistas Independientes que se celebra en la calle Oeste de Nueva York. Después de esa exposición viajará, por tercera y última vez, a París con extensión a Madrid y Toledo.

En 1913 en otra exposición con numerosos pintores del grupo The Eight (introductores de las vanguardias europeas en los Estados Unidos) Hopper vende su primer cuadro, Sailing (un pequeño óleo de un velero) por 250 dólares.

Al año siguiente se producirá otra evolución en su obra que vendrá de la mano del descubrimiento del grabado. Experimentará con el contraste de luces por medio de papeles más blancos y tintas más densas en motivos que posteriormente volverá a ellos con el lienzo.

En 1920 expondrá, de forma individual, dieciséis lienzos (once de los cuales los realizó durante su estancia en París). Son bien recibidos, pero no vende ni uno solo, con lo cual sigue dependiendo de su trabajo como ilustrador.

Edward Hopper La casa de Marty Welch, 1928 (Marty Welch's House) Acuarela sobre papel. 35,6 x 50,8 cm Colección privada. Cortesía de Guggenheim, Asher Associates

En 1923 Hopper realizará sus primeras acuarelas en la ciudad costera de Gloucester (Massachusetts) coincidiendo con Josephine Verstille Nivison con quien se casará al año siguiente. En esta ciudad retratará, como motivo principal, las casas victorianas. Es en este momento, y al desarrollar esta técnica, cuando sus composiciones tendrán un sentido dramático con el juego de luces y sombras que determinará el desarrollo posterior de su obra. A este momento corresponde La Casa de Marty Welch  (1928) y otras acuarelas que se encuadran (a pesar del año) en esta primera etapa. Gracias a ellas (vendió las dieciséis acuarelas que presentó en una galería) obtuvo los suficientes recursos económicos como para abandonar la ilustración y dedicarse a la pintura a tiempo completo.

En definitiva, durante esta primera etapa, en su obra se percibe una clara influencia de la pintura europea en el uso de los colores oscuros (marrones, grises y negros), sobre todo de los pintores holandeses del barroco como Frans Hals y Rembrandt y de la escuela impresionista.

2 – Etapa de madurez

A partir de 1925, la obra de Hopper se vuelve más personal, cobrando fuerza formal y con más carga poética. Casa junto a la vía del tren, 1925, parece marcar el punto de inflexión de su obra, anunciando ya un estilo inconfundible. Lloyd Goodrich al referirse a esta obra escribió: «sin pretender ser otra cosa que un retrato simple y directo de una casa fea, consigue ser una de las más conmovedoras y desoladoras manifestaciones de realismo que hayamos visto jamás». Esta obra ha pasado a la historia del cine como la casa que inspiró a Alfred Hitchcock, como siniestra mansión, para su película Psicosis.

En 1933 el MoMA organiza su primera retrospectiva.

Edgar Degas Una lonja de algodón en Nueva Orleans, 1873 (Un bureau de coton à La Nouvelle‐ Orléans) Óleo sobre lienzo. 73 x 92 cm Musée des Beaux‐Arts, Pau

En 1940 pinta Oficina de noche, una obra inspirada en sus viajes en el metro neoyorquino y en la obra americana de Edgar Degas como el lienzo Una lonja de algodón en Nueva Orleans, 1873.

La producción de Hopper es más bien escasa, es un pintor lento que apenas ejecutó uno o dos lienzos al año (cerca de un centenar de obras llevan su firma). Recoge en ellos escenas cotidianas de la vida y que entusiasma a sus conciudadanos con esa visión de la vida moderna. A primera vista parece que estemos contemplando estampas con una composición sencilla, muy básica, pero enseguida descubres una cuidada y estudiada elaboración que, casi siempre, conlleva una reflexión ante el cuadro.

En estos calmos escenarios la soledad parece ser la protagonista. Incluso en aquellos cuadros en los que aparecen un grupo de personas, como pueda ser Gente al sol, 1960. La soledad está muy presente si contemplamos con detenimiento la escena. No se tocan entre ellos. En este cuadro las sillas están escalonadas. Otro de los aspectos destacables en la obra de Hopper es esa extraña atmósfera que parece congelar a los personajes. Así podemos ver a una mujer que parece llamar (más bien gritar) al que posiblemente es su marido y éste ni tan siquiera atiende a razones en Carretera de cuatro carriles, 1956. O en, de nuevo, Gente al sol ¿qué hacen unas personas vestidas enfrentándose al sol, callados, aislados? Son historias de gentes anónimas y paisajes solitarios. Quizás una de las más conocidas obras del artista americano sea Habitación de hotel, 1931. En ella podemos encontrar la soledad de forma palpable. Una persona sola, casi desnuda, se muestra afligida, apesadumbrada y sostiene en sus manos lo que parece ser una carta. A sus pies las maletas están listas ¿para marcharse o quedarse? ¿Qué le pasa a la joven protagonista? Enigmático misterio que rodea a esta  obra de Hopper que posee el Museo Thyssen.

El desnudo en la obra de Hopper ha tenido una significativa presencia desde sus primeras obras. La mujer, su soledad, sus pensamientos que casi puedes ser escuchados (magnífica habilidad para transmitirnos esa preocupación) la observamos ajena al resto del mundo en su intimidad, no saben que son observadas en una clara apuesta por el voyeurismo al hacernos partícipe a nosotros de esa contemplación.

Edward Hopper Habitación de hotel, 1931 (Hotel Room) Óleo sobre lienzo. 152,4 x 165,7 cm Museo Thyssen‐Bornemisza, Madrid

Otro elemento característico en su obra es la arquitectura. A veces retrata un edifico aislado, pero otros veces formando parte de un entorno urbano.  El empleo de la luz es uno de los principales diferenciadores de la pintura de Edward Hopper. Ya sea una luz natural que entra por la ventana o en un exterior en pleno día o ya sea de noche y de manera artificial que ilumina la escena moldeando cada detalle en el lienzo. Este tratamiento de la luz es que protagonizará la mitad de su producción en estos últimos años. Destacan obras como Mañana en la ciudad, 1944 o Sol de mañana, 1952.

He dejado para el final este bello y sugerente cuadro Sol de la mañana, 1952, pues la exposición incluye una curiosa e interesante novedad. El cineasta estadounidense Ed Lachman ha recreado este cuadro.  Lachman reproduce en tres dimensiones la escena de uno de los cuadros más famoso del artista americano, desvelando ciertos recursos cinematográficos en las obras del pintor. Con esta puesta en escena finaliza el recorrido por la obra de Hopper.

Edward Hooper falleció el 15 de mayo de 1967, a los 84 años de edad, en su estudio de Washington Square. Fue uno de los artistas más significativos del siglo XX. Con su sensibilidad sin precedentes, con su mirada singular del mundo y con su gran sentido dramático le hacen acreedor de un lugar en la historia del arte moderno. Su esposa Josephine murió al año siguiente. En 1970 sus herederos (no tuvieron hijos) donan al Whitney Museum of American Art lo que se conoce como «El legado Hopper», un gran número de obras y diversos documentos.

 

Simposio Edward Hopper, el cine y la vida moderna.

«Esa imagen hopperiana es buscada conscientemente. Amo de ese pintor la ausencia de detalles; ese ir a lo mínimo indispensable. Hay sitios de los Estados Unidos donde pones la cámara y te sale un cuadro de Hopper».

Wim Wenders

Con motivo de la exposición Hopper, comisariada por Tomàs Llorens y Didier Ottinger, se ha programado un simposio internacional que se celebrará en el Museo del 19 al 22 de junio, bajo el título Hopper, el cine y la vida moderna.

Las relaciones de Hopper y el cine se establecen en dos direcciones. Por un lado, se sabe de la afición del artista por el séptimo arte y por otro, de la influencia de su obra ha tenido en cineastas y directores de fotografía e iluminación.

Las jornadas reunirán en Madrid un buen número de expertos que alternaran conferencias y mesas redondas con la proyección de documentales y largometrajes con el fin de profundizar en la interesante relación entre el pintor y el cine. Realizadores como Isabel Coixet y Carlos Rodríguez, directores de fotografía como Juan Ruiz Anchía o Ed Lachman y especialistas en Historia del Cine como Jean-Loup Bourget o Jean Foubert dialogan en estos encuentros con artistas como Brian O´Doherty, historiadores del Arte como Erika Lee Doss, Valeriano Bozal y los propios comisarios de esta exposición, Tomàs Llorens y Didier Ottinger, entre otros muchos participantes.

 

Ciclo de cine

Del 23 de julio al 1 de septiembre.

Un día después de la clausura del simposio dará comienzo un ciclo de cine cuya programación se ha inspirado así mismo en la obra de Hopper y en la influencia que ésta ha ejercido sobre la cinematografía. Títulos como Scarface (Howard Hawks, 1932), Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), El eclipse (Michelangelo Antonioni, 1962), Malas tierras (Terrence Malik, 1973), Terciopelo azul (David Lynch, 1986), Nubes pasajeras (Aki Kaurismäki, 1996), Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002) o Mi vida sin mí (Isabel Coixet, 2002), entre otras, se proyectarán en el salón de actos del Museo, en versión original y con subtítulos en español. En total, se podrán ver en pantalla grande más de veinte películas todos los viernes y sábados, del 23 de julio al 1 de septiembre. La entrada será libre hasta que se complete el aforo de la sala.

Selección de textos del catálogo

La fortuna crítica de Hopper ascendió rápidamente hace aproximadamente ochenta años y desde entonces la estatura del artista en el paisaje del arte moderno no ha disminuido. Hoy, visto desde la perspectiva que nos ha legado la segunda mitad del siglo XX, su figura se nos presenta como la de una gran roca solitaria y desnuda en el desierto. Su soledad y su desnudez despiertan no sólo nuestra admiración, sino también nuestra extrañeza. Nos preguntamos cómo puede haber llegado a adquirir un perfil tan singular y excepcional. Pero el perfil de Hopper no siempre ha tenido ese aspecto. En la primera fase de su fortuna crítica, la apreciación de su obra se apoyaba en un andamiaje de ideas y creencias que eran ampliamente compartidas en el mundo artístico de su tiempo. Luego, el viento de la historia, un viento que raras veces ha sido tan violento como en las décadas centrales de la vida de Hopper, barrió ese andamiaje, erosionó la vegetación y dejó a la vista la roca desnuda.

Sobre la fortuna critica de Edward Hopper

Tomàs Llorens

 

“(…) Para Henri, la pintura de Édouard Manet condensaba las virtudes que pretendía inculcar en sus alumnos de la New York School of Art. «Manet no hacía lo esperado. Fue un pionero. Seguía su inspiración personal. Le decía al público lo que él quería que supiera, no las viejas y desgastadas cosas que ya conocía y pensaba que quería oír de nuevo». Los dibujos que a partir de El pífano o de Olimpia realizó Hopper durante sus años de formación atestiguan el lugar que ocupaba el pintor francés en la docencia de Henri. Otra alumna suya, Helen Appleton Read, precisa los méritos que Henri concedía al realismo de Manet: «Todas las manifestaciones de la vida eran para él posibles temas artísticos, lo que lo inducía a pensar que, como los pobres eran los que estaban más cerca de las realidades de la vida, eran también los mejores temas para el arte. A los alumnos de Henri les parecía que la vida fluía con más fuerza y plenitud en los bares del Bowery y en los muelles que en el Knickerbocker Hotel o en las calles de moda del Upper East Side». Esa dimensión de crítica social atribuida al realismo de Manet será, para Hopper, una de las aportaciónes esenciales de la enseñanza de Henri.

 

El realismo transcendental de Edward Hopper

Didier Ottinger

 

Edward Hopper Sol de mañana, 1952 (Morning Sun) Óleo sobre lienzo. 71,4 x 101,9 cm Columbus Museum of Art, Ohio: Howald Fund Purchase

(…) Son todas escenas de la vida americana, de la vida cotidiana en los Estados Unidos, la novedad radica en la naturaleza de nuestra situación, en nuestra implicación con esas escenas. Para situar al espectador, es decir, para situar nuestra mirada, Hopper se sirve de muy concretos recursos plásticos. Su sentido de encuentro, instantaneidad, descubrimiento es el resultado de una cuidadosa elaboración en la que intervienen la proximidad y la escala, la condición del horizonte, elevado o bajo, inexistente en algún caso, el ángulo perceptivo, el juego de luces y sombras, rasgos que nos incorporan al mundo de la escena y, al hacerlo, nos permiten, casi diría que nos obligan, a reflexionar sobre el lugar en el que nosotros nos encontramos: dónde estamos cuando contemplamos a la mujer en el hotel, a la muchacha que cose a máquina, el departamento del vagón…, ¿desde dónde miramos, cuál es el espacio que nos está destinado? La referencia al lugar en el que nosotros nos encontramos es una constante en la pintura de Hopper, en este punto, como ha señalado con brillantez Cees Nooteboom, próximo a la pintura holandesa, a Vermeer de Delft y Pieter de Hooch. (…)

 

El lugar de Hopper

Valeriano Bozal

 

 

Un pequeño vídeo sobre la exposición en el Thyssen:


 

Más información

www.museothyssen.org

 

 

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

 

Ríos Revueltos.

Western posapocalíptico donde amistad y venganza cruzan sus caminos.

Ficha

Equipo artístico

Alberto Millán (Largo); Nicola Reale Bartolotto (Candolini); Judit Molero (Tuerta); Leticia García Brea (Muda); Paco Alonso (Padre); José Gallego (Reverendo); Fernando Ganzo (Pascual); César Guer (Guer)

Equipo técnico

Director/ Guionista/Productor/Productor Ejecutivo: Enrique Diego

Productor/Productor Ejecutivo: Rubén Arnaiz

Ayudante de dirección/Montaje: Álvaro Arroyo

Director de Fotografía: Jose Ligero

Vestuario: Dani Hache

Maquillaje y Efectos especiales: Rita Navarro Trespaderne

Sonido Directo/Montaje sonido: Leticia Argudo

Compositor: Dani Hijo

 

 

 

 

Sinopsis

Largo y Candolini son dos amigos que vagan en un mundo donde el caos se ha instalado. Todo lo establecido, lo conocido, se ha derrumbado. Cada uno tiene que buscarse el sustento sin descuidar su espalda.  No te puedes fiar de nadie en un mundo que se ha vuelto hostil.

 

 “Es una historia de supervivencia en un futuro cercano, de personajes que vagan por un mundo hostil, distinto al que conocían “

Enrique Diego

 

 

 

Comentario.

Me enfrento a este comentario con una tremenda dificultad: ser objetivo. Esto es una de las premisas necesarias en todo comentario o análisis fílmico, pero en el caso de Ríos Revueltos representa un plus de dificultad. ¿Cómo ser objetivo cuando conoces a su director, Enrique Diego, y convives con él de forma asidua?  También conozco a sus padres que me han acogido en su casa y que forman parte de Revista Atticus y es allí donde surgió el embrión que se desarrollaría hasta tener esta hermosa criatura en forma de revista.

Dicho lo cual, me libero de toda carga y procedo a comentar Ríos Revueltos de la forma más objetiva posible.

Ríos Revueltos en palabras de su propio director «es una historia de supervivencia en un futuro cercano, de personajes que vagan por un mundo hostil, distinto al que conocían». La acción transcurre en los páramos castellanos desolados tras un cataclismo que no vemos pero que intuimos. Las personas vagan en busca de sustento y de un refugio donde resguardarse por unas horas. Tratan de evitar todo contacto humano no siendo que ese sea su enemigo. Largo y Candolini, dos amigos, se ven inmersos en una refriega. En la lucha uno de ellos es herido de gravedad. A partir de ahí para los dos amigos comienza su propia supervivencia, más solos si cabe, y con el peso de la conciencia en la mochila. En su camino, amistad y venganza se cruzarán.

Ríos Revueltos es un western posapocalíptico construido sobre un sólido guión, con una historia bien contada, de forma sencilla y sabiamente llevada a la pantalla.

El film en ciertos momentos tiene su reminiscencia en The Road (2009) de John Hillcoat donde un padre y su hijo, de corta edad, vagan por una carretera en un mundo destruido.

No me duelen prendas al decir que Enrique Diego es más que una joven promesa. Su futuro si dependiera de su talento estaría más que asegurado y nada tendría que temer. Pero como los protagonistas del film, Largo y Candolini, el panorama actual, el camino, es más que incierto. La lucha debe ser continua y debes de demostrar una y otra vez tu valía. Tienes que pelear y lo que ayer conseguiste, de nada te vale para hoy pues tienes que afrontar un nuevo reto, buscar fuentes de financiación, buscar la confianza en aquellos que tienen cierto poder de sacar adelante un proyecto.

Enrique en Ríos Revueltos demuestra, en 42 minutos, que sabe hacer buen cine, que domina el terreno y que disfruta ejerciendo de maestro. La fotografía está muy cuidada, al igual que el sonido. El paisaje es un protagonista más de esta historia y el equipo ha sabido encontrar una ambientación perfecta en las tierras salmantinas limítrofes con Portugal. La banda sonora, como se comentó a la salida de estreno, nada tiene que enviar a las de Quentin Tarantino. E. D. demuestra también que las historias hay que planificarlas para que la puesta en escena sea impecable. He visto sus cientos y cientos de fotogramas que él mismo ha dibujado para elaborar el storyboard de Ríos Revueltos. En definitiva, Enrique Diego no es un proyecto, ya es un director de cine.

En detrimento de la película y por señalar algún pecado venial, destacaría la bisoñez de los jóvenes actores, pero propios de su juventud y de su amateurismo, que lo atenúan con su entrega y que se equilibra con el peso del resto del plantel. Y algún pequeño fallo, sin más importancia, debido a la falta de presupuesto, como es el utilizar un fusil de asalto (kalashnikov)  que permanece impoluto durante toda la película. Como he dicho, veniales que poco perjudican a la calidad de la obra.

Ríos Revueltos se presentará a varios certámenes (es muy posible que esté en SEMINCI) y a buen seguro que alcanzará algún premio. Es una lástima que al ser un mediometraje tenga dificultad para ser exhibida en las salas cinematográficas. Pero todo el equipo y en especial su director al frente, debe de estar muy orgulloso del trabajo ofrecido. En su estreno ha compartido por unos momentos cartel con Miel de naranjas (por citar una española) y eso te tiene que subir las pulsaciones.

 

 

Deseo a Enrique Diego un largo camino a Ríos Revueltos y que tenga el reconocimiento y galardón que se merece. Enhorabuena, amigo.

Por último, al comienzo se proyecto un maravilloso y elaboradísimo corto de animación en el que participa el propio Enrique Diego. Lleva por título Cara de Luna. No se lo pierdan.

Luisjo Cuadrado

Revista Atticus

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