Katmandú, un espejo en el cielo, reflexión sobre la difícil tarea de la enseñanza

La ya consagrada directora Icíar Bollaín (Hola, ¿estás sola?, 2005; Te doy mis ojos, 2003, También la lluvia, 2010, entre otras) consigue, una vez más, emocionar al espectador con una conmovedora película sobre la difícil tarea de la enseñanza en Nepal.

El film está inspirado en la novela de Vicky Subiriana Rodríguez, Una maestra en Katmandú; aunque algunas partes pertenecen al género de ficción, toda la película irradia el rigor y el realismo de un documental.

Los flashback sobre el pasado gris de la protagonista enlazan las diversas historias de la película, en las que el trasfondo es siempre el mismo: Una educación represiva, impuesta por condicionantes religiosos, de la que habrán de liberarse a través de un cambio radical en su vida (la búsqueda de un lugar ideal o “espejo en el cielo”).

En el caso de Laia (Verónica Echegui), su viaje a Nepal le sirve para liberarse de un pasado tormentoso (colegio religioso, padre machista y alcohólico, matrimonio fracasado, aborto) y, a su vez, su presencia en el país asiático, aporta un punto de modernidad, es un “soplo de aire fresco” en medio de una sociedad clasista y tradicional, tradiciones (boda, funerales) cuyo tratamiento es muy superficial y, por cierto, muy acertado.

La historia de la joven maestra es la lucha por una tarea dificultosa (más cuando se suman factores de tipo económico y socio – cultural) pero enriquecedora y reconfortante a la vez; su apuesta firme por construir una nueva educación basada en la libertad y la autonomía del alumno hace de ella una “heroína – superviviente”, a modo de Anna en Ana y el rey (Andy Tennant, 1999) o Don Gregorio en La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999); aunque este empeño por sacar adelante una escuela para los más desfavorecidos y acabar con una red de esclavitud sexual, suponga dejar de lado su vida personal y entregarse totalmente a la causa docente.

Otro de los temas que refleja la película es la convivencia entre dos mundos diferentes (Laia / Shirmala); la amistad como valor por encima de las ideologías y de la mal llamada “lucha de civilizaciones”. Los dos personajes se contagian, entre sí, para abrir su mente y su corazón hacia nuevas formas de pensamiento. Verónica Echegui (Yo soy la Juani, 2006; El patio de mi cárcel, 2008) imparte una mezcla de fuerza y dulzura al personaje, lo que la ha situado ya en la lista de las actrices favoritas para la gala de los Goya que se celebrará el próximo 19 de febrero.

Grandes méritos de Icíar Bollaín han sido: En primer lugar, la excelente fotografía (paisajes montañosos) y música (folklore) del film; en segundo lugar, haber recreado la historia de dos mujeres luchadoras y, en tercer lugar, el haber dado la oportunidad a actores no profesionales, personajes de carne y hueso que retratan el Katmandú de comienzos de los noventa, para lo cual ha sido necesaria una costosa recreación, debido a los cambios que ha sufrido la capital en la última década, según la directora.

Una buena película que, sin duda, no deja indiferente a nadie.

                                                                                              Cristy G. Lozano


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