Un Dios salvaje, la vida entre cuatro paredes

Ficha:

Película: Un dios salvaje.

Título original: Carnage.

Dirección: Roman Polanski.

Países: Francia, Alemania, Polonia y España.

Año: 2011.

Duración: 79 min.

Género: Comedia negra.

Interpretación: Jodie Foster (Penelope Longstreet), Kate Winslet (Nancy Cowan), Christoph Waltz (Alan Cowan), John C. Reilly (Michael Longstreet), Elvis Polanski (Zachary), Eliot Berger (Ethan).

Guión: Roman Polanski y Yasmina Reza; basado en la obra teatral homónima de Yasmina Reza. Producción: Saïd Ben Saïd.

Música: Alexandre Desplat.

Fotografía: Pawel Edelman.

Montaje: Hervé de Luze.

Diseño de producción: Dean Tavoularis.

Vestuario: Milena Canonero.

Distribuidora: Alta Classics.

 

 

Sinopsis:

Una discusión entre dos adolescentes de once años provoca que al final uno de ellos le pegue al otro un garrotazo en la cara con la consiguiente fractura de dos dientes y el labio magullado. Los padres del “agredido” quieren conciliar la situación de forma civilizada y evitar un juicio de faltas. Para ello convocan una reunión en su casa con los padres del “agresor”. Los buenos deseos pronto dejaran paso a la rabia y a la frustración que cada uno de ellos lleva en su interior. Un drama agridulce que repasa la vida dos familias americanas acomodadas.

 

Comentario:

Penélope (Jodie Foster) y Michael Longstreet (John C. Reilly) constituyen una pareja típica americana de mediana edad y un tanto aburguesados. Tienen un hijo que ha sido agredido con un palo en la boca y como consecuencia de ello presenta la fractura de dos dientes y el labio magullado. Un hecho violento pero que no dejará de ser un acto trivial en la vida de los chiquillos. No acaban de comprender como dos chavales han llegado a tal punto de violencia. Penélope, una mujer sensible al arte, escritora ocasional y activista pro derechos humanos, pretende hacer un escrito que recoja el buen rollo entre las familias que me imagino facilitará, entre otras cosas, el pago de la factura del dentista por el seguro. Su marido, Michael, mayorista de artículos para el hogar, le sigue en la aventura aunque recela y desconfía que sea una buena solución convocar a los padres del agresor. Nancy (Kate Winslet) y Alan Cowan (Christoph Waltz) acuden a la casa de los Longstreet. Son los padres del chico malo y se ven un poco forzados a acudir a esa no deseada cita. Ella con sus negocios bursátiles  y él abogado hacen que se consideren un peldaño por encima en la escala social en comparación con la familia Longstreet.

Penélope trata de que el buen karma fluya entre los dos matrimonios hasta que el vómito aparece en la escena. Un vómito nada retórico sino real que arrojará sobre los personajes no solo bilis sino sus verbos contenidos e insatisfechos. El alcohol, un buen whisky, ayudará a liberar la lengua, fluyendo la rabia, los improperios y  la mala baba, desatando  los corsés para crear una gran tensión entre ellos. Ahí es cuando aparece la condición humana en todo su esplendor: risas, llantos, amargura, resentimientos y un largo etcétera de confrontación dialéctica.

Atrás ha quedado la verdadera razón de la cita, la pelea entre los dos chicos, para aflorar las miserias personales. Se aprovecha la situación para encararte hasta con tu propia pareja. Ya no vemos una pareja tan guay. Ahora vemos a dos parejas normales que, en un principio, hacen frente común ante los extraños, pero que enseguida pondrán sobre la mesa sus propias desavenencias sobre la educación de sus hijos y sobre su matrimonio. Seguro que a muchos de nosotros nos ha pasado eso. Hay quien aprovecha la presencia de “un extraño” para ventilar su problemas domésticos que han callado en la intimidad. A Alan debemos el título de la película: «Yo creo en el Dios salvaje cuyas reglas no han sido cuestionadas desde tiempos inmemorables».

Cada uno de los personajes tiene algo de cada uno de nosotros. Podemos identificarnos con alguno de ellos. Profesionales liberales prepotentes, pijos insatisfechos, activistas que buscan redimir su culpa por vivir en este mundo, comerciales acomodados… Y ahí radica parte del éxito de esta película (como en su día lo fue la obra teatral de Yasmina Reza). Son personajes cercanos que viven situaciones habituales (a pesar de ser una representación y crítica de la sociedad americana). También es un gran acierto el cartel publicitario de la película. En él figuran los cuatro protagonistas con sus rostros en tres momentos emocionales distintos que pasan de la ira a la alegría en un instante.

La acción se desarrolla a través de los diálogos. La narración avanza y cuando parece que se va a cortar siempre se produce un pequeño giro (un café, un pastel, la invitación a tomar un trago) que nos devuelve al salón que actúa a modo de diván de sicoanalista. Es de destacar el papel que tiene el teléfono. Justo cuando parece que van a alcanzar un acuerdo sobre cómo actuar con sus respectivos hijos, una inoportuna llamada aparece en la escena. En principio son las llamadas que recibe (o que hace) Alan, pero luego Michael también recibe las suyas (pero en este caso es al fijo, como si el director nos quisiera hacer ver que él es un hombre menos cultivado, más rudo, que tiene menos acceso a las nuevas tecnologías; y tal vez esta circunstancia le sitúe en ese escalón inferior de la clase social).

Un Dios salvaje está rodada de forma continua sin elipsis. Son 79 minutos de intensa narración en un único decorado. Esto requiere un cuidadoso planteamiento y un excelente (e ingenioso) guión.

La realidad televisada nos atrae. Ver las miserias de los demás nos encanta. Comparar sus vidas con las nuestras es una de nuestras aficiones favoritas. Un Dios salvaje no es más que una elegante versión de Gran Hermano. Polanski (él cual aparece en un cameo) ha sabido adaptar una obra de teatro (que ha recibido diferentes premios)  en una gran película que radiografía al ser humano y en donde la acción recae en los diálogos.

Es de destacar las cualidades técnicas de la película. Destaco en especial la recreación del ambiente y el sabio manejo de las cámaras que nos proporcionan planos inteligentes en donde por medio de un hábil juego (a veces con la ayuda de espejos) nos permite contemplar a los cuatro protagonistas en un mismo plano pero con profundidad, como si estuviéramos metidos en la escena y formáramos parte de ella. Los actores están brillantes porque tienen unos personajes bien construidos y todos resultan creíbles. Jodie Foster lo borda cuando se muestra histérica; John C. Reilly asombroso con su ironía; Waltz genial cuanto más cínico se muestra y Kate Winslet acompaña de forma soberbia en su actuación logrando un grupo heterogéneo.

Una pega. En los primeros instantes me llamó la atención la diferencia de altura del matrimonio Longstreet. Y cuando estaban en un mismo plano, plano corto, me desconcentraba ver la cabeza cortada  a ras del cuello de Jodie Foster para que encajará dentro del plano con el grandullón de su marido. Pero, claro la altura de los actores no se mide por su estatura, aunque esto le habrá supuesto más de un dolor de cabeza al cámara.

El resultado de Un Dios salvaje es una película gozosa que combina de forma magistral los momentos de gran hilaridad con momentos de crueldad, llenos de furia y de gran realismo. Un Dios salvaje tiene la virtud de conectar rápidamente  con el espectador, él cual se siente atrapado entre esas cuatro paredes.

 

 

 

 

 

Un tráiler en español:

25 de Noviembre día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres.

 

 

Luisjo Cuadrado

 

 

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Fichero archivado: Cine

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