Piedad del belga Jan Fabre en la Bienal de Venecia

 

 

Jan Fabre (Amberes, Bélgica, 1958) es un artista multidisciplinario, dramaturgo, director de escena, coreógrafo y diseñador. Estudió en el Instituto Municipal de Arte Decorativo y la Real Academia de Bellas Artes de Amberes. Entre 1976 y 1980 escribió sus primeros guiones para el teatro e hizo su debut en actuaciones. A partir de 1980 comenzó su carrera como director de escena y escenógrafo, y en 1986 funda Troubleyn / Jan Fabre, una compañía de teatro.

 

Jan Fabre ha presentado en la Bienal de Venecia (54ª edición, se puede contemplar hasta el 27 de noviembre) Pietás una instalación compuesta por cinco esculturas instalada en la Nuova Scuola Grande di Santa Maria della Misericordia, Venecia.

 

Son cinco esculturas en las que el artista ha reinterpretado el tema de la Piedad en términos de los sentimientos de compasión y conciliación. Su obra principal es “Sueño compasivo. Piedad V” recrea la imagen conocida, tradicional, de iconografía cristiana. Hasta está realizada en el mismo mármol de Carrara que utilizó Miguel Ángel en su famosa obra.  

 

Al contemplar la imagen algo se te mueve (no sé si dentro o fuera del cuerpo) pero esta Piedad no deja indiferente. Muchas veces las manifestaciones del arte contemporáneo lo que buscan es la provocación y nos invitan a la reflexión. De una forma generalizada esa reflexión nos lleva, muchas veces, a la consabida pregunta ¿y esto es arte? Para mi aquí no cabe esa pregunta. Esto es arte. A mi me lleva a preguntarme por el poder de sugestión que tiene esta imagen.

 

La cabeza de la Virgen ha sido sustituida por una calavera. Una clara y evidente alusión a la muerte. Todos, tarde o temprano, tendremos un encuentro con ella, con la muerte, y hasta los rostros más bellos y virginales se descompondrán. Eso lo podemos asegurar. Según el propio Fabre esta alegoría ilustra el deseo de toda madre de ocupar el lugar de su hijo en el sufrimiento y la muerte.

 

El cuerpo de Cristo está vestido y luce un atuendo contemporáneo con corbata y cinturón. Su rostro es un autorretrato. Fabre se ha autoinmolado en la escultura. Su brazo derecho, pende inerte y en su mano sostiene un cerebro. Esta pequeña pieza, este pequeño detalle es de lo que más chirría en la composición. Toda la composición es casi un fiel relejo de la escultura de Miguel Ángel. Pero el cerebro es una aportación propia. “Son la neuronas las que hacen sentir el sentimiento de compasión y por eso he representado el cerebro, del que todo depende, incluso el alma del individuo” ha manifestado Jan Fabre.

 

Sobre los cuerpos se posan esos animalitos que tanto gusta de representar el artista belga: escarabajos, mariposas, caracoles… Para él los insectos son la memoria del planeta y no podríamos sobrevivir sin su conocimiento (han sobrevivido 40 millones de años). Están presentas en casi todas sus obras.

 

Considero esta obra como una gran obra maestra. Ni provocación ni irreverencia. Arte. Una invitación a la espiritualidad que nuestra sociedad carece y que puede ser la causante de muchos de los males que ahora mismo vivimos.

 

La instalación se completa con otras cuatro piezas que asemejan enormes cerebros sobre los que se erigen cruces, bonsáis o tortugas. Un conjunto que combina ciencia, arte y espiritualidad.

 

Este reportaje me puso sobre la pista de esta obra.

http://www.elpais.com/articulo/portada/artista/tierra/cielo/elpepuculbab/20110813elpbabpor_43/Tes

 

 

 

 

Luisjo Cuadrado

 

 

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Fichero archivado: Exposiciones

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