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Gregorio Tomás: Pintura con acento Iberoamericano

Gregorio Tomás:

Pintura con acento Iberoamericano

 

Casi toda la producción pictórica del zamorano fray Gregorio Tomás (Faramontanos de Tábara 1935), está realizada en tierras del Nuevo Mundo, como la serie Maternidades, inspiradas en la cerámica y en la escultura precolombina, muy rica y variada en sus formas, en las que representa la frescura del arte de esas tierras. Aunque su idea universal de maternidad aparece ya en un cuadro que hizo en 1974, va a ser en aquellas latitudes donde desarrollará intensamente el tema. Las piezas más interesantes sobre el mismo, en sus tres modalidades: precolombinas, amazónicas y andinas, pertenecen al Real Colegio de los Agustinos Filipinos de Valladolid.

Desde su traslado a Colombia, 1975, en su obra se empieza a reflejar el interés del autor por conocer e investigar en los orígenes del arte precolombino, casi como un retorno a su legado y a esa huella de artistas anónimos, que a través de los tiempos dejaron para disfrute de la humanidad. Mientras que en las maternidades precolombinas, el tratamiento del color es más plano y de gamas un tanto oscuras, en las amazónicas y andinas, tomadas de personajes reales, la materia coloreada irrumpe llena de vitalidad.

Así pues, el mundo indígena fue para el zamorano una inspiración, y en él encontró una razón para experimentar en su estética y en sus posibilidades plásticas. Investiga y se adentra en el misterio indígena, en la profundidad de esos seres que habitan en la selva amazónica o en las alturas andinas donde capta, por ejemplo, la melancolía de sus mujeres. Su pincel transforma el objeto material de barro en colores irisados unas veces, y otras vibran con el candor de un niño o con el ritmo del amor, la ternura y el sacrificio de una madre anónima.

Un poco después, y sin abandonar del todo el tema de la maternidad, aborda el tema de Las Palomas, en la que maneja el color siguiendo los principios de simultaneidad cubista, en una geometrización de formas como algodonosas muy bien combinadas. Forma y pigmento se van haciendo más evanescentes, para llegar a un mayor desarrollo en sus composiciones sobre “El Quijote”. Una serie trabajada con la técnica divisionista del color, muy dinámica, y que da una sensación retiniana de multiplicidad distorsionada de planos. Con una de estas piezas va a conseguir el máximo galardón en la Primera Bienal de Arte “El Quijote de Oro”, celebrada en Bogotá en 1985.

En 1987 inicia dos series que se encuentran dentro de la temática de denuncia social y como canto a los niños, tituladas No dejéis morir la Paz y Los ángeles de Bogotá. Una pintura fresca, llena de ingenuidad y lirismo, con mucha fantasía. Convierte la mancha en forma y símbolo, profundizando en el color por el color. Al mismo tiempo expresa, sutilmente, una realidad actual que hiere y conmueve cualquier sensibilidad. Exalta el menosprecio y el oscurecimiento de una sociedad infantil marginada, de extraordinaria resonancia en un momento histórico en que el pueblo colombiano gritaba con manifestaciones de paz. Al niño lo retrata lleno de generosidad, a mi modo de ver quizá excesivamente blando y amable, a pesar de carecer de las necesidades más elementales. En cualquier caso, su primera intención en ambas series era deliberada y directa: denunciar los hechos, además de resaltar el mensaje con la marca del lugar donde vive.

A partir de aquel momento va a dar un giro radical a su pintura, de textura mucho más pulida y brillante, no tan táctil, trabajada con la idea de difusión, de monotipo para repetir. Se preocupa más por definir la figura, actualizarla y hacerla más comprensible a los cientos de jóvenes que estudian en Sudamérica. Toma apuntes y fotografías de los chicos de la calle, aunque su intención no es exactamente la de hacer retratos. Se sirve de los colores con los que intenta representar y profundizar en la luz interior de esos jovenzuelos. Bucea en la delicadeza y el candor, la transparencia y la ternura, o el amor que emana ése alma reflejado en sus caras. Profundiza y redescubre situaciones de mucha intensidad. Fracciona verticalmente, con el color, los rostros de los personajes como manera de resaltar su volumen ¿o acaso es un guiño a Mattise? Se apoya en un lenguaje idealizado para expresar de forma poética el valor espiritual de las personas, al tiempo que refuerza su propia sensibilidad artística. Se recrea en la belleza del mundo y de sus cosas.

Utiliza toda una serie de elementos simbólicos, como flores, palomas, perros y caballos, rodeando a esas figuras infantiles en un intento por reflejar esa ansiedad que llena las calles o, tal vez, por ocultar la realidad de ese mundo sórdido de los niños en medio de la pobreza: “La sublimación de este mundo se torna ideal, nuevo de esperanza mediante metamorfosis temáticas. Basuras que se convierten en alegres flores, niños mendigos que se transforman en ángeles de alas vaporosas, palomas mensajeras o que pretenden ser el presente que pueden ofrecer los niños como única posibilidad de redención”, como ha dicho Lylia GALLO, (A.I.C.A.), en la presentación del Catálogo de la exposición de Gregorio Tomás No dejéis morir la Paz, celebrada en la Galería Carrión Vivar, Bogotá, 1987.

Sin embardo, aunque imprime cierta poesía a los cuadros, no enmascara el mensaje que subyace en esa realidad. Emplea colores azules y violetas, dorados y naranjas que fluyen a borbotones en una gama rica y variada. Y en sus cuadros el blanco juega un papel importante, manejado hábilmente, reflejado en esas transparencias de calidad muy estimable.

Ha ido captando el color un poco del ambiente, del embrujo del trópico, quizá influido inconscientemente por lo metamórfico y misterioso del bosque colombiano o, acaso, por sus antiguos dioses. La figura siempre es protagonista de este o aquel tema, y representada en primer plano. Los fondos son neutros, de formas geométricas planas, las perspectivas no tienen para él demasiada importancia. Elimina todo lo superficial que distraiga el mensaje que pretende transmitir y refleja en sus cuadros. A través de su obra hay un intento en recrear la belleza del mundo, aquella que Dios depositó en las personas y en las cosas, como él mismo declara. Le interesa el mensaje, transmitirlo y expresarlo con la pintura además de añadir un plus a estas piezas: el sello del país donde reside, Colombia. Denuncia y expresa conscientemente la existencia de una realidad que existe, reflejando el alma del niño, o la bondad y el sacrificio de la maternidad.

Sobre esto dice el propio artista: “Soy consciente de que, a pesar de las carencias que, desde el punto de vista formal, puedan existir en mi obra, es una pintura que está realizada con la firme voluntad de hacer cosas importantes. Con la seguridad de que lo que haces no sólo es algo personal, sino que tiene un valor más universal, aunque sea con el motivo de denunciar a través de la pintura lo que está ocurriendo en estas tierras, y con un deseo de aportar algo nuevo al mundo de la plástica”.

Emplea indistintamente las técnicas de óleo y acrílico sobre soporte de tela, trabajados con pinceles que, en una primera época, manejaba con pincelada corta, y en ocasiones recurría a la espátula. Después utilizará el rodillo para hacer las transparencias y el cuadro adquiere una textura más grumosa. En sus composiciones busca el ritmo del color a través de líneas superpuestas, logradas a partir de las mismas transparencias, elemento muy importante en su obra porque aportan fuerza a unos juegos de colores de arbitrarias y sorprendentes combinaciones. La técnica del rodillo también la practicó en algunos cuadros de la misma época en que hizo la serie Maternidades.

El movimiento, la idea de velocidad y la geometrización de los planos descompuestos, muy potenciados con las veladuras, van conformando el carácter de su pintura. En este período invade el lienzo con curvas y contracurvas, con pinceladas de colorido muy rico en tonos. Consigue aunar vivos ritmos coloristas, amplios y vibrantes, de mancha contenida y textura brillante. Mediante las veladuras la figura parece moverse como en un espacio flotante, casi evanescente. Conformando a su alrededor una atmósfera que podría considerarse como de acción fragmentada, de toques divisionistas, de un efecto visualmente dinámico, de abstracción virtualmente ordenada, de masas figurativas que se abren y se cierran dentro del propio ambiente.

Entre 1996-2000, aborda un trabajo sobre el tema de El Mensajero, y que hace referencia, como antes, a una figura muy especial de aquellas latitudes, los gamines o niños de la calle que se agrupan en galladas, y viven de lo que roban. Son chicos que se desplazan en una especie de carro o balinera, con cuatro pequeñas ruedas, sobre los que cargan cartones y papel para venderlo y poder sobrevivir. Y, como es natural en el pintor ha trastocado el motivo, en lugar de representar tan dura realidad, ha hecho el retrato de niños que reflejan la generosidad y su bondad interior, dotados incluso de alas angelicales. Las piezas que componen esta serie siguen la misma línea compositiva y de color que las realizadas anteriormente.

Y retomando una vez más esa idea universal de maternidad, en los tres o cuatro últimos años, recrea a la mujer ataviada con vistoso “huipil”, traje femenino por excelencia en esas latitudes, o en el “rebozo” que prende de su cabeza y espalda y en el que transportan a esos hijos de rostros ensimismados. Obras en las que se observa el intento de fray Gregorio por dotarlas de un aire moderno propio, diferente, buscando al mismo tiempo expresar una realidad actual que sin duda consigue.

Aquí son más evidentes las gamas alborotadas de colores azules-blancos-rosas, moviéndose como remolinos. A través de las cálidas transparencias, aprisionadas entre luminosas y alegres formas, el artista nos transmite el gozo y la emoción que el tema encierra. Las pinturas de fray Gregorio Tomás se podrán contemplar el próximo mes de julio en la Iglesia de la Encarnación  de la Diputación Provincial de Zamora.

Inés Gutiérrez-Carbajal

Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Valladolid

Artículo publicado en el número DOS de Revista Atticus, junio de 2011

Del 4 al 20 de Agosto se puede contemplar una exposición de su obra

en la Iglesia de la Encarnación en Zamora.

 

1 Comment
  1. Buenas tardes… tengo una obra de fray Gregorio Tomas… la cual pongo a su disposición…

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