Pedro y el capitán, de Mario Benedetti, canto a la libertad

La Sala Ambigú se despedía del IES Núñez de Arce para trasladarse al Espacio Joven del Paseo de Zorrilla el pasado 5 de junio con una sorprendente obra de teatro: “Pedro y el Capitán” (Cuarteto Teatro, Xiqui Rodríguez). Sin embargo, la despedida fue triste: Con escaso público y sin ninguna representación de la administración pública en la sala que fue sede de la red de Teatros de Castilla y León y de la Fundación Municipal de Cultura.

Con tan sólo dos personajes, Pedro (Raúl Escudero) y el Capitán (Pablo Rodríguez), la representación consigue conmover al espectador. Pedro es un preso político que sufre continuas torturas por parte de un grupo de militares (nunca aparecen en escena); sólo a uno de ellos (el personaje del capitán) le confiesa las verdades de su vida, aunque también le maltrate psicológica y físicamente.

Pedro era un hombre normal, con una vida convencional (su empleo en el banco, su casa, su coche, su familia), hasta que llegaron malos tiempos y el Estado se convirtió en una dictadura. Ahora, su situación es crítica, se encuentra ante un sistema de poder implacable, un estado policial que le persigue por su ideología izquierdista y del que no puede escapar; además, el capitán le somete, continuamente, a un chantaje emocional en el que juega con sus sentimientos y la vida de su esposa (Beatriz) y sus hijos. Los personajes están muy bien definidos en el texto y en la perfecta interpretación de los actores: El Capitán es el prototipo de autoritarismo, aquel que abusa de su poder frente a los débiles y se cree dueño de la verdad absoluta; fundamentalmente, su lenguaje es símbolo de su carácter prepotente y pusilánime a la vez (cuando humilla a Pedro le llama por Rómulo, el nombre que utilizaba en la clandestinidad; sin embargo, al final le trata de “usted”).

Por su parte, Pedro es un luchador, un idealista y, sobre todo, un buen amigo que no va a traicionar a sus colegas, prefiere sufrir todo tipo de amenazas y golpes antes de hacer daño a los suyos.

A lo largo de una hora y media, el capitán intenta que Pedro le confiese datos sobre sus compañeros de partido, lo cual se va convirtiendo en un duro diálogo sobre sus circunstancias y en un reconocimiento a la lealtad y la resistencia del preso.

El final es asombroso: Pedro, agonizante, no delata a sus amigos y, lo que es más curioso, planta cara a su inquisidor. El torturado se convierte, en contra de su voluntad, en “torturador”. Pedro se transforma en su propio verdugo y viceversa; de esta manera, Benedetti ahonda en la psicología del militar: el capitán se muestra como un personaje frágil, infantil, atormentado por su mísera existencia, los traumas del pasado le han conducido a un sentimiento de inferioridad e intolerancia; todo ello ha conformado su personalidad intransigente y, en definitiva, despreciable.

El drama, en cuatro actos, fue escrito por Mario Benedetti en 1979. El escritor uruguayo lo concibió como una denuncia social en contra de las dictaduras militares iberoamericanas de la década de 1970 – 1980 (Pinochet en Chile, Videla en Argentina, Banzer en Bolivia, Velasco Alvarado en Perú, Somoza en Nicaragua…etc). Aunque escrita hace más de tres décadas, la obra está de plena actualidad: Bien podría situarse en la represión de los países árabes tras las revueltas de comienzos de este año 2011. En ella, no se menciona ninguna época ni lugar concreto. De esta manera, también “Pedro y el Capitán” puede retrotraernos a los horrores del nazismo y de cualquier totalitarismo o dictadura (Mussolini, Franco, Stalin…). “Pedro y el Capitán” es manifestación contra todo tipo de imposición, es un canto a la democracia y a la libertad de expresión, que pervive incluso, más allá de la vida.

En cuanto al atrezzo, el espectador se sumerge en la soledad y la frialdad de la oficina del capitán en la prisión tan sólo con una mesa, una silla y un flexo. El vestuario, también sencillo: Un uniforme azul oscuro para el capitán y una capucha para Pedro, con un significado simbólico, además del que ya posee en la obra (los malos tratos, la falta de libertad): El hombre que es obligado a permanecer ciego y sordo frente a los abusos y la injusticia. Lo más innovador, la cámara proyectando imágenes de un detenido en una celda real y el efecto de “máquina de escribir” cuyas teclas perpetuaban en la “pantalla” el nombre de otros detenidos.

Mi enhorabuena a Cuarteto Teatro, grupo surgido de la escuela teatral Espacio Abierto, por actualizar esta gran obra y, fundamentalmente, por su excelente puesta en escena.

Cristy G. Lozano.

Espectáculo: PEDRO Y EL CAPITÁN
Compañía: Cuarteto Teatro
Dirección y Dramaturgia: Xiqui Rodríguez
Interpretación: Raúl Escudero, Pablo Rodríguez

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