Jean Siméon Chardin en el Museo del Prado.

 

La niña con el volante

El Museo del Prado presenta la exposición “Chardin”, una muestra antológica dedicada a Jean Siméon Chardin (1699-1779), uno de los más relevantes exponentes de la pintura francesa del siglo XVIII del que únicamente se conservan tres pinturas en una colección española (Museo Thyssen). Tras su paso por el Palazzo dei Diamante de Ferrara, la exposición llega a Madrid gracias al patrocinio de la Fundación AXA que, como ya ocurriera con Turner, posibilita nuevamente la celebración de una importante exposición consagrada a un pintor al que nunca se le había dedicado una muestra en España. La exposición se compone de 57 obras de este gran maestro del bodegón y de la pintura de género, entre las que se incluyen algunas novedades respecto a las presentadas en la sede italiana. El recorrido de la exposición sigue un orden cronológico atravesando los aspectos más destacados desde los inicios de la vida artística de Chardin, en la segunda década del siglo XVIII, hasta los pasteles de los años setenta.

La muestra empieza con las naturalezas muertas y bodegones de la segunda mitad de los años 20, entre los que figura la célebre pintura La raya procedente del Louvre. Con esta obra ingresó en la Real Academia de Pintura y Escultura pero fue admitido dentro de una categoría menor, la de “Pintor de animales y frutas”. La siguiente sección comienza con los bodegones de los años 30 entre los que figuran Un pato de cuello verde atado al muro y una naranja amarga o Naturaleza muerta con una jarra de loza y dos arenques. Seguidamente y de la misma década, se presentan tres versiones de la célebre serie Pompas de jabón. Chardin no abandona jamás un género para dedicarse exclusivamente a otro, sabe renovarse, pero le gusta volver atrás a menudo y trabajar continuamente a varias bandas. A continuación, la exposición documenta los años 50 y 60 y su regreso a las naturalezas muertas, un género que había abandonado casi totalmente. Éstas se distinguen claramente de las de los años 20 por la multiplicación de las especies de animales de caza, variedad de frutas y de objetos (porcelanas valiosas o cristalería sofisticada) que utiliza. De esta época, se incluyen en la exposición la deliciosa La cesta de fresas salvajes, Vaso de agua y cafetera y Ramo de claveles, tuberosas y guisantes de olor en un jarrón, obra maestra de la National Gallery of Scotland. En estas obras la ejecución es más ágil, más lisa, y demuestran el interés de Chardin por los reflejos y las transparencias, la luz y las sombras.

La exposición finaliza con dos retratos en pastel, medio al que se ve obligado a optar por motivos de salud, abandonando la pintura al óleo, y con el que sorprende a todos en el Salón de 1771. Jean-Baptiste Simeon Chardin (1699-1779), fue uno de los pintores franceses más importantes del siglo XVIII. Sus pinturas de género y sus naturalezas muertas reflejaron la vida de la burguesía en París. Nació el 2 de noviembre de 1699. Fue un artista autodidacta. En sus inicios recibió la influencia de los maestros flamencos del siglo XVII Metsu y Pieter de Hooch. Fue admitido en la Real Academia de Pintura después de presentar dos bodegones: La raya (presente en la exposición) y El buffet (1728, Museo del Louvre, París). Sus primeras obras se caracterizan por el suave colorido y una tenue luz, logrando que sus estancias sean estampas hogareñas llenas de intimidad. Poseía un gran dominio de la técnica, solo así es posible conseguir esta textura realista. El 6 de diciembre de 1779, con 80 años fallecía en su vivienda que tenía situada en una de las galerías del Museo del Louvre. No fue muy prolijo en cuanto al número de obras. Aquí en el Museo del Prado tenemos una ocasión única de ver más de 50 obras. No siempre se tiene la oportunidad de ver en una misma sala tres cuadros que un autor hace del mismo motivo. Aquí tenemos varios ejemplos. Uno de ellos es su famoso Joven haciendo pompas de jabón. Prácticamente la figura es la misma en los tres lienzo, pero varia el tamaño del mismo así como unos motivos florales. Destacar una obra de Chardin es difícil. Son muchas sus naturalezas muertas que merecen elogio, pero si yo tuviera que llevarme una para mi casa me quedaría con Una niña jugando al volante o también llamada La niña con el volante. Su gesto ingenuo nos invita a jugar con ella. Su pomposo vestido, el tocado de su pelo y esa sonrosada mejilla ejercen una gran atracción sobre el espectador. En un lienzo de una gran sencillez pero de una gran pureza de líneas. En palabras de Pierre Rosenberg: “En pocas ocasiones se ha representado a una niña con tanta delicadeza y pudor, con tanta ternura y simpatía, sin olvidar la composición y la complicidad que reinan entre el pintor y su modelo”. En el Museo del Prado también podemos contemplar la exposición El joven Ribera, la escultura de Nerón y Séneca (de la cuales nos hacemos eco en el núemro DOS, con profusión de detalles), la restauración de Adán y Eva de Durero y, Fortuny y el esplendor de la acuarela española en el Museo del Prado (para fechas y los horarios consultar la web del museo).

Chardin estará con nosotros hasta el 29 de mayo de 2011

“Uno se sirve de los colores, pero se pinta con el sentimiento”.

Chardin

 

San Sebastián asistido por las santas mujeres

 

“El joven Ribera”

Una muestra que reúne por primera vez las principales obras del pintor español correspondientes a su estancia en Roma y los años siguientes a su establecimiento en Nápoles, en 1616, con el propósito de dar a conocer la actividad del joven artista. Se trata de una etapa de su producción apenas conocida hasta época reciente y que está dando lugar a un interesantísimo debate entre los historiadores. 

La exposición permite comparar los cuadros más importantes que se relacionan actualmente con este periodo y profundizar en el conocimiento de su sucesión cronológica y en la importancia que tuvieron para el desarrollo del caravaggismo romano de la segunda y tercera década del siglo XVII. De las 32 obras que componen la muestra cabe destacar, además del Apostolado y los Sentidos, La resurrección de Lázaro -adquirida por el Prado en 2001 y que se ha convertido en uno de los principales puntos de referencia en torno a los que se ha articulado el debate sobre la actividad temprana del pintor-, El martirio de San Lorenzo, obra procedente de la Basílica del Pilar de Zaragoza y que se da a conocer por primera vez en la muestra con esta atribución, o El Calvario, del Museo de Arte Sacro de Osuna, que probablemente sea la última vez que se pueda contemplar fuera de su lugar de procedencia.

“El joven Ribera” permanecerá en el Museo del Prado hasta el 31 de julio.

“No solo Goya”

Bajo el título de No solo Goya, la exposición pone de manifiesto que, si bien la obra de Goya ha constituido uno de los ejes de la política de adquisiciones del Museo, quizá el de mayor repercusión mediática por su innegable valor, ha habido también una serie muy numerosa de obras ingresadas en la colección del Prado de no menor importancia artística. A partir de esta idea, la exposición se organiza en ocho secciones que responden a las principales líneas de adquisición establecidas por el Museo.

A lo largo del recorrido por las 110 obras de la exposición, el visitante encontrará dibujos de los más importantes pintores del siglo XVII al XIX como Alonso Cano, Murillo, Ribera, Paret, José y Federico de Madrazo o Francisco de Goya. También podrá contemplar una colección de estampas y dibujos relacionados con la teoría del arte y la arquitectura, así como cuadernos y álbumes de dibujos que permiten apreciar el proceso de trabajo y aprendizaje de los artistas. Para finalizar, el visitante se adentrará en el análisis de la fotografía como medio de difusión y estudio de las obras de arte, podrá admirar fotografías antiguas del Museo y del Casón del Buen Retiro y una extraordinaria colección de fotografías de la segunda mitad del siglo XIX.

“No solo Goya” también estará hasta el 31 de julio.

También se puede ver “Nerón y Séneca” una escultura de Eduardo Barrón de la cual nos hacemos eco en el número DOS de Revista Atticus y que desde aquí recomendamos encarecidamente que “busquen” esta preciosa obra entre las grandes obras del Prado.

Nerón y Séneca de Eduardo Barrón, 1904

Si todavía no han encontrado motivos suficientes para acudir, una vez más al Museo del Prado, os proponemos otros dos motivos. Uno de ellos:

Fortuny y el esplendor de la acuarela española en el Museo del Prado, hasta el 4 de septiembre.

Y el otro motivo es ver la maravillosa restauración del Adán y Eva de Durero. Hasta el 19 de junio.

Revista Atticus

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