ENTRELOBOS de Gerardo Olivares

 

“ENTRELOBOS es una historia de amor, una historia de amor entre un niño y la naturaleza. Pero también es una película sobre la amistad y la lealtad; sobre la supervivencia y la capacidad de superación”.

 

Gerardo Olivares

Director y guionista de Entrelobos

 

Título: ENTRELOBOS

Género: Aventura

Productora: Wanda Visión

Duración: 114min

Guión y Dirección: GERARDO OLIVARES

Productor: JOSÉ MARÍA MORALES

Juan José Ballesta: MARCOS 20 AÑOS 

Manuel Camacho: MARCOS 7 AÑOS

Sancho Gracia: ATANASIO

Carlos Bardem: CEFERINO

Alex Brendemühl: BALILLA

Eduardo Gómez: CARAGORDA

Luisa Martín: ISABEL

Dafne Fernández: PIZQUILLA

Antonio Dechent: SARGENTO

Vicente Romero: HOCICOTOCINO

Agustín Rodríguez López: JUAN JOSÉ

Francisco Conde: MANUEL

Marcos Rodríguez: MARCOS 60 AÑOS

José Chaves: DOROTEO

José Manuel Soto: DON HONESTO

 

 

Entrelobos (Gerardo Olivares, 2010) reconstruye la historia de Marcos Rodríguez Pantoja, un hombre cuya infancia y adolescencia transcurrió entre animales, en plena Sierra Morena durante, nada más y nada menos que doce años (de 1953 a 1965). Marcos había nacido en 1946,  en el seno de una familia muy humilde, dedicada al pastoreo y al cuidado de la finca de un terrateniente. Marcos y su hermano sufren constantemente los malos tratos de su madrastra. Cuando cumple siete años, su padre, ante la falta de medios económicos para poder alimentarlo, lo entrega a Atanasio, un cabrero que se convierte en su punto de apoyo fundamental para sobrevivir en el bosque, pero, a su muerte, Marcos se queda solo, sin más compañía que un hurón y una manada de lobos. El niño aprenderá a conocer las leyes de la naturaleza a través de pruebas ensayo – error, con el recuerdo de Atanasio siempre presente, en forma de amuleto y de la visita de su hijo, un temido bandolero al que apodan “El Balilla”, lo que provoca, finalmente, su detención en manos de la Guardia Civil. Sin embargo, el final queda inacabado, el film no es en absoluto claro en cuanto a la evolución vital posterior del protagonista: Qué fue de su familia y de él mismo (vivió con un policía gallego, aunque eso no se relata en el film), si acabó o no en la cárcel, todo ello queda a imaginación del espectador. Error, desde mi punto de vista, si realmente se ha querido realizar un verdadero documental.

En la película, se reflejan, dos cuestiones fundamentales:

En primer lugar, la recreación del mito del “buen salvaje”, elaborado desde los tiempos de la Ilustración por Rousseau en obras como “Emilio” o “La nueva Eloísa” y, posteriormente, en el siglo XIX, encarnado en el personaje de Mowgli de “El libro de la selva” de Kipling o en la historia de Víctor Von Aveyron, llevada al cine por Truffaut en “L’enfant sauvage” (1970).

En segundo lugar, el film se enmarca en el contexto de la dura posguerra española y, más concretamente, de la Andalucía profunda. El latifundismo, sistema de injusticia económica y socio – cultural. Una vez más, la España oficial y la España real no tienen nada que ver. Por una parte, a mediados de los años 50, finaliza el racionamiento (1953), el régimen franquista se “internacionaliza” (acuerdos con Estados Unidos sobre las bases militares –1953- , visita del presidente Eisenhower incluida y entrada en la ONU -1955) y sale de la autarquía económica, mediante el Plan de Estabilización Económica de 1959 que da lugar a la creación de polos de desarrollo industrial y a la entrada de divisas procedentes de la emigración y el turismo: Propaganda política de la dictadura para dar apariencia de “país normal” en el marco de las relaciones internacionales.

Por otra parte, la realidad dista mucho de esta situación: El latifundismo continúa siendo la lacra de un sistema injusto que pretendía, en teoría, acabar con los políticos oligarcas de épocas pasadas pero que, realmente, es la forma de malvivir de muchos campesinos de la Andalucía interior y de Castilla, como relatara el maestro Miguel Delibes en “Los santos inocentes”, llevada a la gran pantalla, con enorme éxito, en 1984 por Mario Camus. La diferencia estriba en que en “Los santos inocentes”, el progreso (modernización) está simbolizado por la capital frente al caduco mundo rural y en Entrelobos” es la vida entre animales lo que se presenta como paradigma de la felicidad (en la última escena de la película el protagonista, nostálgico, confiesa “haber aprendido más de los animales que de las personas”), siendo la actuación represora de la guardia civil y el despotismo del señorito, lo único conocido fuera de ese espacio bucólico, poco creíble en mi opinión.

Con respecto a los aspectos técnicos, es admirable la fotografía del film, realizada por Oscar Durán, que nos muestra los bellos paisajes del parque natural de la Sierra de Cardeña y Montoro, a modo de documental de Felix Rodríguez de la Fuente; asimismo, la música, compuesta por el alemán Klaus Badelt, es un elemento destacable, aportando mayor emotividad y realismo a la película.

Por último, no se debe “pasar por alto” la genial interpretación de algunos actores como Carlos Bardem en el papel de Ceferino, jefe de los empleados de don Honesto (José Manuel Soto), hablando con un perfecto acento andaluz y de Sancho Gracia (Atanasio) quien toca la fibra sensible del espectador en el papel del cabrero, único ser humano que mantiene contacto con Marcos a lo largo de su estancia en la sierra. Pero, si de hacer justicia se trata, no puedo dejar de expresar mi descontento con el cartel elegido para la película, en el que aparece Juan José Ballesta, reclamo para el público, aunque sólo actúe durante los últimos cinco minutos del film, representando a Marcos adolescente. No olvidemos que el verdadero protagonista es el niño actor Manuel Ángel Camacho, quien espero esté nominado a los premios Goya de este año en la categoría de mejor actor revelación.

Cristy G. Lozano.


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