Proyección en la SEMINCI

En Familie

Una familia

Dinamarca, 2010

Género: Drama

Dirección: Pernille Fischer Christensen

Guión: Kim Fupz Aakeson, Pernille Fischer Christensen

Interpretes:

Jesper Christensen – Rikard Rheinwald 

Lene Maria Christensen – Ditte 

Anne Louise Hassing – Sanne 

Johan Philip Asbæk – Peter 

Me enfrento a la presión de la SEMINCI. Acudo a la sala para ver y disfrutar de la película, a esto hay que añadir un trabajo que consiste en emitir un comentario breve y conciso y a la mayor rapidez posible. Dejo la sala pasada la medianoche y ni tan siquiera uso el ordenador, ni en la sala habilitada para enviar las crónicas, ni en mi casa. Dejo que las imágenes reposen en la cabeza y que el sueño potencie las ideas que conforman esta pequeña crónica. Así que ya les cuento desde aquí que llego tarde a esta redacción, a esta cita con los lectores.

En familie. Es un dramón de una familia danesa de varias generaciones de excelentes panaderos.

Una pequeña sinopsis.

 Rikard Rheinwald (Jesper Christensen) es el cabeza de familia de la tercera generación de panaderos. Una saga donde el bisabuelo, Werner, llegó desde Alemania con un saco de trigo debajo del brazo y ahora se muestran orgullosos de ser los proveedores de la Casa Real danesa y los hoteles Hilton. Rikard recibe la buena noticia de que su enfermedad ha remitido y apenas hay rastros visibles en su radiografías. Su hija, Ditte (Lene Maria Christensen), fruto, junto a su hermana, de un anterior matrimonio, también goza de buenas noticias. Por un lado su experiencia y buen hacer con su propia galería ha llamado la atención de la poderosa galería Gagosian de Nueva York. Le ofrecen hacerse cargo de la representación y busca de nuevos talentos para toda Europa. Esto le supondría vivir en la Gran Manzana. Ditte se plantea esta nueva etapa en su vida profesional y le cuenta a su novio sus planes de ir a vivir juntos. Y por otro, un análisis confirma su esperado pero inoportuno embarazo. Su novio Peter (Johan Philip Asbæk), artista, ve con ilusión y cierto recelo ambas noticias. Para celebrar las buenas nuevas Rikard le propone matrimonio a Sanne, la madre de sus dos adolescentes retoños. Estas situaciones familiares se volverán del revés cuando Rikard recae de su grave enfermedad.

Rikard, Sanne y Ditte en la panaderia

El comentario

El film arranca con unas entrañables imágenes que nos van mostrando la evolución de la saga familiar en su negocio de la panadería. Las escenas reciben el apoyo de una maravillosa canción (a lo largo de la película oiremos tres o cuatro canciones excelentes). Después de las únicas escenas de jolgorio en la fiesta familiar que sucede a a boda de Rikard y Sanne el drama está presenta en cada una de las escenas. Hay un violencia contenida, a punto de estallar. Una violencia física que se manifiesta en un bofetón, pero subyace una violencia síquica muy fuerte, profunda. Poco a poco, vamos descubriendo el carácter del cabeza de familia. Ejerció su tiránico poder durante muchos años que no nos muestran en la pantalla. Ahora solo es un decrépito viejo, enfermo, egoísta y cruel que disfruta llamando panadera a su nueva esposa. La presencia de primerísimos planos cortos a veces se nos muestra incomoda, como queriendo hacernos participes de una situación que para algunos de nosotros es muy cercana. Esto se refuerza con los muchos silencios presenten en toda la cinta.

Reunión familiar en el banquete de boda

La directora Pernille Fischer Christensen transmite una imagen egoísta de los hombres. El padre y el novio de Ditte se muestran ajenos tanto a sus propios sentimientos como los de sus allegados. Rikard es incapaz de pedir matrimonio “como Dios manda” a Sanne. Quiere casarse con ella como pago de su buen trabajo como enfermera, eficaz y silenciosa, durante el año que duró su enfermedad. Por que cree que es lo que debe de hacer no por que lo sienta así. Y le importa un higo que su hija quiera desarrollarse profesionalmente en Nueva York. Solo quiere de ella que siga con la saga familiar, solo le preocupa el legado de su panaderia. “Tengo cuatro hijos y ninguno sabe hacer pan”, se lamenta Rikard.

Excelente trabajo del actor que encarna a Rikard. Sin embargo no me resulta nada convincente el papel, inexpresivo durante buena parte de al cinta, del novio de Ditte.

Las féminas están muy bien retratadas. Sanne se ha cansado del carácter de su marido y falla en los momentos más decisivos. Por eso las decisiones que tiene que tomar en esos duros momentos son del todo entendibles. La actriz que encarga al personaje de Diette también realiza una buena actuación. Ditte sufre por ejercer su madurez. Es valiente y nunca rehúye el enfrentamiento con su padre aun a sabiendas de su incomprensión. Se muestra decidida frente a su marido y también nos muestra sus dudas y temores ante las elecciones que debe de acometer.

La película desemboca en una larga agonía rodada con un hiperrealismo inquietante y doloroso. Así es nuestro futuro en muchas ocasiones: inquietante y doloroso en la toma de decisiones que la madurez de nuestra responsabilidad nos obliga a tomar ya sea como padre, hijo, novio… Decisiones que tenemos que tomar en nuestro camino ante la muerte, el amor, el trabajo. Una película realista y dura, intensa y emocional, de una discípula de Lars von Trier donde el lazo de la familia es el auténtico protagonista.

Ditte y su novio Peter

Destacar la escena del arranque, la gran interpretación de Jesper Christensen y esas cuatro canciones, potentes, de la banda sonora. En su conjunto es una buena película por lo cual no sería de extrañar que ocupara algún lugar en el palmarés de esta 55 edición de la SEMINCI.

Esto de la SEMINCI me recuerda a una pastelería. Una buena pastelería donde tienes a tu entera disposición unos exquisitos dulces de todos los colores y sabores. Y los vas probando y exclamas, joder qué bueno es este. Y este otro. Y hum, este no está nada mal. Y en tu golosa avaricia apenas disfrutas de lo que estás comiendo. Cuando te quieres dar cuenta… ya no te acuerdas de qué bombón, golosina o pastel era el más rico. Yo no soy muy golosón, me controlo y soy capaz de que los bombones que mi buen amigo Toño me trae de Bruselas me duran un par de meses. Con la SEMINCI me pasa lo mismo. Dosifico. Quiero que ese recuerdo dure en mi mente pero esta tarde ya tengo otra película que me espera. Es duro este oficio.

  Luisjo Cuadrado


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