Jesús Trapote en Val de San Lorenzo: una jornada en la maragatería

Pudor encubierto, obra de Jesús Trapote

El sofá de casa nos tiende su cálido y confortable abrazo. Y hay que estar atento a esas señales porque ése es el momento indicado para levantar el culo del sofá y poner rumbo hacia un punto que nos aleje de la rutina. En esta ocasión una exposición de escultura de un amigo es buen motivo para solventar los casi 360 km de distancia. Una distancia un tanta larga para un viaje de ida y vuelta en el día, pero hoy las carreteras y los automóviles ofrecen ciertas garantías de realizar un viaje seguro y confortable.

Jesús Trapote expone sus obras en Val de San Lorenzo. Ya nos hicimos eco de esa circunstancia en estas mismas páginas

http://revistaatticus.es/2010/07/27/jesus-trapote-grandes-mensajes-pequenos-formatos

Val de San Lorenzo es un pequeño pueblo situado a 6 km de Astorga que se extiende por la vega del río Turienzo. Constituye uno de los pueblos más importantes de la Maragatería, debido fundamentalmente a que fue un núcleo textil de una gran importancia, tal vez solo comparable con la producción de  los centros catalanes. Por cierto, el nombre maragato tiene un confuso origen. La teoría más aceptada, hoy en día, es la que ha formulado el catedrático de la Universidad de León, Laureano Rubio, en la que viene a decir que en esta zona los antiguos habitantes también conocidos como somonzanos se dedicaban a comercializar pescado salado de Galicia (Mar) a Madrid (los Gatos) y de ahí Maragato. Hoy, los tiempos cambian, son los Gatos (los madrileños) los que se dedican a colonizar la zona los fines de semana en busca de su famoso cocido maragato. Pero dejemos el cocido para luego.

La lectura, obra de Jesús Trapote

En Val de San Lorenzo se encuentra el Centro de Interpretación Textil La Comunal (C.I.T.). Es un edificio que fue construido por la Sociedad Comunal de Artesanos para realizar todas la labores que iban asociadas con el proceso de preparación de la lana para realizar manufacturas, ya sea paños o mantas. Todo este complejo funcionaba hasta 1998. Ahora se ha recuperado por iniciativa del propio Ayuntamiento de Val de San Lorenzo y funciona en determinadas visitas y para distintos artesanos que todavía hacen uso de esta vieja maquinaria que constituye un excelente ejemplo del entramado industrial de principios del siglo XIX. Y el museo se puede visitar en su horario habitual.

Este edificio alberga la Segunda Fase del Museo Textil (el núcleo principal lo constituye el Batán o Pisón, que luego veremos). Las pequeñas esculturas que conforma la exposición de Jesús Trapote que lleva por título Grandes mensajes, pequeños formatos se encuentran repartidas por la sala.

Grandes mensajes, pequeños formatos

 

Desamor, obra de Jesús Trapote

Esparcidas por el museo La Comunal se encuentran la pequeñas esculturas de Trapote, escultor vallisoletano afincado en León, como formando parte de mobiliario. Su tamaño reducido las convierte en pequeños objetos deseables para la decoración de cualquier rinconcito de nuestras casas. Son gráciles, esbeltas y cariñosas, no exentas de fuerza y un gran belleza plástica. Y algunas de ellas, por sus desnudos, se las puede calificar de intimistas. Su modelado es agradable. Con pocos trazos sintetiza su obra (la síntesis matérica la podemos encontrar en la Perdiz, apenas un óvalo). Todas ellas conforman una unidad estilística. Además de su reducido tamaño, las figuras responde a un tipo que el escultor ha formado a lo largo de su extensa, brillante y dilatada carrera: Volumétricas de cuerpo orondo y cabeza reducida. Muchas de ellas responden a un boceto para un proyecto o concurso. He tenido la oportunidad de ver muy recientemente obra de Oteiza y algo, en las esculturas de Trapote, me ha recordado a este gran escultor, como me recuerda a alguna de las obras de Rodin. También las formas gruesas aluden a otro genio que es el colombiano Botero. Lo cierto es que encontramos a Jesús Trapote a un gran escultor que domina las formas humanas con bellos ejemplos en esta sala (Anoréxica, Intimidades o Arrogancia, o La Lectura) poniendo especial énfasis en las expresiones faciales y posturales. No hay que olvidar que Trapote es un gran escultor en obra civil con bellos ejemplos en Valladolid, León o Villalón de Campos (un ejemplo de lo que puede ser una obra monumental es cualquiera de estas pequeñas esculturas, pero sobre todo por destacar un ejemplo de conjunto escultórico Los represaliados)

Espera, obra de Trapote

Una pequeña pega: las esculturas no desentonan del ambiente, pero no destacan. El enmarcarlas en una sala tan peculiar en donde las máquinas antiguas tienen un mayor peso específico que la propia escultura penaliza la visita de la obra de Trapote. Pero por otro lado, tenemos la oportunidad de contemplar en la sala dos actividades artesanales que nacen con productos de nuestra tierra, por un lado la lana y por otro el barro con que Trapote ha esculpido, sabiamente, sus esculturas de pequeño formato, de grandes mensajes y de grandes intenciones.

La Comunal

 

La visita a este museo arranca con unos audiovisuales que se proyectan en la sala y de los cuales nos hace una introducción el guía del Museo Miguel Ángel (por cierto una persona de trato encantador, ameno y conocedor de todo el proceso de la lana, el cual se desvive por dar a conocerlo).

Interior de La Comunal

Desde que la lana es escogida para su utilización hasta que sale ya manufacturada en forma de manta o paño hay una serie de máquinas y utensilios diseminados a lo largo de los diferentes espacios que conforman esta gran sala/museo. Allí encontramos una máquina denominada “el diablo abridor”, devanaderas, tornos de cardar, ruecas, urdidores y otros curioso utensilios. Todo esto abarcaría el proceso de fabricación y que se complementan con unas máquinas más complejas y difíciles de ver en funcionamiento como lo están las que aquí podemos contemplar.

Val de San Lorenzo era un gran núcleo textil. Se tienen noticias de la lana que se tejía en este pueblo y su entorno allá por el siglo XVII y llegó a contar con más de 80 fabricantes. En el primer tercio del siglo XIX Val sufre una crisis textil pañera. No solamente afecta a esta zona sino a otros puntos del viejo Reino de León y de Castilla. Tal vez quien mejor se supo adaptar fue Béjar (Salamanca) y pudo competir con la mejor competencia catalana (Sabadell y Tarrasa) que había mecanizado todo su proceso. Así en 1858 se produce en Val un relanzamiento textil que llega, principalmente, de la mano de gente emprendedora como José Cordero Geijo (se trasladó a Palencia para trabajar y “estudiar” el proceso en la fábrica de paños) y Damián Cuadrado (trajo a Val nuevos utensilios como el preciado “palmares de cardos”). En la Exposición Internacional de París fueron galardonados los cobertores de Val de San Lorenzo. 

En 1920 un grupo de 73 vecinos forman una Comunidad de Bienes. Es la Comunal. Debido a esa mecanización catalana (aludida anteriormente) y el desecho de una maquinaria que se había quedado obsoleta Val de San Lorenzo se hizo con esas máquinas compradas de segunda mano, procedentes de Cataluña.

Hoy día tenemos la inmensa fortuna de conocer de primera mano cómo era el proceso de fabricación textil de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX gracias a que Val continuó con su trabajo hasta final del siglo XX y gracias también a la labor del Ayuntamiento y sus gentes que han sabido restaurar y poner a disposición del público en general este espacio.

Llama la atención las diferentes fotos que se encuentran en las paredes de la sala. Esto se debe a un encuentro que se realizó durante seis semanas en el verano de 1926 de diferentes colectivos de artistas (pintores, acuarelistas, ceramistas, etc) provenientes de la Escuela de Cerámica de la Moncloa de Madrid y que fueron realizadas por Aniceto García Villar, profesor de la escuela. Constituyen un elemento etnográfico de primer orden para el estudio de la maragatería.

El Batán o Pisón

 

Máquina con los cardos insertados y algunos ejemplos de manufactura pañera

El Batán o Pisón (como lo conocen los propios maragatos) complementa la visita y fue la primera fase del Museo Textil. Una serie de canales desvía el agua (ahora en verano inexistente) que mueve unas ruedas de molino que hace mover unos pisones que golpea la manta. Aquí se realizaba la función principal de lavar la manta para quitarle un aceite que se había añadido a la lana para facilitar la elaboración de hilos tanto para la trama como para la urdimbre. Una vez colgada en las perchas se procedía a su cardado (se usan un cardón o cardencha que es una variedad que se cultiva en Albacete y Alicante entre otros centros de producción, ya que es un cardo más alargado y con las puntas hacia abajo) para sacar el pelo de forma natural. Esto se hacía con cardos naturales insertados en una máquina diseñada a tal efecto.

Astorga

Plaza del Ayuntamiento, Astorga

Astorga tiene mucho que ver. Podemos destacar tres sitios de interés. Uno de ellos es la plaza del Ayuntamiento que alberga el edificio consistorial. Se inició su construcción en1683. Consta de dos pisos, con dos torres en las esquinas rematadas con chapiteles y un espadaña central. El piso superior tiene unos balcones de hierro. La espadaña central sostiene la campana y el reloj en el que dos maragatos marcan las horas. Es un ejemplo de arquitectura civil del barroco leonés.

Otra visita imprescindible es al Palacio Episcopal. Obra de Gaudí, su construcción se llevó a cabo entre 1889 y 1915. Su fachada presenta cuatro torres cilíndricas y sigue sus principios del modernismo catalán que encontramos en tierras maragatas, fundamentalmente, por la amistad que unía al obispo con Gaudí, un hombre muy

Palacio Episcopal de Gaudí, Astorga

fervoroso. El pórtico luce tres arcos abocinados. La estructura del edifico se sustenta en pilares con capitales decorados y bóvedas de crucería. Todo el conjunto está rematado con un almenado que recuerda al estilo mudéjar.

Catedral de Astorga

 

Y por último, la catedral de Astorga. La catedral de Astorga se empezó a construir en 1471 dentro del recinto de la anterior basílica que databa de los siglos XI y XIII. Las obras de la catedral se prolongaron durante muchos años, llegando hasta el siglo XVIII lo que le confiere una amalgama de estilos arquitectónicos: gótico florido en el

interior, estilo neoclásico para el claustro, barroco para la torre y su fachada y el pórtico con un toque renacentista con bellos paneles escultóricos a ambos lados.

Retablo Mayor en la Catedral de Astorga

Una de las joyas que alberga la catedral de Astorga es su retablo mayor obra de Gaspar Becerra. Es de dimensiones colosales y fue concebido por el propio escultor en 1558. Estructuralmente está compuesto en horizontal por un banco o predela, tres cuerpos de gran altura y un ático; en sentido vertical está organizado por cinco calles y seis entrecalles en los cuerpos segundo y tercero. Todo ello siguiendo un esquema simétrico, regular y ordenado. Una joya del que fue considerado como el introductor en España del estilo de Miguel Ángel.

No podemos terminar esta jornada y este trabajo sin hacer mención a otro de los “motivos” de interés cuando se acude a Astorga, Val de San Lorenzo y su comarca y no es otro que un motivo gastronómico; el cocido maragato.

El cocido maragato

El cocido es uno de los platos típico españoles. Es el que se podía comer antaño todos los días y en todos los sitios desde Estaca de Bares hasta Cádiz. El cocido es un puchero donde se cuecen juntos todos los ingredientes: garbanzos, hortalizas, patatas, carnes y los huesos. Hay tantas variedades como regiones tiene España.

Mesón Maragato en Val de San Lorenzo

Una de estas variedades es el cocido maragato, típico de esta zona maragata en la provincia de León. Este plato, como muchos otros tradicionales de “puchero”, es un cocido. Es decir, que se echan las carnes en una olla todo junto para que se cueza y enriquezca un caldo. A su vez también se echan los garbanzos con una redecilla para su fácil extracción u poder servirlo en plato aparte.

La manera de oficiar en esta región es lo que le confiere ese carácter particular: se sirve al revés. El cocido consta de tres platos o vuelcos. El primero de ellos es un plato con todas las carnes. Están suelen ser siete (hay restaurantes que anuncian hasta doce): pie y oreja de cerdo, gallina, tocino, morcillo, chorizo, costilla, etc. Junto con un relleno (miga de pan, con huevo frita). A continuación los garbanzos acompañados de verdura, generalmente suele ser repollo o berza, y patata cocida. Y, por último, se acaba con la sopa: el caldo resultante de esa cocción con unos fideos o rebanadas de pan.

Carta del Restaurante Mesón Maragato

En nuestra particular jornada maragata accedimos a unos de los restaurantes que existen en Val de San Lorenzo. No íbamos a ciegas pues nos habían anunciado que Gloria y su hermano (regentes del restaurante Mesón Maragato) tenían buena cocina y no se pasaban en el precio (cosa esta última que suele ser muy habitual en algunos afamados restaurantes). Por el calor reinante, principios de Septiembre tal vez no sea el mejor momento para degustar un cocido maragato. Pero si que nos lo ofrecieron, tal vez porque se daba la circunstancia de que estamos en las fiestas locales de la Carballeda y posiblemente acudan muchos “extranjeros” que vuelven a su pueblo en su cita anual para ver a sus paisanos y familiares. Y como no hacía mucho calor degustamos el cocido sin ningún pero, ni mucho menos decepción. Podemos decir que además dispone de otros platos en una corta pero selecta carta donde brilla con luz propia una ensalada templada, un tronco de bonito (al ajillo) y unos postres caseros (la leche frita suave y deliciosa). Muy recomendable.

http://www.mesonmaragato.com/

En definitiva una buena y completa jornada con interés etnográfico, artístico y gastronómico. Un consejo: no dejen que el sofá de casa les abrace más que lo justo.

Luisjo


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