Sta María Maggiore con la Capilla Colleoni

Gracias a la red hoy descubrimos que Valladolid y Sevilla tienen otra cosa en común además de la Semana Santa. Y es tener como destino compartido la ciudad de Bérgamo. María Ríos ha demostrado ser una excelente colaboradora y nos manda su particular crónica. Si nosotros hacíamos, en el relato del viaje, hincapié en los aspectos, digamos “técnicos”, ella se centra en el lado más humano, siempre presente en cualquiera de nuestros viajes.

 Paseo por Bérgamo de la sevillanía

 

Me ha encantado el artículo sobre vuestro viaje a Bérgamo. Yo también he tenido el honor de visitar la bella ciudad italiana. Y es que van y te ponen una línea directa de low cost entre Sevilla y Bérgamo y no tienes excusa para viajar. Me ha emocionado recordar, a través de vuestras vivencias, la ciudad lombarda, el encanto del funicular que cogía no sin la duda de que pudiéramos partirnos la crisma en cualquier momento, ese casco antiguo, las placitas, los monumentos, el ambiente musical de Donizetti… Recuerdo el viaje en el que no sufrí de jet lag pero sí de una especie de choque climático. Era el abril florido y alegre de Sevilla y me trasladé a una dimensión lluviosa y quasi otoñal de Bérgamo. Quizás para un vallisoletano no fuera el cambio tan brusco, acostumbrado que está a los rigores de las bajas temperaturas, pero a mí me pareció trasladarme del África a la norteña Escandinavia, tal fue el cambio de intenso y tan exageradas las apreciaciones andalusíes.

Han sido muchas las coincidencias pero también ha habido alguna diferencia. Bérgamo me pareció una pequeña localidad con todo a la mano, en cuanto a número de habitantes puede ser como Cádiz pero comparándola con Sevilla y su área metropolitana, me pareció como he dicho de una dimensión reducida. El aeropuerto estaba muy bien, pero yo no sé desde Valladolid como van los horarios pero desde Sevilla son disparatados. A la vuelta, el vuelo salía a una hora escandalosamente temprana, a esas horas en la que los sevillanos tienen a bien acompañarse de la almohada. Acostumbrada a los servicios de una gran capital, daba por sentado que llegar al aeropuerto sería fácil y cómodo. Menos mal que me salió la responsabilidad de organizadora del viaje e intérprete “oficiosa”. Ya me había escamado que durante el día no veía ni un taxi ni en pintura, y mira que había pinturas sobre todo en la excelente Academia Carrara. Pues como hablaba por doquier con uno y otro nativo, me dispuse, por si las moscas, a preguntar en la recepción del hotelito, si había bus que saliera a esas intempestivas horas de la madrugada o si era fácil pillar un taxi o si tardaba poco si lo llamábamos a primera hora desde el hotel. Cuál no fue mi sorpresa que una linda italiana me comentó sorprendida que “na de na”, que a esas horas ni siquiera había taxis y que ni aún programándolo nos podían llevar. No me resignaba a quedarme el resto de mi vida en Bérgamo, ni a dormir en el frío suelo del aeropuerto bergamasco. Pero con los italianos, ya se sabe, parlando, parlando, se puede llegar a acuerdos. En voz baja y con aire de estar cometiendo un delito, la muchacha me comentó que “podíamos llegar a un acuerdo”, yo me asusté en principio pero mi desesperación era mucha y la añoranza de mi primavera andaluza aún mayor. Me dice que tiene un amigo que le hace este tipo de favores. Aunque me gusta conversar y practicar mi italiano, no me parecía el momento oportuno para este tipo de confidencias. Prosiguió la chica, que este señor, con su utilitario privado hace una serie de servicios a horas de recogimiento en la ciudad, y que hablaría con él para ver si estaba dispuesto a hacernos este tipo de “favor” por una cantidad razonable que era reacia a desvelar. Aún nos quedaban algunos cuartos después de comprar muchos souvenirs, comer mucha pizza “al taglio” y pagar la entrada a diferentes sitios… pero concertar un servicio sin saber qué te podía costar, me parecía un poco extraño, ¿se mueve, se acerca o se aleja el aeropuerto de Bérgamo por las noches?, ¿habrá un tráfico enorme debido a que todos los sevillanos que quieren volver a su tierra buscan cualquier medio de transporte, piénsese ambulancias, camiones o in extremis coches robados? Me conformé en resignarme, no tenía más remedio. Pasé una noche inquieta imaginando que el vuelo de Ryanair salía sin unos sevillanos un tanto confiados… Me imaginaba diciéndole a mi madre por teléfono que no podía volver porque había perdido el avión, me iba dando vueltas la cabeza de si una chica del sur podría aclimatarse a vivir en esa ciudad cuando llegaran las nieves? Por la mañana, o mejor madrugada, nos presentamos ante la recepción y nos encontramos a la misma mujer con la que habíamos cerrado el trato, en bata de estar por casa nos recibió, parece que a esas horas no debe ser obligatorio el traje oficial; al menos estaba, y me vino a decir que todo marchaba. Con la vista fija en la puerta del hotel esperábamos, ansiábamos la llegada del coche en cuestión, no había un alma, no pasaba ningún vehículo, pareciera que en la ciudad solo hubiera despiertos uno sevillanos y una recepcionista, aunque esta  estaba medio dormida dando cabezadas en una silla. Se oyó la llegada de un vehículo y solo podía ser el nuestro, el que nos llevara, si Dios quería, a nuestro destino. Me presentaron al conductor y me pareció un poco siniestro, o quizá era la hora, o quizá el coche oscuro, o quién sabe qué. Me sorprendió durante el trayecto, una carretera desolada e intransitada, las ganas de charlar que tenía nuestro chófer me recordaba a algunos taxistas sevillanos con los que he hablado de lo profano y de lo divino y después nos hemos dicho adiós. Al principio empezó hablando bien de la ciudad, recientemente más abierta al turismo exterior, de su hospitalidad con el extranjero. Pero poco a poco no sé si porque me fue cogiendo confianza o el ambiente era proclive a las confidencias, me confesó que él, currante del sur se había visto obligado a ir al norte a trabajar en una ciudad que él creía que no terminaba de aceptarle después de muchísimos años residiendo. Me sorprendieron sus palabras y así se lo hice saber. Me dijo que la ciudad trata bien al extranjero pero otra cosa era el italiano del sur, y me lo decía con una voz que daba pena y que transmitía desilusión y soledad. Le dije que no sé, que podría ser su apreciación, que hay gente buena en todos sitios, que intentara cambiar de mentalidad… su respuesta lánguida, su voz, dejaban entrever que no había solución, y alternaba monólogos en los que parecía que se le escapara el alma y que no tenía ni fuerza para pisar el acelerador, con otros de rabia descontrolada en que la pagaba con las marchas, y por extensión, con el coche, la carretera, la ciudad, y lo peor, con los pasajeros. Yo también pasaba de un estado a otro, de la lástima, de la empatía a la sensación de peligro de un tío descontrolado que es capaz de tirarse a una cuneta.

Le dije no sé si por acercarme a él de alguna manera, que también nosotros éramos del sur, de un sur como el suyo, de como siempre es el sur. Qué es bonito ser del sur pero que el norte, es otra cosa, pero también tiene sus cosas maravillosas. Que gran parte de mi familia había emigrado al norte de España y que se sentían muy bien allí. Qué es fantástico conocer, hablar con unos y con otros, que uno puede sentirse cercano a otro ser humano y que no importa si es del sur, del norte, de otro país, de otro continente…

 El tiempo parecía haberse detenido y el aeropuerto de Bérgamo una ilusión que al final surgió ante nuestros ojos como por encanto. El diálogo, a solas lingüísticamente con el conductor, pues yo solo hablaba italiano, me dio la sensación que te dan esos programas de radio a altas horas de la madrugada que invitan a abrir el corazón. Llegamos, paró, cogió el equipaje; me busqué el bolso, le pregunté cuánto era, parecía sorprendido de la pregunta, como si le sorprendiera que tuviera que cobrar por el paseo, pensó un momento, me dijo una cifra razonable. Me despedí de él y le deseé todo lo mejor. Él me miró con una mirada sin esperanza. Nosotros partimos, él se quedó allí, solo.

Ps.: ¿Cuándo decís que Valladolid debería unirse aéreamente con el norte de África, no os estaréis refiriendo a destinos como Sevilla ¿no? Don’t worry, es broma, aquí nos reímos de muchas “tonteridas”.

María Ríos

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