Del Véneto a Los Dolomitas y la Lombardía.

 

Siento una gran envidia de la ciudad de Bérgamo. O mejor dicho, siento envidia del aeropuerto de Bérgamo. La ciudad, en cuanto al número de habitantes, dobla a Valladolid, ciudad donde resido. Su aeropuerto tiene posiblemente diez veces más de destinos que ésta ciudad. Y de ahí la envidia que me produce. Creo que Valladolid se merece la oferta de muchos más destinos de los que dispone en la actualidad. La propia oferta cultural de Valladolid, su proximidad con Madrid (apenas una hora en el tren de alta velocidad) y la cercanía en un radio de acción de 140 km de ciudades tan importantes como Salamanca, Segovia, Zamora, Ávila, Burgos, Palencia y León hacen de la capital castellana un punto geográfico muy interesante. No entiendo como la Junta de Castilla y León no promociona este aeropuerto. Claro, que al hacerlo parece que toma partido por Valladolid y ¡ay! eso no es políticamente correcto. Será mucho mejor seguir apostando porque cada capital de provincia tengo su propio aeródromo. Gracias a la compañía de bajo coste irlandesa que ha apostado por Valladolid con cinco destinos al día de hoy, de vez en cuando, los vallisoletanos podemos ver un avión sobrevolando nuestras cabezas, y así en las pistas de despegue no crece la mala hierba. Una pista, larga pista, que un día no muy lejano recibió al mítico y ya desaparecido Concorde.

Uno de esos destinos disponible es la ciudad por la que siento envidia: Bérgamo. La propia ciudad ya es un reclamo, pero está situada en un eje (la autopista A4) que une Milán con Venecia y que tanto a izquierda como derecha tenemos interesantes destinos como Verona, Padua, Mantua, Vicenza, Bolonia, Ferrara o Ravena, sin olvidarnos de los lagos Como o Garda. Para esta ocasión elegimos Venecia y los Dolomitas. Nada más aterrizar nos dirigimos al mostrador de la oficina de alquiler de coches donde te entregan las llaves. En la misma puerta de salida, un bus pequeño parte cada poco tiempo hasta el lugar de recogida del coche a escasos minutos de allí. Dejamos para la vuelta la visita a Bérgamo y nos dirigimos rápidos a la ciudad de Tintoretto con la intención de llegar antes de que anocheciera.

 

De Venecia poco puedo decir. Es imposible resumir en unas pocas líneas las sensaciones que uno percibe según camina por sus calles o navega por sus canales. Solo un pequeño consejo para todos aquellos que tengan pensado ir alguna vez a esta ciudad de la que dicen que si no se toman medidas dentro de cien años serán inhabitable. Hay que hacer lo posible para dormir en la ciudad, nada del Lido o en sus alrededores, Mestre. Ese es el consejo. De esa forma  aunque se esté poco tiempo en Venecia podremos conocer la ciudad turística insufrible y la ciudad amable en la que se convierte a partir de las 18 horas de la tarde cuando los guiris se van a dormir a sus paquebotes o a sus hoteles lujosos en el extrarradio. Nosotros, en nuestro viaje, tuvimos la fortuna de alojarnos en un estudio apartamento con una pequeña terraza que daba al canal (Fondamento del Socorro) muy cerca del Campo de Carmini. Se llama Ai Carmini Residence. Muy recomendable.

www.aicarmini.it

 

Treinta y seis horas no dan para mucho, pero puedo decir sin equivocarme que pateamos de arriba abajo y de este a oeste entre 12 y 15 km. y eso es… ver muchas cosas. Pero nos esperaban Los Dolomitas. Así que después de desayunar recogimos el coche que habíamos dejado en el Tronchetto. La siguiente parada sería Belluno, una de las puertas de entrada a Los Dolomitas. Un bello pueblo situado en un altozano. Para acceder a él conviene dejar el coche en el aparcamiento y subir por unas empinadas escaleras mecánicas. Los Dolomitas es una cadena montañosa que forma parte de los Alpes Orientales ocupando el territorio de tres provincias: Trento, Bolzano y la citada Belluno con casi el 80 por ciento de su superficie ocupada por estas montañas. Su aspecto es diferente al resto de los Alpes con amplios valles cubiertos de bosques y unas formaciones rocosas (roca caliza de origen marino llamada dolomía). Es decir que hubo un día en que estas cumbres estuvieron bajo el mar. Los Dolomitas fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el 2009.

Cortina d’Ampezzo es la localidad turística más importante de la zona, o, por lo menos, con más renombre. Es la joya de la corona de Los Dolomitas por sus innumerables pistas de esquí y por los servicios que ofrece en invierno. Pero en nuestra visita se puede decir que era una ciudad fantasma. La jet-set no estaba, pero es que tampoco había muchos mortales. Visitamos la ciudad en el momento en que la temporada de invierno ha terminado y la de verano no ha comenzado aún (justo una semana después tenía previsto la apertura de los principales teleféricos).

El alojamiento previsto para disfrutar de este parte de Italia fue el Hotel Millefiori. Alojamiento situado en el Val di Fassa uno de los variados valles que la peculiar orografía ofrece a los amantes de la naturaleza. Elegimos este familiar hotel por su situación, como punto de partida para realizar un par de excursiones al día siguientes. No sé muy bien a qué razones obedece que tal o cual destino se convierta en nuestro objetivo a la hora de la planificación de un viaje. Pero lo cierto es que el Passo de Pordoi y la Marmolada me atrajeron desde que puse la vista en el mapa de la zona. Tal vez sea por las muchas horas de televisión viendo el Giro de Italia cuando este era una cita casi obligada en los preámbulos del verano de mi niñez. O tal vez sea porque uno haya tenido una vida anterior en la que fue un autentico montañero. Lo cierto es que tanto uno, Pordoi, como otra, Marmolada, no nos defraudaron en absoluto. En esta época del año hemos podido ver mucha nieve aunque las carreteras estaban perfectamente limpias y la temperatura, a pesar de ser de cero grados, era benigna. La única pega es que no pudimos montar en la Funivia (teleférico) que sube hasta los 3300 metros de altitud desde los 2239 que tiene el Passo Pordoi. Otra vez será piensa el viajero con la ilusión de que tal vez en un tiempo no muy lejano vuelva a frecuentar y disfrutar de estos parajes maravillosos.  Eso sí no tenemos ninguna pega. Es más, todo lo contrario. En el Millefiori nos trataron de forma maravillosa y disfrutamos del ambiente acogedor. ¡Y unas cenas… deliciosas!

www.hotelmillefiori.com

Desde aquí ya iniciamos el retorno. La siguiente parada era o Bolzano o Trento. Ambas ciudades tienen un rico patrimonio. Pero nos decantamos por la historia. Tridentum, la antigua ciudad romana, celebró el Concilio de Trento durante 1545 hasta 1563 (en diversas sesiones y ciudades). Para la Iglesia Católica supuso una auténtica revolución  los acuerdos que allí se decidieron han sido el pilar de su doctrina. La elaboración de un catecismo, la definición de una serie de dogmas, el establecimiento de la supremacía del Papa y la prohibición del casamiento para los curas son algunos de esos acuerdos. La ciudad cuenta con notables monumentos de carácter religioso como la catedral de San Vigilio cuya construcción se inició en 1212 y que se encuentra en una plaza con algunos edificios medievales decorados con las características pinturas en su fachadas; y la iglesia de Santa María Maggiore, del siglo XVI, sede del Concilio de Trento.

El Lago de Garda se encuentra muy cerquita de esta población. En otro viaje ya descubrimos este lago en su parte sur (Desenzano y Sirmione, muy recomendables). Así que no podíamos dejar pasar la ocasión para ver Riva del Garda en su parte norte. De clima apacible durante todo el año es un foco de atracción turística importante.

Bordeamos el lago siguiendo la carretera pensando que sería una bonita manera de descubrir esta zona. Pero más bien fue un pequeño fiasco pues la mayoría de la misma discurre por largos, oscuros y hasta peligrosos viejos túneles. Con lo cual apenas veíamos el lago y sí muchos coches.

La A4 volvió a salir a nuestro encuentro y ya tomamos la atestada autopista esta vez con dirección a Bérgamo. Una tarde por el casco viejo de esta bella ciudad da para hacernos una idea de lo que antaño debió de ser esta rica zona así como la influencia que debió de ejercer la  cercana Venecia.

A la ciudad alta (Cittá Alta) de Bérgamo se accede por un curioso funicular que sube por una empinada cuesta. Desemboca en un antiguo palacio del siglo XIV donde se encuentra un bar-restaurante desde donde se obtienen unas magníficas vistas de la zona moderna de Bérgamo. El casco histórico está rodeado de murallas construidas entre 1560 y 1625 con sus correspondientes puertas de acceso. Por la vía principal, vía Gombito, que mantiene el antiguo pavimento denominado opus spicatum (en forma de espina), se llega a la pequeña plaza de San Pancracio. Desde aquí podemos admirar los palacios de origen medieval, la Iglesia de San Pancracio del siglo XVI, la fuente y la torre del Gombito, la torre de piedra más alta de Bérgamo. Un poco más adelante alcanzamos la Piazza Vecchia. El gran maestro de la arquitectura Le Courbusier definió a esta plaza como “la más hermosa plaza de Europa”. Yo no soy quien para poner en duda tal afirmación. Tal vez sea un poco exagerada. Lo cierto es que es una plaza coqueta, de armoniosas proporciones que le confieren un bello aspecto. Y sobre todo de noche. Allí se encuentran la Biblioteca Cívica, el Palazzo della Ragione, la Fuente del Contarini del siglo XVIII, el Palazzo del Podestà construido en 1340 por los venecianos y el Campanario, la altísima torre cívica. Cruzando el pórtico del Palazzo della Ragione (el Ayuntamiento) en cuyo suelo se encuentra un curioso reloj de sol, llegamos a la Plaza del Duomo donde podemos admirar los monumentos más emblemáticos de la ciudad: la catedral, Santa María la Mayor, la Capilla Colleoni y el Baptisterio de planta octogonal.

El viajero necesita de reposo para seguir su camino. En esta parte de la ciudad te salen al paso restaurantes y cafeterías. Nos decantamos por una cervecería que prometía: la Osteria della Birra.

www.birraelav.it/la _Birra_Elav.html

Tienen una carta muy amplia de cervezas, en botella y una media docena de ellas de barril. De elaboración propia tienen la marca ELAV (rubia estilo lager, amarillo dorado, con intenso aroma a levadura y lúpulo). Como complemento disponen de una buena tabla de quesos o de fiambres. Para cenar escogimos un lugar de batalla que ya conocíamos. Un lugar muy amplio, en un antiguo palacio, sin mucho glamour pero con un menú asequible (donde no falta su famosa polenta). Pasamos un rato muy agradable contemplando a la clientela, sobre todo con una pareja a la que no auguramos futuro alguno. Por si a alguien le interesa se llama “Il Circolino”.

http://www.bergamoatavola.it/ristorante_bergamo.asp?ragionesociale=Il%20Circolino

Y ya solo queda el descanso del viajero, que con la noche tiene la sana costumbre de irse a dormir. El vuelo de regreso salía a una hora más que prudente (cosa nada normal en los vuelos de bajo coste que o bien sales muy temprano o todo lo contrario), concretamente, en este caso, el avión salió a las 11 horas gracias a que las nubes de ceniza lo permitieron, eso sí, con cierto suspense. Y mientras uno espera para embarcar como si te quisieran restregártelo tienes delante de ti una gran pantalla donde puedes ver todos los movimientos de los aviones que van y vienen. Y es por eso por lo que siento un poco de envidia del aeropuerto de Bérgamo. De momento nos tendremos que conformar con desayunar en Valladolid, comer en ésta bonita ciudad y cenar en Venecia. No es un mal consuelo a falta de que se abran nuevas rutas como bien podrían ser ciudades del norte de África. ¡Arrivederci!

Luisjo


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