Archivo para mayo, 2010

Paseo por Bérgamo de la sevillanía

Sta María Maggiore con la Capilla Colleoni

Gracias a la red hoy descubrimos que Valladolid y Sevilla tienen otra cosa en com√ļn adem√°s de la Semana Santa. Y es tener como destino compartido la ciudad de B√©rgamo. Mar√≠a R√≠os ha demostrado ser una excelente colaboradora y nos manda su particular cr√≥nica. Si nosotros hac√≠amos, en el relato del viaje, hincapi√© en los aspectos, digamos ‚Äút√©cnicos‚ÄĚ, ella se centra en el lado m√°s humano, siempre presente en cualquiera de nuestros viajes.

 Paseo por Bérgamo de la sevillanía

 

Me ha encantado el art√≠culo sobre vuestro viaje a B√©rgamo. Yo tambi√©n he tenido el honor de visitar la bella ciudad italiana. Y es que van y te ponen una l√≠nea directa de low cost entre Sevilla y B√©rgamo y no tienes excusa para viajar. Me ha emocionado recordar, a trav√©s de vuestras vivencias, la ciudad lombarda, el encanto del funicular que cog√≠a no sin la duda de que pudi√©ramos partirnos la crisma en cualquier momento, ese casco antiguo, las placitas, los monumentos, el ambiente musical de Donizetti… Recuerdo el viaje en el que no sufr√≠ de jet lag pero s√≠ de una especie de choque clim√°tico. Era el abril florido y alegre de Sevilla y me traslad√© a una dimensi√≥n lluviosa y quasi oto√Īal de B√©rgamo. Quiz√°s para un vallisoletano no fuera el cambio tan brusco, acostumbrado que est√° a los rigores de las bajas temperaturas, pero a m√≠ me pareci√≥ trasladarme del √Āfrica a la norte√Īa Escandinavia, tal fue el cambio de intenso y tan exageradas las¬†apreciaciones andalus√≠es.

Han sido muchas las coincidencias pero tambi√©n ha habido alguna diferencia. B√©rgamo me pareci√≥ una peque√Īa localidad con todo a la mano, en cuanto a n√ļmero de habitantes puede ser como C√°diz pero compar√°ndola con Sevilla y su √°rea metropolitana, me pareci√≥ como he dicho de una dimensi√≥n reducida. El aeropuerto estaba muy bien, pero yo no s√© desde Valladolid como van los horarios pero desde Sevilla son disparatados. A la vuelta, el vuelo sal√≠a a una hora escandalosamente temprana, a esas horas en la que los sevillanos tienen a bien acompa√Īarse de la almohada. Acostumbrada a los servicios de una gran capital, daba por sentado que llegar al aeropuerto ser√≠a f√°cil y c√≥modo. Menos mal que me sali√≥ la responsabilidad de organizadora del viaje e int√©rprete “oficiosa”. Ya me hab√≠a escamado que durante el d√≠a no ve√≠a ni un taxi ni en pintura, y mira que hab√≠a pinturas sobre todo en la excelente Academia Carrara. Pues como hablaba por doquier con uno y otro nativo, me dispuse, por si las moscas, a preguntar en la recepci√≥n del hotelito, si hab√≠a bus que saliera a esas intempestivas horas de la madrugada o si era f√°cil pillar un taxi o si tardaba poco si lo llam√°bamos a primera hora desde el hotel. Cu√°l no fue mi sorpresa que una linda italiana me coment√≥ sorprendida que “na de na”, que a esas horas ni siquiera hab√≠a taxis y que ni a√ļn program√°ndolo nos pod√≠an llevar. No me resignaba a quedarme el resto de mi vida en B√©rgamo, ni a dormir en el fr√≠o suelo del aeropuerto bergamasco. Pero con los italianos, ya se sabe, parlando, parlando, se puede llegar a acuerdos. En voz baja y con aire de estar cometiendo un delito, la muchacha me coment√≥ que “pod√≠amos llegar a un acuerdo”, yo me asust√© en principio pero mi desesperaci√≥n era mucha y la a√Īoranza de mi primavera andaluza a√ļn mayor. Me dice que tiene un amigo que le hace este tipo de favores. Aunque me gusta conversar y practicar mi italiano, no me parec√≠a el momento oportuno para este tipo de confidencias. Prosigui√≥ la chica, que este se√Īor, con su utilitario privado hace una serie de servicios a horas de recogimiento en la ciudad, y que hablar√≠a con √©l para ver si estaba dispuesto a hacernos este tipo de “favor” por una cantidad razonable que era reacia a desvelar. A√ļn nos quedaban algunos cuartos despu√©s de comprar muchos souvenirs, comer mucha pizza “al taglio” y pagar la entrada a diferentes sitios… pero concertar un servicio sin saber qu√© te pod√≠a costar, me parec√≠a un poco extra√Īo, ¬Ņse mueve, se acerca o se aleja el aeropuerto de B√©rgamo por las noches?, ¬Ņhabr√° un tr√°fico enorme debido a que todos los sevillanos que quieren volver a su tierra buscan cualquier medio de transporte, pi√©nsese ambulancias, camiones o in extremis coches robados? Me conform√© en resignarme, no ten√≠a m√°s remedio. Pas√© una noche inquieta imaginando que el vuelo de Ryanair sal√≠a sin unos sevillanos un tanto confiados… Me imaginaba dici√©ndole a mi madre por tel√©fono que no pod√≠a volver porque hab√≠a perdido el avi√≥n, me iba dando vueltas la cabeza de si una chica del sur podr√≠a aclimatarse a vivir en esa ciudad cuando llegaran las nieves? Por la ma√Īana, o mejor madrugada, nos presentamos ante la recepci√≥n y nos encontramos a la misma mujer con la que hab√≠amos cerrado el trato, en bata de estar por casa nos recibi√≥, parece que a esas horas no debe ser obligatorio el traje oficial; al menos estaba, y me vino a decir que todo marchaba. Con la vista fija en la puerta del hotel esper√°bamos, ansi√°bamos la llegada del coche en cuesti√≥n, no hab√≠a un alma, no pasaba ning√ļn veh√≠culo, pareciera que en la ciudad solo hubiera despiertos uno sevillanos y una recepcionista, aunque esta ¬†estaba medio dormida dando cabezadas en una silla. Se oy√≥ la llegada de un veh√≠culo y solo pod√≠a ser el nuestro, el que nos llevara, si Dios quer√≠a, a nuestro destino. Me presentaron al conductor y me pareci√≥ un poco siniestro, o quiz√° era la hora, o quiz√° el coche oscuro, o qui√©n sabe qu√©. Me sorprendi√≥ durante el trayecto, una carretera desolada e intransitada, las ganas de charlar que ten√≠a nuestro ch√≥fer me recordaba a algunos taxistas sevillanos con los que he hablado de lo profano y de lo divino y despu√©s nos hemos dicho adi√≥s. Al principio empez√≥ hablando bien de la ciudad, recientemente m√°s abierta al turismo exterior, de su hospitalidad con el extranjero. Pero poco a poco no s√© si porque me fue cogiendo confianza o el ambiente era proclive a las confidencias, me confes√≥ que √©l, currante del sur se hab√≠a visto obligado a ir al norte a trabajar en una ciudad que √©l cre√≠a que no terminaba de aceptarle despu√©s de much√≠simos a√Īos residiendo. Me sorprendieron sus palabras y as√≠ se lo hice saber. Me dijo que la ciudad trata bien al extranjero pero otra cosa era el italiano del sur, y me lo dec√≠a con una voz que daba pena y que transmit√≠a desilusi√≥n y soledad. Le dije que no s√©, que podr√≠a ser su apreciaci√≥n, que hay gente buena en todos sitios, que intentara cambiar de mentalidad… su respuesta l√°nguida, su voz, dejaban entrever que no hab√≠a soluci√≥n, y alternaba mon√≥logos en los que parec√≠a que se le escapara el alma y que no ten√≠a ni fuerza para pisar el acelerador, con otros de rabia descontrolada en que la pagaba con las marchas, y por extensi√≥n, con el coche, la carretera, la ciudad, y lo peor, con los pasajeros. Yo tambi√©n pasaba de un estado a otro, de la l√°stima, de la empat√≠a a la sensaci√≥n de peligro de un t√≠o descontrolado que es capaz de tirarse a una cuneta.

Le dije no s√© si por acercarme a √©l de alguna manera, que tambi√©n nosotros √©ramos del sur, de un sur como el suyo, de como siempre es el sur. Qu√© es bonito ser del sur pero que el norte, es otra cosa, pero tambi√©n tiene sus cosas maravillosas. Que gran parte de mi familia hab√≠a emigrado al norte de Espa√Īa y que se sent√≠an muy bien all√≠. Qu√© es fant√°stico conocer, hablar con unos y con otros, que uno puede sentirse cercano a otro ser humano y que no importa si es del sur, del norte, de otro pa√≠s, de otro continente‚Ķ

¬†El tiempo parec√≠a haberse detenido y el aeropuerto de B√©rgamo una ilusi√≥n que al final surgi√≥ ante nuestros ojos como por encanto. El di√°logo, a solas ling√ľ√≠sticamente con el conductor, pues yo solo hablaba italiano, me dio la sensaci√≥n que te dan esos programas de radio a altas horas de la madrugada que invitan a abrir el coraz√≥n. Llegamos, par√≥, cogi√≥ el equipaje; me busqu√© el bolso, le pregunt√© cu√°nto era, parec√≠a sorprendido de la pregunta, como si le sorprendiera que tuviera que cobrar por el paseo, pens√≥ un momento, me dijo una cifra razonable. Me desped√≠ de √©l y le dese√© todo lo mejor. √Čl me mir√≥ con una mirada sin esperanza. Nosotros partimos, √©l se qued√≥ all√≠, solo.

Ps.: ¬ŅCu√°ndo dec√≠s que Valladolid deber√≠a unirse a√©reamente con el norte de √Āfrica, no os estar√©is refiriendo a destinos como Sevilla ¬Ņno? Don‚Äôt worry, es broma, aqu√≠ nos re√≠mos de muchas ‚Äútonteridas‚ÄĚ.

María Ríos

Marcador

Del Véneto a Los Dolomitas y la Lombardía.

 

Siento una gran envidia de la ciudad de B√©rgamo. O mejor dicho, siento envidia del aeropuerto de B√©rgamo. La ciudad, en cuanto al n√ļmero de habitantes, dobla a Valladolid, ciudad donde resido. Su aeropuerto tiene posiblemente diez veces m√°s de destinos que √©sta ciudad. Y de ah√≠ la envidia que me produce. Creo que Valladolid se merece la oferta de muchos m√°s destinos de los que dispone en la actualidad. La propia oferta cultural de Valladolid, su proximidad con Madrid (apenas una hora en el tren de alta velocidad) y la cercan√≠a en un radio de acci√≥n de 140 km de ciudades tan importantes como Salamanca, Segovia, Zamora, √Āvila, Burgos, Palencia y Le√≥n hacen de la capital castellana un punto geogr√°fico muy interesante. No entiendo como la Junta de Castilla y Le√≥n no promociona este aeropuerto. Claro, que al hacerlo parece que toma partido por Valladolid y ¬°ay! eso no es pol√≠ticamente correcto. Ser√° mucho mejor seguir apostando porque cada capital de provincia tengo su propio aer√≥dromo. Gracias a la compa√Ī√≠a de bajo coste irlandesa que ha apostado por Valladolid con cinco destinos al d√≠a de hoy, de vez en cuando, los vallisoletanos podemos ver un avi√≥n sobrevolando nuestras cabezas, y as√≠ en las pistas de despegue no crece la mala hierba. Una pista, larga pista, que un d√≠a no muy lejano recibi√≥ al m√≠tico y ya desaparecido Concorde.

Uno de esos destinos disponible es la ciudad por la que siento envidia: B√©rgamo. La propia ciudad ya es un reclamo, pero est√° situada en un eje (la autopista A4) que une Mil√°n con Venecia y que tanto a izquierda como derecha tenemos interesantes destinos como Verona, Padua, Mantua, Vicenza, Bolonia, Ferrara o Ravena, sin olvidarnos de los lagos Como o Garda. Para esta ocasi√≥n elegimos Venecia y los Dolomitas. Nada m√°s aterrizar nos dirigimos al mostrador de la oficina de alquiler de coches donde te entregan las llaves. En la misma puerta de salida, un bus peque√Īo parte cada poco tiempo hasta el lugar de recogida del coche a escasos minutos de all√≠. Dejamos para la vuelta la visita a B√©rgamo y nos dirigimos r√°pidos a la ciudad de Tintoretto con la intenci√≥n de llegar antes de que anocheciera.

 

De Venecia poco puedo decir. Es imposible resumir en unas pocas l√≠neas las sensaciones que uno percibe seg√ļn camina por sus calles o navega por sus canales. Solo un peque√Īo consejo para todos aquellos que tengan pensado ir alguna vez a esta ciudad de la que dicen que si no se toman medidas dentro de cien a√Īos ser√°n inhabitable. Hay que hacer lo posible para dormir en la ciudad, nada del Lido o en sus alrededores, Mestre. Ese es el consejo. De esa forma¬† aunque se est√© poco tiempo en Venecia podremos conocer la ciudad tur√≠stica insufrible y la ciudad amable en la que se convierte a partir de las 18 horas de la tarde cuando los guiris se van a dormir a sus paquebotes o a sus hoteles lujosos en el extrarradio. Nosotros, en nuestro viaje, tuvimos la fortuna de alojarnos en un estudio apartamento con una peque√Īa terraza que daba al canal (Fondamento del Socorro) muy cerca del Campo de Carmini. Se llama Ai Carmini Residence. Muy recomendable.

www.aicarmini.it

 

Treinta y seis horas no dan para mucho, pero puedo decir sin equivocarme que pateamos de arriba abajo y de este a oeste entre 12 y 15 km. y eso es‚Ķ ver muchas cosas. Pero nos esperaban Los Dolomitas. As√≠ que despu√©s de desayunar recogimos el coche que hab√≠amos dejado en el Tronchetto. La siguiente parada ser√≠a Belluno, una de las puertas de entrada a Los Dolomitas. Un bello pueblo situado en un altozano. Para acceder a √©l conviene dejar el coche en el aparcamiento y subir por unas empinadas escaleras mec√°nicas. Los Dolomitas es una cadena monta√Īosa que forma parte de los Alpes Orientales ocupando el territorio de tres provincias: Trento, Bolzano y la citada Belluno con casi el 80 por ciento de su superficie ocupada por estas monta√Īas. Su aspecto es diferente al resto de los Alpes con amplios valles cubiertos de bosques y unas formaciones rocosas (roca caliza de origen marino llamada dolom√≠a). Es decir que hubo un d√≠a en que estas cumbres estuvieron bajo el mar. Los Dolomitas fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el 2009.

Cortina d‚ÄôAmpezzo es la localidad tur√≠stica m√°s importante de la zona, o, por lo menos, con m√°s renombre. Es la joya de la corona de Los Dolomitas por sus innumerables pistas de esqu√≠ y por los servicios que ofrece en invierno. Pero en nuestra visita se puede decir que era una ciudad fantasma. La jet-set no estaba, pero es que tampoco hab√≠a muchos mortales. Visitamos la ciudad en el momento en que la temporada de invierno ha terminado y la de verano no ha comenzado a√ļn (justo una semana despu√©s ten√≠a previsto la apertura de los principales telef√©ricos).

El alojamiento previsto para disfrutar de este parte de Italia fue el Hotel Millefiori. Alojamiento situado en el Val di Fassa uno de los variados valles que la peculiar orograf√≠a ofrece a los amantes de la naturaleza. Elegimos este familiar hotel por su situaci√≥n, como punto de partida para realizar un par de excursiones al d√≠a siguientes. No s√© muy bien a qu√© razones obedece que tal o cual destino se convierta en nuestro objetivo a la hora de la planificaci√≥n de un viaje. Pero lo cierto es que el Passo de Pordoi y la Marmolada me atrajeron desde que puse la vista en el mapa de la zona. Tal vez sea por las muchas horas de televisi√≥n viendo el Giro de Italia cuando este era una cita casi obligada en los pre√°mbulos del verano de mi ni√Īez. O tal vez sea porque uno haya tenido una vida anterior en la que fue un autentico monta√Īero. Lo cierto es que tanto uno, Pordoi, como otra, Marmolada, no nos defraudaron en absoluto. En esta √©poca del a√Īo hemos podido ver mucha nieve aunque las carreteras estaban perfectamente limpias y la temperatura, a pesar de ser de cero grados, era benigna. La √ļnica pega es que no pudimos montar en la Funivia (telef√©rico) que sube hasta los 3300 metros de altitud desde los 2239 que tiene el Passo Pordoi. Otra vez ser√° piensa el viajero con la ilusi√≥n de que tal vez en un tiempo no muy lejano vuelva a frecuentar y disfrutar de estos parajes maravillosos.¬† Eso s√≠ no tenemos ninguna pega. Es m√°s, todo lo contrario. En el Millefiori nos trataron de forma maravillosa y disfrutamos del ambiente acogedor. ¬°Y unas cenas‚Ķ deliciosas!

www.hotelmillefiori.com

Desde aquí ya iniciamos el retorno. La siguiente parada era o Bolzano o Trento. Ambas ciudades tienen un rico patrimonio. Pero nos decantamos por la historia. Tridentum, la antigua ciudad romana, celebró el Concilio de Trento durante 1545 hasta 1563 (en diversas sesiones y ciudades). Para la Iglesia Católica supuso una auténtica revolución  los acuerdos que allí se decidieron han sido el pilar de su doctrina. La elaboración de un catecismo, la definición de una serie de dogmas, el establecimiento de la supremacía del Papa y la prohibición del casamiento para los curas son algunos de esos acuerdos. La ciudad cuenta con notables monumentos de carácter religioso como la catedral de San Vigilio cuya construcción se inició en 1212 y que se encuentra en una plaza con algunos edificios medievales decorados con las características pinturas en su fachadas; y la iglesia de Santa María Maggiore, del siglo XVI, sede del Concilio de Trento.

El Lago de Garda se encuentra muy cerquita de esta poblaci√≥n. En otro viaje ya descubrimos este lago en su parte sur (Desenzano y Sirmione, muy recomendables). As√≠ que no pod√≠amos dejar pasar la ocasi√≥n para ver Riva del Garda en su parte norte. De clima apacible durante todo el a√Īo es un foco de atracci√≥n tur√≠stica importante.

Bordeamos el lago siguiendo la carretera pensando que ser√≠a una bonita manera de descubrir esta zona. Pero m√°s bien fue un peque√Īo fiasco pues la mayor√≠a de la misma discurre por largos, oscuros y hasta peligrosos viejos t√ļneles. Con lo cual apenas ve√≠amos el lago y s√≠ muchos coches.

La A4 volvi√≥ a salir a nuestro encuentro y ya tomamos la atestada autopista esta vez con direcci√≥n a B√©rgamo. Una tarde por el casco viejo de esta bella ciudad da para hacernos una idea de lo que anta√Īo debi√≥ de ser esta rica zona as√≠ como la influencia que debi√≥ de ejercer la¬† cercana Venecia.

A la ciudad alta (Citt√° Alta) de B√©rgamo se accede por un curioso funicular que sube por una empinada cuesta. Desemboca en un antiguo palacio del siglo XIV donde se encuentra un bar-restaurante desde donde se obtienen unas magn√≠ficas vistas de la zona moderna de B√©rgamo. El casco hist√≥rico est√° rodeado de murallas construidas entre 1560 y 1625 con sus correspondientes puertas de acceso. Por la v√≠a principal, v√≠a Gombito, que mantiene el antiguo pavimento denominado opus spicatum (en forma de espina), se llega a la peque√Īa plaza de San Pancracio. Desde aqu√≠ podemos admirar los palacios de origen medieval, la Iglesia de San Pancracio del siglo XVI, la fuente y la torre del Gombito, la torre de piedra m√°s alta de B√©rgamo. Un poco m√°s adelante alcanzamos la Piazza Vecchia. El gran maestro de la arquitectura Le Courbusier defini√≥ a esta plaza como ‚Äúla m√°s hermosa plaza de Europa‚ÄĚ. Yo no soy quien para poner en duda tal afirmaci√≥n. Tal vez sea un poco exagerada. Lo cierto es que es una plaza coqueta, de armoniosas proporciones que le confieren un bello aspecto. Y sobre todo de noche. All√≠ se encuentran la Biblioteca C√≠vica, el Palazzo della Ragione, la Fuente del Contarini del siglo XVIII, el Palazzo del Podest√† construido en 1340 por los venecianos y el Campanario, la alt√≠sima torre c√≠vica. Cruzando el p√≥rtico del Palazzo della Ragione (el Ayuntamiento) en cuyo suelo se encuentra un curioso reloj de sol, llegamos a la Plaza del Duomo donde podemos admirar los monumentos m√°s emblem√°ticos de la ciudad: la catedral, Santa Mar√≠a la Mayor, la Capilla Colleoni y el Baptisterio de planta octogonal.

El viajero necesita de reposo para seguir su camino. En esta parte de la ciudad te salen al paso restaurantes y cafeterías. Nos decantamos por una cervecería que prometía: la Osteria della Birra.

www.birraelav.it/la _Birra_Elav.html

Tienen una carta muy amplia de cervezas, en botella y una media docena de ellas de barril. De elaboraci√≥n propia tienen la marca ELAV (rubia estilo lager, amarillo dorado, con intenso aroma a levadura y l√ļpulo). Como complemento disponen de una buena tabla de quesos o de fiambres. Para cenar escogimos un lugar de batalla que ya conoc√≠amos. Un lugar muy amplio, en un antiguo palacio, sin mucho glamour pero con un men√ļ asequible (donde no falta su famosa polenta). Pasamos un rato muy agradable contemplando a la clientela, sobre todo con una pareja a la que no auguramos futuro alguno. Por si a alguien le interesa se llama ‚ÄúIl Circolino‚ÄĚ.

http://www.bergamoatavola.it/ristorante_bergamo.asp?ragionesociale=Il%20Circolino

Y ya solo queda el descanso del viajero, que con la noche tiene la sana costumbre de irse a dormir. El vuelo de regreso sal√≠a a una hora m√°s que prudente (cosa nada normal en los vuelos de bajo coste que o bien sales muy temprano o todo lo contrario), concretamente, en este caso, el avi√≥n sali√≥ a las 11 horas gracias a que las nubes de ceniza lo permitieron, eso s√≠, con cierto suspense. Y mientras uno espera para embarcar como si te quisieran restreg√°rtelo tienes delante de ti una gran pantalla donde puedes ver todos los movimientos de los aviones que van y vienen. Y es por eso por lo que siento un poco de envidia del aeropuerto de B√©rgamo. De momento nos tendremos que conformar con desayunar en Valladolid, comer en √©sta bonita ciudad y cenar en Venecia. No es un mal consuelo a falta de que se abran nuevas rutas como bien podr√≠an ser ciudades del norte de √Āfrica. ¬°Arrivederci!

Luisjo

De qué hablo cuando hablo de correr

 Título: De qué hablo cuando hablo de correr

Autor: Haruki Murakami

Editorial: Tusquets

P√°ginas: 256

Precio : 17‚ā¨

Sinopsis (de la contraportada)

En 1982, tras dejar el local de jazz que regentaba y decidir que, en adelante, se dedicar√≠a exclusivamente a escribir, Haruki Murakami comenz√≥ tambi√©n a correr. Al a√Īo siguiente correr√≠a en solitario el trayecto que separa Atenas de Marat√≥n, su bautizo en esta carrera cl√°sica. Ahora, ya con numerosos libros publicados con gran √©xito en todo el mundo, y despu√©s de participar en muchas carreras de larga distancia en diferentes ciudades y parajes, Murakami reflexiona sobre la influencia que este deporte ha ejercido en su vida y en su obra. Mientras habla de sus duros entrenamientos diarios y su af√°n de superaci√≥n, de su pasi√≥n por la m√ļsica y de los lugares a los que viaja, va dibuj√°ndose la idea de que, para Murakami, escribir y correr se han convertido en una actitud vital. Reflexivo y divertido, filos√≥fico y lleno de an√©cdotas, este volumen nos adentra plenamente en el universo de un autor que ha deslumbrado a la cr√≠tica m√°s exigente y hechizado a miles de lectores.

Para el título de este libro, Haruki Murakami se inspiró en el volumen de relatos cortos de su venerado escritor Raymond Carver, De qué hablamos cuando hablamos de amor.

Me imagino que esta inspiraci√≥n le llegar√≠a en un momento de sufrimiento mientras iba practicando su deporte habitual en los √ļltimos treinta a√Īos: correr. Ese mismo tiempo es el que lleva escribiendo. Durante ese tiempo ha corrido maratones (casi uno por a√Īo), un ultra marat√≥n (100 kil√≥metros) y ha participado en varias carreras de triatl√≥n (en la versi√≥n ol√≠mpica se nada 1500 metros, corren en bicicleta 40 km. y corren 10 km). Y est√° pensando en correr un triatl√≥n de los denominados Ironman (3,8 km nataci√≥n, 180 km ciclismo y 42 km carrera). Y encima, o a pesar de eso, es un escritor de reconocido prestigio. Es el gran escritor japon√©s de principios de siglo.

En sus primeras p√°ginas Murakami nos cuenta que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional, depende de uno. Esto est√° presente en sus dos pasiones: la escritura y la carrera. La carrera de fondo te da mucha confianza, y confianza en ti mismo es lo que necesitas cuando escribes Esta peque√Īa obra es un conjunto de reflexiones sinceras, abiertas, de un hombre que se define a si mismo como de naturaleza individualista, testaruda, falta de compa√Īerismo, a menudo ego√≠sta y, aun as√≠, poco segura de si misma‚Ķ (p√°gina 196).

En De qu√© hablo‚Ķ no vamos a encontrar un manual al uso de c√≥mo correr mis primero kil√≥metros ni de c√≥mo escribir mi primera novela. Nada de eso. Encontraremos c√≥mo se siente una persona que escribe y que dedica un tiempo a correr. Encontraremos cu√°les son las zapatillas que utiliza para correr o con qu√© canci√≥n le gusta correr. Para aquellos que no vayan a leer a Murakami y les guste la m√ļsica les desvelar√© que dos de sus canciones favoritas para estos menesteres son Beggars Banquet de los Rolling Stones y Reptile de Eric Clapton (este √°lbum es ideal para escucharlo mientras uno corre suavemente por la ma√Īana ‚Äďp√°gina 133).

Pictograma del triatlón olímpico

A lo largo del libro encontramos una serie de an√©cdotas. Yo no soy corredor de marat√≥n pero me gusta correr sin hacer de ello una obligaci√≥n. No sab√≠a que en determinados maratones como, por ejemplo, el de Nueva York existe lo que se denominan liebres. S√≠ que conoc√≠a este concepto para las carreras ol√≠mpicas de medio fondo donde se recurren para lograr un objetivo. Pero aqu√≠ en la ciudad de la Gran Manzana existen unas liebres con el letrero, por ejemplo, de 3 horas y media. ¬°Zas! t√ļ, si puedes, te colocas y sigues su paso. Es como garantizarte que te lleva a la meta en ese tiempo. Y otra de las an√©cdotas (esta si que me la sab√≠a) es un letrero que Murakami lee cuando va al gimnasio que frecuenta que dice: El m√ļsculo se adquiere con dificultad y se pierde con facilidad. La grasa se adquiere con facilidad y se pierde con dificultad. Una gran verdad desagradable, pero es la verdad. (p√°gina 71).

En definitiva De qué hablo cuando hablo de correr es un libro recomendable para aquellos que corren, para aquellos que escriben  o para los que tienen la suerte de poder disfrutar de la carrera y de la escritura. Es un libro que me ha sorprendido por su cercanía y por la humildad del escritor al confesar ciertas debilidades. Tal vez aquellos que quieran escribir una novela o acabar una maratón (o alcanzar cualquier meta) encuentren aquí su motivo de inspiración.

Luisjo

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