Archivo para abril, 2010

Por qué ponemos los enlaces que ponemos. Toma 2

 Otra página o blog que merece la pena tener muy presente es la que dirige Carlos Zeballos.

http://moleskinearquitectonico.blogspot.com/

Zeballos es peruano, arquitecto con estudios de maestría en Arequipa, Perú, Buenos Aires y la Plata en Argentina, Doctor en Planeamiento Urbano Ambiental en la Universidad de Kioto, Japón.

Como él mismo dice en su blog recoge una recompilación de lugares visitados, en un intento de compartir una experiencia inolvidable.

Moleskine es una marca registrada y hace referencia a un cuaderno, un cuaderno con tapa en tela o semipiel y una goma que abraza las hojas evitando que se pueda perder los recuerdos que alberga. Es el ferrari de los cuadernos, es el numberguan de las libretas. Es un objeto muy preciado para aquellos escritores y dibujantes que disfrutan de tomar apuntes al natural para sus obras. Por si solos constituyen una autentica obra de arte. Este cuaderno parece ser que lo puso de moda un gran aficionado a los viajes: Bruce Chatwin. Los utilizó en todas sus aventuras. Y ahora son una referencia. Recientemente he visto un cuaderno de este tipo a Barceló y a Luis Sepúlveda, y hasta uno de un pintor: Van Gogh. También consta que Hemingway utilizó el suyo.

Una de mis ambiciones es dejar la cámara a un lado y hacer apuntes al natural, o bien estar sentadito, por ejemplo en el café Quadri de Venecia escribiendo unas notas. Pero como no soy ni escritor ni dibujante me tengo que conformar con unos buenos libros de acuarela de Anaya que recogen los bocetos de las principales ciudades de forma magistral.

Al tema. Mi Moleskine Arquitectónico es un blog donde Zeballos recoge esas experiencias y las comparte con todos aquellos que visiten su web. En él podemos encontrar interesantes reportajes y unas fotos, bocetos e ilustraciones de cierta calidad. Una de las últimas entradas y que sirve como un buen ejemplo es el Museo Guggenheim de Bilbao.

 

Esta información se complementa con unos interesantes enlaces.

Espero que os guste.

Luisjo

Por qué ponemos los enlaces que ponemos. Toma 1

 Llevo tiempo queriendo hacer una entrada para explicar cada una de los enlaces que tenemos colocados, aquí a la derecha.

 Este mundo virtual creado por la red Internet ofrece la posibilidad de tener al alcance de nuestra mano un sinfín de información bajo innumerables páginas webs. Navegar por la red significa empezar a buscar, por ejemplo, algo interesante sobre Venecia (tecleamos en el buscador ¿qué ver en…?) accedemos a la información para terminar por ver una página que contiene bellas imágenes del volcán Eyjafjallajoekull (volcán Islandia nombre raro: lo clava, a la primera). Y al final te preguntas ¿qué hago yo aquí? ¿Cómo he venido a parar aquí? Eso es navegar, empiezas aquí y acabas allá, en este caso es navegar sin rumbo fijo. En nuestro devenir cotidiano, en nuestra búsqueda por la red muchas son las ocasiones en que nos topamos con una página que consideramos excelente pero que poco o nada tenía que ver con lo que buscábamos. Ésa página hay que guardarla en el momento porque como luego se te ocurra buscarla no aparece la condenada. Volvamos, que me pierdo en la navegación. De ese maremagnum de información no todo es oro lo que reluce. Ni mucho menos. Hay que entresacar el grano de la paja para quedarnos con un puñado de buenas páginas.

Poco a poco iremos añadiendo enlaces en nuestra página de Revista Atticus según vayamos descubriendo esas perlas que se encuentran en la red. Esas serían las páginas que Atticus Finch, nuestro protagonista de Matar a un ruiseñor,  recomendaría a sus convecinos. Nosotros hoy vamos a destacar una que nos ha llegado por recomendación de un buen amigo. Es decir que recomendamos algo que hemos probado y que ha resultado ser de gran calidad y digno de alabanza. Hago esta aclaración por que en este caso es la sugerencia de una Casa Rural (o mejor Hotel Rural) y, por lo tanto, no dejará de ser una firma comercial. Así que dejamos constancia por escrito que no nos mueve ningún interés comercial al hacer ésta recomendación. Ni ésta ni en ninguna otra ocasión que lo hagamos (y que venimos haciendo) sobre películas, libros, webs o cualquier otro producto. Que quede claro.

La Casona del Viajante es un Hotel Rural ubicado en Asturias, en Villabajo, en Coya, en el municipio de Piloña, dentro de la comarca de los Picos de Europa. Cerca de la montaña y relativamente cerca del mar, en un entorno apacible. La Casona del Viajante es lo que se denomina una Casa de Indianos. Gente que emigró a América, en este caso Cuba e hizo fortuna y a su regreso mandó construir un caserón para que se viera que había hecho “las américas”. De estilo ecléctico, realizada en el primer cuarto del siglo XX, los actuales dueños han sabido restaurar y mantener toda la riqueza de detalles de la bonita y original construcción.

Os dejo la dirección aunque el enlace lo tenéis al lado.

http://www.lacasonadelviajante.com/

Espero que os guste y si alguno va pronto nos cuente su aventura y su particular versión. Tal vez esto se convierta como lo de las estrellas michelin que podamos poner y quitar los galardones (uy, con el peligro que esto conlleva).

 Iremos desgranando el porqué de los enlaces que tenemos en próximas entregas. Tal vez hemos empezado por el último, pero todos tendrán su entrada.

Luisjo

Fallo de Concurso de Microrrelatos

Fallo de Concurso de Microrrelatos sobre la fotografía de Alicia González que lleva por título IMG_1587

En principio desde Revista Atticus queremos agradecer a todos aquellos que han participado, ya sea enviados sus trabajos o sea por que han contribuido a darle difusión. Gracias a todos.

La participación ha sido modesta en cuanto al número de microrrelatos recibidos. Pero estamos contentos de la calidad de los mismos máxime si tenemos en cuanto que no había una dotación económica.

Reunidos el Consejo Editorial hemos decidido seleccionar tres microrrelatos entre los que llegaron a nuestro buzón. Por la tanto esos tres se puede decir que son los ganadores y, en consecuencia, irán publicados en Revista Atticus UNO (la edición impresa) en su primer número (prevista su edición a finales de junio). Ése era el premio.

Los tres microrrelatos son los siguientes:

Sombras nada más de Berta Cuadrado Mayoral

El tren de la una de María Ríos

El músico del metropolitano de José Carlos Escalera “Mogo”

Enhorabuena a los premiados. A todos los demás participantes darles nuestro ánimo y gratitud. Ésta modesta convocatoria nos ha servido para tomar aire y adquirir experiencia de cara a afrontar nuevas convocatorias con premios más jugosos que anunciaremos convenientemente.

Foto de Alejandro Schmitt

Luisjo

El tren de la una

Publicamos otro microrrelato. En esta ocasión es de María Ríos (seudónimo) y lleva por título El tren de la una.

El tren de la una

 Vengo del camino de vuelta de la ilusión y no estaba preparado. Cuando salí del despacho, llovía de forma pertinaz y cogí el paraguas solo pensando que a ella se le podría haber olvidado. Tenía ganas de mojarme, de empaparme, de que la lluvia me calara y la vida, de sentir, de volver a sentir.

Su llamada fue algo prodigioso, inesperado, un oasis en el desierto, como ver caer el agua después de muchos días de un mismo cielo monótono. Me daba otra oportunidad, bueno, no exactamente, dudaba, pensaba en la posibilidad… Me confesaba que ese sentimiento a ella misma le había cogido por sorpresa,  que se planteaba la cuestión de replanteárserlo… Escuchaba su voz hermosa, bella como la hermosura de su persona, de su cuerpo, de su alma, y me parecía escuchar a un ángel u otro ser divino. Tan solo el sonido de sus palabras me sonaba mejor que la novena sinfonía de Beethoven. Era sincera, ella siempre dice la verdad, por eso sus palabras saben tan bien, sean dulces o amargas. Ha tomado al menos una determinación, y era llamarme. No sabía si retomar el tren de nuestra relación… y por ello en unas horas decidiría lo que iba a hacer, aún no lo sabía y yo la creo. Si decidía volver, cogería el cercanías que llegaba a la una al andén número uno, lugar en el que en  tantas ocasiones  había yo ido a encontrarme con ella. Si no iba en ese tren, eso significaría que se había decidido por la separación definitiva. En ese caso no habría más llamadas ni cualquier otro tipo de comunicación, cada uno tiraría por su lado.

Al salir del bufete, a pesar de la lluvia que a otros hastiaba, yo veía arco iris, niños chapoteando en los charcos, cabellos húmedos y desordenados… Danzaba dando brincos y vueltas sobre mí mismo, corrí, volé hasta la estación de cercanías. No veía la hora de que llegara la una. Volver a ver su piel, la expresión de sus ojos, sus delicadas manos… En un banco desvencijado  me deleité con su recuerdo desde las doce. Me había ido con  bastante premura, quería llegar sobrado de  tiempo. La posibilidad de que me hubiera perdonado, que se hubiera apiadado de mí, de que hubiera reconsiderado los pros de nuestra unión, me daba alas y me hacía sentir que levitaba sobre mi asiento. Pasaban los minutos y me impacientaba. Se me desbocaba el pecho y me preocupaba, me preocupaba… y no tanto porque no viniera… sino porque su perdón me parecía imposible, injusto, tanto daño le había hecho que no merecía volver a estar con ella. Llegó la hora fijada. El tren venía preciso a su destino, y sentí temor, mucho miedo. Y no de que no viniera, sino de que viniera. Me había portado como un traidor y ella no merecía eso aunque se tratara de mí. Vi bajarse a todos los pasajeros en su rutina diaria y ella no vino. Respiré, mejor, me dije, mejor para ella. Para mí es como dejar de ver el sol, en este día lluvioso, oscuro, triste y solitario. Así debe ser.

Ton, ton, ton…

Cita a ciegas y La Espera

Exponemos a la opinión publica dos nuevos microrrelatos llegados a nuestra redacción recientemente.  Recordamos que dichos relatos están construídos en base a la fotografía de Alicia González y que podéis observar unas  cuantas líenas más abajo.

Cita a ciegas es obra de Daniel Sánchez Bonet, autor también de la foto que ilusta el mismo (por aquello de no repetir tanto la foto IMG_1587 ). Podéis visitar su interesante blog MICRORRELATOS A PESO en:

http://microrrelatosapeso.blogspot.com/

CITA A CIEGAS

Tantas ganas tenía de verla y de hacerlo de una vez por todas que llegué media hora antes al lugar de la cita. De Lucía, los que ya la conocían, me dijeron que sería directa, que no se iría con rodeos y que le gustaba hacer las cosas con discreción, pero muy rápidas. Según quedamos en el chat, ella llevaría un traje de color marrón y el pelo recogido y  yo llevaría un abrigo de color negro hasta las rodillas y un paraguas porque seguramente llovería. Así nos reconoceríamos. No hacía falta más. ¿Para qué llamar la atención si lo que importaba de verdad éramos nosotros? ¿Qué más daban los demás? ¿Para qué perder el poco tiempo que teníamos? ¡Íbamos a lo que íbamos y basta! ¡Dicho y hecho! Así se hacen las cosas entre desconocidos y luego, cada uno por su lado y tan contentos. Así son este tipo de encuentros, rápidos pero intensos porque a uno, en estos casos, siempre se le pone la piel de gallina y es que hay nervios, muchos nervios por si algo sale mal después de tantas dudas e indecisiones.

 Mírala, por allí viene. Tiene que ser ella. No hay otra. Discreta, a pesar de todo y con la mirada fija en mí. Totalmente segura y confiada de lo que está a punto de hacer ¿Para qué darle más vueltas?

 A la una y treinta siete, yo ya tenía lo que quería de ella y ella de mí. Fue rápido, sin arrepentimientos. Después, se marchó como si nada hubiera pasado entre nosotros.

 Ahora sólo quedaba disimular hasta llegar a casa. Una vez allí, lo abriría.

 Daniel Sánchez Bonet

La espera es obra de Álvaro Acebes Arias y nos muestra a un hombre enfrascado en sus cavilacioens.

LA ESPERA

 Tendrían que sacarme una fotografía. Sí, sería tristísimo. Si pudiera verme ahora saldría corriendo. No bajaría siquiera del tren. Ojala pudiera ser todo de otra manera, que me viera tal y como me veo yo. Que me viera desde la distancia sin que yo me diera cuenta, solo esperando y que comprendiera como son las cosas. Me apuesto lo que sea a que entonces todo sería distinto. No hay duda. Tranquilo… no pasa nada. ¿Por qué está desesperación en el pecho y este sentimiento de vacío? No debo parecer demasiado entusiasta. A alguna gente eso le asusta. Hay que evitar la dependencia, estar siempre disponible. No es bueno. Yo antes no era así. No me explico que ha ocurrido. Desde el momento en que apareció todo empezó a cambiar. Y me gustó que las cosas cambiasen. Me hizo sentir diferente pero me gustó. Debería decírselo… iremos a un café y se lo diré. Le gustará oírlo. Seguro. Pero hay que preparar el terreno, no se lo puedo soltar así como así. Necesitamos tiempo. Eso es, camina un poco… solo quedan quince minutos y estará aquí. Solo estoy esperando. Esperando pero ¿esperando el qué? Llevo dos horas en este andén y no me arrepiento. Dos horas aquí de pie… seguro que lo entendería, que me vería de otra forma y tal vez… Sí, sentiría algo, o quizá no. Esta actitud no está bien. Necesitas tranquilizarte, no pensar en ello. Ojala pudiera fumarme un cigarrillo… lo dejé por ella. Me gustaba pero la verdad es que tenía razón, me estaba destrozando los pulmones. Un paquete y medio diario, ¿a quién se le ocurre? Pero ahora me calmaría un poco… ¿Por qué traje la cartera? No hace más que estorbar. Lo mejor hubiera sido dejarla en casa. Encima está empezando a hacer frío. En el fondo esto es de risa… Hablamos ayer por teléfono y su voz sonaba tranquila, ¿verdad? No, no me dijo nada especial… solo habló de la hora de llegada y que me echaba de menos. No hay de qué preocuparse, sino no me habría dicho eso. Me ha echado de menos. Lo dijo claramente… No sé porque tengo que pensar en esto. No hay ningún problema. Todo va a ir bien… Y si no, no pasa nada. No puedes hacer nada. Son cosas que pasan…  Sigue caminando. El tren llega a menos cuarto. Falta poco. Ojala todo sea como la última vez… ¿cuándo fue? Hace dos meses, creo. En Barcelona, cuando fue a aquella reunión del trabajo y nos despedimos en el aeropuerto. Sí, fue en Barcelona… Estoy seguro de que ambos sentimos algo. Ella también. Aquel beso largo, largo que nos dimos junto a la puerta y la gente pasaba a nuestro alrededor y no nos importaba. Y yo no la soltaba y ella a mí tampoco y los dos concentrados en aquel beso… solo besándonos porque pensábamos que pasaría mucho tiempo hasta que volviéramos a vernos. Y nos besamos durante mucho tiempo… Fue maravilloso. Nunca me había sentido así… Ojala vuelva a ser lo mismo. Tal vez ella esté pensando en ese beso también. ¡No digas tonterías! Ella estará dormida en el tren. No te hagas ilusiones… Unos minutos más, solo tienen que pasar unos minutos más y todo esto habrá acabado. Creo que voy a esperar ahí sentado. Me duelen los pies. Pondré el paraguas ahí al lado, junto a la cartera. No sé porque diablos lo traje, no va a llover… hoy no.

Álvaro Acebes Arias

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