Archivo para marzo, 2010

Sombras nada m√°s, por Berta Cuadrado

Un relato más nos ha llegado sobre la foto de Alicia González que pusimos por título IMG_1587

¬†SOMBRAS NADA M√ĀS

 Son las 6:30 y se activa la radio. César se viste, da de comer a los peces, engancha la correa al collar de Bosco y sale a correr con él durante quince minutos. A la vuelta se asea mientras suena una pieza de Vivaldi, desayuna copiosamente y deja la casa recogida. A las 7:15 revisa el contenido del maletín, se pone el abrigo y coge el paraguas porque el día está nublado. En el breve trayecto que separa la salida del metro de las escaleras de la facultad el viento se ríe del paraguas, del abrigo, de los recién planchados pantalones y los lustrados zapatos del joven profesor de psicología.

Trata de adecentar su aspecto en el ba√Īo que hay junto a la puerta principal del edificio, y sube a su despacho. All√≠ abre el correo y descubre que durante la √ļnica hora que ten√≠a libre esa ma√Īana han convocado una reuni√≥n del departamento. Corrijo: la √ļnica hora libre que ten√≠a en todo el d√≠a, pues la tarde tiene que dedicarla √≠ntegramente a su tesis, que el tiempo apremia y con la competencia que hay ya se sabe; ‚Äúcamar√≥n que se duerme, se lo lleva la corriente‚ÄĚ.

Al abandonar la facultad repara en los charcos que alfombran las escaleras. Se detiene a observar un papel que descansa al fondo de uno de ellos. Dice: ‚ÄúFotocopiar para Esperanza‚ÄĚ No se resiste al juego de la met√°fora, y sumerge su mano en el agua para rescatar a la esperanza de morir ahogada.

Ya pasan las 13:30 y la estaci√≥n de metro se encuentra inusitadamente vac√≠a para tratarse de un viernes lluvioso. C√©sar se encuentra solo en su lado del and√©n, en cambio en el lado contrario hay varias sombras envueltas en gabardinas y chaquetas. Se siente observado por su condici√≥n de √ļnico habitante de este lado de la v√≠a, por lo que se vuelve de espaldas al p√ļblico. Vano intento, pues en la peque√Īa mampara de cristal, entre los logotipos de la empresa de transporte, descubre de nuevo las siluetas de sus observadores. Hay una que le inquieta especialmente. Se trata de una figura peque√Īa que se abraza a una carpeta atiborrada de apuntes. Una breve falda cubre parte de sus piernas y su pie derecho describe c√≠rculos sobre la puntera. Un tren para frente a ella y C√©sar se vuelve para ver c√≥mo desaparece engullida por √©l. Pero la chica no sube al vag√≥n y cuando √©ste se aleja se quedan los dos frente a frente, separados tan s√≥lo por las v√≠as.

Ella posee una sonrisa medio burlona, medio retadora, ¬†y mantiene la mirada de C√©sar con un aplomo que no deja de sorprenderle. Entonces cae en la cuenta de que es una alumna de primero, de Psicolog√≠a del Aprendizaje, y hace un gesto con la cabeza para saludarla. Incapaz de esbozar una sonrisa y¬† tratando de recordar aquel lenguaje del flirteo y de las primeras aproximaciones, el profesor baja la cabeza avergonzado por su inexperiencia. A continuaci√≥n desoye por primera vez en a√Īos la voz de su conciencia, desanda el camino y enfila sus pasos hacia el otro lado, donde le espera esa alumna caprichosa retorciendo con los dedos la goma de la carpeta. En una papelera abandona el paraguas ‚Äď‚Äútotal, esta ma√Īana se doblaron dos varillas‚ÄĚ- y con cuidado de no tropezar por las escaleras, teclea en el m√≥vil un mensaje para su hermana: ‚ÄúPor favor, saca a pasear a Bosco por m√≠, me ha surgido una comida imprevista‚ÄĚ.

 Berta Cuadrado Mayoral 

¬†—–

Os recordmaos que podéis mandar vuestro relatos hasta el día 23 de abril.

Marcador

Manolo Madrid

El pasado 18 de marzo Manolo Madrid ofreció un recital en la Casa de Zorrilla de Valladolid.

Para aquellos que no pudieron asistir¬†he aqu√≠ un par de ejemplos de su poes√≠a. En pr√≥ximos n√ļmeros y¬†post contaremos con la colaboraci√≥n de este gran artista, lo cual es una suerte¬†y engrandece con¬†su colaboraci√≥n Revista Atticus.

También dar las gracias a José Carlos Nistal por su aportación y esperamos contar co él.

Manolo Madrid

¬°A dos euros!

 

¬°A dos euros los abanicos!

Y seis euros los pantalones,

se vende ropa, se cambian libros,

puestos henchidos de viejas cosas,

ajados perfumes sin escr√ļpulos nacidos

entre gritos que anuncian sombreros

sombreretes, banderines, corbatas decaídas

y paraguas viejos donde se enredan

tan temprano, en pasajes y paseos,

fragancias de bares y bocadillos,

los cestos de fruta asomando,

divertidos, roja pulpa de sandía,

melón de Villaconejos, rubios melocotones,

pinchos de berenjenas: de Almagro sus apellidos.

¬°A dos euros los abanicos!

¬°Tengo alpiste para canarios!

C√°rceles de alambre para jilgueros

y trampas para pardales,

también grabados de girasoles

de alg√ļn pintor bien querido,

para que se rellenen cuadros

y busquen sombra entre toldillas

los guiris y los gitanos, marea de gente

tan variopinta, calle arriba, calle abajo,

los ojos presos entre abalorios

mostrando su desparpajo,

colores que huelen domingos

entre los puestos del rastro.

 ¡A dos euros los abanicos!

Tres pares de calcetines subastados entre gritos,

¬°un euro por un vestido!,

y escuchen rondar al fondo,

entre insolaciones de agosto,

triangulada plaza, la de Cascorro,

chispeantes notas de verbena,

castizos chotis, ¬°una zarzuela!,

chulapas de volantes, pa√Īoleta de cabeza,

viseras de chulapillos de abotonado chaleco

agit√°ndose alegres encima del empedrado,

desde la anciana mano recién nacidos,

tras haberlos batido en vueltas y giros:

caprichoso mueble: acicalado organillo.

¬°A dos euros los abanicos!

Empujones y corrillos para mirar zapatos,

¬Ņqu√© n√ļmero es el que calza?,

te preguntan para animarte

mientras alguno se√Īala, entre gui√Īos

y sonrisas, la mano que se disfraza

para entrar en  tu bolsillo;

después, carreras y chiflos

que animan m√°s la ma√Īana,

cada minuto de sol pasando m√°s apretado

cargando de bolsas al pueblo

que camina con desgana,

la boca llena de sed

para comer pronto en casa.

  

Dos geranios

 Y dos geranios que habían

enraizado en mi ventana,

desde un colchón olvidado

escondido tras las cortinas,

deslizaron de la penumbra

aquella memoria dormida,

hasta brillantes hojas verdes

y preciosas flores fucsias,

para alegrar las arrugas

que retorcieron el alma

con rancias historias vencidas;

historias que a√ļn perduran,

a√Īejas cosas, viejos a√Īos,

otra vida que plantó huella

en las ramas de alg√ļn pasado,

brozas inertes que el viento

a√ļn no se hubo llevado

y flores que no se abrieron

para extender la simiente

que así nunca germinaría

durante alargadas noches

eternos minutos pegados;

y en candelabros disipados

que atan nostalgias al tejado,

se mueven las sombras burdas

surgiendo agrias de lo llegado,

marionetas tan deslucidas

de hilos toscos enredados

en polvorientas bambalinas

de aquel fingido teatro,

m√°scaras cubiertas de polvo

entre barnizadas mentiras

que para siempre me ataron.

 

Otros versos sobrevolaron por la sala para ir a parar a esta ventana. Son de José Carlos Nistal.

 Besar

 Besar es amar tu voz,

susurrar versos a tu alma,

coser suspiros y alas de mariposa

a la luz de tu mirada,

es llenar el mundo de colores,

completar tu paleta de pintor

con los reflejos del alba,

es esparcir por tu huerto

los aromas, las palabras

que brotan del corazón

y no hay quien pueda pararlas.

Pasa en el Líbano

 Como briznas de hierba

agitadas por el viento,

como gritos en el parque

de los ni√Īos en sus juegos,

como trinos de las aves

entre las ramas de un cedro…

así en el Líbano se va la vida

y al doblar cada esquina

aparece un muerto.

 1 de abril de 2008

 Revista Atticus

 

 

 Los amantes de René Magritte:

un amargo beso

 Los amantes de René Magritte es uno de esos cuadros de los que se dicen que han derramado muchos ríos de tinta. Hoy este tópico habría que actualizarlo y decir que es uno de los cuadros que figura en innumerables blogs. Pues hoy nos sumamos a esa cantidad y derramamos nuestras palabras.

En el n√ļmero 10 de Revista Atticus iniciamos un trabajo sobre El beso en la historia del arte. En el pr√≥ximo n√ļmero continuamos con ese viaje, dulce recorrido, por las muestras tanto pict√≥ricas como escult√≥ricas que tienen como protagonista a esta muestra efusiva de amor.

Como adelanto (que a su vez será el arranque de la entrega) os dejo el trabajo que sobre Los amantes ha realizado nuestra colaboradora Esther Bengoechea. Excelente trabajo para un cuadro que no solamente muestra lo que vemos. No hay que olvidar que Magritte perteneció al movimiento surrealista, corriente artística que en pintura utilizaban las imágenes para expresar sus emociones, aunque no siguieran un planteamiento lógico.

LOS AMANTES

 

Loa amantes

Ren√© Magritte (1898 ‚Äď 1967)

1928

√ďleo sobre lienzo, 54,2 x 73 cm.

Colección privada, Bruselas, Bélgica.

 

Dos personas protagonizan este bello lienzo. Sus identidades est√°n ocultas tras dos velos h√ļmedos que les tapan la cara. Sabemos que son un hombre y una mujer por sus vestimentas y suponemos que son pareja porque se est√°n besando. Poco nos ayuda el fondo a concretar la escena. Est√°n bajo techo, se ve parte del mismo y de la escayola que lo adorna, pero el hecho que una pared sea granate y el fondo azul cielo, hace plantearse si es otra pared pintada de diferente color o si simplemente est√°n bajo techumbre pero abiertos al exterior.

¬†El pintor belga Ren√© Magritte, padre de Los Amantes, logra llamar la atenci√≥n del p√ļblico por las telas h√ļmedas cubriendo los rostros de los protagonistas y por los colores duros del lienzo. Hay un predominio del granate, azul y negro, destacando el blanco por encima de¬† todos para subrayar el efecto mojado de las telas que los cubren.

Su primer contacto con la pintura lo tuvo a los once a√Īos, momento en el que comenz√≥ sus clases de dibujo. Sus primeras obras siguen una l√≠nea impresionista y su trabajo pas√≥ por influencias del cubismo, orfismo, futurismo y purismo, sin olvidarnos del llamado realismo m√°gico, antes de aterrizar en el surrealismo, movimiento de Magritte por excelencia. Con su pincel intenta plasmar una realidad diferente, algo que sorprenda al espectador.

 Magritte tituló Los Amantes a dos obras diferentes, en las que aparecen los mismos protagonistas y con las mismas ropas. Pero, siempre hay un pero, los dos trabajos difieren por dos razones: el fondo, pasamos de paredes y techo a un fondo natural con árboles y campo de fondo, y la acción, aquí no se besan sino que ambos miran al frente con los rostros uno junto al otro.

Dada la temática de este artículo, vamos a centrarnos en el beso de Los Amantes. Pienso yo que si el genio belga levantase la cabeza y oyese la cantidad de suspiros de amor que ha ocasionado su cuadro, volvería a agacharla y retornaría bajo tierra pensando que el mundo se ha vuelto loco.

Ren√© Magritte pint√≥ Los Amantes en 1928, diecis√©is a√Īos despu√©s de que su madre se suicidase tir√°ndose al r√≠o Sambre. Parece que no, pero esta informaci√≥n es muy importante para entender el significado del cuadro.

Magritte tituló a su obra Los Amantes y los retrató besándose sí, de esto no hay ninguna duda, pero como no es oro todo lo que reluce, no todos los amantes se aman ni todos los besos simbolizan amor.

¬†Muchas teor√≠as han rondado esta obra a lo largo de los a√Īos: amor secreto, dos desconocidos que se gustan sin verse ni olerse, enamorados que tienen que esconderse de la sociedad..y otras tropecientas historias m√°s. Pero ninguna se acerca ni lo m√°s m√≠nimo a las intenciones que ten√≠a el pintor belga al retratar a dos personas con una tela h√ļmeda bes√°ndose.

Ren√© Magritte siempre tuvo grabado en sus retinas el momento en el que sacaron el cad√°ver de su madre del r√≠o, con la camisa h√ļmeda cubri√©ndole el rostro. De ah√≠ los trapos h√ļmedos entre los rostros de los amantes de su obra. Simplemente es el recuerdo que tiene un adolescente Magritte de c√≥mo termin√≥ el suicidio de su madre en el Samble.

Un beso de amor es el sabor de la persona besada, el olor y, como no, el contacto de las lenguas o simplemente de los labios. El trapo h√ļmedo de Magritte destruye cualquier idea de beso al prohibir a los protagonistas de sensaciones.

  

Los amantes (otra versión)

1928

√ďleo sobre lienzo, 54,2 x 73 cm.

Colección privada.

 

 Esther Bengoechea Gutiérrez

Love Actuality

Love actuality

¬†En mi preocupaci√≥n por ver como est√° el mercado editorial andaba yo el otro d√≠a meditando en plena calle cuando de repente un quiosco de prensa se interpuso en mi camino. Lleno de curiosidad observ√© que es lo que la gente lee. De un tendal colgaban seis revistas de actualidad, de las llamadas prensa rosa o del coraz√≥n. No daba cr√©dito a lo que ve√≠a. No es posible. Hasta hice una foto. Se habr√°n puesto de acuerdo pensaba yo en mi ignorancia. Tres de ellas dedicaban casi la portada en exclusiva a un personaje muy famosillo, el cual no voy ni a nombrar para que no tenga una entrada en este post. Se llama como la otra, la buena, la actriz, con distinto apellido: Bel√©n. Tal vez los lectores hispano parlantes allende los mares no entienden esto. Pero con decir que es un personaje presente a diario en lo que se ha venido en llamar telebasura, lo entender√°n. En las otras dos portadas el personajillo en cuesti√≥n ocupaba la mitad de la misma. Ech√© en falta la revista bandera de este tipo de prensa, esa que lleva por titulo un saludo. Pero he le√≠do recientemente que no la dedican la portada a ‚Äúella‚ÄĚ por que no tiene el glamour suficiente y su aparici√≥n en la misma es algo as√≠ como devaluar la prestigiosa publicaci√≥n (pero eso s√≠, la dedican un espacio en su interior). Algo as√≠ le sucedi√≥ con los sastrecillos del reino que no dudaron en ponerse de acuerdo para que ninguno de ellos le hiciera un vestido a la princesita rosa.

Y ante este panorama cultural me pregunto ¬Ņy yo quiero sacar un revista? Pero si no voy a hablar de los cotilleos. Ni tan siquiera de los escarceos que tuvo Goya con sus modelos o de cualquier otro pintor. Si acaso deber√© de cambiar el enfoque y sacar lo m√°s rastrero de una relaci√≥n amorosa, por ejemplo la que tuvo Rodin con su alumna, amante y modelo: Camille Claudel.

Esas portadas son el reflejo de lo que pasa en la TV. Yo estoy muy contento con la televisi√≥n que tenemos. Muchas veces acudo a verla y ella misma me echa ante los programas que emiten. Total que me vuelvo al ordenador o tiro de videoteca para ver pel√≠culas. As√≠ en esta semana me he visto de nuevo Babel (¬°qu√© gran pel√≠cula!). Ayer sin ir m√°s lejos cuando me dispon√≠a a apagar la tele hice un zapeo y me encontr√© con una entrevista a Eduardo Galeano. No me lo pod√≠a creer. En el √ļltimo n√ļmero de la revista inclu√≠ un art√≠culo y ahora aparec√≠a en la pantalla (gracias a I√Īaki Gabilondo que bracea sin cesar en medio de este oc√©ano para mantenerse a flote y elevar el nivel de las teles). ¬°Qu√© suerte! No, si al final tengo que estar agradecido a los programas del coraz√≥n. Suerte que esta semana ha vuelto el doctor House. Ah y el domingo estrenaron una serie (¬Ņserie?) de dos cap√≠tulos que no estuvo nada mal. M√°s de una hora sin corte publicitario centraron mi atenci√≥n. Tensi√≥n, algo de suspense, buenas im√°genes y algo sensual. De vez en cuando algo reluce en la penumbra (La piel azul). ¬ŅSer√° ese el caso de Revista Atticus?

¬†Y la vida sigue. Hemos recibido un relato para la convocatoria sobre la imagen de Alicia Gonz√°lez. Lleva por t√≠tulo: El m√ļsico del metropolitano. Su autor: Mogo.

El m√ļsico del metropolitano

¬†¬†La marea humana pasaba a mi lado como si fuese una piedra, que sobresaliese en medio del arroyo, un rancio olor a podrido, que de los sumideros sal√≠a cada vez que un convoy se acercaba a la estaci√≥n, empujando una corriente de aire h√ļmedo hacia fuera del t√ļnel hacia mas cre√≠ble la ilusi√≥n. Al lado de una de las escaleras, estaba el viejo m√ļsico, rasgueando su guitarra, ensimismado, sin mirar a nadie, tocando la misma melod√≠a una y otra vez. Pas√≥ delante de m√≠ un grupo de chicas, j√≥venes, frescas, posiblemente dependientas del almac√©n que se encontraba frente a la boca del metro. Mi mirada resbal√≥ por sus largas piernas y sus cortas faldas durante un momento y al volver la vista al m√ļsico, le sorprend√≠, mir√°ndome con fijeza, sus ojos brillantes debajo de una gorra que ensombrec√≠a parcialmente su rostro, es curioso, la m√ļsica mon√≥tona me estaba adormeciendo. No pod√≠a apartar la mirada y como si algo me atrajera me fui acercando a √©l, era raro, en ese momento no me di cuenta, pero est√°bamos los dos solos en medio del t√ļnel, incluso el ruido de los trenes hab√≠a desaparecido.

La m√ļsica segu√≠a sonando, mon√≥tona, repetitiva, poco a poco se fue adue√Īando de mi, y me invadi√≥ una sensaci√≥n de v√©rtigo como si me mareara, por un momento se me nubl√≥ la vista, sent√≠ una especie de vah√≠do y luego, la oscuridad.

Al volver en mi, tenia un sentimiento extra√Īo, incomodo. Mir√© a m√≠ alrededor, mientras hacia esfuerzos por enfocar la vista, me encontraba recostado contra la pared, y aun aturdido. Pens√©, ‚Äúme he mareado y¬† alguien me ha apoyado contra el muro‚ÄĚ, notaba mi cuerpo raro, m√°s cansado, la ropa me rozaba y los zapatos me hac√≠an da√Īo. Busque mi reloj sin encontrarlo, posiblemente, al desmayarme me lo hab√≠an robado, mov√≠ el brazo, acorchado por la postura forzada, palp√© la ropa buscando mi cartera, ¬°tampoco estaba!, la ropa‚Ķ, espera un momento, ¬°esta no es mi ropa!, est√°¬† vieja y h√ļmeda, y tampoco son mis zapatos, mir√© las manos arrugadas, los dedos retorcidos, de u√Īas negras largas y duras. Noto algo en la cabeza, ¬Ņqu√© tengo?, ¬°esta gorra!. ¬°Ha sido el m√ļsico!, me ha robado todo aprovechando que yo no pod√≠a defenderme.

Cuando abr√≠ la boca, para pedir auxilio, not√© como alguien desde el extremo del t√ļnel me observaba con una sonrisa ir√≥nica mientras negaba con la cabeza y me dec√≠a adi√≥s.¬†

Lo que me hizo callar, con una sensaci√≥n de horror en mi rostro fue ver como yo, es decir mi cuerpo, se alejaba y al mirarme en mis ojos vi,¬† la mirada del m√ļsico, una mirada cargada de pena, en sus labios le√≠ ‚Äútoca‚ÄĚ, se√Īalando la guitarra tirada a mi lado y¬† entonces se fue con un gesto de alivio en su rostro despidi√©ndose con la mano.

Desde entonces, ocupo su lugar, en el t√ļnel del metro, esperando que alguien se pare a escuchar la m√ļsica¬† para que pueda cambiarme su cuerpo y as√≠ escapar. ¬ŅSer√°s t√ļ?

¬†—————–

Y os recuerdo que podéis participar con vuestros relatos. El plazo de entrega está abierto hasta el 23 de abril.

Luisjo

Nueva convocatoria concurso de microrrelatos

Sobre una fotograf√≠a de Alicia Gonz√°lez¬†a la que hemos puesto una neutral denominaci√≥n: IMG_1587.jpg,¬†lanzamos esta nueva convocatoria para todos aquellos que quer√°is participar. El texto no exceder√° en m√°s de 1200 palabras. Claro que vais a decir que cu√°l es el premio. Pues el premio es la¬†publicaci√≥n de vuestro relato en estas p√°ginas. Os advierto que no es mal premio ya que cada vez tenemos m√°s difusi√≥n y vete t√ļ a saber donde acaba este relato y en mano de que maravilloso magnate de las letras cae. Otro premio m√°s es que una selecci√≥n con los tres o cuatro mejores ir√°n publicados en la edici√≥n en papel sobre la que ya estamos trabajando. El plazo de entrega de los trabajos es hasta el pr√≥ximo 23 de abril. Los envi√°is a revistaatticus@yahoo.es

 o a la nueva

 luisjo@revistaatticus.es

Por mi parte os dejo mi peque√Īo relato para predicar con el ejemplo. Lleva por t√≠tulo: Remordimiento

Remordimiento

¬†Juan, malet√≠n y paraguas en su mano izquierda, camina cabizbajo por el and√©n de la estaci√≥n. Acaba de descender del √ļltimo tren del d√≠a.

Su gabardina nueva le pesa más que el alma. Se abriga con el cuello levantado por la firmeza del apresto, a medio colocar, con desgana. Acaba de pasar por delante del reloj de un desangelado y solitario pasillo de cercanías.

¬†No s√© como tengo tan poca fuerza de voluntad. Son la una y treinta y siete minutos. Si es que me ten√≠a que haber marchado antes. A ver que le digo yo a esta ahora. Ya sabes es que ahora tenemos mucho trabajo y entre unas cosas y otras‚Ķ Si es que encima siempre es lo mismo y siempre acabo con el mismo sabor de mala conciencia. Ya ten√≠a que estar durmiendo. No me vuelvo a quedar. Se me caliente el pico y es que reconozco que soy yo el liante. Venga vamos a tomar unas copas donde siempre. Y claro una lleva a la otra y‚Ķ ¬°la una y treinta y siete minutos! Y ma√Īana encima tengo que trabajar. Y luego estos cabrones es que no paran, venga qu√©date a otra que seguro que ahora es cuando vienen las chicas. Qu√© chicas ni que ni√Īo muerto, en la cama ten√≠a que estar ya. Pero claro hay que quedarse a la √ļltima por que si no ma√Īana te dir√°n; co√Īo, justo cuando t√ļ te marchaste es cuando m√°s ambiente hab√≠a, y unas t√≠as… S√≠, del Circo Price, no te jode. Si no s√© decir que no. Si yo no bebo‚Ķ ni volver√© a beber m√°s. ¬°La una y treinta y siete! Si es que ya ten√≠a que estar en la cama.

 Esta es la foto que esperamos os inspire mucho

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Hoy ha fallecido Miguel Delibes. Lamentamos profundamente su muerte. Descanse en paz.¬† Esperamos poder seguir disfruntando por mucho tiempo con la lectura de sus obras. Os dejo un peque√Īo fragmento de su obra El hereje.

El largo per√≠odo que estuvieron en sus manos disip√≥ todo recelo en el √°nimo de do√Īa Catalina y abri√≥ el coraz√≥n de don Bernardo a una leal amistad. Pero antes tuvo que soportar terribles pruebas, como la del ajo, para intentar averiguar qui√©n de las dos partes era la causante de la esterilidad matrimonial. Con este objeto, don Francisco Almenara introdujo en la vagina de do√Īa Catalina un diente de ajo, debidamente pelado, antes de meterla en cama:

‚ÄĒMa√Īana no se levante hasta que yo llegue. Debo ser el primero en olerla ‚ÄĒ advirti√≥.

Don Bernardo se despert√≥ con el alba. Intu√≠a vagamente que algo grave relativo a su masculinidad estaba en entredicho. Divag√≥ por la casa durante horas y cuando, sobre las nueve de la ma√Īana, oy√≥ a la puerta los cascos de la mula del doctor levant√≥ el visillo de la ventana con inquietud manifiesta.

El criado del doctor, que tra√≠a a la caballer√≠a del ronzal, ayud√≥ a apearse a su due√Īo y at√≥ aqu√©lla a la armella de la columna. Todo lo que vino a continuaci√≥n result√≥ para don Bernardo desconcertante y confuso. Don Francisco orden√≥ levantarse a do√Īa Catalina y, tal como estaba, en salto de cama, la condujo de la mano hasta la jofaina y, una vez all√≠, requiri√≥ amablemente su aliento.

‚ÄĒ ¬ŅC√≥mo? ‚ÄĒ A do√Īa Catalina se la ve√≠a sensiblemente turbada.

‚ÄĒ El aliento, se√Īora, √©cheme vuesa merced su aliento ‚ÄĒ insisti√≥ el doctor inclinando el busto sobre el rostro de la paciente. √Čsta, finalmente, obedeci√≥.

‚ÄĒ Otra vez, si no le importa.

La esposa de don Bernardo Salcedo alent√≥ ante la nariz de don Francisco quien frunci√≥ sombr√≠amente el ce√Īo.

Acto seguido, en una actitud de gravedad extrema, el doctor Almenara se encerr√≥ con don Bernardo en el despacho de √©ste, se sent√≥ en el escritorio y mir√≥ al se√Īor Salcedo con inusitada frialdad:

‚ÄĒ Lamento tener que decirle que las v√≠as de su esposa est√°n abiertas ‚ÄĒ dijo simplemente.

‚ÄĒ ¬ŅQu√© quiere decir, doctor?

‚ÄĒ¬†¬†¬† La esposa de vuesa merced est√° apta para la concepci√≥n.

Fragmento de la obra El hereje, p√°gina 17 de Miguel Delibes.

Luisjo

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