Archivo para marzo, 2010

Sombras nada más, por Berta Cuadrado

Un relato más nos ha llegado sobre la foto de Alicia González que pusimos por título IMG_1587

 SOMBRAS NADA MÁS

 Son las 6:30 y se activa la radio. César se viste, da de comer a los peces, engancha la correa al collar de Bosco y sale a correr con él durante quince minutos. A la vuelta se asea mientras suena una pieza de Vivaldi, desayuna copiosamente y deja la casa recogida. A las 7:15 revisa el contenido del maletín, se pone el abrigo y coge el paraguas porque el día está nublado. En el breve trayecto que separa la salida del metro de las escaleras de la facultad el viento se ríe del paraguas, del abrigo, de los recién planchados pantalones y los lustrados zapatos del joven profesor de psicología.

Trata de adecentar su aspecto en el baño que hay junto a la puerta principal del edificio, y sube a su despacho. Allí abre el correo y descubre que durante la única hora que tenía libre esa mañana han convocado una reunión del departamento. Corrijo: la única hora libre que tenía en todo el día, pues la tarde tiene que dedicarla íntegramente a su tesis, que el tiempo apremia y con la competencia que hay ya se sabe; “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

Al abandonar la facultad repara en los charcos que alfombran las escaleras. Se detiene a observar un papel que descansa al fondo de uno de ellos. Dice: “Fotocopiar para Esperanza” No se resiste al juego de la metáfora, y sumerge su mano en el agua para rescatar a la esperanza de morir ahogada.

Ya pasan las 13:30 y la estación de metro se encuentra inusitadamente vacía para tratarse de un viernes lluvioso. César se encuentra solo en su lado del andén, en cambio en el lado contrario hay varias sombras envueltas en gabardinas y chaquetas. Se siente observado por su condición de único habitante de este lado de la vía, por lo que se vuelve de espaldas al público. Vano intento, pues en la pequeña mampara de cristal, entre los logotipos de la empresa de transporte, descubre de nuevo las siluetas de sus observadores. Hay una que le inquieta especialmente. Se trata de una figura pequeña que se abraza a una carpeta atiborrada de apuntes. Una breve falda cubre parte de sus piernas y su pie derecho describe círculos sobre la puntera. Un tren para frente a ella y César se vuelve para ver cómo desaparece engullida por él. Pero la chica no sube al vagón y cuando éste se aleja se quedan los dos frente a frente, separados tan sólo por las vías.

Ella posee una sonrisa medio burlona, medio retadora,  y mantiene la mirada de César con un aplomo que no deja de sorprenderle. Entonces cae en la cuenta de que es una alumna de primero, de Psicología del Aprendizaje, y hace un gesto con la cabeza para saludarla. Incapaz de esbozar una sonrisa y  tratando de recordar aquel lenguaje del flirteo y de las primeras aproximaciones, el profesor baja la cabeza avergonzado por su inexperiencia. A continuación desoye por primera vez en años la voz de su conciencia, desanda el camino y enfila sus pasos hacia el otro lado, donde le espera esa alumna caprichosa retorciendo con los dedos la goma de la carpeta. En una papelera abandona el paraguas –“total, esta mañana se doblaron dos varillas”- y con cuidado de no tropezar por las escaleras, teclea en el móvil un mensaje para su hermana: “Por favor, saca a pasear a Bosco por mí, me ha surgido una comida imprevista”.

 Berta Cuadrado Mayoral 

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Os recordmaos que podéis mandar vuestro relatos hasta el día 23 de abril.

Marcador

Manolo Madrid

El pasado 18 de marzo Manolo Madrid ofreció un recital en la Casa de Zorrilla de Valladolid.

Para aquellos que no pudieron asistir he aquí un par de ejemplos de su poesía. En próximos números y post contaremos con la colaboración de este gran artista, lo cual es una suerte y engrandece con su colaboración Revista Atticus.

También dar las gracias a José Carlos Nistal por su aportación y esperamos contar co él.

Manolo Madrid

¡A dos euros!

 

¡A dos euros los abanicos!

Y seis euros los pantalones,

se vende ropa, se cambian libros,

puestos henchidos de viejas cosas,

ajados perfumes sin escrúpulos nacidos

entre gritos que anuncian sombreros

sombreretes, banderines, corbatas decaídas

y paraguas viejos donde se enredan

tan temprano, en pasajes y paseos,

fragancias de bares y bocadillos,

los cestos de fruta asomando,

divertidos, roja pulpa de sandía,

melón de Villaconejos, rubios melocotones,

pinchos de berenjenas: de Almagro sus apellidos.

¡A dos euros los abanicos!

¡Tengo alpiste para canarios!

Cárceles de alambre para jilgueros

y trampas para pardales,

también grabados de girasoles

de algún pintor bien querido,

para que se rellenen cuadros

y busquen sombra entre toldillas

los guiris y los gitanos, marea de gente

tan variopinta, calle arriba, calle abajo,

los ojos presos entre abalorios

mostrando su desparpajo,

colores que huelen domingos

entre los puestos del rastro.

 ¡A dos euros los abanicos!

Tres pares de calcetines subastados entre gritos,

¡un euro por un vestido!,

y escuchen rondar al fondo,

entre insolaciones de agosto,

triangulada plaza, la de Cascorro,

chispeantes notas de verbena,

castizos chotis, ¡una zarzuela!,

chulapas de volantes, pañoleta de cabeza,

viseras de chulapillos de abotonado chaleco

agitándose alegres encima del empedrado,

desde la anciana mano recién nacidos,

tras haberlos batido en vueltas y giros:

caprichoso mueble: acicalado organillo.

¡A dos euros los abanicos!

Empujones y corrillos para mirar zapatos,

¿qué número es el que calza?,

te preguntan para animarte

mientras alguno señala, entre guiños

y sonrisas, la mano que se disfraza

para entrar en  tu bolsillo;

después, carreras y chiflos

que animan más la mañana,

cada minuto de sol pasando más apretado

cargando de bolsas al pueblo

que camina con desgana,

la boca llena de sed

para comer pronto en casa.

  

Dos geranios

 Y dos geranios que habían

enraizado en mi ventana,

desde un colchón olvidado

escondido tras las cortinas,

deslizaron de la penumbra

aquella memoria dormida,

hasta brillantes hojas verdes

y preciosas flores fucsias,

para alegrar las arrugas

que retorcieron el alma

con rancias historias vencidas;

historias que aún perduran,

añejas cosas, viejos años,

otra vida que plantó huella

en las ramas de algún pasado,

brozas inertes que el viento

aún no se hubo llevado

y flores que no se abrieron

para extender la simiente

que así nunca germinaría

durante alargadas noches

eternos minutos pegados;

y en candelabros disipados

que atan nostalgias al tejado,

se mueven las sombras burdas

surgiendo agrias de lo llegado,

marionetas tan deslucidas

de hilos toscos enredados

en polvorientas bambalinas

de aquel fingido teatro,

máscaras cubiertas de polvo

entre barnizadas mentiras

que para siempre me ataron.

 

Otros versos sobrevolaron por la sala para ir a parar a esta ventana. Son de José Carlos Nistal.

 Besar

 Besar es amar tu voz,

susurrar versos a tu alma,

coser suspiros y alas de mariposa

a la luz de tu mirada,

es llenar el mundo de colores,

completar tu paleta de pintor

con los reflejos del alba,

es esparcir por tu huerto

los aromas, las palabras

que brotan del corazón

y no hay quien pueda pararlas.

Pasa en el Líbano

 Como briznas de hierba

agitadas por el viento,

como gritos en el parque

de los niños en sus juegos,

como trinos de las aves

entre las ramas de un cedro…

así en el Líbano se va la vida

y al doblar cada esquina

aparece un muerto.

 1 de abril de 2008

 Revista Atticus

 

 

 Los amantes de René Magritte:

un amargo beso

 Los amantes de René Magritte es uno de esos cuadros de los que se dicen que han derramado muchos ríos de tinta. Hoy este tópico habría que actualizarlo y decir que es uno de los cuadros que figura en innumerables blogs. Pues hoy nos sumamos a esa cantidad y derramamos nuestras palabras.

En el número 10 de Revista Atticus iniciamos un trabajo sobre El beso en la historia del arte. En el próximo número continuamos con ese viaje, dulce recorrido, por las muestras tanto pictóricas como escultóricas que tienen como protagonista a esta muestra efusiva de amor.

Como adelanto (que a su vez será el arranque de la entrega) os dejo el trabajo que sobre Los amantes ha realizado nuestra colaboradora Esther Bengoechea. Excelente trabajo para un cuadro que no solamente muestra lo que vemos. No hay que olvidar que Magritte perteneció al movimiento surrealista, corriente artística que en pintura utilizaban las imágenes para expresar sus emociones, aunque no siguieran un planteamiento lógico.

LOS AMANTES

 

Loa amantes

René Magritte (1898 – 1967)

1928

Óleo sobre lienzo, 54,2 x 73 cm.

Colección privada, Bruselas, Bélgica.

 

Dos personas protagonizan este bello lienzo. Sus identidades están ocultas tras dos velos húmedos que les tapan la cara. Sabemos que son un hombre y una mujer por sus vestimentas y suponemos que son pareja porque se están besando. Poco nos ayuda el fondo a concretar la escena. Están bajo techo, se ve parte del mismo y de la escayola que lo adorna, pero el hecho que una pared sea granate y el fondo azul cielo, hace plantearse si es otra pared pintada de diferente color o si simplemente están bajo techumbre pero abiertos al exterior.

 El pintor belga René Magritte, padre de Los Amantes, logra llamar la atención del público por las telas húmedas cubriendo los rostros de los protagonistas y por los colores duros del lienzo. Hay un predominio del granate, azul y negro, destacando el blanco por encima de  todos para subrayar el efecto mojado de las telas que los cubren.

Su primer contacto con la pintura lo tuvo a los once años, momento en el que comenzó sus clases de dibujo. Sus primeras obras siguen una línea impresionista y su trabajo pasó por influencias del cubismo, orfismo, futurismo y purismo, sin olvidarnos del llamado realismo mágico, antes de aterrizar en el surrealismo, movimiento de Magritte por excelencia. Con su pincel intenta plasmar una realidad diferente, algo que sorprenda al espectador.

 Magritte tituló Los Amantes a dos obras diferentes, en las que aparecen los mismos protagonistas y con las mismas ropas. Pero, siempre hay un pero, los dos trabajos difieren por dos razones: el fondo, pasamos de paredes y techo a un fondo natural con árboles y campo de fondo, y la acción, aquí no se besan sino que ambos miran al frente con los rostros uno junto al otro.

Dada la temática de este artículo, vamos a centrarnos en el beso de Los Amantes. Pienso yo que si el genio belga levantase la cabeza y oyese la cantidad de suspiros de amor que ha ocasionado su cuadro, volvería a agacharla y retornaría bajo tierra pensando que el mundo se ha vuelto loco.

René Magritte pintó Los Amantes en 1928, dieciséis años después de que su madre se suicidase tirándose al río Sambre. Parece que no, pero esta información es muy importante para entender el significado del cuadro.

Magritte tituló a su obra Los Amantes y los retrató besándose sí, de esto no hay ninguna duda, pero como no es oro todo lo que reluce, no todos los amantes se aman ni todos los besos simbolizan amor.

 Muchas teorías han rondado esta obra a lo largo de los años: amor secreto, dos desconocidos que se gustan sin verse ni olerse, enamorados que tienen que esconderse de la sociedad..y otras tropecientas historias más. Pero ninguna se acerca ni lo más mínimo a las intenciones que tenía el pintor belga al retratar a dos personas con una tela húmeda besándose.

René Magritte siempre tuvo grabado en sus retinas el momento en el que sacaron el cadáver de su madre del río, con la camisa húmeda cubriéndole el rostro. De ahí los trapos húmedos entre los rostros de los amantes de su obra. Simplemente es el recuerdo que tiene un adolescente Magritte de cómo terminó el suicidio de su madre en el Samble.

Un beso de amor es el sabor de la persona besada, el olor y, como no, el contacto de las lenguas o simplemente de los labios. El trapo húmedo de Magritte destruye cualquier idea de beso al prohibir a los protagonistas de sensaciones.

  

Los amantes (otra versión)

1928

Óleo sobre lienzo, 54,2 x 73 cm.

Colección privada.

 

 Esther Bengoechea Gutiérrez

Love Actuality

Love actuality

 En mi preocupación por ver como está el mercado editorial andaba yo el otro día meditando en plena calle cuando de repente un quiosco de prensa se interpuso en mi camino. Lleno de curiosidad observé que es lo que la gente lee. De un tendal colgaban seis revistas de actualidad, de las llamadas prensa rosa o del corazón. No daba crédito a lo que veía. No es posible. Hasta hice una foto. Se habrán puesto de acuerdo pensaba yo en mi ignorancia. Tres de ellas dedicaban casi la portada en exclusiva a un personaje muy famosillo, el cual no voy ni a nombrar para que no tenga una entrada en este post. Se llama como la otra, la buena, la actriz, con distinto apellido: Belén. Tal vez los lectores hispano parlantes allende los mares no entienden esto. Pero con decir que es un personaje presente a diario en lo que se ha venido en llamar telebasura, lo entenderán. En las otras dos portadas el personajillo en cuestión ocupaba la mitad de la misma. Eché en falta la revista bandera de este tipo de prensa, esa que lleva por titulo un saludo. Pero he leído recientemente que no la dedican la portada a “ella” por que no tiene el glamour suficiente y su aparición en la misma es algo así como devaluar la prestigiosa publicación (pero eso sí, la dedican un espacio en su interior). Algo así le sucedió con los sastrecillos del reino que no dudaron en ponerse de acuerdo para que ninguno de ellos le hiciera un vestido a la princesita rosa.

Y ante este panorama cultural me pregunto ¿y yo quiero sacar un revista? Pero si no voy a hablar de los cotilleos. Ni tan siquiera de los escarceos que tuvo Goya con sus modelos o de cualquier otro pintor. Si acaso deberé de cambiar el enfoque y sacar lo más rastrero de una relación amorosa, por ejemplo la que tuvo Rodin con su alumna, amante y modelo: Camille Claudel.

Esas portadas son el reflejo de lo que pasa en la TV. Yo estoy muy contento con la televisión que tenemos. Muchas veces acudo a verla y ella misma me echa ante los programas que emiten. Total que me vuelvo al ordenador o tiro de videoteca para ver películas. Así en esta semana me he visto de nuevo Babel (¡qué gran película!). Ayer sin ir más lejos cuando me disponía a apagar la tele hice un zapeo y me encontré con una entrevista a Eduardo Galeano. No me lo podía creer. En el último número de la revista incluí un artículo y ahora aparecía en la pantalla (gracias a Iñaki Gabilondo que bracea sin cesar en medio de este océano para mantenerse a flote y elevar el nivel de las teles). ¡Qué suerte! No, si al final tengo que estar agradecido a los programas del corazón. Suerte que esta semana ha vuelto el doctor House. Ah y el domingo estrenaron una serie (¿serie?) de dos capítulos que no estuvo nada mal. Más de una hora sin corte publicitario centraron mi atención. Tensión, algo de suspense, buenas imágenes y algo sensual. De vez en cuando algo reluce en la penumbra (La piel azul). ¿Será ese el caso de Revista Atticus?

 Y la vida sigue. Hemos recibido un relato para la convocatoria sobre la imagen de Alicia González. Lleva por título: El músico del metropolitano. Su autor: Mogo.

El músico del metropolitano

  La marea humana pasaba a mi lado como si fuese una piedra, que sobresaliese en medio del arroyo, un rancio olor a podrido, que de los sumideros salía cada vez que un convoy se acercaba a la estación, empujando una corriente de aire húmedo hacia fuera del túnel hacia mas creíble la ilusión. Al lado de una de las escaleras, estaba el viejo músico, rasgueando su guitarra, ensimismado, sin mirar a nadie, tocando la misma melodía una y otra vez. Pasó delante de mí un grupo de chicas, jóvenes, frescas, posiblemente dependientas del almacén que se encontraba frente a la boca del metro. Mi mirada resbaló por sus largas piernas y sus cortas faldas durante un momento y al volver la vista al músico, le sorprendí, mirándome con fijeza, sus ojos brillantes debajo de una gorra que ensombrecía parcialmente su rostro, es curioso, la música monótona me estaba adormeciendo. No podía apartar la mirada y como si algo me atrajera me fui acercando a él, era raro, en ese momento no me di cuenta, pero estábamos los dos solos en medio del túnel, incluso el ruido de los trenes había desaparecido.

La música seguía sonando, monótona, repetitiva, poco a poco se fue adueñando de mi, y me invadió una sensación de vértigo como si me mareara, por un momento se me nubló la vista, sentí una especie de vahído y luego, la oscuridad.

Al volver en mi, tenia un sentimiento extraño, incomodo. Miré a mí alrededor, mientras hacia esfuerzos por enfocar la vista, me encontraba recostado contra la pared, y aun aturdido. Pensé, “me he mareado y  alguien me ha apoyado contra el muro”, notaba mi cuerpo raro, más cansado, la ropa me rozaba y los zapatos me hacían daño. Busque mi reloj sin encontrarlo, posiblemente, al desmayarme me lo habían robado, moví el brazo, acorchado por la postura forzada, palpé la ropa buscando mi cartera, ¡tampoco estaba!, la ropa…, espera un momento, ¡esta no es mi ropa!, está  vieja y húmeda, y tampoco son mis zapatos, miré las manos arrugadas, los dedos retorcidos, de uñas negras largas y duras. Noto algo en la cabeza, ¿qué tengo?, ¡esta gorra!. ¡Ha sido el músico!, me ha robado todo aprovechando que yo no podía defenderme.

Cuando abrí la boca, para pedir auxilio, noté como alguien desde el extremo del túnel me observaba con una sonrisa irónica mientras negaba con la cabeza y me decía adiós. 

Lo que me hizo callar, con una sensación de horror en mi rostro fue ver como yo, es decir mi cuerpo, se alejaba y al mirarme en mis ojos vi,  la mirada del músico, una mirada cargada de pena, en sus labios leí “toca”, señalando la guitarra tirada a mi lado y  entonces se fue con un gesto de alivio en su rostro despidiéndose con la mano.

Desde entonces, ocupo su lugar, en el túnel del metro, esperando que alguien se pare a escuchar la música  para que pueda cambiarme su cuerpo y así escapar. ¿Serás tú?

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Y os recuerdo que podéis participar con vuestros relatos. El plazo de entrega está abierto hasta el 23 de abril.

Luisjo

Nueva convocatoria concurso de microrrelatos

Sobre una fotografía de Alicia González a la que hemos puesto una neutral denominación: IMG_1587.jpg, lanzamos esta nueva convocatoria para todos aquellos que queráis participar. El texto no excederá en más de 1200 palabras. Claro que vais a decir que cuál es el premio. Pues el premio es la publicación de vuestro relato en estas páginas. Os advierto que no es mal premio ya que cada vez tenemos más difusión y vete tú a saber donde acaba este relato y en mano de que maravilloso magnate de las letras cae. Otro premio más es que una selección con los tres o cuatro mejores irán publicados en la edición en papel sobre la que ya estamos trabajando. El plazo de entrega de los trabajos es hasta el próximo 23 de abril. Los enviáis a revistaatticus@yahoo.es

 o a la nueva

 luisjo@revistaatticus.es

Por mi parte os dejo mi pequeño relato para predicar con el ejemplo. Lleva por título: Remordimiento

Remordimiento

 Juan, maletín y paraguas en su mano izquierda, camina cabizbajo por el andén de la estación. Acaba de descender del último tren del día.

Su gabardina nueva le pesa más que el alma. Se abriga con el cuello levantado por la firmeza del apresto, a medio colocar, con desgana. Acaba de pasar por delante del reloj de un desangelado y solitario pasillo de cercanías.

 No sé como tengo tan poca fuerza de voluntad. Son la una y treinta y siete minutos. Si es que me tenía que haber marchado antes. A ver que le digo yo a esta ahora. Ya sabes es que ahora tenemos mucho trabajo y entre unas cosas y otras… Si es que encima siempre es lo mismo y siempre acabo con el mismo sabor de mala conciencia. Ya tenía que estar durmiendo. No me vuelvo a quedar. Se me caliente el pico y es que reconozco que soy yo el liante. Venga vamos a tomar unas copas donde siempre. Y claro una lleva a la otra y… ¡la una y treinta y siete minutos! Y mañana encima tengo que trabajar. Y luego estos cabrones es que no paran, venga quédate a otra que seguro que ahora es cuando vienen las chicas. Qué chicas ni que niño muerto, en la cama tenía que estar ya. Pero claro hay que quedarse a la última por que si no mañana te dirán; coño, justo cuando tú te marchaste es cuando más ambiente había, y unas tías… Sí, del Circo Price, no te jode. Si no sé decir que no. Si yo no bebo… ni volveré a beber más. ¡La una y treinta y siete! Si es que ya tenía que estar en la cama.

 Esta es la foto que esperamos os inspire mucho

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Hoy ha fallecido Miguel Delibes. Lamentamos profundamente su muerte. Descanse en paz.  Esperamos poder seguir disfruntando por mucho tiempo con la lectura de sus obras. Os dejo un pequeño fragmento de su obra El hereje.

El largo período que estuvieron en sus manos disipó todo recelo en el ánimo de doña Catalina y abrió el corazón de don Bernardo a una leal amistad. Pero antes tuvo que soportar terribles pruebas, como la del ajo, para intentar averiguar quién de las dos partes era la causante de la esterilidad matrimonial. Con este objeto, don Francisco Almenara introdujo en la vagina de doña Catalina un diente de ajo, debidamente pelado, antes de meterla en cama:

—Mañana no se levante hasta que yo llegue. Debo ser el primero en olerla — advirtió.

Don Bernardo se despertó con el alba. Intuía vagamente que algo grave relativo a su masculinidad estaba en entredicho. Divagó por la casa durante horas y cuando, sobre las nueve de la mañana, oyó a la puerta los cascos de la mula del doctor levantó el visillo de la ventana con inquietud manifiesta.

El criado del doctor, que traía a la caballería del ronzal, ayudó a apearse a su dueño y ató aquélla a la armella de la columna. Todo lo que vino a continuación resultó para don Bernardo desconcertante y confuso. Don Francisco ordenó levantarse a doña Catalina y, tal como estaba, en salto de cama, la condujo de la mano hasta la jofaina y, una vez allí, requirió amablemente su aliento.

— ¿Cómo? — A doña Catalina se la veía sensiblemente turbada.

— El aliento, señora, écheme vuesa merced su aliento — insistió el doctor inclinando el busto sobre el rostro de la paciente. Ésta, finalmente, obedeció.

— Otra vez, si no le importa.

La esposa de don Bernardo Salcedo alentó ante la nariz de don Francisco quien frunció sombríamente el ceño.

Acto seguido, en una actitud de gravedad extrema, el doctor Almenara se encerró con don Bernardo en el despacho de éste, se sentó en el escritorio y miró al señor Salcedo con inusitada frialdad:

— Lamento tener que decirle que las vías de su esposa están abiertas — dijo simplemente.

— ¿Qué quiere decir, doctor?

—    La esposa de vuesa merced está apta para la concepción.

Fragmento de la obra El hereje, página 17 de Miguel Delibes.

Luisjo

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