INVICTUS

 La nueva película de Clint Eastwood ya ha llegado a las pantallas de cine. El director californiano se ha convertido en una referencia por su trayectoria. Para quines le siguen o seguimos es toda una garantía a la hora de elegir ir a ver una película.

Sus últimas cintas demuestra su buen hacer y su compromiso social. Entre ellas cabe destacar Gran Torino (2009) o Million Dollar Baby (2005).

 Invictus está basada en la novela de John Carlin El factor humano (de rimbombante título original: Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game that Made a Nation). Como principales protagonistas están un excepcional Morgan Freeman en el papel de Nelson Mandela y un sobrio y convincente Matt Damon (François Pienaar). Los hechos que narra el film sucedieron a comienzos de 1990 en el momento en que Nelson Mandela abandona la cárcel tras 27 años. El gobierno liberó al líder sudafricano con la esperanza de que fuera mejor, para sus intenciones, que estuviera en libertad que preso, pues tenían la vana esperanza de que la falta de libertad hubiera domado su férrea voluntad de convertirse en un líder para su pueblo. Mandela enseguida trató de ofrecer un mensaje de reconciliación expresando que el enemigo no eran los blancos sino el apartheid. De Klerk (antiguo dirigente) y Mandela compartieron en 1993 el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos de instaurar la democracia en Sudáfrica. Pero al año siguiente el país estaba sumido en un caos. Se hablada de una guerra de baja intensidad. Nelson Mandela se convirtió en la única opción para celebrar una convocatoria de unos comicios multirraciales. Algo impensable unos meses atrás.

Es en ese momento cuando arranca el film. Mandela es el presidente de Sudáfrica y el apartheid ha caído. Pero lo cierto es que los problemas entre blancos y negros siguen siendo cotidianos. En 1995 se va a celebrar la III Copa del Mundo del Rugby en Sudáfrica. Mandela ve en esa oportunidad histórica un buen motivo para limar asperezas interraciales. Convierte el campeonato en un instrumento de conciliación de su pueblo. El rugby es el deporte nacional. El gran logro de Mandela fue que supo dar la vuelta a la situación: lo que anteriormente era el símbolo de la opresión de los blancos durante décadas lo convirtió en un equipo con espíritu multirracial, orgulloso de su país: los Springboks (en alusión a la gacela africana que es el símbolo de la nación). El dirigente sudafricano supo involucrar al equipo por medio de su joven capitán François Pienaar. Esta es la historia que cuenta Invictus.

 En toda buena película durante el transcurso de la misma asistimos a una evolución del protagonista. En este caso el protagonista es el pueblo sudafricano. Clint Eastwood consigue evolucionar su protagonista y pasa de abuchear en los partidos preparatorios para el Campeonato y animar al equipo contrario a sentirse identificado con su equipo llegando a la locura colectiva.

 La situación de aquel momento era crítica. La película arranca con una escena de la liberación de Mandela. Lo que para unos era esperanza para otros era el declive. El entrenador de un equipo de rugby al contemplar la escena les dijo a los deportistas, blancos: “Recordad, muchachos, este es el día en que nuestro país empezará a irse a pique”. Mientras al otro lado de la carretera, un grupo de críos negros dejan alborotados el balón de fútbol para acercarse hasta la valla que les separa y vitorear a su líder. Rugby frente a fútbol, libertad frente a opresión.

 Ya, ya sé que muchos de vosotros me decís que si mucho bla, bla, pero, en definitiva, ¿te gustó? Mi valoración.

 Es una pena que aquellos que pudiendo ser sabios se conformen con la mediocridad. Invictus es una buena película. Una película que narra una hazaña épica, gloriosa, de un evento deportivo. Tiene muchas connotaciones y no es para quedarnos solo con la gloria atlética.  Pero lo que lamento es que un excelente director como Clint Easwood no haya logrado sacar el máximo partido de unos magníficos mimbres (hoy que cuesta tanto encontrar buenas historias, buenos guiones). Al director parece que se le olvidó lo que precisamente da título a la obra en la que está basada. Se le olvidó el factor humano. Apenas se nota su mano. La película es muy limpia, sin grandes artificios y asistimos sentados en la butaca las más de dos horas como si de un documental se tratara. Lo que no es precisamente un demérito. Pero al director californiano se le pide más.

El logro de superar los problemas interraciales se debe, fundamentalmente, a la buena disposición de sus dirigentes y al enorme grado cívico demostrado por sus habitantes. Y esto en la película no se logra transmitir por más que se abracen negros o blancos o por más que nos muestren a un niño negro compartir un refresco con los polis blancos.

Y mira que a mi me emociona los eventos deportivos con esa exaltación de la patria. Pero lo película no me llega a emocionar, es menos dramática que los ejemplos antes citados. No me movió las tripas.

 El cambio de registro de Eastwood gustará a mucha gente por que al final saldrán del cine con un regusto bueno pues no deja de ser un final feliz. Mientras a otros, en los que me incluyo, sentimos un mal sabor de boca porque nos tiene acostumbrados a no darnos todo mascado y a tener un final dramático que nos invita a la reflexión.

 En definitiva y aunque no me emociono reconozco que es una buena película, sencilla, sin garra pero con pasión y detrás de ella hay un buen trabajo.

Hacía tiempo que desde estas páginas no hablaba de cine. Invictus lo ha conseguido. Un punto a su favor. Otro punto más lo obtiene por que ha sabido captar la esencia del rugby y reproduce con bastante fidelidad lo que sucedió en aquel campeonato. Al igual que cuando vemos llorar en la pantalla tiene que ser creíble, los lances del juego tienen que serlos. Yo soy un leguleyo pero me han comentado gente que de esto sabe que los golpes de castigo lo son. Vamos que está bien realizada y la ambientación es perfecta.

 Invictus es una parábola sobre el nacimiento de una nación. Atrás han quedado estos hechos que marcaron una etapa histórica llena de ignominias. Merece la pena que la veamos aunque tan solo sea por reflexionar durante un momento que los negros, los habitantes de Sudáfrica, los nativos de un gran país no pudieron ejercer su voto hasta 1994.

 Por último, el poeta William Ernest Henley escribío en 1875 unos versos. Estos versos le sirvieron a Nelson Mandela para mantenerse altivo en su encierro. Esos mismos versos se los transmite al capitán François Pienaar para que encuentre la motivación en lograr la hazaña que le encarga. Estos son los versos:

 INVICTUS

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. –
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. –
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul. – -

 

En español:

 

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma

Luisjo


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