Archivo para Febrero, 2010

Antonio Camoyán, el alma del paisaje

Antonio Camoyán, el alma del paisaje

Es un orgullo para mi y para todos aquellos  que hacemos posible Revista Atticus que un artículo que se publicó en la web figura como el primero cuando haces la consulta en el Google. No voy a desvelar cuál es esa entrada por que no viene al caso. Pero nos sentimos muy orgullosos de ello.

El caso que hoy nos ocupa viene de la mano de Juan Diego Caballero, excelente colaborador que dirige el magnífico blog ENSEÑ-ARTE, quién nos facilitó el trabajo que hizo sobre la figura de Antonio Camoyán y que publicamos en el número 9 de Revista Atticus

Podéis consultar el artículo en:

http://aprendersociales.blogspot.com/2009/06/el-alma-del-paisaje.html

o en nuestra web:

http://revistaatticus.es/la-revista

En su momento Juan Diego me habló de lo oportuno de publicar ese trabajo. Pues bien ahora en la ciudad de Sevilla se realiza una doble exposición. Por una lado se muestran las fotografías de Antonio Camoyán que lleva por título “El alma del paisaje” y por otro lado la obra pictórica de Francisco José Hernández “Alas de papel”. Esta exposición estará abierta al público hasta el 19 de abril (de martes a domingo, de 10 a 21 horas) en el Foro de la Biodiversidad (Patio de Banderas, 16, Sevilla). Para más información:

http://www.fundacion-biodiversidad.es/inicio/noticias/noticias/113119

Camoyán exhibe el resultado de su trabajo. Han sido muchos años realizando innumerables fotografías, intentando captar el alma del paisaje de los parajes de Río Tinto, en Huelva. Las altas concentraciones de piritas, mineral de cobre, provocan la tintura del agua, piedras y todo el curso del río. Lo cual confiere a todo el conjunto un aspecto irreal, fantástico y lleno de belleza.

Antonio Camoyán se ha dedicado, con un ojo perceptivo, minucioso y una sensibilidad pictórica a retratar el paisaje y sugerir, por medio de la fotografía, emociones. El artista presenta cerca de 700 fotografías escogidas entre las más de 40.000 que posee sobre este paraje onubense. De esta manera saca a la luz más de 45 años de trabajo en el entorno de Río Tinto y pone en evidencia dos de sus pasiones: la naturaleza y el color desde la abstracción.

Juan Diego Caballero nos presenta a Antonio Camoyán (1941)  “es persona bien conocida en el campo de la fotografía de la naturaleza, tema al que viene dedicándose de manera ininterrumpida desde su juventud. Su extensa trayectoria le ha llevado a los lugares más diversos para captar desde múltiples puntos de vista la riqueza y diversidad del medio natural. Puede completarse un breve currículo de Antonio Camoyán indicando que ha realizado numerosas exposiciones y catálogos, que acumula diversos premios o que ha sido jefe de fotografía de las revistas Periplo y Ronda Iberia. Como resultado de todo ello, más de un millón de negativos analógicos figuran en su archivo fotográfico personal que alcanza ya, tanto en cantidad como en calidad, el valor de verdadero legado visual, digno de conservarse íntegramente”.

La exposición se organiza a través de seis pantallas: Aguas: Paisajes, Piedras, Algas y Espumas, Barros y Abstractos, acercándonos a esa mirada sobre el rastro cromático que dejan las aguas del río en los paisajes de Huelva.

Esta doble exposición se completa con los trazos de Francisco José Hernández. Lamentablemente poco os puedo decir de él, pues no lo conozco y no tengo más referencia que su blog. Así que aquí os dejo su dirección:

http://avestrazos.blogspot.com/

Y por, último pues que estéis atentos al próximo número de Revista Atticus, que será el 10 (el 4 de marzo estará disponible en la web), pues Juan Diego Caballero nos ha facilitado otro de sus trabajos esta vez sobre la obra de Alejandro Schmitt que a buen seguro también os va a sorprender. Un ejmplo de su obra pictórica es esta foto.

Luisjo

Revista Atticus 10 ya casi está a punto para llevar a vuestros hogares.

Para esta ocasión uno de los platos fuertes es el de rememorar una excursión que haría las delicias de cualquier viajero. Para ello nos trasladamos en el tiempo. Allá por 1938 unos románticos deciden ir en automóvil desde San Sebastián hasta la India. Esta aventura se recogió en una publicación de la época, Revista Geográfica Española, en su primer número y en los dos siguientes. Pues bien nosotros, el equipo de Revista Atticus ha escaneado la revista y os la ofrece como anexo al número 10. Creo que es la primera vez en la historia del periodismo que se entrega primero el anexo y luego la revista..

La primera entrega recoge el recorrido desde San Sebastián a Bagdad: Visitan Andrinópolis, Konia,

Alepo, Damasco y Bagdad.

La segunda parte del recorrido (RA 11) relatan las aventuras desde Bagdad a Beluchistan (una antigua región del sur de Asia que comprende parte del Pakistán actual, sureste del Irak y sur de Afganistán). Con paradas en Teherán, Ispahán, Bam y Kandahar

Y en la tercera parte (RA 12) van desde Afganistán hasta la India, deteniéndose en ciudades como Kabul, Paeshawar y Delhi entre otras.

Esperamos que os guste.

Luisjo

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A lo largo de seis entregas en los números RA 4 hasta RA 9 han ido apareciendo un reportaje sobre el Museo de Orsay.

 

Ahora todas esas entregas las hemos compilado en un número especial monográfico para el que José Miguel Travieso ha diseñado la portada.

 

Ahora no hace falta desplazaros hasta París ya que la Fundación Mapfre muestra algunas de estas obras (Los acuchilladores de parqué y La clase de danza, son algunas de las obras que están presentes en la exposición madrileña).

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Invictus de Clint Eastwood

INVICTUS

 La nueva película de Clint Eastwood ya ha llegado a las pantallas de cine. El director californiano se ha convertido en una referencia por su trayectoria. Para quines le siguen o seguimos es toda una garantía a la hora de elegir ir a ver una película.

Sus últimas cintas demuestra su buen hacer y su compromiso social. Entre ellas cabe destacar Gran Torino (2009) o Million Dollar Baby (2005).

 Invictus está basada en la novela de John Carlin El factor humano (de rimbombante título original: Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game that Made a Nation). Como principales protagonistas están un excepcional Morgan Freeman en el papel de Nelson Mandela y un sobrio y convincente Matt Damon (François Pienaar). Los hechos que narra el film sucedieron a comienzos de 1990 en el momento en que Nelson Mandela abandona la cárcel tras 27 años. El gobierno liberó al líder sudafricano con la esperanza de que fuera mejor, para sus intenciones, que estuviera en libertad que preso, pues tenían la vana esperanza de que la falta de libertad hubiera domado su férrea voluntad de convertirse en un líder para su pueblo. Mandela enseguida trató de ofrecer un mensaje de reconciliación expresando que el enemigo no eran los blancos sino el apartheid. De Klerk (antiguo dirigente) y Mandela compartieron en 1993 el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos de instaurar la democracia en Sudáfrica. Pero al año siguiente el país estaba sumido en un caos. Se hablada de una guerra de baja intensidad. Nelson Mandela se convirtió en la única opción para celebrar una convocatoria de unos comicios multirraciales. Algo impensable unos meses atrás.

Es en ese momento cuando arranca el film. Mandela es el presidente de Sudáfrica y el apartheid ha caído. Pero lo cierto es que los problemas entre blancos y negros siguen siendo cotidianos. En 1995 se va a celebrar la III Copa del Mundo del Rugby en Sudáfrica. Mandela ve en esa oportunidad histórica un buen motivo para limar asperezas interraciales. Convierte el campeonato en un instrumento de conciliación de su pueblo. El rugby es el deporte nacional. El gran logro de Mandela fue que supo dar la vuelta a la situación: lo que anteriormente era el símbolo de la opresión de los blancos durante décadas lo convirtió en un equipo con espíritu multirracial, orgulloso de su país: los Springboks (en alusión a la gacela africana que es el símbolo de la nación). El dirigente sudafricano supo involucrar al equipo por medio de su joven capitán François Pienaar. Esta es la historia que cuenta Invictus.

 En toda buena película durante el transcurso de la misma asistimos a una evolución del protagonista. En este caso el protagonista es el pueblo sudafricano. Clint Eastwood consigue evolucionar su protagonista y pasa de abuchear en los partidos preparatorios para el Campeonato y animar al equipo contrario a sentirse identificado con su equipo llegando a la locura colectiva.

 La situación de aquel momento era crítica. La película arranca con una escena de la liberación de Mandela. Lo que para unos era esperanza para otros era el declive. El entrenador de un equipo de rugby al contemplar la escena les dijo a los deportistas, blancos: “Recordad, muchachos, este es el día en que nuestro país empezará a irse a pique”. Mientras al otro lado de la carretera, un grupo de críos negros dejan alborotados el balón de fútbol para acercarse hasta la valla que les separa y vitorear a su líder. Rugby frente a fútbol, libertad frente a opresión.

 Ya, ya sé que muchos de vosotros me decís que si mucho bla, bla, pero, en definitiva, ¿te gustó? Mi valoración.

 Es una pena que aquellos que pudiendo ser sabios se conformen con la mediocridad. Invictus es una buena película. Una película que narra una hazaña épica, gloriosa, de un evento deportivo. Tiene muchas connotaciones y no es para quedarnos solo con la gloria atlética.  Pero lo que lamento es que un excelente director como Clint Easwood no haya logrado sacar el máximo partido de unos magníficos mimbres (hoy que cuesta tanto encontrar buenas historias, buenos guiones). Al director parece que se le olvidó lo que precisamente da título a la obra en la que está basada. Se le olvidó el factor humano. Apenas se nota su mano. La película es muy limpia, sin grandes artificios y asistimos sentados en la butaca las más de dos horas como si de un documental se tratara. Lo que no es precisamente un demérito. Pero al director californiano se le pide más.

El logro de superar los problemas interraciales se debe, fundamentalmente, a la buena disposición de sus dirigentes y al enorme grado cívico demostrado por sus habitantes. Y esto en la película no se logra transmitir por más que se abracen negros o blancos o por más que nos muestren a un niño negro compartir un refresco con los polis blancos.

Y mira que a mi me emociona los eventos deportivos con esa exaltación de la patria. Pero lo película no me llega a emocionar, es menos dramática que los ejemplos antes citados. No me movió las tripas.

 El cambio de registro de Eastwood gustará a mucha gente por que al final saldrán del cine con un regusto bueno pues no deja de ser un final feliz. Mientras a otros, en los que me incluyo, sentimos un mal sabor de boca porque nos tiene acostumbrados a no darnos todo mascado y a tener un final dramático que nos invita a la reflexión.

 En definitiva y aunque no me emociono reconozco que es una buena película, sencilla, sin garra pero con pasión y detrás de ella hay un buen trabajo.

Hacía tiempo que desde estas páginas no hablaba de cine. Invictus lo ha conseguido. Un punto a su favor. Otro punto más lo obtiene por que ha sabido captar la esencia del rugby y reproduce con bastante fidelidad lo que sucedió en aquel campeonato. Al igual que cuando vemos llorar en la pantalla tiene que ser creíble, los lances del juego tienen que serlos. Yo soy un leguleyo pero me han comentado gente que de esto sabe que los golpes de castigo lo son. Vamos que está bien realizada y la ambientación es perfecta.

 Invictus es una parábola sobre el nacimiento de una nación. Atrás han quedado estos hechos que marcaron una etapa histórica llena de ignominias. Merece la pena que la veamos aunque tan solo sea por reflexionar durante un momento que los negros, los habitantes de Sudáfrica, los nativos de un gran país no pudieron ejercer su voto hasta 1994.

 Por último, el poeta William Ernest Henley escribío en 1875 unos versos. Estos versos le sirvieron a Nelson Mandela para mantenerse altivo en su encierro. Esos mismos versos se los transmite al capitán François Pienaar para que encuentre la motivación en lograr la hazaña que le encarga. Estos son los versos:

 INVICTUS

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. -
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. -
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul. – -

 

En español:

 

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma

Luisjo

Escribir cuesta trabajo

Escribir cuesta trabajo

 El pasado jueves nos llegó a la redacción de Revista Atticus una nueva reseña sobre un libro recién publicado.

 Desde sus inicios Revista Atticus ha querido destacar por ser una publicación rigurosa y amena en sus contenidos. Desde aquí hemos lanzado diferentes convocatorias para participar en la elaboración de la misma. También hemos difundido distintas convocatorias que abarcan un amplio espectro del panorama cultural.

 Con la llegada de esta reseña se nos planteó una duda ética. ¿Es lícito difundir o publicitar una obra de la cual no se conoce su contenido salvo lo expuesto en una pequeña reseña?

 Durante buen parte del fin de semana esta pregunta ha estado latente en la cabeza de varios miembros del Consejo de Redacción.

 En grandes empresas me imagino que esto será un acosa habitual pero para nosotros suponía una novedad y por lo tanto un reto.

 Mientras llegábamos a un acuerdo cayó en mis manos un libro. Un libro por todos conocidos. Ojeando el contenido del mismo me topé con unas cuántas líneas que me venían de “perlas”  para afrontar el dilema. Si era conveniente o no la difusión de una obra sabiendo solo la reseña mandada por su autor, en este caso Tomás Prieto Martín.

 En el prólogo de la obra con la que me topé (que luego diré su nombre) dice algo así:

 Yo creo que es bueno que sucesos tan destacados, y quizás nunca oídos ni vistos, sean conocidos por mucha gente para que no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que a algunos lectores les enseñen algo y, a los que no profundicen tanto les entretengan. A propósito de esto dice Plinio que “no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena”, sobre todo si consideramos que no todo el mundo tiene los mismos gustos, pues lo que uno no come, otro lo desea, y lo que unos no aprecian, otros lo estiman. Por ello no debería menospreciar ninguna historia, a menos que sea muy detestable. Al contrario, debería comunicarse a todos, especialmente si no causa perjuicio y si de ella se puede sacar alguno fruto. Porque, si no fuese así, muy pocos escribirían para sí mismos, pues escribir cuesta trabajo, y, ya que se lo toman, los escritores quieren ser recompensados, no con dinero, sino con que la gente lea sus obras y se las alaben si hay motivo para ello.

 Esto aquí relatado aparece en El lazarillo de Tormes, obra anónima del siglo XVI (el fragmento seleccionado es del libro El lazarillo de Tormes en su versión adaptada de Eduardo Alonso y editada por Vicens Vives en su colección Clásicos Adaptados).

 La reseña que nos envió Tomás Prieto Martín es la siguiente:

 LA MÁCULA PÚRPURA

Esta obra, cuya acción básicamente se desarrolla entre Sevilla y otros  diferentes puntos de la geografía española, sumerge al lector en los entresijos del siempre fascinante y enigmático mundo de las Sociedades Secretas. Es una ocasión para comprobar como se mueven los hilos del mundo dentro de la hostelería, y de como la Iglesia, una vez más,  antepone sus intereses mercantiles por encima de sus propias creencias y doctrinas. Salmorelli, personaje principal de la novela, luchará junto al “Padrino”, el señor Rey, y sus hermanos de la “Familia” por realzar los valores humanos de la Sagrada Sociedad de Hostelería, dedicando sus vidas en pro de salvaguardar y defender celosamente sus secretos y misterios rodeados siempre de un halo sagrado. Consiguiendo en su empeño defender a ultranza los valores de un gremio devaluado, prostituido y olvidado en el tiempo. 

Sobre el autor

 Conocedor del poder que tiene la imaginación, deja volar su mente en todos y cada uno de sus relatos. Nacido en Sevilla en 1970, escritor autodidacta y dedicado en cuerpo y alma al mundo de la hostelería des muy pequeño, Tomás Prieto Martín, navega con sus letras a través del mundo siempre enigmático de las Sociedades Secretas, Mafias, y todo aquello que rodea especialmente a  la novela negra, sin dejar de lado al suspense ni las historias de amor. Colaborador de periódicos locales, encuentros literarios,  y boletines de asociaciones o hermandades, por fin consigue sacar a la luz su primera novela “La Mácula Púrpura”, cuyo personaje central da nombre a su habitual nick de participación en la red, “Salmorelli”. Sus relatos, “El Encuentro”, junto a Lola Macías, “Sueños”, “La Gubia del Poder”, “Confesión”, “Sangre Patentada”  y su cooperación en la Hostería de Butarelli, han arrastrado a decenas de seguidores a conectarse a diario en su blog en busca de un nuevo episodio de una singular historia. Cuenta en su haber con el premio Thot por parte de la revista Argentina “Papirando”, con el fue premiada la originalidad que mantiene su blog al dejar interactuar a sus lectores en sus relatos.

 Lo podéis encontrar en www.bubok.es

 Por parte de Revista Atticus solo nos queda decir aquello de que no somos responsables de las versiones emitidas por nuestros colaboradores, ni en esta obra ni en cualquier otro contenido o reportaje que venimos publicando.  

 Luisjo

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