Alegría. Feliz Navidad y Feliz 2010
ALEGRÍA
Tradicionalmente la Navidad se asocia al jolgorio y a la alegría.
También son días en los que nuestro recuerdo va para aquellas personas que ya no están entre nosotros. Queremos disfrutar con los presentes pero también no olvidar a los ausentes.
Desde esta modesta publicación quiero expresar, en nombre de todos los que hacemos posible Revista Atticus, el sincero deseo de que paséis una ¡Feliz Navidad! y un ¡Feliz 2010! Que la alegría presida la mayoría de nuestros actos durante el próximo año.
Acudo a los versos de una de las personas que ya no están entre nosotros: Mario Benedetti y que expresó de forma magistral nuestro sentimiento para 2010
DEFENSA DE LA ALEGRÍA
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
Texto: Mario Benedetti
Foto: Escena belén napolitano, Museo Nacional Colegio de San Gregorio, Valladolid
El número 9 de Revista Atticus está por aquí abajo.
Luisjo


Muriel Barbery.
Y siguiendo con las vivencias de Renée, otro momento en que una experiencia personal ha salido a la luz a través de la lectura, ha sido en el pasaje en el que nuestra amiga portera entra por primera vez en el piso del señor Ozu. Allí queda extasiada ante una naturaleza muerta de Pieter Claesz, pues es una apasionada de la pintura holandesa del siglo XVII. Supongo que todos hemos tenido una revelación artística en algún momento de nuestras vidas. Ese instante con el que han soñado nuestros padres y educadores desde que empezaron a inculcarnos cierta sensibilidad artística que nos permitiera admirar un cuadro, o saborear una pieza de música, o disfrutar de una obra de teatro de una forma especial. Ese momento para mí se materializó en la visión de la Victoria de Samotracia la primera vez que visité el Museo del Louvre. Allí, escuchando el rumor del viento que ajustaba a las caderas de la diosa su fina túnica, sintiendo el temblor de la tierra bajo su contundente caminar, viendo su mirada (porque poco importa que sus ojos no hayan llegado hasta nuestros días) desafiante, y escuchando los vítores de los vencedores, ajena a los flashes de los demás turistas pude entender lo que Muriel Barbery afirma en La elegancia del erizo: que el Arte nos sorprende sin haberlo previsto, que es “un placer sin deseo, una existencia sin duración, una belleza sin voluntad”.
No pensaba comentar esta película. Pero me he dado cuenta que anteriormente había emitido mi juicio sobre Gordos y sobre El mapa de los sonidos de Tokio. Con lo cual creo que es oportuno valorar este film para completar la trilogía de las películas que optan a la selección de los Oscar para la mejor película de habla no inglesa en la próxima edición.
El baile de la Victoria está basada en la novela homónima del chileno Antonio Skármeta, ganadora del Premio Planeta. El propio autor trabajó en el guión junto a Fernando Trueba y Jonás (hijo de Trueba).
El 12 de junio de 2009 coloqué aquí mismo una pequeña reseña de una artista que nos tenía encandilados a la mayoría de nosotros. Gracias a su simplicidad y a su sencillez en la ejecución, la artista Ilana Yahav hacía unas obras de arte efímeras sobre una mesa de cristal, luces y arena. Ahora parece que le ha salido una brillante competidora: Kseniya Simonova. Simonova es una joven ucraniana ganadora del Ukraine’s Got Talent algo así como una versión del tú si que vales nuestro. 