Archivo para noviembre, 2009

Sobre el futbolín. Reflexión

Reflexión

Futbolin aAclarada la técnica en torno al futbolín, mi reflexión me lleva a tiempos de recuerdos, de nostalgia, de compañerismo, de frustraciones, de castigos… De todo ello tuvo la culpa el futbolín.
El primer recuerdo que tengo de ello es recién salido de la madriguera de mi pueblo, años 60, cuando me trasladé a Valencia de Don Juan a estudir en el colegio de los Agustinos.
El que primero llegaba a la sala de juegos tomaba posición. El Padre Maestro distribuía la bola, el futbolín era gratis, y el que tenía la bola iniciaba el juego. Mi primer sobresalto ocurrió después de topecientos días de no pillar ni futbolín ni bola; el Padre se me acerca, se fija en mí, y me pasa la bola. Me consideré el tío más importante, por fin alguien se daba cuenta que los de mi pueblo existían.
El segundo sobresalto me lo llevé en un intento de llegar al futbolín a plena carrera por los pasillos; estaba prohibido pero aún no había grabado en mis neuronas de pueblo que lo de correr era cuando jugábamos al fútbol y cuando nos castigaban. Allí mismito, se me quedó grabado para siempre.
El dicho Padre Maestro me llevó al patio, y a diez incautos más. Imaginen la escena: Diciembre, tiempo siberiano, patio con un dedo de ‘carámbano’, aún no había llegado el cambio climático y cuando tenía que hacer frío, hacía frío, no como ahora que cuando tiene que hacer frío, ves a los jovencitos en mangas de camisa. Bien, continúo con la grabación de neuronas:
-Descálcense pollinitos, -era una de las frases cariñosas que me quedó grabada, a fuego y a frío-. Denme 125 vueltas al patio, -desconozco porqué siempre nos castigaba con un número impar de vueltas-.
No me salía del cuerpo ni el color ni el calor. Iván, más atrevido pregunta:
-Padre, ¿podemos quitarnos los calcetines?
-No, pollinito, que los calcetines los paga tu padre.
De aquella dicha, se me quitaron los sabañones…, y las neuronas y el futbolín se quedaran grabados para mi eternidad.
Sigue valiendo la expresión, ¡vaya potra!, lo que aprendí en torno al futbolín. Otro día más.

Un saltito y me presento en los años 70, donde los pollinitos se hicieron pollos, el futbolín ya no era gratis y los sabañones pasaron a mejor vida. ¿Y lo de correr? Ya no era tan vital, ¡si pagas, no corras, te esperan!
En fin, Valladolid y la sala de futbolines que había en la calle Marina Escobar era el café, la copa y el puro de mis años 70; bueno el presupuesto daba para unas pocas partidas y un Celtas, corto y sin filtro…, y sin música, todavía no estaba inventado el grupo, aunque ya debía de hacer ruido por los almacenes de las Delicias.
Esas tardes de sábado invernal en la sala de futbolines forma parte de un recuerdo fascinante de juventud. Iniciamos la salida en libertad del Real Colegio, hacíamos pruebas de aspirar a todo. Amanecieron muchos atardeceres de pro-blemas; eran nuestros años posconcilares.
Bueno no me discutan que alrededor de un fubolín podíamos reflexionar sobre la Gaudium et Spes; era después, cuando regresábamos, relajados. No recuerdo quién era el ganador. Jugaba de defensa y siempre perdía. Pero no es ese el cariñoso recuerdo que tengo. Es el momento que nos juntábamos, iniciábamos el paseo por el Campo Grande, o el Campogrande, que nunca sé cómo se escribe y deambulando, hablando y discutiendo, terminábamos en torno al futbolín…, yo de defensa como siempre y a romper la bola.
Años pasaron… De aquellas juergas estos lodos. Y en los años 80, expulsado del colegio…, por malo, no lo duden, vuelvo a recordar una partida al futbolín en un pueblecito de León.
Tenía escayolada una pierna, por un triste y nefasto accidente. Nada ni nadie me divertía y la visita de esos amigos que me han acompañado en el patio ‘acarambanado’, en las tardes/noches de la calle Marina Escobar, me expulsaron de mi tristeza y en pedacitos me volví a poner en la defensa de un futbolín, rompiendo la bola…
¡Qué quieren que les diga! Efectivamente LuisJo, ¡vaya potra!
-¿Una partidita? Yo de defensa.

Tinuko

La agonía de San Valero

LA AGONÍA DE SAN VALERO
Ya no volverán a jugar, ni siquiera engañando al del mesón con la vieja artimaña de la mfutbolin 1aaoneda atascada.

Poco a poco, los brazos de las estrellas del balón comenzarán a astillarse.
Sus piernas, que tantas mañanas de escaqueo y tardes de escondite por el frío, dieron tantos goles, sufrirán la gangrena de la humedad y del tiempo.
Agonía del futbolista de bar de pueblo, martirizado, al poco de nacer, con una vara de metal atravesando y quebrando sus costillas.
La carcoma hará el resto.
Las telarañas pintarán de gris el que fue durante años el campo de juego de todos los equipos y de todos los sueños de la chavalería.
De poco sirve ahora hacer trampas.
Se han marchado todos.
No queda nadie en San Valero.
Porque el que pierde, la paga.

Diego Hermoso

Puede ver su blogs

http://diegohsmar.blogspot.com/2009/11/el-futbolin.html

El futbolín

Sé que a muchos de vosotros os gusta la escritura. Así que ya es hora de sacar esos relatos que tenéis ahí bien guardados en vuestros cajones y los deis a conocer. Si queréis enviar vuestros textos podéis hacerlo a través del correo electrónico.

También sé que a muchos de vosotros os gusta la fotografía. Pues también es hora de que mandéis esas fotos que con tanto cariño y celo guardáis para no sé que concurso o que no queréis dar a conocer por miedo de que os copien el motivo. Así que os animo a que enviéis también por correo electrónico vuestras fotos que puede servir de inspiración para algún relato. Eso sí que no ocupen más de un megabyte. Así lo han hecho Jesús Arenales y Alicia González.

 Hoy os propongo que pongáis título a esta foto de Alicia González y le dediquéis algunas letras. El título El futbolín es una etiqueta obvia que yo le he puesto. Pero os animo a escribir un pequeño relato, microrrelato, poesía o lo que os inspire (no más de mil palabras). No hay premio. Lo siento. De momento somos pobres, pero tal vez pronto cambie la cosa. La única recompensa es verla aquí publicada, en esta web y los mejores pasaran a la edición electrónica de Revista Atticus. Hasta el 12 de diciembre hay tiempo para que entren en el número 9 que saldrá a finales de ese mes.

Claro. No podía ser de otra manera. Con el ejemplo se predica. Así que me he animado y os dejo mi relato que lleva por título: Vaya potra.Montaje Futbolin

¡Vaya potra!

- ¡Vaya potra que tienes tío!

- De eso nada.

 Algunos días nos pirábamos la clase para ir a jugar a los futbolines.

 De eso hace ya unos cuantos años. Lo habitual entre nosotros era jugar en el patio de la escuela, jugar en el recreo o sino en cualquier lugar callejero. Por aquel entonces la calle era un buen lugar. También había muchas explanadas ya que existían innumerables solares sin edificar pues eran tiempos en los que el boom inmobiliario tan solo era una quimera.

 El juego preferido era sin lugar a dudas el fútbol. Pero existía la versión de sobremesa que no exigía ni el balón de reglamento, ni las porterías, ni la red, por cierto que ésta última en mis tiempos era un lujo. Solo se vestían las porterías con la red en los partidos oficiales, cuando se pintaban las rayas del campo y el árbitro acudía a intentar poner orden. Los linieres era otro lujo que solo era accesible para las finales de los distintos campeonatos.

El futbolín, el fútbol de sobremesa era un divertido juego que nos ocupaba unas cuantas horas. Tenía una pequeña pega. Mientras que en el patio de la escuela en el momento que nos juntamos una decena de chavales nos poníamos a jugar sin más, para el futbolín había que disponer de dinero para jugar. Sí, de acuerdo que era barato, pero había que tener perras para jugar.

 Se podía jugar un uno contra uno. Parecías el hombre orquesta, ahora con el portero, ahora con la delantera, de aquí para allá  siguiendo la bola. También podía ser un dos contra uno cuando no te quedaba más remedio. Lo habitual en el juego era disponer de un buen compañero. Esas eran las partidas buenonas, las de dos para dos y la partida por antonomasia era de la de echar un pierdepaga. Había amigos que se especializaban en la portería, que hacían de la defensa, de los tres zagueros, un autentico bastión infranqueable. Si alguna de las bolas pasaba ya estaba el portero que hacía verdaderos alardes para realizar unas paradas de ensueño y eso que estaba sujeto por la barra fija. Había veces que parecía volar en busca de la bola. Y luego dominaban el arte de sacar. Un buen saque, rápido y dirigido, podía ser medio gol. Me acuerdo de un saque que era poniendo al portero en horizontal, boca abajo y la bola situada en sus corvas. Con un giro de muñeca plantabas el saque en medio de tu delantera. Estos amigos, los porteros, eran muy apreciados. Pero los que se llevaban todo el protagonismo, como sucede con el fútbol, era los delanteros. Es más ahora mismo recuerdo la frase un tanto despectiva: “venga tú de portero”. Además solían ser los chuletas de la panda. Un chaval canijo y apocado para portero vale, pero para delantero pues como que no. Los delanteros eran habilidosos como pocos. Era imposible creer como con un sibilino toque de muñeca te hacían un regate que dejaban al defensa doblado y al portero a verlas venir.

 Las buenas partidas estaban rodeadas de una gran expectación. Se procedía a elegir la mesa dentro de los futbolines. Se sabía que una u otra tenía caída. Luego también conocíamos alguna mesa que con algún pequeño truco te podías estar prácticamente jugando toda la tarde porque manipulabas el tirador de descarga de las bolas. Aquellas partidas no tenían tiempo, eran reguladas por lo que tardabas en jugar ocho bolas. Luego ya fueron reduciendo el número y los encuentros eran más cortos. Una vez elegida la mesa había que elegir el equipo. Mirábamos las barras porque había unas que corrían mejor que otras, eran más ligeras. Claro que alguno solventaba la situación con un escupitajo a falta de mejor lubricante. El partido empezaba con un saque al medio, de lo más imparcial posible. Golpeabas la bola en el borde de la mesa como si fueras a cascar un huevo y zas… que ruede la bola por el medio de la mesa. Luego con cada gol el saque le correspondía al equipo que había encajado el tanto y lo hacía desde la zaga.

 Había un recurso que era objeto de vivas discusiones. La contra. “No vale, no vale por que has hecho la contra”. La contra consistía en un hipotético golpeo al aire cuando el contrario iba a sacar. Lo solían hacer los delanteros frente a los defensas cuando estos se disponían a sacar la bola. De el resultado de esta acción era que se producía un rebote violento que sorprendía al portero más avispado. Así que antes de iniciar el juego había que dejar bien claro si valía o no valía la contra.

- Venga ¿echamos un futbolín?

- Vale.

- Un pierdepaga. Y no vale la contra.

- ¿Por qué no?

- Pues por qué no. Y tampoco dar vueltas.

- Vale. Tú, Juan, conmigo de portero.

- Bueno, pero luego cambiamos.

 - ¡Goooool!

- Desde luego la primera que tiras y gol. ¡Vaya potra! Potra no, chorra, tienes una chorra que ni sé.

- Tú si que tienes. Venga saca y calla ya.

Luisjo

Redimir la realidad

WDSC_6962Alguna vez dijo Paco Umbral que “la realidad hay que inventarla siempre a partir de cuatro datos que nos da la vida, que utopizar es salvarse de la realidad”. Él se refería claro está, a inventar a través de la escritura, pero lo cierto es que la realidad se puede rescatar de otras maneras, se puede sublimar. Se puede conjurar con lectura la rutina y  someterla con palabras como un dragón desvencijado, cuyo fuego, después del prodigio literario ya no puede quemarnos.

Las ciudades las forman las personas, y allí donde haya algún espíritu inquieto, lo provinciano pasa a ser tan sólo un desgastado adjetivo. Desde el mes de agosto, una nueva librería apellidada LETRAS intenta abrir, no diríamos siquiera un camino, sino por el momento una pequeña trocha, una minúscula vereda en el oficializado sopor intelectual de la ciudad de Ávila. No va a ser fácil, pero había que intentarlo, era necesario presentar alternativas culturales desde el ámbito privado. Después de las distintas actividades que viene realizando la librería de San Roque 12 desde su apertura, hoy saludamos el nuevo club de lectura que arrancará en breve, el primero en florecer lejos del jardín de las bibliotecas públicas. Bienvenida sea esta iniciativa.

No se parte de cero, aunque la experiencia sea nueva. Para todo viaje serio (“maravillosa aventura es la lectura”, que diría mi hija de ocho años) se precisan guías  despiertos y apasionados, personas como Concha Dávila, que armada de ilusión y de metáforas, ha decidido someter la memoria y el futuro a la gramática. Por increíble que parezca, ante la anestesia digital ciudadana que vivimos, no deja de ser subversivo el que unas cuantas almas se concilien en torno a la lectura e intenten convertir lo subjetivo en colectivo.

La Librería Letras, con Gemma Orgaz a la cabeza, será el templo donde sobre una especie de tabla redonda castellana, se sacrifique un libro cada cierto tiempo. Un sacrificio incruento de letra impresa que permita a sus participantes encender la llama sagrada de la buena literatura, una llama que salve las murallas físicas y mentales, una luz de palabras que ilumine nuestros pasos hacia la tierra del conocimiento.

 

 

                                                             Juan Antonio Sánchez Hernández

Fallo del I Concurso de Microrrelatos Bernardo del Carpio

WDSC_9189En primer lugar, pedimos disculpas a los participantes  por la demora en dar a conocer el resultado del fallo de este concurso.

 También damos las gracias desde aquí a todos los concursantes por su participación. 

   La organización del mismo quedó desbordada ante la respuesta recibida en esta primera convocatoria.

    La concejalía de cultura de esta pequeña población de Carpio Bernardo (Provincia de Salamanca) propuso el certamen integrándolo en el programa de fiestas de San Miguel 2009, con el propósito de reivindicar la figura de Bernardo del Carpio, nuestro héroe local. ¿Por qué a través de un evento literario? Precisamente porque Bernardo de Carpio fue durante siglos fuente de inspiración para muchos literatos. Algunos de la talla de Lope de Vega (Félix Lope de Vega Carpio) que decía ser descendiente del personaje en cuestión llegando a utilizar como suyo el escudo de armas de Bernardo.

Está documentado el hecho de que Miguel de Cervantes murió sin dejar terminada una novela  narrando las gestas del buen Bernardo. Y la lista no termina aquí. Pero quizás sea mejor resumir la leyenda:

Bernardo del Carpio  

Bernardo tuvo como padres a dos amantes furtivos que pagaron cara su osadía. La progenitora, Jimena, era la hermana del Rey Alfonso II el Casto. Éste montó en cólera al recibir la noticia del ayuntamiento no consentido por él. Al conde de Saldaña, padre de la criatura, lo encerró en el castillo de Luna (tras sacarle previamente los ojos) y a la madre la confinó en un convento de por vida.

  El niño no dejaba de ser sobrino del monarca y este lo trató como tal, sin resentimiento alguno. Creció en la corte y se convirtió en un formidable guerrero. La felicidad del muchacho se truncó el mismo día que conoció, por medio de una confidencia, la suerte de sus padres. Inmediatamente rogó al rey su liberación. Y este se negó. Así hicieron sucesivamente los herederos de la corona.

  Ante la negativa de un tercer monarca nuestro caballero deja de suplicar. Se  harta… y se rebela.

   Es en este momento cuando decide fundar el núcleo inicial del actual poblado de Carpio Bernardo, construyendo un castillo e invitando a repoblar el entorno. Así lo atestigua la crónica general de Alfonso X.  Y desde aquí lucha contra el reino de León, en una forma bastante explícita de renunciar a la supuesta “nacionalidad” leonesa que algunos le atribuyen.

  Al final el rey leonés consigue engañar a nuestro buen Bernardo. A cambio de la fortificación (cuyas ruinas aún pueden visitarse hoy día en Carpio Bernardo) libera al padre… ¡muerto! Bernardo, despechado, decide exiliarse definitivamente.

  WDSC_6960byn

 Este es un resumen extraordinariamente somero de una preciosa leyenda recogida en unas cuantas obras literarias.

   La novedad es que Bernardo parece poder saltar del mundo legendario a la historia con más fuerza que nunca. En un  congreso internacional celebrado hace poco tiempo en Oviedo algunos historiadores aportaron datos en este sentido. Pero esto es ya otro asunto…

 Carlos Sá

Miembro del jurado

    

El jurado resuelve que el microrrelato ganador del I Concurso Bernardo del Carpio es el que lleva por título Autobiografía de un inoportuno siendo la autora María  Jesús Arias Vega, con residencia en Bilbao.

Nuestra más sincera enhorabuena.

 

                            AUTOBIOGRAFÍA  DE  UN  INOPORTUNO

 

Nací a las uvas de una nochevieja  y me casé la tarde del 23 F.

Un día pasé sin llamar y encontré a mi jefe probándose un biquini.

Cuando me sentí indispuesto y volví pronto a casa, sorprendí a mi mujer acostada con su amante.

Soy inoportuno y generoso. A mi madre le invité a una gran cena  con mi primer sueldo. A los invitados a la boda les di barra libre al día siguiente. A mi jefe le regalé unas ligas rojas. Y a mi  mujer un fin de semana para dos en un  parador.

  Desde Revista Atticus hacemos publico el fallo del concurso y felicitamos a todos cuantos han participado en el mismo dando, en especial, la enhorabuena a la ganadora del I Concurso de Microrrelatos Bernardo del Carpio, María Jesús Arias Vega.

 Page 2 of 3 « 1  2  3 »
Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes