Archivo para Noviembre, 2009

El descendimiento de Roger van der Weyden

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El descendimiento de Roger van der Weyden en el  Museo del Prado

Desde casa podemos hacer una visita virtual a una de las grandes obras maestras que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid.

José Miguel Travieso a través de su blog nos ofrece su pormenorizado comentario y pone a nuestra disposición unas bellas y excelentes fotografías. Desde aquí nuestra más sincera enhorabuena y el ánimo para que siga ofreciéndonos esos bellos artículos.

 Entrar en el links (a la derecha) de Domus Pucelae o en el siguiente enlace.

http://domuspucelae.blogspot.com/2009/11/visita-virtual-el-descendimiento.html

Aprovecho para recordaros que seguimos esperando vuestros relatos sobre El futbolín y vuestras fotos hasta el día 12 de diciembre tenéis tiempo.

Juventud, madurez y vejez

Camilla Claudel y su obra La edad madura

Camille ClaudelSe ha escrito mucho sobre las relaciones atormentadas de algunos de los grandes genios del arte. Por poner algún ejemplo. Son muy conocidas las relaciones tormentosas que Picasso tuvo con las mujeres, muchas de ellas pasaron del estudio a la cama y de ahí al lienzo, o al revés. También han sido objeto de estudio las relaciones que mantuvieron Amadeo Modigliani y Diego Rivera con Jeanne Hebuterne y Frida Kahlo, respectivamente. Me he vuelto a topar con una gran historia de amor y odio, de pasión y de desdén. Se trata de la relación entre dos grandes escultores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX: Auguste Rodin y Camille Claudel. Hoy me gustaría centrarme en la figura de la artista, una gran escultora incomprendida en su tiempo (cuando la intelectualidad era un prerrogativa del hombre) y que solo después de más de treinta años de su muerte alcanzó el reconocimiento unánime.

Camille Claudel (1864 – 1943) fue una escultora francesa que vivió a la sombra de uno de los grandes maestros escultores decimonónicos: Auguste Rodin (1840 – 1917). Una mujer fuera de lo común. Tuvo que enfrentarse a su época y a su propia familia para poder dedicarse a la escultura y poder vivir junto a su gran amor, Rodin. Lo tenía todo para triunfar: belleza, talento, inteligencia y coraje.

 Nació en Villeneuve-sur-Fère (región de Aquitania). Quería ser artista y tenía predisposición para el manejo de la arcilla. Con el apoyo de sus padres (circunstancia poco habitual en la época) una joven Camille se presentó en París en 1881. Vivió en Montparnasse asistiendo  a la academia Colarossi.

 En 1883 tuvo su primer encuentro con Auguste Rodin. Al año siguiente entró a estudiar en su taller y se convirtió, con el paso del tiempo, en colaboradora y amante. Desde muy pronto Rodin descubre la intensidad de su pasión frente a la reserva y distancia dominada por Camille.

Rodin era un hombre maduro (43 años) cuando conoció a Camille Claudel (18 años). Desde hacía más de veinte años vivía con Rose Beuret. Como fruto de esa relación tuvieron un hijo. Frente a Rose, Camille representaba la juventud, la inteligencia. Era hermosa, inquieta y culta. Y era artista. Y esto supuso una gran atracción para Rodin. Esta admiración se tradujo en una pasión violenta. Al principio Camille trató al maestro con cierto desdén. Era joven y los halagos de un hombre maduro y admirado hicieron de Camille una persona arrogante. La pasión de Rodin llegó al límite hasta el punto que como un loco enamorado descuido su trabajo. En 1886 no presentó ninguna obra para el Salón (había confesado en una carta a Camille que se encontraba en Inglaterra que estaba dispuesto a renunciar a todo salvo a ella). En septiembre de 1886 Camille, por fin, pareció rendirse a los deseos del maestro. Firmaron un curioso contrato que solo parece obedecer a una broma entre ambos. Apenas cumplieron con alguno de los acuerdos. El más significativo de ellos fue la promesa de matrimonio que hizo Rodin, entre otras cosas porque el maestro se enamoraba de casi todas sus alumnas y modelos.

 Hasta 1892 vivieron años relativamente felices compartiendo aficiones y viajes. Se produjo la ruptura en los primeros meses de 1893. Pero los encuentros esporádicos se mantuvieron hasta 1898. Camille se distanció no solo de Rodin sino también de su familia. El aislamiento y la incomprensión hicieron mella en su férrea voluntad. Tuvo los primeros brotes de locura. El 3 de marzo de 1913 moría su padre, Louis-Prosper Claudel. Su padre fue una de las pocas personas que le comprendió. Una semana después del fallecimiento su madre firmó los papeles para el internamiento en un psiquiátrico en Ville-Evrard siendo sacada a rastras de su propia casa. Bajo el diagnóstico de manía persecutoria y delirios de grandeza, fue encerrada, no volviendo a salir jamás, pese a los informes favorables de alguno de lo médicos que le atendieron. Su hermano Paul tampoco movió un dedo por ayudarla. Madre e hijo no accedieron a que le visitaran ni a que mantuviera correspondencia con nadie. En 1917 moría Rodín, un clavo más sobre su ataúd. No se sabe si quiso o no asistir a su funeral pero lo cierto es que no salió de la institución.

El 19 de octubre de 1943, sola, en total abandono, olvidada por todos y con la mayoría de sus obras destruidas por su propia desesperación murió en el sanatorio de Montdeverguer (la trasladaron allí en 1914). Dejó escrito: “No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida en un sanatorio, merecía algo más”.

Si los últimos años de su vida fueron trágicos, el colofón lo puso su enterramiento. Ni su propio hermano (diplomático, dramaturgo y poeta) acudió al funeral. Fue enterrada en una tumba sin nombre, con tal solo una inscripción: 1943 nº 392. Pero el espíritu de Camille revoloteaba en el ambiente parisino. La muerte de Paul Claudel en 1955 levantó el veto que había en la familia sobre Camille Cludel y sus descendientes quisieron dar una sepultura digna. Se pusieron en contacto con los dirigentes de Montdeverguer para reclamar los restos mortales. La institución contestó que se había desecho del féretro, depositado en un pequeño cementerio, porque necesitaban el espacio para una ampliación del hospital. Olvido, muerte y, tristemente, desaparición.

Las primeras creaciones de Claudel están marcadas por la influencia de su mentor, Rodin, aunque con un toque personal y femenino. Pero después se opondrá frontalmente a él. Auguste Rodin pronto es ensalzado y, por el contrario, Camille, se verá metida en un infierno que le llevará a retirarse en vida y sumida en el olvido no solo del propio Rodin sino de su familia.

 Camille expuso de manera regular y en 1895 recibió un encargo oficial del estado francés. Es decir, que su arte se valoraba independientemente de la colaboración que emprendió con Rodin. A pesar del amor entre ambos artistas, su relación resulta complicada, conflictiva y llena de altibajos, con continuas idas y venidas.

L’Âge mûr o La edad madura

Camille Claudel Escultura Edad Madura 1Camilla Claudel recibió su primer gran encargo, por parte del estado francés, en 1895. Para cumplir con él, materializó la obra: L’Âge mûr, conocida también por La edad madura.

 Su relación con Rodin ya había acabado (la ruptura se produjo en 1892, aunque mantuvieron encuentros esporádicos hasta 1898). Es muy posible que la influencia del maestro fuera decisiva para que el encargo recayese en Claudel bien por su intersección o bien por mediación de otra persona ante Bellas Artes.

 La obra La edad madura está inspirada en su propia vida, en la visión que ella tenía de su relación con Rodin.

 Es una obra original, abierta, con una línea compositiva en fuerte diagonal marcada por la mirada de la joven hacía el adulto y subrayada por los brazos de ambos. Para la artista supuso un reto técnico afrontar la composición de tres figuras alejándose del concepto promulgado por el Ministerio de Bellas Artes. Desecha un eje central para expandir su composición en horizontal. También abandona la relación escultura y pedestal. En L’âge mûr la propia base cumple una función. Asemeja a una ola encrespada pero también asemeja a un barco imagen que queda subrayada por el revoloteo del manto de la figura de la vejez. Esta alegoría se ha puesto tradicionalmente en relación con el Destino.

Es un conjunto escultórico formado por tres piezas. Alude claramente al triángulo amoroso. Por un lado Rodin (madurez) parece caminar, pensativo, con desgana. Avanza su cuerpo pero deja su mano atrás donde se encuentra postrada de rodillas Camille (juventud) que implora y trata de retener al hombre maduro, al amor de su vida, al maestro, al artista, al compañero. Mientras una figura revolotea sobre Rodin acompañando con un gesto cariñoso. Es la propia Rose (Vejez) que parece susurrarle al oído no te preocupes yo estoy contigo, déjala.

 El cuerpo de la madurez refleja el proceso de envejecimiento. El rostro con arrugas, la cabeza calva, los músculos han perdido la firmeza, las manos acusan cierta deformación por el reumatismo y la carne ha perdido la tersura formando pliegues.

La vejez muestra de forma clara las huellas del paso del tiempo sobre su cuerpo: el esqueleto se marca bajo la piel, en las manos afloran los síntomas del reumatismo, los ojos hundidos  y una mirada penetrante.

 La juventud es el contrapunto de las dos figuras anteriores. Los esfuerzos de la artista se concentraron en el rostro de la joven. La forma de abrir los ojos, la concentración de la mujer en la mirada, la inclinación de la cabeza, la tensión en los músculos, todo ello está realizado para acentuar la mirada de la joven. Es el único punto de encuentro con el grupo de la izquierda. La artista lo subraya con el lenguaje del cuerpo, extendido hacia delante, y los brazos alargados hacía la figura de la madurez.

 Claudel va más allá. Más que su historia personal lo que quiso es reflejar las relaciones humanas. Quiso inventar una configuración expresiva de la idea del Destino representada por las tres edades del Hombre. Realiza una obra simbólica. Alcanzada la madurez el hombre se siente atraído por la juventud a la que tiende una mano. Por un lado no quiere abandonar la juventud y por otro lado no quiere desdeñar el amor de una joven. La vejez acoge en su seno a la madurez como un refugio frente al amor impetuoso de la juventud, situado en uno de los extremos. La figuras aparecen desnudas. Nada viste a la juventud gozosa de su cuerpo sin arrugas. Apenas está cubierto el cuerpo de la madurez aunque si que parece que la vejez lo envuelve con su propio manto que revolotea alrededor de ambas figuras. El drapeado de ese manto sirve para dar la sensación de avance en la marcha que emprenden hacia el Destino, en esa línea de vida que va de la juventud a la madurez y al final, la vejez.

 L’âge mûr fue la obra maestra de Camille Claudel. Fue su obra. La presentó al Salón de 1899, no sin antes haber trabajado durante muchos años volcando todo su conocimiento y maestría en busca del reconocimiento profesional.

Por último, su hermano Paul Claudel al ver la obra manifestó:

“Mi hermana, implorante, humillada de rodillas, está soberbia, está orgullosa, y sabe lo que se desprende de ella, en este mismo momento, delante de su mirada, de su alma”.

 Luis José Cuadrado Gutiérrez

El futbolín: Pares o nones

Pares o nones

Siempre recuerdo aquellas tardes de domingo, cuando quedaba con los amigos después de comer y nos íbamos todos juntos a los “recreativos”, donde comprábamos un duro de chuches o pipas y enseguida sorteábamos los equipos para jugar al futbolín.

Aquella tarde, la recuerdo como una más de las muchas otras que pasamos allí, pero lo que entonces no sabíamos es que iba a ser especial. Antonio, moreno, alto, cejijunto, enseguida se plantó al lado del futbolín, y con su voz de bajo profundo, dijo: -Venga, vamos a sortear.

Juan, despeinado, con su mata de pelo rebelde saliendo para cualquier lado, sonrío de medio lado.

-¿Ya?, que prisas por perder, se ve que aun te escuece la del domingo pasado.

-Eso no es verdad, si nos ganasteis fue porque el “Búho” nos cortó.

El “Búho”, era el encargado de la sala de juegos, siempre con un guardapolvo gris y unos anteojos de cristales gruesos, por los que la clientela de chicos, le había apodado así.

-Si, porque tú te empeñaste en levantar el futbolín, para que la pelota se colara por nuestra portería.

-Eso es mentira, lo único que pasa, es que este futbolín esta mas viejo que Matusalén, y se atascan las bolas.

-Bueno-, dije yo. Dejad ya la discusión y vamos a sortear, que a este paso nos da la hora de irnos a casa.

-Está bien, yo elijo a Paco, dijo Manolo.

-Tú no eliges a nadie, porque elegimos nosotros, pasmado.

Manolo, era el despistado del grupo, siempre en las nubes, saliendo con las cosas mas peregrinas cuando menos te las esperabas.

-A Paco, lo elijo yo, porque la otra vez él jugó contigo, Juan.

-Vale, entonces me pido al “Patata”. Éste era un chico bajito y cejijunto, que por motivos hormonales de la adolescencia, tenía la cara como una paella, y además una nariz regordeta que surgía de la misma como un pimiento. Por todo ello se le había quedado ese mote.

Entonces, está bien, la cosa queda así, el “Patata”y Manolo conmigo,  tú vas con Juan y Paco. ¿Vale?

-Está bien, pero vamos a ponernos que nos van a dar las uvas.

Nos distribuimos, a ambos lados del futbolín, yo me hice cargo del portero, dispuesto a no dejarme colar ni una.

Antonio, sacó un duro reluciente de su bolsillo, con gesto decidido, lo introdujo en la ranura y tiró del pomo que accionaba el cajetín de las bolas, y estas, obedientes, cayeron resonando en la tronera.

pares o nones bynCerró la otra mano, miro a Juan que le esperaba con la suya a la espalda, y preguntó.

-¿Pares o nones?

-Pares.

-Un, dos, tres. Las manos surgieron, raudas como pistolas de detrás de la espalda. Se contaron los dedos y gano Juan.

Éste cogió la bola con cuidado, mirando su rugosa superficie como si le fuese a desvelar el secreto para ganar. La colocó con cuidado entre las dos filas de jugadores más cerca de los suyos claro está y concentrándose lanzó un trallazo directo a mi puerta. Paco, como defensa, no dejó pasar el obús devolviéndosela con un giro de muñeca hasta la misma portería, donde “Patata” apenas tuvo tiempo de ver por donde le venía el tiro y se la colaron.

Bronca, por parte de Manolo, y sacada rápida de Antonio, que se la pasó a Manolo hacia atrás en una jugada de las suyas, que si le salía bien, como así sucedió, te las colaban sin ver, porque no te la esperas.

Esta vez la bronca me cayó a mí, por mi despiste. Durante un tiempo estuvimos en ese plan, una vez metían ellos, y la siguiente nosotros, hasta que por fin, en la última bola, estábamos igualados a un punto quien metiese ahora, ganaba el juego.

Nos tocaba sacar a nosotros, Juan, se preparó con cuidado, colocando la bola delante de su línea de jugadores, escupió en la barra y la movió para darla mas soltura. Sonrió y con un fuerte golpe lanzo la bola contra la portería.

Antonio, le cortó el tiro poniendo a su jugador delante, y mandándola cruzada  al otro lado. Rebotó contra la esquina y Paco se la devolvió, pero la cortó de nuevo. Esta vez, se entretuvo en pasarla de un lado a otro de sus jugadores, centrando el tiro, mientras yo movía mi portero también.

Luego, con una palmada repentina, hizo girar su barra como un molinete, lanzando un cañonazo contra mi portero.

El golpe fue tan tremendo, que la cabeza del pobre portero, salio disparada, rompiéndome las gafas y encima, el “Búho”, haciendo honor a su nombre, se dio cuenta del estropicio y nos hecho a todos a la calle.

Total, que no pudimos desempatar y encima mi madre me pegó una bronca de las que hacen época.

Pasó la semana, y volvimos a quedar, para echar el desempate. Pero cual fue nuestra sorpresa, cuando al entrar en los “recreativos” en lugar de nuestro viejo futbolín, nos encontramos con una maquina de “matar marcianos” que además era más cara, cinco duros la partida y solo podía jugar uno cada vez.

Le pregunté al “Búho”, que había pasado, y el me contestó, que el futbolín ya estaba muy viejo, y lo había cambiado por esa nueva maquina.

Abandonamos los recreativos con una sensación de haber perdido algo importante, algo que ya no volvería a ser igual. Por muchas luces y musiquíllas que tuviese, la maquina nueva no podría reemplazar nunca aquellos partidos de los domingos por la tarde, con los amigos, mientras imaginábamos ser el Madrid o el Barsa, o el Real Valladolid, aunque los jugadores, ya viejos y despintados, muchas veces no se distinguiese bien a que equipo representaban. Que más daba, eran nuestros equipos y eso ninguna maquina lo pudo sustituir.

Mogo

Día Mundial de los Derechos del Niño

Día Mundial de los Derechos del Niño

wbdl6cNingún niño puede estar trabajando.

Niños de todo el mundo son usados para el enriquecimiento de los adultos. Son víctimas del tráfico sexual, del abuso laboral y, con frecuencia, como carne de cañón en los conflictos armados.

En muchos países las bandas de delincuentes controlan el negocio y pagan entre diez y cuarenta euros a las familias por “comprar” a sus hijos con la promesa (muchas veces falsa) de proporcionarles un techo y una comida.

Pero estos niños son usados como mano de obra barata y, a menudo, son también víctimas de redes de prostitución.

La trata de niños está muy relacionada con la demanda de mano de obra barata, dócil y fácilmente maleable. Violan sus derechos humanos más elementales ya sea porque trabajan en unas condiciones lamentables (minas, exposiciones insalubres, riesgos laborables por falta de seguridad, etc) o porque los niños realizan trabajos peligrosos para su salud y desarrollo. Un niño debería de estar en el colegio, aprendiendo, relacionándose con sus semejantes y jugando. El trabajo no es un juego ni un modo de desarrollarse. Basta ya de tanto abuso, de mirar para otro lado y de que aquí no pasa nada. La explotación infantil es una forma de esclavitud en pleno siglo XXI.

 Hoy 20 de noviembre se celebra el Día Mundial de los Derechos del Niño conviene echar un repaso a cuáles son para que el resto del año los tengamos muy presentes.

 A partir de la promulgación de la Convención de 1989 se ha ido adecuando la legislación interna a los principios contemplados en la Declaración. Aunque la legislación y el sistema jurídico de cada país suele ser diferente, casi la totalidad de los países han ido consagrando medidas especiales para su protección, a nivel legislativo e incluso derechos constitucionales. Entre los Derechos del niño tenemos:

  1. Los niños tienen derecho al juego.
  2. Los niños tienen derecho a la libertad de asociación y a compartir sus puntos de vista con otros.
  3. Los niños tienen derecho a dar a conocer sus opiniones.
  4. Todos los niños tienen derecho a una familia.
  5. Los niños tienen derecho a la protección durante los conflictos armados.
  6. Todos los niños tienen derecho a la libertad de conciencia.
  7. Los niños tienen derecho a la protección contra el descuido o trato negligente.
  8. Los niños tienen Derecho A La Protección Contra El Trabajo Infantil.
  9. Los niños tienen derecho a la información adecuada.
  10. Los niños tienen Derecho A La Libertad De Expresión.
  11. Los niños tienen Derecho A La Protección Contra La Trata Y El Secuestro.
  12. Los niños tienen derecho a conocer y disfrutar de nuestra cultura.
  13. Los niños tienen derecho a la protección contra las minas terrestres.
  14. Los niños tienen derecho a la protección contra todas las formas de explotación y abuso sexual.
  15. Los niños tienen derecho a la intimidad
  16. Los niños tienen derecho a crecer en una familia que les dé afecto y amor.
  17. Todos los niños tienen derecho a un nombre y una nacionalidad.
  18. Todos los niños tienen derecho a la alimentación y la nutrición.
  19. Todos los niños tienen derecho a vivir en armonía. Niño

 

Luisjo

Estrella fugaz

ESTRELLA FUGAZ

Chica relato fugazHubo un tiempo en el que me sentía atado y no sin razón, pues estaba prácticamente encadenado. Lo cierto es que al principio no me daba cuenta. Imagino que porque me sentía acompañado, formando parte de un equipo… y nunca ha sido una gran idea dejarse anular por la masa. Con el horizonte limitado por cuatro paredes, sin más objetivos que jugar partida tras partida. El olor del tabaco impregnado en mi ropa, música de los años 80 acompañando cada jornada, aquellas cervezas que a veces escapaban de los vasos y regaban el terreno de juego. Precisamente en medio de uno de estos incidentes conocí a Alicia. Sonaba aquella canción chorra de los Hombres G, la de “Sufre mamón”, ¿la recordáis? Pues Alicia entró en el bar tarareándola, princesa con un séquito de tres súbditos, que en un principio hacían lo que ella quería, hasta que a ella le encajó el zapatito de cristal que le ofreció Nacho, y se cambiaron los papeles: ella empezó a hacer todo lo que él ordenaba. Al primer segundo me enamoró su ingenuidad, es como si bajo sus pies asomara el cascarón del huevo del que pretendía salir airosa. Algo parecido al nacimiento de Venus de Botticelli pero en versión granja. Porque junto al cascarón también despuntaban algunas plumas de la edad del pavo… pero era Alicia semejante a una diosa de quince años.

La chica entró directa y se apoyó sobre el futbolín, para evitar que otro grupo se les adelantara. Contaban con el tiempo del recreo para echar alguna partida fugaz. Nacho y sus colegas fueron directos a la barra a pedir unas cervezas. ¡Cervezas! Debían de ser los malotes de la clase, pues estudiaban en un colegio pijo cercano. Alicia les gritó que ella prefería una Coca Cola. En ese instante bajó la mirada y se cruzó con la mía. Ella no notó nada, lo sé, pero a mí me empezaron a temblar las piernas, el aire se volvió denso, casi tóxico. Recé porque alguien abriera la puerta del bar y se colara el viento otoñal que hacía bailar las hojas en el patio del colegio de Alicia. Alicia mordisqueándose las uñas, Alicia soñando con Nacho y su Vespino blanco, Alicia acariciando el vaso de refresco helado. Y el vaso que tropieza con la cerveza de un chaval, y ambos líquidos se derraman bajo mis pies. Entonces la risa de Alicia con berretes de patatas bravas rompe la tensión con la humillante frase: “¡Mira, Nacho, parece como si los futbolistas se hubieran hecho pis!”. Y yo mirando bajo mis botas de fútbol el charquito acusador. Y dudando por un momento si realmente no me habría hecho pis por los nervios. Qué asco. Nacho con la excusa perfecta para reír junto a ella, la abraza por la espalda, prolongan el contacto unos segundos más de lo necesario. No, horror, porque ahora deshacen el abrazo pero se quedan cogidos de la mano. Por suerte el camarero les presta una bayeta y el de las gafas inicia la partida. Imposible jugar al futbolín con las manos entrelazadas.

Así se sucedían las estaciones y las evaluaciones de Alicia. Como buena estudiante, la vi celebrar muchos aprobados, a pesar de que su brillante expediente se oscurecía un poco por la mala influencia de Nacho, su primo, y el de las gafas.

Un día Alicia y sus amigos decidieron prolongar el recreo más de la cuenta. Se habían picado en torno al futbolín con unos chicos del instituto. En el partido de desempate Alicia me eligió a mí: “¡Yo de portero!”, anunció. Y juntos luchamos contra gigantes, derribamos murallas, conquistamos nuevos mundos… en fin, que paramos el gol que podría habernos llevado a la derrota. Entonces sucedió. Alicia inclinó su hermoso cuerpecito adolescente hacia mí, y coronó mi pequeña cabeza con un triunfal beso. Y no os lo vais a creer, pero cuando el bar quedó desierto, ante la atónita mirada de mis compañeros de equipo y también de mis rivales, cobré vida humana.

Me revelé como una gran promesa del fútbol, varios clubes de primera se disputaban mi fichaje interplanetario. Inicié una meteórica carrera, fui lanzado al estrellato. Y ahora que soy galáctico y que la prensa rosa me fotografía con modelos, cada vez que me adormezco en los vuelos arrullado por el acento argentino de algún compañero, no puedo evitar estudiar mi reflejo en la ventana del avión, y me digo a mí mismo que cambiaría varios ceros de mi cuenta corriente, y hasta mi libertad, por aquel beso con el que Alicia cambió mi destino.

 

Berta Cuadrado Mayoral

Sobre el futbolín. Reflexión

Reflexión

Futbolin aAclarada la técnica en torno al futbolín, mi reflexión me lleva a tiempos de recuerdos, de nostalgia, de compañerismo, de frustraciones, de castigos… De todo ello tuvo la culpa el futbolín.
El primer recuerdo que tengo de ello es recién salido de la madriguera de mi pueblo, años 60, cuando me trasladé a Valencia de Don Juan a estudir en el colegio de los Agustinos.
El que primero llegaba a la sala de juegos tomaba posición. El Padre Maestro distribuía la bola, el futbolín era gratis, y el que tenía la bola iniciaba el juego. Mi primer sobresalto ocurrió después de topecientos días de no pillar ni futbolín ni bola; el Padre se me acerca, se fija en mí, y me pasa la bola. Me consideré el tío más importante, por fin alguien se daba cuenta que los de mi pueblo existían.
El segundo sobresalto me lo llevé en un intento de llegar al futbolín a plena carrera por los pasillos; estaba prohibido pero aún no había grabado en mis neuronas de pueblo que lo de correr era cuando jugábamos al fútbol y cuando nos castigaban. Allí mismito, se me quedó grabado para siempre.
El dicho Padre Maestro me llevó al patio, y a diez incautos más. Imaginen la escena: Diciembre, tiempo siberiano, patio con un dedo de ‘carámbano’, aún no había llegado el cambio climático y cuando tenía que hacer frío, hacía frío, no como ahora que cuando tiene que hacer frío, ves a los jovencitos en mangas de camisa. Bien, continúo con la grabación de neuronas:
-Descálcense pollinitos, -era una de las frases cariñosas que me quedó grabada, a fuego y a frío-. Denme 125 vueltas al patio, -desconozco porqué siempre nos castigaba con un número impar de vueltas-.
No me salía del cuerpo ni el color ni el calor. Iván, más atrevido pregunta:
-Padre, ¿podemos quitarnos los calcetines?
-No, pollinito, que los calcetines los paga tu padre.
De aquella dicha, se me quitaron los sabañones…, y las neuronas y el futbolín se quedaran grabados para mi eternidad.
Sigue valiendo la expresión, ¡vaya potra!, lo que aprendí en torno al futbolín. Otro día más.

Un saltito y me presento en los años 70, donde los pollinitos se hicieron pollos, el futbolín ya no era gratis y los sabañones pasaron a mejor vida. ¿Y lo de correr? Ya no era tan vital, ¡si pagas, no corras, te esperan!
En fin, Valladolid y la sala de futbolines que había en la calle Marina Escobar era el café, la copa y el puro de mis años 70; bueno el presupuesto daba para unas pocas partidas y un Celtas, corto y sin filtro…, y sin música, todavía no estaba inventado el grupo, aunque ya debía de hacer ruido por los almacenes de las Delicias.
Esas tardes de sábado invernal en la sala de futbolines forma parte de un recuerdo fascinante de juventud. Iniciamos la salida en libertad del Real Colegio, hacíamos pruebas de aspirar a todo. Amanecieron muchos atardeceres de pro-blemas; eran nuestros años posconcilares.
Bueno no me discutan que alrededor de un fubolín podíamos reflexionar sobre la Gaudium et Spes; era después, cuando regresábamos, relajados. No recuerdo quién era el ganador. Jugaba de defensa y siempre perdía. Pero no es ese el cariñoso recuerdo que tengo. Es el momento que nos juntábamos, iniciábamos el paseo por el Campo Grande, o el Campogrande, que nunca sé cómo se escribe y deambulando, hablando y discutiendo, terminábamos en torno al futbolín…, yo de defensa como siempre y a romper la bola.
Años pasaron… De aquellas juergas estos lodos. Y en los años 80, expulsado del colegio…, por malo, no lo duden, vuelvo a recordar una partida al futbolín en un pueblecito de León.
Tenía escayolada una pierna, por un triste y nefasto accidente. Nada ni nadie me divertía y la visita de esos amigos que me han acompañado en el patio ‘acarambanado’, en las tardes/noches de la calle Marina Escobar, me expulsaron de mi tristeza y en pedacitos me volví a poner en la defensa de un futbolín, rompiendo la bola…
¡Qué quieren que les diga! Efectivamente LuisJo, ¡vaya potra!
-¿Una partidita? Yo de defensa.

Tinuko

La agonía de San Valero

LA AGONÍA DE SAN VALERO
Ya no volverán a jugar, ni siquiera engañando al del mesón con la vieja artimaña de la mfutbolin 1aaoneda atascada.

Poco a poco, los brazos de las estrellas del balón comenzarán a astillarse.
Sus piernas, que tantas mañanas de escaqueo y tardes de escondite por el frío, dieron tantos goles, sufrirán la gangrena de la humedad y del tiempo.
Agonía del futbolista de bar de pueblo, martirizado, al poco de nacer, con una vara de metal atravesando y quebrando sus costillas.
La carcoma hará el resto.
Las telarañas pintarán de gris el que fue durante años el campo de juego de todos los equipos y de todos los sueños de la chavalería.
De poco sirve ahora hacer trampas.
Se han marchado todos.
No queda nadie en San Valero.
Porque el que pierde, la paga.

Diego Hermoso

Puede ver su blogs

http://diegohsmar.blogspot.com/2009/11/el-futbolin.html

El futbolín

Sé que a muchos de vosotros os gusta la escritura. Así que ya es hora de sacar esos relatos que tenéis ahí bien guardados en vuestros cajones y los deis a conocer. Si queréis enviar vuestros textos podéis hacerlo a través del correo electrónico.

También sé que a muchos de vosotros os gusta la fotografía. Pues también es hora de que mandéis esas fotos que con tanto cariño y celo guardáis para no sé que concurso o que no queréis dar a conocer por miedo de que os copien el motivo. Así que os animo a que enviéis también por correo electrónico vuestras fotos que puede servir de inspiración para algún relato. Eso sí que no ocupen más de un megabyte. Así lo han hecho Jesús Arenales y Alicia González.

 Hoy os propongo que pongáis título a esta foto de Alicia González y le dediquéis algunas letras. El título El futbolín es una etiqueta obvia que yo le he puesto. Pero os animo a escribir un pequeño relato, microrrelato, poesía o lo que os inspire (no más de mil palabras). No hay premio. Lo siento. De momento somos pobres, pero tal vez pronto cambie la cosa. La única recompensa es verla aquí publicada, en esta web y los mejores pasaran a la edición electrónica de Revista Atticus. Hasta el 12 de diciembre hay tiempo para que entren en el número 9 que saldrá a finales de ese mes.

Claro. No podía ser de otra manera. Con el ejemplo se predica. Así que me he animado y os dejo mi relato que lleva por título: Vaya potra.Montaje Futbolin

¡Vaya potra!

- ¡Vaya potra que tienes tío!

- De eso nada.

 Algunos días nos pirábamos la clase para ir a jugar a los futbolines.

 De eso hace ya unos cuantos años. Lo habitual entre nosotros era jugar en el patio de la escuela, jugar en el recreo o sino en cualquier lugar callejero. Por aquel entonces la calle era un buen lugar. También había muchas explanadas ya que existían innumerables solares sin edificar pues eran tiempos en los que el boom inmobiliario tan solo era una quimera.

 El juego preferido era sin lugar a dudas el fútbol. Pero existía la versión de sobremesa que no exigía ni el balón de reglamento, ni las porterías, ni la red, por cierto que ésta última en mis tiempos era un lujo. Solo se vestían las porterías con la red en los partidos oficiales, cuando se pintaban las rayas del campo y el árbitro acudía a intentar poner orden. Los linieres era otro lujo que solo era accesible para las finales de los distintos campeonatos.

El futbolín, el fútbol de sobremesa era un divertido juego que nos ocupaba unas cuantas horas. Tenía una pequeña pega. Mientras que en el patio de la escuela en el momento que nos juntamos una decena de chavales nos poníamos a jugar sin más, para el futbolín había que disponer de dinero para jugar. Sí, de acuerdo que era barato, pero había que tener perras para jugar.

 Se podía jugar un uno contra uno. Parecías el hombre orquesta, ahora con el portero, ahora con la delantera, de aquí para allá  siguiendo la bola. También podía ser un dos contra uno cuando no te quedaba más remedio. Lo habitual en el juego era disponer de un buen compañero. Esas eran las partidas buenonas, las de dos para dos y la partida por antonomasia era de la de echar un pierdepaga. Había amigos que se especializaban en la portería, que hacían de la defensa, de los tres zagueros, un autentico bastión infranqueable. Si alguna de las bolas pasaba ya estaba el portero que hacía verdaderos alardes para realizar unas paradas de ensueño y eso que estaba sujeto por la barra fija. Había veces que parecía volar en busca de la bola. Y luego dominaban el arte de sacar. Un buen saque, rápido y dirigido, podía ser medio gol. Me acuerdo de un saque que era poniendo al portero en horizontal, boca abajo y la bola situada en sus corvas. Con un giro de muñeca plantabas el saque en medio de tu delantera. Estos amigos, los porteros, eran muy apreciados. Pero los que se llevaban todo el protagonismo, como sucede con el fútbol, era los delanteros. Es más ahora mismo recuerdo la frase un tanto despectiva: “venga tú de portero”. Además solían ser los chuletas de la panda. Un chaval canijo y apocado para portero vale, pero para delantero pues como que no. Los delanteros eran habilidosos como pocos. Era imposible creer como con un sibilino toque de muñeca te hacían un regate que dejaban al defensa doblado y al portero a verlas venir.

 Las buenas partidas estaban rodeadas de una gran expectación. Se procedía a elegir la mesa dentro de los futbolines. Se sabía que una u otra tenía caída. Luego también conocíamos alguna mesa que con algún pequeño truco te podías estar prácticamente jugando toda la tarde porque manipulabas el tirador de descarga de las bolas. Aquellas partidas no tenían tiempo, eran reguladas por lo que tardabas en jugar ocho bolas. Luego ya fueron reduciendo el número y los encuentros eran más cortos. Una vez elegida la mesa había que elegir el equipo. Mirábamos las barras porque había unas que corrían mejor que otras, eran más ligeras. Claro que alguno solventaba la situación con un escupitajo a falta de mejor lubricante. El partido empezaba con un saque al medio, de lo más imparcial posible. Golpeabas la bola en el borde de la mesa como si fueras a cascar un huevo y zas… que ruede la bola por el medio de la mesa. Luego con cada gol el saque le correspondía al equipo que había encajado el tanto y lo hacía desde la zaga.

 Había un recurso que era objeto de vivas discusiones. La contra. “No vale, no vale por que has hecho la contra”. La contra consistía en un hipotético golpeo al aire cuando el contrario iba a sacar. Lo solían hacer los delanteros frente a los defensas cuando estos se disponían a sacar la bola. De el resultado de esta acción era que se producía un rebote violento que sorprendía al portero más avispado. Así que antes de iniciar el juego había que dejar bien claro si valía o no valía la contra.

- Venga ¿echamos un futbolín?

- Vale.

- Un pierdepaga. Y no vale la contra.

- ¿Por qué no?

- Pues por qué no. Y tampoco dar vueltas.

- Vale. Tú, Juan, conmigo de portero.

- Bueno, pero luego cambiamos.

 - ¡Goooool!

- Desde luego la primera que tiras y gol. ¡Vaya potra! Potra no, chorra, tienes una chorra que ni sé.

- Tú si que tienes. Venga saca y calla ya.

Luisjo

Redimir la realidad

WDSC_6962Alguna vez dijo Paco Umbral que “la realidad hay que inventarla siempre a partir de cuatro datos que nos da la vida, que utopizar es salvarse de la realidad”. Él se refería claro está, a inventar a través de la escritura, pero lo cierto es que la realidad se puede rescatar de otras maneras, se puede sublimar. Se puede conjurar con lectura la rutina y  someterla con palabras como un dragón desvencijado, cuyo fuego, después del prodigio literario ya no puede quemarnos.

Las ciudades las forman las personas, y allí donde haya algún espíritu inquieto, lo provinciano pasa a ser tan sólo un desgastado adjetivo. Desde el mes de agosto, una nueva librería apellidada LETRAS intenta abrir, no diríamos siquiera un camino, sino por el momento una pequeña trocha, una minúscula vereda en el oficializado sopor intelectual de la ciudad de Ávila. No va a ser fácil, pero había que intentarlo, era necesario presentar alternativas culturales desde el ámbito privado. Después de las distintas actividades que viene realizando la librería de San Roque 12 desde su apertura, hoy saludamos el nuevo club de lectura que arrancará en breve, el primero en florecer lejos del jardín de las bibliotecas públicas. Bienvenida sea esta iniciativa.

No se parte de cero, aunque la experiencia sea nueva. Para todo viaje serio (“maravillosa aventura es la lectura”, que diría mi hija de ocho años) se precisan guías  despiertos y apasionados, personas como Concha Dávila, que armada de ilusión y de metáforas, ha decidido someter la memoria y el futuro a la gramática. Por increíble que parezca, ante la anestesia digital ciudadana que vivimos, no deja de ser subversivo el que unas cuantas almas se concilien en torno a la lectura e intenten convertir lo subjetivo en colectivo.

La Librería Letras, con Gemma Orgaz a la cabeza, será el templo donde sobre una especie de tabla redonda castellana, se sacrifique un libro cada cierto tiempo. Un sacrificio incruento de letra impresa que permita a sus participantes encender la llama sagrada de la buena literatura, una llama que salve las murallas físicas y mentales, una luz de palabras que ilumine nuestros pasos hacia la tierra del conocimiento.

 

 

                                                             Juan Antonio Sánchez Hernández

Fallo del I Concurso de Microrrelatos Bernardo del Carpio

WDSC_9189En primer lugar, pedimos disculpas a los participantes  por la demora en dar a conocer el resultado del fallo de este concurso.

 También damos las gracias desde aquí a todos los concursantes por su participación. 

   La organización del mismo quedó desbordada ante la respuesta recibida en esta primera convocatoria.

    La concejalía de cultura de esta pequeña población de Carpio Bernardo (Provincia de Salamanca) propuso el certamen integrándolo en el programa de fiestas de San Miguel 2009, con el propósito de reivindicar la figura de Bernardo del Carpio, nuestro héroe local. ¿Por qué a través de un evento literario? Precisamente porque Bernardo de Carpio fue durante siglos fuente de inspiración para muchos literatos. Algunos de la talla de Lope de Vega (Félix Lope de Vega Carpio) que decía ser descendiente del personaje en cuestión llegando a utilizar como suyo el escudo de armas de Bernardo.

Está documentado el hecho de que Miguel de Cervantes murió sin dejar terminada una novela  narrando las gestas del buen Bernardo. Y la lista no termina aquí. Pero quizás sea mejor resumir la leyenda:

Bernardo del Carpio  

Bernardo tuvo como padres a dos amantes furtivos que pagaron cara su osadía. La progenitora, Jimena, era la hermana del Rey Alfonso II el Casto. Éste montó en cólera al recibir la noticia del ayuntamiento no consentido por él. Al conde de Saldaña, padre de la criatura, lo encerró en el castillo de Luna (tras sacarle previamente los ojos) y a la madre la confinó en un convento de por vida.

  El niño no dejaba de ser sobrino del monarca y este lo trató como tal, sin resentimiento alguno. Creció en la corte y se convirtió en un formidable guerrero. La felicidad del muchacho se truncó el mismo día que conoció, por medio de una confidencia, la suerte de sus padres. Inmediatamente rogó al rey su liberación. Y este se negó. Así hicieron sucesivamente los herederos de la corona.

  Ante la negativa de un tercer monarca nuestro caballero deja de suplicar. Se  harta… y se rebela.

   Es en este momento cuando decide fundar el núcleo inicial del actual poblado de Carpio Bernardo, construyendo un castillo e invitando a repoblar el entorno. Así lo atestigua la crónica general de Alfonso X.  Y desde aquí lucha contra el reino de León, en una forma bastante explícita de renunciar a la supuesta “nacionalidad” leonesa que algunos le atribuyen.

  Al final el rey leonés consigue engañar a nuestro buen Bernardo. A cambio de la fortificación (cuyas ruinas aún pueden visitarse hoy día en Carpio Bernardo) libera al padre… ¡muerto! Bernardo, despechado, decide exiliarse definitivamente.

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 Este es un resumen extraordinariamente somero de una preciosa leyenda recogida en unas cuantas obras literarias.

   La novedad es que Bernardo parece poder saltar del mundo legendario a la historia con más fuerza que nunca. En un  congreso internacional celebrado hace poco tiempo en Oviedo algunos historiadores aportaron datos en este sentido. Pero esto es ya otro asunto…

 Carlos Sá

Miembro del jurado

    

El jurado resuelve que el microrrelato ganador del I Concurso Bernardo del Carpio es el que lleva por título Autobiografía de un inoportuno siendo la autora María  Jesús Arias Vega, con residencia en Bilbao.

Nuestra más sincera enhorabuena.

 

                            AUTOBIOGRAFÍA  DE  UN  INOPORTUNO

 

Nací a las uvas de una nochevieja  y me casé la tarde del 23 F.

Un día pasé sin llamar y encontré a mi jefe probándose un biquini.

Cuando me sentí indispuesto y volví pronto a casa, sorprendí a mi mujer acostada con su amante.

Soy inoportuno y generoso. A mi madre le invité a una gran cena  con mi primer sueldo. A los invitados a la boda les di barra libre al día siguiente. A mi jefe le regalé unas ligas rojas. Y a mi  mujer un fin de semana para dos en un  parador.

  Desde Revista Atticus hacemos publico el fallo del concurso y felicitamos a todos cuantos han participado en el mismo dando, en especial, la enhorabuena a la ganadora del I Concurso de Microrrelatos Bernardo del Carpio, María Jesús Arias Vega.

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