Archivo para noviembre, 2009

El descendimiento de Roger van der Weyden

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El descendimiento de Roger van der Weyden en el  Museo del Prado

Desde casa podemos hacer una visita virtual a una de las grandes obras maestras que se encuentran en el Museo del Prado de Madrid.

José Miguel Travieso a través de su blog nos ofrece su pormenorizado comentario y pone a nuestra disposición unas bellas y excelentes fotografías. Desde aquí nuestra más sincera enhorabuena y el ánimo para que siga ofreciéndonos esos bellos artículos.

 Entrar en el links (a la derecha) de Domus Pucelae o en el siguiente enlace.

http://domuspucelae.blogspot.com/2009/11/visita-virtual-el-descendimiento.html

Aprovecho para recordaros que seguimos esperando vuestros relatos sobre El futbolín y vuestras fotos hasta el día 12 de diciembre tenéis tiempo.

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Juventud, madurez y vejez

Camilla Claudel y su obra La edad madura

Camille ClaudelSe ha escrito mucho sobre las relaciones atormentadas de algunos de los grandes genios del arte. Por poner algún ejemplo. Son muy conocidas las relaciones tormentosas que Picasso tuvo con las mujeres, muchas de ellas pasaron del estudio a la cama y de ahí al lienzo, o al revés. También han sido objeto de estudio las relaciones que mantuvieron Amadeo Modigliani y Diego Rivera con Jeanne Hebuterne y Frida Kahlo, respectivamente. Me he vuelto a topar con una gran historia de amor y odio, de pasión y de desdén. Se trata de la relación entre dos grandes escultores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX: Auguste Rodin y Camille Claudel. Hoy me gustaría centrarme en la figura de la artista, una gran escultora incomprendida en su tiempo (cuando la intelectualidad era un prerrogativa del hombre) y que solo después de más de treinta años de su muerte alcanzó el reconocimiento unánime.

Camille Claudel (1864 – 1943) fue una escultora francesa que vivió a la sombra de uno de los grandes maestros escultores decimonónicos: Auguste Rodin (1840 – 1917). Una mujer fuera de lo común. Tuvo que enfrentarse a su época y a su propia familia para poder dedicarse a la escultura y poder vivir junto a su gran amor, Rodin. Lo tenía todo para triunfar: belleza, talento, inteligencia y coraje.

 Nació en Villeneuve-sur-Fère (región de Aquitania). Quería ser artista y tenía predisposición para el manejo de la arcilla. Con el apoyo de sus padres (circunstancia poco habitual en la época) una joven Camille se presentó en París en 1881. Vivió en Montparnasse asistiendo  a la academia Colarossi.

 En 1883 tuvo su primer encuentro con Auguste Rodin. Al año siguiente entró a estudiar en su taller y se convirtió, con el paso del tiempo, en colaboradora y amante. Desde muy pronto Rodin descubre la intensidad de su pasión frente a la reserva y distancia dominada por Camille.

Rodin era un hombre maduro (43 años) cuando conoció a Camille Claudel (18 años). Desde hacía más de veinte años vivía con Rose Beuret. Como fruto de esa relación tuvieron un hijo. Frente a Rose, Camille representaba la juventud, la inteligencia. Era hermosa, inquieta y culta. Y era artista. Y esto supuso una gran atracción para Rodin. Esta admiración se tradujo en una pasión violenta. Al principio Camille trató al maestro con cierto desdén. Era joven y los halagos de un hombre maduro y admirado hicieron de Camille una persona arrogante. La pasión de Rodin llegó al límite hasta el punto que como un loco enamorado descuido su trabajo. En 1886 no presentó ninguna obra para el Salón (había confesado en una carta a Camille que se encontraba en Inglaterra que estaba dispuesto a renunciar a todo salvo a ella). En septiembre de 1886 Camille, por fin, pareció rendirse a los deseos del maestro. Firmaron un curioso contrato que solo parece obedecer a una broma entre ambos. Apenas cumplieron con alguno de los acuerdos. El más significativo de ellos fue la promesa de matrimonio que hizo Rodin, entre otras cosas porque el maestro se enamoraba de casi todas sus alumnas y modelos.

 Hasta 1892 vivieron años relativamente felices compartiendo aficiones y viajes. Se produjo la ruptura en los primeros meses de 1893. Pero los encuentros esporádicos se mantuvieron hasta 1898. Camille se distanció no solo de Rodin sino también de su familia. El aislamiento y la incomprensión hicieron mella en su férrea voluntad. Tuvo los primeros brotes de locura. El 3 de marzo de 1913 moría su padre, Louis-Prosper Claudel. Su padre fue una de las pocas personas que le comprendió. Una semana después del fallecimiento su madre firmó los papeles para el internamiento en un psiquiátrico en Ville-Evrard siendo sacada a rastras de su propia casa. Bajo el diagnóstico de manía persecutoria y delirios de grandeza, fue encerrada, no volviendo a salir jamás, pese a los informes favorables de alguno de lo médicos que le atendieron. Su hermano Paul tampoco movió un dedo por ayudarla. Madre e hijo no accedieron a que le visitaran ni a que mantuviera correspondencia con nadie. En 1917 moría Rodín, un clavo más sobre su ataúd. No se sabe si quiso o no asistir a su funeral pero lo cierto es que no salió de la institución.

El 19 de octubre de 1943, sola, en total abandono, olvidada por todos y con la mayoría de sus obras destruidas por su propia desesperación murió en el sanatorio de Montdeverguer (la trasladaron allí en 1914). Dejó escrito: “No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida en un sanatorio, merecía algo más”.

Si los últimos años de su vida fueron trágicos, el colofón lo puso su enterramiento. Ni su propio hermano (diplomático, dramaturgo y poeta) acudió al funeral. Fue enterrada en una tumba sin nombre, con tal solo una inscripción: 1943 nº 392. Pero el espíritu de Camille revoloteaba en el ambiente parisino. La muerte de Paul Claudel en 1955 levantó el veto que había en la familia sobre Camille Cludel y sus descendientes quisieron dar una sepultura digna. Se pusieron en contacto con los dirigentes de Montdeverguer para reclamar los restos mortales. La institución contestó que se había desecho del féretro, depositado en un pequeño cementerio, porque necesitaban el espacio para una ampliación del hospital. Olvido, muerte y, tristemente, desaparición.

Las primeras creaciones de Claudel están marcadas por la influencia de su mentor, Rodin, aunque con un toque personal y femenino. Pero después se opondrá frontalmente a él. Auguste Rodin pronto es ensalzado y, por el contrario, Camille, se verá metida en un infierno que le llevará a retirarse en vida y sumida en el olvido no solo del propio Rodin sino de su familia.

 Camille expuso de manera regular y en 1895 recibió un encargo oficial del estado francés. Es decir, que su arte se valoraba independientemente de la colaboración que emprendió con Rodin. A pesar del amor entre ambos artistas, su relación resulta complicada, conflictiva y llena de altibajos, con continuas idas y venidas.

L’Âge mûr o La edad madura

Camille Claudel Escultura Edad Madura 1Camilla Claudel recibió su primer gran encargo, por parte del estado francés, en 1895. Para cumplir con él, materializó la obra: L’Âge mûr, conocida también por La edad madura.

 Su relación con Rodin ya había acabado (la ruptura se produjo en 1892, aunque mantuvieron encuentros esporádicos hasta 1898). Es muy posible que la influencia del maestro fuera decisiva para que el encargo recayese en Claudel bien por su intersección o bien por mediación de otra persona ante Bellas Artes.

 La obra La edad madura está inspirada en su propia vida, en la visión que ella tenía de su relación con Rodin.

 Es una obra original, abierta, con una línea compositiva en fuerte diagonal marcada por la mirada de la joven hacía el adulto y subrayada por los brazos de ambos. Para la artista supuso un reto técnico afrontar la composición de tres figuras alejándose del concepto promulgado por el Ministerio de Bellas Artes. Desecha un eje central para expandir su composición en horizontal. También abandona la relación escultura y pedestal. En L’âge mûr la propia base cumple una función. Asemeja a una ola encrespada pero también asemeja a un barco imagen que queda subrayada por el revoloteo del manto de la figura de la vejez. Esta alegoría se ha puesto tradicionalmente en relación con el Destino.

Es un conjunto escultórico formado por tres piezas. Alude claramente al triángulo amoroso. Por un lado Rodin (madurez) parece caminar, pensativo, con desgana. Avanza su cuerpo pero deja su mano atrás donde se encuentra postrada de rodillas Camille (juventud) que implora y trata de retener al hombre maduro, al amor de su vida, al maestro, al artista, al compañero. Mientras una figura revolotea sobre Rodin acompañando con un gesto cariñoso. Es la propia Rose (Vejez) que parece susurrarle al oído no te preocupes yo estoy contigo, déjala.

 El cuerpo de la madurez refleja el proceso de envejecimiento. El rostro con arrugas, la cabeza calva, los músculos han perdido la firmeza, las manos acusan cierta deformación por el reumatismo y la carne ha perdido la tersura formando pliegues.

La vejez muestra de forma clara las huellas del paso del tiempo sobre su cuerpo: el esqueleto se marca bajo la piel, en las manos afloran los síntomas del reumatismo, los ojos hundidos  y una mirada penetrante.

 La juventud es el contrapunto de las dos figuras anteriores. Los esfuerzos de la artista se concentraron en el rostro de la joven. La forma de abrir los ojos, la concentración de la mujer en la mirada, la inclinación de la cabeza, la tensión en los músculos, todo ello está realizado para acentuar la mirada de la joven. Es el único punto de encuentro con el grupo de la izquierda. La artista lo subraya con el lenguaje del cuerpo, extendido hacia delante, y los brazos alargados hacía la figura de la madurez.

 Claudel va más allá. Más que su historia personal lo que quiso es reflejar las relaciones humanas. Quiso inventar una configuración expresiva de la idea del Destino representada por las tres edades del Hombre. Realiza una obra simbólica. Alcanzada la madurez el hombre se siente atraído por la juventud a la que tiende una mano. Por un lado no quiere abandonar la juventud y por otro lado no quiere desdeñar el amor de una joven. La vejez acoge en su seno a la madurez como un refugio frente al amor impetuoso de la juventud, situado en uno de los extremos. La figuras aparecen desnudas. Nada viste a la juventud gozosa de su cuerpo sin arrugas. Apenas está cubierto el cuerpo de la madurez aunque si que parece que la vejez lo envuelve con su propio manto que revolotea alrededor de ambas figuras. El drapeado de ese manto sirve para dar la sensación de avance en la marcha que emprenden hacia el Destino, en esa línea de vida que va de la juventud a la madurez y al final, la vejez.

 L’âge mûr fue la obra maestra de Camille Claudel. Fue su obra. La presentó al Salón de 1899, no sin antes haber trabajado durante muchos años volcando todo su conocimiento y maestría en busca del reconocimiento profesional.

Por último, su hermano Paul Claudel al ver la obra manifestó:

“Mi hermana, implorante, humillada de rodillas, está soberbia, está orgullosa, y sabe lo que se desprende de ella, en este mismo momento, delante de su mirada, de su alma”.

 Luis José Cuadrado Gutiérrez

El futbolín: Pares o nones

Pares o nones

Siempre recuerdo aquellas tardes de domingo, cuando quedaba con los amigos después de comer y nos íbamos todos juntos a los “recreativos”, donde comprábamos un duro de chuches o pipas y enseguida sorteábamos los equipos para jugar al futbolín.

Aquella tarde, la recuerdo como una más de las muchas otras que pasamos allí, pero lo que entonces no sabíamos es que iba a ser especial. Antonio, moreno, alto, cejijunto, enseguida se plantó al lado del futbolín, y con su voz de bajo profundo, dijo: -Venga, vamos a sortear.

Juan, despeinado, con su mata de pelo rebelde saliendo para cualquier lado, sonrío de medio lado.

-¿Ya?, que prisas por perder, se ve que aun te escuece la del domingo pasado.

-Eso no es verdad, si nos ganasteis fue porque el “Búho” nos cortó.

El “Búho”, era el encargado de la sala de juegos, siempre con un guardapolvo gris y unos anteojos de cristales gruesos, por los que la clientela de chicos, le había apodado así.

-Si, porque tú te empeñaste en levantar el futbolín, para que la pelota se colara por nuestra portería.

-Eso es mentira, lo único que pasa, es que este futbolín esta mas viejo que Matusalén, y se atascan las bolas.

-Bueno-, dije yo. Dejad ya la discusión y vamos a sortear, que a este paso nos da la hora de irnos a casa.

-Está bien, yo elijo a Paco, dijo Manolo.

-Tú no eliges a nadie, porque elegimos nosotros, pasmado.

Manolo, era el despistado del grupo, siempre en las nubes, saliendo con las cosas mas peregrinas cuando menos te las esperabas.

-A Paco, lo elijo yo, porque la otra vez él jugó contigo, Juan.

-Vale, entonces me pido al “Patata”. Éste era un chico bajito y cejijunto, que por motivos hormonales de la adolescencia, tenía la cara como una paella, y además una nariz regordeta que surgía de la misma como un pimiento. Por todo ello se le había quedado ese mote.

Entonces, está bien, la cosa queda así, el “Patata”y Manolo conmigo,  tú vas con Juan y Paco. ¿Vale?

-Está bien, pero vamos a ponernos que nos van a dar las uvas.

Nos distribuimos, a ambos lados del futbolín, yo me hice cargo del portero, dispuesto a no dejarme colar ni una.

Antonio, sacó un duro reluciente de su bolsillo, con gesto decidido, lo introdujo en la ranura y tiró del pomo que accionaba el cajetín de las bolas, y estas, obedientes, cayeron resonando en la tronera.

pares o nones bynCerró la otra mano, miro a Juan que le esperaba con la suya a la espalda, y preguntó.

-¿Pares o nones?

-Pares.

-Un, dos, tres. Las manos surgieron, raudas como pistolas de detrás de la espalda. Se contaron los dedos y gano Juan.

Éste cogió la bola con cuidado, mirando su rugosa superficie como si le fuese a desvelar el secreto para ganar. La colocó con cuidado entre las dos filas de jugadores más cerca de los suyos claro está y concentrándose lanzó un trallazo directo a mi puerta. Paco, como defensa, no dejó pasar el obús devolviéndosela con un giro de muñeca hasta la misma portería, donde “Patata” apenas tuvo tiempo de ver por donde le venía el tiro y se la colaron.

Bronca, por parte de Manolo, y sacada rápida de Antonio, que se la pasó a Manolo hacia atrás en una jugada de las suyas, que si le salía bien, como así sucedió, te las colaban sin ver, porque no te la esperas.

Esta vez la bronca me cayó a mí, por mi despiste. Durante un tiempo estuvimos en ese plan, una vez metían ellos, y la siguiente nosotros, hasta que por fin, en la última bola, estábamos igualados a un punto quien metiese ahora, ganaba el juego.

Nos tocaba sacar a nosotros, Juan, se preparó con cuidado, colocando la bola delante de su línea de jugadores, escupió en la barra y la movió para darla mas soltura. Sonrió y con un fuerte golpe lanzo la bola contra la portería.

Antonio, le cortó el tiro poniendo a su jugador delante, y mandándola cruzada  al otro lado. Rebotó contra la esquina y Paco se la devolvió, pero la cortó de nuevo. Esta vez, se entretuvo en pasarla de un lado a otro de sus jugadores, centrando el tiro, mientras yo movía mi portero también.

Luego, con una palmada repentina, hizo girar su barra como un molinete, lanzando un cañonazo contra mi portero.

El golpe fue tan tremendo, que la cabeza del pobre portero, salio disparada, rompiéndome las gafas y encima, el “Búho”, haciendo honor a su nombre, se dio cuenta del estropicio y nos hecho a todos a la calle.

Total, que no pudimos desempatar y encima mi madre me pegó una bronca de las que hacen época.

Pasó la semana, y volvimos a quedar, para echar el desempate. Pero cual fue nuestra sorpresa, cuando al entrar en los “recreativos” en lugar de nuestro viejo futbolín, nos encontramos con una maquina de “matar marcianos” que además era más cara, cinco duros la partida y solo podía jugar uno cada vez.

Le pregunté al “Búho”, que había pasado, y el me contestó, que el futbolín ya estaba muy viejo, y lo había cambiado por esa nueva maquina.

Abandonamos los recreativos con una sensación de haber perdido algo importante, algo que ya no volvería a ser igual. Por muchas luces y musiquíllas que tuviese, la maquina nueva no podría reemplazar nunca aquellos partidos de los domingos por la tarde, con los amigos, mientras imaginábamos ser el Madrid o el Barsa, o el Real Valladolid, aunque los jugadores, ya viejos y despintados, muchas veces no se distinguiese bien a que equipo representaban. Que más daba, eran nuestros equipos y eso ninguna maquina lo pudo sustituir.

Mogo

Día Mundial de los Derechos del Niño

Día Mundial de los Derechos del Niño

wbdl6cNingún niño puede estar trabajando.

Niños de todo el mundo son usados para el enriquecimiento de los adultos. Son víctimas del tráfico sexual, del abuso laboral y, con frecuencia, como carne de cañón en los conflictos armados.

En muchos países las bandas de delincuentes controlan el negocio y pagan entre diez y cuarenta euros a las familias por “comprar” a sus hijos con la promesa (muchas veces falsa) de proporcionarles un techo y una comida.

Pero estos niños son usados como mano de obra barata y, a menudo, son también víctimas de redes de prostitución.

La trata de niños está muy relacionada con la demanda de mano de obra barata, dócil y fácilmente maleable. Violan sus derechos humanos más elementales ya sea porque trabajan en unas condiciones lamentables (minas, exposiciones insalubres, riesgos laborables por falta de seguridad, etc) o porque los niños realizan trabajos peligrosos para su salud y desarrollo. Un niño debería de estar en el colegio, aprendiendo, relacionándose con sus semejantes y jugando. El trabajo no es un juego ni un modo de desarrollarse. Basta ya de tanto abuso, de mirar para otro lado y de que aquí no pasa nada. La explotación infantil es una forma de esclavitud en pleno siglo XXI.

 Hoy 20 de noviembre se celebra el Día Mundial de los Derechos del Niño conviene echar un repaso a cuáles son para que el resto del año los tengamos muy presentes.

 A partir de la promulgación de la Convención de 1989 se ha ido adecuando la legislación interna a los principios contemplados en la Declaración. Aunque la legislación y el sistema jurídico de cada país suele ser diferente, casi la totalidad de los países han ido consagrando medidas especiales para su protección, a nivel legislativo e incluso derechos constitucionales. Entre los Derechos del niño tenemos:

  1. Los niños tienen derecho al juego.
  2. Los niños tienen derecho a la libertad de asociación y a compartir sus puntos de vista con otros.
  3. Los niños tienen derecho a dar a conocer sus opiniones.
  4. Todos los niños tienen derecho a una familia.
  5. Los niños tienen derecho a la protección durante los conflictos armados.
  6. Todos los niños tienen derecho a la libertad de conciencia.
  7. Los niños tienen derecho a la protección contra el descuido o trato negligente.
  8. Los niños tienen Derecho A La Protección Contra El Trabajo Infantil.
  9. Los niños tienen derecho a la información adecuada.
  10. Los niños tienen Derecho A La Libertad De Expresión.
  11. Los niños tienen Derecho A La Protección Contra La Trata Y El Secuestro.
  12. Los niños tienen derecho a conocer y disfrutar de nuestra cultura.
  13. Los niños tienen derecho a la protección contra las minas terrestres.
  14. Los niños tienen derecho a la protección contra todas las formas de explotación y abuso sexual.
  15. Los niños tienen derecho a la intimidad
  16. Los niños tienen derecho a crecer en una familia que les dé afecto y amor.
  17. Todos los niños tienen derecho a un nombre y una nacionalidad.
  18. Todos los niños tienen derecho a la alimentación y la nutrición.
  19. Todos los niños tienen derecho a vivir en armonía. Niño

 

Luisjo

Estrella fugaz

ESTRELLA FUGAZ

Chica relato fugazHubo un tiempo en el que me sentía atado y no sin razón, pues estaba prácticamente encadenado. Lo cierto es que al principio no me daba cuenta. Imagino que porque me sentía acompañado, formando parte de un equipo… y nunca ha sido una gran idea dejarse anular por la masa. Con el horizonte limitado por cuatro paredes, sin más objetivos que jugar partida tras partida. El olor del tabaco impregnado en mi ropa, música de los años 80 acompañando cada jornada, aquellas cervezas que a veces escapaban de los vasos y regaban el terreno de juego. Precisamente en medio de uno de estos incidentes conocí a Alicia. Sonaba aquella canción chorra de los Hombres G, la de “Sufre mamón”, ¿la recordáis? Pues Alicia entró en el bar tarareándola, princesa con un séquito de tres súbditos, que en un principio hacían lo que ella quería, hasta que a ella le encajó el zapatito de cristal que le ofreció Nacho, y se cambiaron los papeles: ella empezó a hacer todo lo que él ordenaba. Al primer segundo me enamoró su ingenuidad, es como si bajo sus pies asomara el cascarón del huevo del que pretendía salir airosa. Algo parecido al nacimiento de Venus de Botticelli pero en versión granja. Porque junto al cascarón también despuntaban algunas plumas de la edad del pavo… pero era Alicia semejante a una diosa de quince años.

La chica entró directa y se apoyó sobre el futbolín, para evitar que otro grupo se les adelantara. Contaban con el tiempo del recreo para echar alguna partida fugaz. Nacho y sus colegas fueron directos a la barra a pedir unas cervezas. ¡Cervezas! Debían de ser los malotes de la clase, pues estudiaban en un colegio pijo cercano. Alicia les gritó que ella prefería una Coca Cola. En ese instante bajó la mirada y se cruzó con la mía. Ella no notó nada, lo sé, pero a mí me empezaron a temblar las piernas, el aire se volvió denso, casi tóxico. Recé porque alguien abriera la puerta del bar y se colara el viento otoñal que hacía bailar las hojas en el patio del colegio de Alicia. Alicia mordisqueándose las uñas, Alicia soñando con Nacho y su Vespino blanco, Alicia acariciando el vaso de refresco helado. Y el vaso que tropieza con la cerveza de un chaval, y ambos líquidos se derraman bajo mis pies. Entonces la risa de Alicia con berretes de patatas bravas rompe la tensión con la humillante frase: “¡Mira, Nacho, parece como si los futbolistas se hubieran hecho pis!”. Y yo mirando bajo mis botas de fútbol el charquito acusador. Y dudando por un momento si realmente no me habría hecho pis por los nervios. Qué asco. Nacho con la excusa perfecta para reír junto a ella, la abraza por la espalda, prolongan el contacto unos segundos más de lo necesario. No, horror, porque ahora deshacen el abrazo pero se quedan cogidos de la mano. Por suerte el camarero les presta una bayeta y el de las gafas inicia la partida. Imposible jugar al futbolín con las manos entrelazadas.

Así se sucedían las estaciones y las evaluaciones de Alicia. Como buena estudiante, la vi celebrar muchos aprobados, a pesar de que su brillante expediente se oscurecía un poco por la mala influencia de Nacho, su primo, y el de las gafas.

Un día Alicia y sus amigos decidieron prolongar el recreo más de la cuenta. Se habían picado en torno al futbolín con unos chicos del instituto. En el partido de desempate Alicia me eligió a mí: “¡Yo de portero!”, anunció. Y juntos luchamos contra gigantes, derribamos murallas, conquistamos nuevos mundos… en fin, que paramos el gol que podría habernos llevado a la derrota. Entonces sucedió. Alicia inclinó su hermoso cuerpecito adolescente hacia mí, y coronó mi pequeña cabeza con un triunfal beso. Y no os lo vais a creer, pero cuando el bar quedó desierto, ante la atónita mirada de mis compañeros de equipo y también de mis rivales, cobré vida humana.

Me revelé como una gran promesa del fútbol, varios clubes de primera se disputaban mi fichaje interplanetario. Inicié una meteórica carrera, fui lanzado al estrellato. Y ahora que soy galáctico y que la prensa rosa me fotografía con modelos, cada vez que me adormezco en los vuelos arrullado por el acento argentino de algún compañero, no puedo evitar estudiar mi reflejo en la ventana del avión, y me digo a mí mismo que cambiaría varios ceros de mi cuenta corriente, y hasta mi libertad, por aquel beso con el que Alicia cambió mi destino.

 

Berta Cuadrado Mayoral

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