bookstore-el-ateneoTuve la fortuna de conocer la obra de Mercedes Sosa en Buenos Aires. Para mayor goce de los sentidos la ocasión se presentó en una de las librerías más maravillosas que he tenido el placer de visitar El Ateneo de Buenos Aires, aunque la Livraria Lello en Oporto no le va a la zaga. Mi ignorancia musical era (bueno, y es) tal que no conocía a esta mujer aunque muchas de sus canciones sí que las había oído aunque no ponía cara a la voz. Yo quise llevarme su último cd, estando allí en su tierra tan querida, pero el dependiente me aconsejó (ante mi desconocimiento) que me llevara un recopilatorio que abarcaba casi toda su carrera musical. Y hoy ahí lo tengo, en la cabecera de la cama, como si de una biblia musical se tratara, acuna mis desvelos e ilumina mis sueños. El pasado 4 de octubre falleció la que era considerada como la voz de América Latina.

 Joaquín Sabina ha compuesto estos versos como sentido homenaje. Poco puedo añadir.

  

«Violetas para Mercedes Sosa»

Se nos murió la gran dama, Negra Sosa,

pacha mama de corrientes,

que bordó puntos y comas

en las prisas del idioma de la gente.

Martina Fierro de ley que sin dios,

patria ni rey tiró p`alante,

antes de decir adiós

me propuso un blues a dos voces distantes,

distintas, y, sin embargo, cerquita del ron amargo

que consuela, que abruma,

que mortifica, que suma,

que santifica, que desvela.

Cuando rompió la baraja,

hizo del bombo su caja de Pandora,

entre el mestizo y el yanqui

se quedaba con Yupanqui

hasta la aurora.

Todos menos uno, dijo,

provocando el acertijo de Cosquín,

militante del futuro,

no pudo con ella el muro de Berlín.

Canto ancestral de Argentina,

la más frutal de las minas,

todo es nada, no sabe cómo la lloro,

desafinando en el coro de las hadas.

Madrina de los roqueros más intrusos, más villeros, menos brutos;

en calle melancolía mi letra y su melodía visten de luto.

Más de una vez la besé pero nunca olvidaré la noche aquella: aquel piano y su

voz y mi sonata y la coz de las estrellas.

Me aterran las despedidas pero gracias a la vida de Violeta,

Mercedes inventó el son que duerme en el corazón de los poetas.mercedes_sosa

 Luisjo


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