Con motivo de la exposici√≥n que se celebra durante estos d√≠as en el Museo del Prado y que tiene como protagonista la figura de uno de los pintores m√°s internacionales que ha dado nuestra tierra: Joaqu√≠n Sorolla, Revista Atticus se ha acercado hasta las salas del museo para desengranar uno de los cuadros de la exposici√≥n. A juicio del autor de este estudio uno de los cuadros m√°s sensuales del panorama pict√≥rico. La radiante adolescencia o lo que es lo mismo: Saliendo del ba√Īo. Fue pintado por Sorolla en 1908.

SALIENDO DEL BA√ĎO

1908

√ďleo sobre lienzo, 176 x 111,5 cm

Nueva York, The Hispanic Society of America

Joaqu√≠n Sorolla (1863 ‚Äď 1923)

Saliendo del ba√Īo

Joaqu√≠n Sorolla realiza esta obra en un momento de m√°xima madurez. Atr√°s ha quedado su primera gran obra ‚ÄúEl palleter, declarando la guerra a Napole√≥n‚ÄĚ realizada en 1884 por la que recibe una beca para viajar a Roma durante tres a√Īos de estudios. Y lejano queda ya el Grand Prix concedido por la obra ¬°Triste herencia! En la Exposici√≥n Universal de Par√≠s con la que obtiene un m√°s que merecido reconocimiento internacional.

El espaldarazo definitivo a su carrera se produce dos a√Īos antes de la realizaci√≥n de esta obra. En 1906, m√°s de quinientos cuadros firmados por Sorolla van a ocupar las salas de la Galer√≠a Georges Petit de Par√≠s.

Una de las principales características en la obra de Sorolla y que es una constante en su carrera es el tratamiento de la luz. A través de los efectos pictóricos trasluce su personalidad, su amor por la naturaleza, el gusto por el mar, el agua y, sobre todo, por las playas de Valencia, su ciudad natal. En los cuadros de Sorolla, el sol caliente y deja ciegos los ojos con su resplandor, e incluso se puede oler el mar. Otra de las características de la pintura de Sorolla es la inmediatez que produce las escenas representadas junto con una justa armonía en los recursos utilizados en su realización.

En sus primeras obras los temas tratados obedecen a un realismo social (como son el caso de las dos obras mencionadas anteriormente), pero en su estilo pictórico ya se aprecia una evolución personal que se concreta en el protagonismo que cobra la luminosidad.

Durante los veranos de 1908, 1909 y 1910 Sorolla realiza muchas de estas escenas c√°lidas que tiene como protagonismo la luz y el mar. Los dos primeros a√Īos en las playas levantinas y el √ļltimo en Zarauz.

En el transcurso de 1908 pint√≥ varias escenas con los mismos motivos y hasta con los mismos personajes. Podemos hablar de una trilog√≠a: Al agua (ilustraci√≥n 1), Idilio en el mar (ilustraci√≥n 2) y Saliendo del ba√Īo (objeto de este estudio). Por ese orden. Se tratar√≠a de una secuencia. Los dos adolescentes se adentran en el mar agarrados de la mano. En la escena siguiente se encuentran, tranquilamente, tumbados en la orilla charlando mientras el agua y el sol ba√Īan sus cuerpos. Y, por √ļltimo, salen del mar.

Durante la √©poca en que Sorolla acomete este tipo de pintura, (para muchos considerada como im√°genes ‚Äúpaganas‚ÄĚ por su exuberante sensualidad e inocentes sin el sentido de culpa de la represi√≥n de la puritana Am√©rica o incluso cat√≥lica de Espa√Īa) comienzos del siglo XX, la costumbre era que los hijos de los obreros y pescadores se ba√Īaran desnudos, seg√ļn se desprende de las fotograf√≠as de √©poca y de retratos de varios artistas. Hasta los cuatro o cinco a√Īos los ni√Īos y ni√Īas se ba√Īaban desnudos y a partir de esa edad, las ni√Īas se ba√Īaban en bata y los chicos lo segu√≠an haciendo hasta la adolescencia, momento en que ya se pon√≠an el calz√≥n corto. Esto lo podemos observar claramente en esta misma sala (si es que estamos contemplando este precioso cuadro en la exposici√≥n de Sorolla en Madrid) donde se encuentra ubicado. A nuestra espalda, es decir, enfrente del mismo, se encuentra otro lienzo donde podemos ver a unos j√≥venes charlar tumbados en la orilla mientras las olas juguetean y el sol acaricia sus cuerpos. Se trata de Idilio en el mar. Ella tiene la bata y √©l nada tiene, salvo un sombrero que cubre su cabeza.

Saliendo del ba√Īo es pues una pintura de g√©nero, pero tambi√©n se puede considerar como un documento etnogr√°fico. Es una evocaci√≥n nost√°lgica de la juventud, es una composici√≥n de figura cl√°sica; y es un cuadro muy moderno con algunos componentes abstractos.

Es una obra compleja. Desde la propia historia que cuenta. Una bella joven que acaba de salir del agua es ayudada por un joven pescador. La muchacha no acierta a abrochar el bot√≥n del hombro de la bata, un tanto azorada, mientras nota como sus pliegues se pegan a su piel. Su sonrisa coqueta la delata: es consciente del efecto que est√° provocando en el joven adolescente. La imagen tiene una gran carga de erotismo sin mostrar en ning√ļn momento lascivia, sino m√°s bien un suave humor.

Ilustraci√≥n 1: Al agua, 1908 √ďleo sobre lienzo 81 x 106 cm. Colecci√≥n Bancaja

La protagonista del lienzo recuerda a una Venus saliendo del mar. Imagen que se refuerza por la alusi√≥n cl√°sica al vestido que imita un quit√≥n griego. Es muy posible que en la realizaci√≥n de esta obra Sorolla tuviera en cuenta alg√ļn modelo cl√°sico de escultura griega contemplado en sus visitas a Par√≠s. Y tambi√©n hay que tener en cuenta y as√≠ parece ser que el artista lo tuvo, que en esos momentos se viv√≠a un auge de la escultura neocl√°sica y el reconocimiento internacional del ballet cl√°sico sobre todo de la mano de un personaje tan influyente como Isadora Duncan.

En cuanto a los valores pict√≥ricos estos son deslumbrantes. Como lo es la luz que entra a raudales en tromba por todas partes. Desde arriba, refleja en el agua, y tambi√©n como fuente propia por el reflejo del blanco de la s√°bana de ba√Īo. El blanco no es tal sino que est√° cargado de colores: amarillo, azul, lavanda, aguamarina. Su composici√≥n sigue un esquema vertical donde las figuras, casi a tama√Īo natural, ocupan pr√°cticamente toda la superficie del cuadro. La muchacha ocupa el eje central, el centro de nuestra atenci√≥n. Sin embargo el joven es recortando apenas mostrando el rostro que casi asoma por la esquina superior.

Ilustraci√≥n 2: Idilio en el mar, 1908 √ďleo sobre lienzo 151 x 199 cm. The Hispanic Society of America, New York.

Es una obra llena de dulzura, de sensualidad. Sorolla capta de forma magistral la simpatía y el afecto que muestran los jóvenes en sus gestos. Si nos concentramos en el resto de los muchachos podemos observar el azoramiento de la joven al no conseguir abrocharse el botón mientras que el joven pillastre trata de tapar a su amiga pero él no se cubre el rostro, no mira hacia otro lado, es más parece querer asomarse. Sorolla consigue transmitir la relación que tienen los muchachos con una gran naturalidad y frescura.

La obra es un canto al sol, pero también lo es a la juventud. El dibujo de ambas figuras (en las tres composiciones) es sólido, firme, decidido y el color del lienzo es claro. Sorolla conjuga de forma armoniosa una serie de manchas (para las sombras, la espuma de las olas) con la concreción vigorosa con que están construidas las figuras.

No es una obra de gran tama√Īo, pero es una obra monumental. Saliendo del ba√Īo conjuga muchas de las caracter√≠sticas de la obra de Sorolla, que unido al valiente tratamiento del ba√Īo de los dos adolescentes y la destreza adquirida no solo en la representaci√≥n de las figuras, sino en la representaci√≥n de los destellos solares sobre los objetos y sobre la arena fina de la playa y el mar, hacen de esta obra una de las m√°s relevantes y representativas de todo el conjunto pict√≥rico de Sorolla.

Quienes acudan a Madrid tendr√°n la oportunidad √ļnica de ver en las salas del Museo del Prado ciento dos pinturas de Joaqu√≠n Sorolla que est√°n repartidas, habitualmente, por m√°s de treinta grandes museos y colecciones privadas de todo el mundo. Algunas de estas obras se podr√°n contemplar por primera vez aqu√≠ en Espa√Īa. Joaqu√≠n Sorolla y Bastilla fue un genio excepcional. Al principio de su carrera pas√≥ grandes apuros econ√≥micos por la condici√≥n humilde de su familia (hu√©rfano a los pocos a√Īos). Pero enseguida empez√≥ a ganar dinero con sus lienzos. Y gan√≥ mucho. Fue un pintor muy prolijo (m√°s de dos mil ciento setenta y cinco pinturas, y otro tantos dibujos) y recibi√≥ m√°s de sesenta y ocho premios y galardones. Si tienen oportunidad no de dejen de contemplar esta magna exposici√≥n. Y un consejo: acerqu√©nse a la Casa Museo de Sorolla. Es el complemento ideal a la exposici√≥n que ha organizado el Museo del Prado, un oasis en pleno centro de Madrid (y encima sin tanta afluencia de gente).

Luis José Cuadrado Gutiérrez

Responsable de Revista Atticus

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